No he salido de casa desde 2016: el drama de los que sufren de trastorno de ansiedad
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No he salido de casa desde 2016: el drama de los que sufren de trastorno de ansiedad

Es una enfermedad debilitante que afecta metal y físicamente; las víctimas frecuentemente enfrentan problemas para que se les reconozca su discapacidad.
BBC
Por BBC Mundo
3 de marzo, 2017
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“Me dan ataques de vértigo, eso es uno de los principales detonantes de mi agorafobia y mi ansiedad de estar afuera. Básicamente, me la paso dentro de la casa y mi mamá se encarga de hacer las compras y traer la comida”.

Así describió John (el nombre que dio a un programa de la BBC) los efectos y consecuencias de su trastorno de ansiedad, en el marco de las dificultades que ha enfrentado para lograr ayuda de las organizaciones estatales de seguro social.

John, que vive en Gales, Reino Unido, no ha salido de su casa desde finales de 2016 debido a su ansiedad que está agravada por vértigo y un trastorno neurológico adicional para el cual está en una lista de espera con el sistema de salud público NHS (Servicio Nacional de Salud, por sus siglas en inglés) para que lo diagnostiquen.

“Verdaderos discapacitados”

Los trastornos mentales son difíciles de diagnosticar y eso deja a las víctimas en un limbo cuando se trata de que se les reconozca su discapacidad y puedan recibir fondos y apoyo del gobierno.

“Yo soy una de las personas que han sido excluidas. Ya no recibo prestaciones. Solía recibir un subsidio de discapacidad para mi sustento pero ahora se me ha negado y me encuentro en medio de un proceso ante los tribunales para que me lo restauren”, explicó John a la BBC.

La situación se ha vuelto más precaria en Reino Unido, con un sistema de salud pública sobrecargado y después de que un parlamentario del gobernante Partido Conservador pidiera que los subsidios se les dieran a los “verdaderos discapacitados” y no a las personas que se quedan en sus casad tomando medicamentos.

George Freeman, parlamentario conservador británicoEl parlamentario conservador George Freeman declaró en la Cámara de los Comunes su oposición al subsidio a ciertas discapacidades psicológicas.

No obstante, el dilema que enfrentan los que sufren de trastorno de ansiedad tiene resonancia en muchas partes del mundo.

Pánico paralizante

El problema viene de la dificultad en definir el mal y cómo éste puede debilitar a una persona, algunas veces prácticamente paralizarla y no permitir su funcionamiento en el mundo exterior.

“Todas las personas sufren algún tipo de ansiedad”, señala John. Puede ser un nerviosismo o preocupación, como cuando uno tiene que hablar en público y le sudan las manos. Eso es algo muy común pero no es trastorno de ansiedad.

La Asociación Psiquiátrica de Estados Unidos define el diagnóstico de trastorno de ansiedad cuando ese nerviosismo o preocupación tiene las siguientes manifestaciones:

1) La reacción desproporcionada, o inapropiada según la edad del individuo, a la situación en particular

2) Un impedimento a la habilidad para funcionar normalmente

Entre los efectos notables están las palpitaciones, confusión mental, problemas con el habla, desequilibrio, fatiga, hasta desmayos.

“Tu cerebro empieza a funcionar mal y empiezas a sentirte ansioso en situaciones donde es completamente inapropiado y es completamente debilitante”, asegura John.

Agravantes

Hay varios niveles y tipos de ansiedad, que pueden ir desde la ansiedad generalizada hasta un pánico paralizante.

La condición se puede agravar si la acompañan otros desórdenes neurológicos o mentales como el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y depresión. En el caso de John, él está afectado por vértigo.

John sufre de vértigo
John dice que su enfermedad tiene muchos altibajos.

“No me puedo parar muchas veces pues me dan ataques de vértigo, eso es uno de los principales detonantes de mi agorafobia y mi ansiedad de estar puertas afuera”, relata.

“Siento como si me fuera a desmayar así que, básicamente, me la paso dentro de la casa y mi mamá se encarga de hacer las compras y traer la comida porque no me puedo parar mucha parte del tiempo”.

