La Reina de Los Hornos: violencia y exclusión en el caso de una migrante boliviana encarcelada
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Nathalie Iriarte Villavicencio

La Reina de Los Hornos: violencia y exclusión en el caso de una migrante boliviana encarcelada

Reina Maraz es una mujer indígena a la que condenaron a cadena perpetua, aunque siempre defendió que era inocente. Tardaron un año en asignarle un intérprete en Argentina, que le dijera en quechua que la a habían acusado por la muerte de su marido, de quien sufría maltratos.
Nathalie Iriarte Villavicencio
Por Nathalie Iriarte Villavicencio/Perrocronico.com
19 de marzo, 2017
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Reina Maraz, boliviana, de piel oscura y sin entender español, es condenada a cadena perpetua en Los Hornos, Argentina, y tarda más de un año en recibir la visita de un intérprete que le indique en quechua, su lengua materna, el delito que se le imputa: el supuesto homicidio de su marido Límber Santos. Esta historia investigada y escrita para Perro Crónico por la periodista boliviana Nathalie Iriarte Villavicencio explora cómo la violencia de género, aunada al no dominio de la lengua dominante, produce formas de control, paternalismo y exclusión. Un zoom y una panorámica del principio de vidas prescindibles o nula vida de Giorgio Agamben.

Mana parlayta atiqtiychus, boliviana kaptiychus chayjinata. Wisk’ay kuwarqanku nini. (¿Por qué me encerraron? ¿Es porque no sé hablar español? ¿Es porque soy boliviana?).

Dos hombres uniformados la esposan, la meten a un auto con luces rojas y azules y la llevan a un cuarto sin ventanas, pequeño, oscuro. Reina Maraz Bejarano  –22 años, larga trenza negra, mejillas sonrojadas, piel morena y tersa–  no entiende nada, ni quiénes son esos hombres, ni por qué la encierran gritando palabras en ese idioma de blancos que ella no comprende.

—Mana parlayta atiqtiychus, boliviana kaptiychus chayjinata. Wisk’ay kuwarqanku nini.

(¿Por qué me encerraron? ¿Es porque no sé hablar español? ¿Es porque soy boliviana?)

Los policías la dejan encerrada en una carceleta de la comisaría de Florencio Varela, una de las villas de la periferia del Gran Buenos Aires con importante población boliviana. Nadie le explica nada, nadie le entiende nada.

Es sábado 20 de noviembre de 2010. Su suegro la ha invitado a quedarse unos días en su casa porque su marido no está –seguro anda en una de esas farras suyas que pueden durar varios días– y Reina ha pasado el día limpiando esa típica y maltrecha vivienda de villa bonaerense. Comienza a preparar el almuerzo y entonces pasa eso que no le deja tiempo ni para terminar la comida, ni para despedirse de sus hijos a los que quizás abrazaría y besaría fuertemente de haber sabido que no los volverá a ver más.

—¿Por qué me encerraron? ¿Es porque no sé hablar español? ¿Es porque soy boliviana?

Esas preguntas quedan sin responder. Nadie le explica nada, nadie entiende lo que dice. Reina pasa siete meses en la carceleta y su vientre va creciendo y creciendo hasta amenazar con un parto. Solo entonces la trasladan a la cárcel de mujeres Nº 33 de Los Hornos, en la ciudad de La Plata, Argentina. Allí pare a una niña a la que da un nombre y sus dos apellidos: Abigail Maraz Bejarano.

Pasa un año y cinco meses sin saber la razón de su encierro. En diciembre de 2011, la Comisión por la Memoria –institución que defiende los derechos humanos en Argentina– hace una inspección de rutina en Los Hornos y se entera de su caso. “Reina estaba en un estado total de indefensión cuando la encontramos. En Reina confluían múltiples identidades que la colocaban en una situación de vulnerabilidad tremenda”, dice el informe de la Comisión por la Memoria.

Las múltiples identidades a las que se refiere el documento son: mujer, boliviana, pobre, migrante, de piel oscura, quechua hablante, analfabeta y evangelista. La comisión pide un intérprete para Reina, pero la justicia argentina solo cuenta con intérpretes de inglés y francés. Finalmente encuentran uno de quechua y Reina puede escuchar por primera vez después de más de un año, en su lengua materna, el delito que se le imputa: el homicidio de su marido Límber Santos.

Solo entonces entiende que lo que pasa es más grave que ser mujer, boliviana, pobre, migrante, de piel oscura, quechua hablante, analfabeta y evangelista.