John depende del cuidado de su madre, una mujer pensionada de 70 años, que cada vez tiene que prestarle mayor atención pues la mezcla de trastornos que sufre no le permite predecir cuándo le va a dar un ataque.

“Mi condición ha ido en vaivén en los últimos años”, explica. “El diagnóstico original fue en 2011 pero tuve una muy mala recaída el año pasado y durante los últimos seis meses del año estuve muy enfermo y muy mareado”.

“Mi madre me sacaba en el auto por una media hora, podríamos dar una vuelta o ir a las tiendas pero muchas veces, al entrar en las tiendas, me daban ataques de vértigo muy intensos. Así que hicimos eso cada vez menos hacia el final del año”.

Persona con ansiedadEl trastorno de ansiedad puede dejar al individuo completamente inoperable.

Desde entonces no ha salido de su casa y sus subsidios fueron descontinuados porque, dice, según el Departamento de Trabajo y Pensiones no está severamente discapacitado.

“Les escribí una carta de siete páginas detallando específicamente cómo sí cumplo con los criterios, con cada una de las categorías de discapacidad, y su fallo, su decisión, fue que eso no es verdad”, afirma.

“No he salido de casa desde 2016 y que un funcionario del gobierno me diga que yo en realidad no estoy discapacitado es un absoluto insulto“, se queja.

“Mi madre de 70 años me cuida a tiempo completo sin ningún tipo de apoyo. El gobierno no nos ha dado apoyo alguno. Ella ha trabajado toda su vida y esto es un total insulto para ella que nos coloquen en esta situación”.

Determinación y superación

Sin embargo, la BBC habló con otro afectado por el trastorno de ansiedad, Stephen O’Reilly, de Dublín, Irlanda, que asegura que es posible superar la enfermedad forzándose a salir y buscar un trabajo con voluntad y determinación y combinar con medicamentos y ejercicios de meditación.

O´Reilly dice que no se puede permitir que la enfermedad se apodere de la persona y defina su existencia.

A pesar de sufrir de ansiedad por muchos años, decidió irse de mochilero a Australia.

Mochileros en AustraliaUna actividad física, como viajar de mochilero, puede ayudar al individuo a romper el ciclo de su ansiedad, dice Stephen O´Reilly.

“Me ponía a llorar en cada lugar que parábamos, sentía náuseas del pánico, no podía mirar a nadie en la cara, tartamudeaba. Literalmente no podía hacer nada”, confiesa. “Pero fui porque me dije a mí mismo, así no es como quiero vivir mi vida”.

O´Reilly tiene ahora un trabajo, aunque reconoce que algunas veces la situación se puede tornar difícil y se llena de pánico y miedo.

“Puedo estar parado allí y de pronto mi corazón empieza a latir muy rápido, sudo y no puedo mirar hacia arriba”.

Pero tiene un método que lo retorna a la normalidad. “Empiezo a hacer ejercicios de meditación. Me digo quién soy y dónde estoy. Cuento una por una las baldosas del piso y así lidio con eso. Porque prefiero trabajar y tener esos ataques aleatorios de pánico y recuperar el control”.

Stephen O’Reilly exhorta a otros a hacer lo mismo y no depender de la asistencia de la seguridad social.

John, por su parte, dice que estaría dispuesto a intentar romper su aislamiento pero insiste en tener asistencia estatal.

“Me gustaría poder salir y hacer cosas. Terminar mis estudios, por ejemplo, poder conseguir empleo. Pero no tengo el apoyo para hacerlo y el gobierno me lo está negando y eso es muy insultante y deprimente”.

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"Pasé 20 años en prisión. Hoy alimento a miles de personas en Estados Unidos"

El californiano Manny Flores estuvo involucrado en la violencia de pandillas y cumplió 20 años de condena por atentado de homicidio. Hoy dirige uno de los bancos de alimentos más importantes de California.
15 de octubre, 2021
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Manny Flores sabe que lo vienen a matar.

Es el líder de una de las facciones carceleras más poderosas de California, pero alguien más quiere su puesto.

En sus planes no está quedarse quieto mientras conspiran contra él. Así que se adelanta, agarra a su verdugo y lo apuñala 18 veces.

Flores cumple una condena de 20 años en prisión, pero está convencido que tras apuñalar a su enemigo le darán cadena perpetua.

“Pensé que más nunca vería a mis padres”, dice.

“Gracias a Dios”, añade este californiano de padres latinos, el apuñalado sobrevivió y jamás lo acusó formalmente.

Fue como si el destino le diera otra oportunidad. Así que Flores cerró su primera vida: la pandillera, criminal y peligrosa.

Hoy es otro hombre.

Veintisiete años después de entrar en una de las cárceles más peligrosas de California por su actividades como pandillero, Flores devuelve a su comunidad como bien todo el mal del pasado.

Actualmente es el director del North Valley Caring Services (NVCS), una organización sin ánimo de lucro que alimenta, apoya, educa y protege a miles de familias desamparadas en la zona del Valle de San Fernando en el condado de Los Ángeles.

Vista aérea de parte del Valle de San Fernando.

Getty Images
La zona del Valle de San Fernando en Los Ángeles es sede de corporaciones gigantes como Walt Disney, CBS o Warner Bros.

Porque detrás de la fachada de Silicon Valley, el glamour de Hollywood, las playas de surf, el sol y la riqueza, Flores asegura que el riesgo de mendicidad está fuera de control en este estado del país más poderoso del mundo.

“No sé si alguna vez pueda reparar a mi comunidad todo el daño que hice, pero hasta donde yo pueda, quiero trabajar duro, ser honesto y dedicar mi vida al bien”, afirma.

La labor de Flores es ejemplo de superación y conversión para toda su comunidad.

Un camino nada fácil que, hoy con 50 años, comparte con BBC Mundo.

Auxilio para los desamparados

El Valle de San Fernando se encuentra en el norte del condado de Los Ángeles.

Esta zona, sede de corporaciones gigantes como Walt Disney y Warner Bros, también acusa la grave crisis de mendicidad que azota a todo Los Ángeles y al estado de California.

“La realidad es que el costo de la vida está fuera de control. Eso está empujando a mucha gente a la mendicidad”, comenta Flores.

Manny Flores junto a algunas de las personas sin techo que ayuda.

Manny Flores
Flores asiste a unas 4.500 familias en el Valle de San Fernando en Los Ángeles. La mayoría son personas sin techo, víctimas de la grave crisis de mendicidad que afecta a la ciudad y al estado de California.

Según el último reporte anual de Los Angeles Homeless Services Authority, de 2019 a 2020 el número de “sin techo” en el condado de Los Ángeles ascendió a 66.433 personas, uno de los peores registros del país.

La mayoría que necesita ayuda son familias de ingreso medio. Ellos son quienes peor lo están pasando ahorita, los más frágiles”.

Entre esas decenas de miles se encuentran muchos de los que Flores se ha propuesto devolverles cada día como bien el mal que dice haberles hecho en el pasado.

“Alimentamos cada semana a un total de 4.500 familias. Desde nuestra agencia atendemos unas 1.500. Luego, a través de iglesias y centros de distribución, completamos la cifra”.

“Yo le hice mucho daño a mi ciudad, Los Ángeles. Es mi deber servir y usar todo lo malo que viví para bien”.

Camino torcido

El Flores de antes de prisión dista mucho de la persona con la que hablo por teléfono.

Se le nota conmovido cada vez que menciona lo mal que lo está pasando su comunidad.

Pero hace más de dos décadas sus motivaciones eran muy diferentes.

“No sé cómo me torcí. Era hijo único y mi casa jamás fue problemática o abusiva”.

Manny Flores adolescente.

Manny Flores
Siendo apenas un adolescente, Flores comenzó a involucrarse en el crimen y la violencia de pandillas en Los Ángeles.

“Crecí en una familia donde me inculcaron principios de valor, amor, respeto hacia el prójimo, las propiedades y el sistema”.