La historia de Reina es una sucesión de infortunios. Dos meses antes de que la apresen, ella vive la siguiente escena: su marido Límber llega a la casa borracho y le da una golpiza. La arrastra de los pelos, grita, rompe los pocos muebles que hay en el cuarto –un cubo de ladrillos que comparten cuatro personas–  y aterroriza a sus hijos Kevin y Fermín, que se esconden en un rincón mientras ven a su padre abrir la garrafa del gas vociferando que los va a quemar vivos a todos.

Los parientes de Límber, que viven en el cuarto de al lado, escuchan los gritos y salen a ver qué pasa. Le quitan el encendedor a Límber, pero al ver que no se calma tienen que llamar a la Policía, que llega cuando Reina y sus hijos ya han logrado escapar.

Él no los ha quemado vivos, pero ha dejado hecha cenizas toda la ropa que Reina posee.

Reina deambula por casas de amigos y parientes durante un par de semanas. Quiere trabajar, pero hablando solo quechua, le es muy difícil en Buenos Aires. Como no puede juntar dinero para volverse a Bolivia y tampoco tiene sus documentos ni los de sus hijos –Límber se los quitó cuando ella intentó irse por primera vez–  la opción de regresar a Bolivia no es viable.

Finalmente llama a su marido y le pide los documentos. Él dice que sí. Se reúnen en la terminal de Liniers para la entrega, pero Límber la convence de que vuelvan a vivir juntos y Reina, que no sabe ni comprar alimentos en la tienda sin él, como guía y traductor, termina aceptando.

La pareja y sus dos hijos quieren comenzar de nuevo: dejan el trabajo de cosechadores nocturnos de tomates y se van a vivir a un horno de ladrillos llamado “el horno de Chacho”. En el nuevo hogar, Límber es el mismo borracho que gasta en alcohol el poco dinero que ganan y que golpea a Reina, la misma chica temerosa que no habla una palabra de español y depende totalmente de su marido. Allí trabajan cortando y apilando ladrillos junto a dos familias paraguayas.

Pero pronto se sumará a la historia un nuevo vecino, un personaje que cambiaría la vida de todos: Tito Vilca.

* * *

(Tres años y medio después. Unidad Penitenciaria Nº 33 de Los Hornos, ciudad de La Plata, Argentina. Entrevista con la interna Maraz Bejarano Reina).

Como si estuviera a punto de abrir la jaula del animal más visitado del zoológico, una carcelera joven, rubia, de acento porteño, dice: “Reina siempre tiene visita, vienen de las universidades, viene prensa, gente de ONGs, mirá que es nuestra interna estrella. A la gente le gusta la historia de la boliviana que no sabe hablar,  jajaja… Ahora te la traigo”.

Reina –su piel tersa de 25 años contrasta con sus ojos cansados y llenos de cataratas– entra a la oficina de la jefa de la Unidad, lugar cedido para la entrevista. Camina lento, la cabeza gacha, levanta tímidamente la vista y dice muy bajito y en español: “Hola…”. Se sienta y después de oír el saludo en quechua del intérprete, los ojos le brillan y devuelve el saludo sonriente: Imaynalla kachkanki (¿cómo estás?).

Luego pregunta si todos hablan quechua. Ante la negativa del intérprete ella dice con tono desesperado:

—Sho no, sho no, matar mana, inocente kani.

Lo que intenta decir en un quechuañol con dejos gauchos es: Yo no, yo no, nada de matar, soy inocente.

En la carpeta judicial de su caso aparecen dos acusados: Maraz Bejarano Reina y Vilca Ortiz Tito. El delito: criminis causa, homicidio doblemente agravado por el concurso premeditado de dos o más personas con intención de robo. El fallecido: Límber Santos, esposo de Reina y amigo “de chupa y farra” de Tito Vilca. La causa de la muerte: asfixia por obstrucción de las vías respiratorias. El móvil: Reina Maraz y Tito Vilca se unen para robar mil cien pesos (poco menos de cien dólares en esa época) a Límber, y para eso deben asesinarlo. Los testigos: -los únicos testigos- son Kevin y Fermín, de cinco y tres años, hijos de Límber y de Reina.

Tito Vilca era vecino de Reina y Límber. Trabajaba con ellos cortando ladrillos y rápidamente se convirtió en amigo de Límber. Ambos salían de copas después del trabajo y muchas veces Tito prestaba dinero a Límber para pagar las bebidas.