Como muchos angelinos, los padres de Flores son latinos. Su mamá vino de Cuba y su papá de México.

En los años 80, en plena adolescencia, Flores empieza a “ensuciarse” con las pandillas que rondaban su vecindario.

Dice que las malas influencias lo cambiaron, que adoptó un estilo de vida diferente.

En aquellos años, el día a día de Flores era vender drogas, robar, extorsionar, portar armas, dispararlas contra las bandas rivales.

Y no fue un pandillero cualquiera.

Cuerpo tapado víctima de un tiroteo en el sur de Los Ángeles.

Getty Images
Manny Fores estuvo involucrado en la intensa violencia pandillera que sacudió Los Ángeles entre los 80 y los 90.

“Yo era un personaje de alto grado. Contaban conmigo para la logística de la pandilla. Movía dinero, manipulaba a la gente y reclutaba jóvenes”.

A los 22 años, Flores ya había estado envuelto en múltiples apuñalamientos y tiroteos.

Con 23 años, sin embargo, se propuso llevar un estilo de vida más pacífico. Se casó. Tenía dos hijos.

Pero todo volvió a torcerse.

“Intentaron asesinarme y fui a cobrármelas. Busqué a quienes me dispararon, disparé contra ellos y le di a una persona”.

Fue el último periplo criminal de Flores en la calle. La policía lo agarró y la justicia le impuso 20 años de cárcel por intento de homicidio.

La vida en prisión

A Flores lo enviaron a una de las prisiones más violentas del estado.

Como en la vida pandillera, en las prisiones californianas manda la ley del más fuerte. Un juego de poder en el que este joven de 23 años no quiso quedarse atrás.

“Me asocié en prisión con la mafia mexicana, pero había otras facciones, como los afroamericanos, los estadounidenses blancos, los skinhead o los de la Nación Aria”.

Vista aérea de la prisión de San Quentin en California.

Getty Images
Manny Flores asegura que en las prisiones de California varias facciones compiten por el poder y control.

Dentro de la mafia mexicana, Flores vuelve a erigirse como líder.

Estaba a cargo de unos 200 hombres dentro del centro penitenciario. Decide las políticas de prisión, con quién se pelean, qué drogas entran. Lo supervisa todo.

“Alguien quería mi posición y lo mandaron a apuñalarme. Me avisaron que pasaría, pero no podía dejar que pasara. Tuve que enseñar que era un hombre y que mis problemas los arreglo yo solo”.

Entonces Flores fue y le clavó 18 veces el puñal a quien lo quería atacar.

“Pensé que me darían cadena perpetua, pero el tipo sobrevivió y nunca me acusó. Es muy raro que eso pase“.

La conversión

En medio de la condena, las autoridades mandaron a Flores a una celda aislada, para donde van los más peligrosos.

“Me controlaban las 24 horas del día. No veía el sol, no tenía visitas, ni contactos ni acceso al teléfono. La gente allí se vuelve loca”.

Pero la soledad, el aislamiento y “un encuentro con Dios” cambiaronn a Flores. Tenía tiempo para pensar.

Manny Flores junto a su madre y su padre.

Manny Flores
Flores aprovechó el aislamiento en prisión para reflexionar sobre por qué y cómo se alejó de las enseñanzas de su familia.

Comprende que sus errores y crímenes del pasado responden a una baja autoestima, a una necesidad de ser aceptado a través de imponer miedo y respeto.

“Fue la primera vez que fui honesto conmigo mismo. Muchas de las cosas que hice fueron por puro miedo y no porque fuese el más bravo. Es curioso, porque le ha sucedido igual a otros en la misma situación”.

Flores aprovechó el aislamiento para estudiar, formarse, y prepararse para una nueva vida fuera de prisión.

Manny Flores junto a su madre.

Manny Flores
Tras salir de prisión, Flores demostró a sus padres que podía cambiar y aplicar todas las buenas enseñanzas que le inculcaron de niño.

Reinserción complicada

Cuando Flores sale de la cárcel en 2014, empieza a tocar puertas.

Una de las primeras fue las de la iglesia que le ayudó en su conversión dentro de la cárcel.

“No me aceptaron. Tenían miedo por mi pasado. Pensaron que quizás mi conversión no era real y que podría hacerles daño. Me dieron a entender que buscara otra iglesia”.

Flores vivió en primera persona las dificultades por las que puede pasar un exconvicto para reinsertarse en la sociedad.

“Cuando estaba en prisión, todos me pedían que cambiara. Pero cuando cambié y salí, uno se da cuenta de muchas cosas. La gente, tu familia, tu comunidad, tu iglesia, quieren que cambies, pero cuando tienen que darte una oportunidad las cosas son muy diferentes”.

Manny Flores rezando en Navidad.

Manny Flores
Manny Flores no lo tuvo fácil para reinsertarse en la sociedad y muchas puertas que parecían abiertas se le cerraron.

“Es difícil encontrar oportunidades para personas como yo. Con antecedentes es muy difícil tener un trabajo significativo“.

Fue entonces cuando la pequeña organización North Valley Caring Services (NVCS) apareció en su camino.

La directora en ese tiempo tenía un amigo en común con Flores. Le concedieron una entrevista y luego le ofrecieron un trabajo.

Cinco años más tarde, a Flores lo nombraron director tras implementar un programa de comida que de a poco comenzó a impactar la vida de muchos.

“Estoy muy agradecido. Yo no tenía ninguna experiencia, solo mi educación en prisión y lo que aprendí en la calle”.

Manny Flores junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garcetti.

Manny Flores
La tarea de Manny Flores al frente de NVCS ha trascendido por toda la ciudad. En esta foto posa junto al alcalde de Los Ángeles, Eric Garceti.

Mucho más que un banco de alimentos

Repartir comida es solo uno de los programas que actualmente maneja el NVCS bajo la dirección de Flores.

Proporcionan aparcamientos para las familias que viven en sus carros, ofrecen seguridad, alimentos, ducha.

También asisten a los que viven en estaciones de trenes.

El centro, además, educa a niños y les enseña a usar computadores y navegar en internet.

“Muchas familias que llegan al país no saben cómo usar las computadoras y no pueden ayudar a sus hijos con las tareas. Así que establecimos un salón donde ofrecemos ayuda“.

Manny Flores en una de las jornadas de distribución de alimentos.

Manny Flores

El NVCS también enseña habilidades de emprendimiento para individuos. Fomenta la creación de microempresas e inculca conceptos de negocios.

Luego les busca un sitio donde puedan vender sus artículos y quedarse con el 100% de las ganancias.

“Varias personas han conseguido buenos contratos y ahora se encuentran en otro nivel económico. Por medio de nuestros programas, hemos conseguido impactar a un 20% de las personas del área de San Fernando“.

“Nuestro objetivo es crear un sistema colectivo y cooperativo donde logremos que la comunidad entienda la fuerza que tiene cuando trabajamos juntos”, dice Flores.

Satisfacción personal y familiar

Flores se ha vuelto a casar. Su actual esposa es la primera mujer con la que dice que fue completamente honesto.

“Le expliqué mis circunstancias y me presenté cómo soy. Me aceptó con todo”.

Flores le agradece a Dios y a la vida el haber tenido la oportunidad de enmendar su camino.

Le emociona que su papá y su mamá hayan podido ver el cambio en su vida y todo lo que hace por su comunidad.

Manny Flores junto a su padre.

Manny Flores
Manny Flores se siente agradecido a Dios y a la vida por permitir que su padre viera cómo cambió y aplicó sus enseñanzas.

“Mi papá falleció hace un mes, pero tuve el privilegio de que me viera reflejando todas las enseñanzas que él me inculcó. No sé si lo que hago podrá reparar el daño que hice, pero trabajaré muy duro para intentarlo”.

A Flores le gustaría ver más modelos de organizaciones como NVCS, que con un presupuesto limitado está haciendo un gran cambio en el barrio.

“Ya nos han invitado a abrir más agencias en dos ciudades cercanas. Estamos muy cerca de lograrlo“, cuenta ilusionado.


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