Reina  –blue jeans, remera rosada, cola de caballo, zapatillas deportivas, todo ajeno a su look antiguo de cholita–  recuerda los meses que convivió con Tito Vilca como vecino:

—Tito era amigo de mi esposo. Yo no me llevaba bien con ese joven porque mi marido me entregó a él para que abuse de mí.

—¿Cómo que tu marido te entregó a él?

—Mi marido iba al baile con él y llegaban borrachos. Una vez el joven ese, Tito, llegó tarde a mi casa, a las cuatro de la mañana. Vino del baile y dijo: “Tu marido me ha mandado para que esté con vos porque me debe plata, tu marido se fue con otra a un hotel”. Eso dijo.

—¿Qué le dijiste vos?

—Yo no le creí. Él quiso violarme a la fuerza. Yo peleé, peleé mucho, pero me violó siempre. Aunque no vivía bien con mi marido hace rato, porque me pegaba, cuando abusaron de mí estaba embarazada. Estaba embarazadits de un mes, recién sabía. Mis otros dos hijitos despertaron asustados con el ruido y vieron todo lo que me hizo Tito. Lloraban y decían: “Mamá… mamá… ¿qué te están haciendo?”.

Reina se quiebra y llora, dice que no llora por ella, sino por sus hijos que tuvieron que ver todo eso.

—Y después, ¿le dijiste a tu marido que te violaron?

—Sí, hablé con él cuándo llegó por la mañana. Los encaré a los dos. Mi marido se lo negó. El joven Tito le dijo: “Tú me mandaste, no mientas, tú te fuiste con otra”,  y le dio un manazo a mi marido. Límber se quedó calladito.

Aunque entonces la discusión no llegó a mayores, Límber desapareció y lo encontraron muerto días después. Reina dice que cuando la apresaron no sabía que el cuerpo de su marido había sido encontrado sin vida en un basurero cercano a su casa. Solo sabía que su marido desapareció un día, que ella pensaba que era lo de siempre: se quedó por ahí tomando y ya volvería; que no volvió en varios días, que el 16 de noviembre, acompañada por su hermana –que sí habla español– fue a la Policía a poner la denuncia de la desaparición de su marido. Entonces, su suegro, Lino Santos, le dijo que se mudaran a su casa porque allí estarían mejor hasta que apareciera Límber. Pero Lino Santos ya sabía que la Policía había encontrado a su hijo con marcas en el cuello, visiblemente asfixiado y con las manos y pies maniatados.

En cuanto Reina y sus hijos llegaron, Lino Santos los llevó a todos –a su nuera y a sus nietos– a la Quinta Comisaría de Florencio Varela, donde el subcomisario Martínez y el subcomisario Lanza les tomaron declaración.

Los niños dijeron que dos enmascarados entraron a su casa con cuchillos y pistolas, que su mamá estaba con ellos y que ella y Tito mataron a su padre con esos hombres. Primero dijeron que alguien disparó a su padre en la espalda, luego que alguien lo acuchilló en la pancita. En la autopsia, el cuerpo de Límber no presentó ninguna de esas heridas. Lo único que reportó el forense fue hematomas en el cuello, como signos de ahorcamiento.

Con ese único testimonio tomado como prueba, Reina fue internada en una comisaría durante siete meses y luego trasladada a un penal de mujeres.

—Los policías me amenazaron con arma. Pero yo no les entendía nada. Me asusté mucho. Intenté decir que no hice nada, pero no me entendían… Ahora sé que ellos creían que maté a mi marido. ¿Cómo puedo matar yo tan feo? Si él era más grande y siempre me pegaba. ¿Cómo? Si dicen que a él lo habían amarrado y que lo ahorcaron.

Pocos días después detuvieron a Tito Vilca bajo los mismos cargos. Tito tenía los dos celulares de Límber cuando fue retenido y luego, ante el vicecónsul de Bolivia, declaró que el día que Límber desapareció, ellos se habían peleado. Delante de otro compañero de celda, Tito también reconoció que había matado a Límber.

Pero Tito Vilca –por suerte o por desgracia– enfermó y falleció en prisión; y ante la justicia la única responsable que quedó fue Reina, que ha pasado casi seis años presa  –justa o injustamente– por la muerte de su esposo. Los ingredientes del caso son dignos de una novela detectivesca de Poe, pero en la realidad, la justicia argentina es una novelista mediocre: nunca hurgó en las profundidades del caso de esa forma irreductible en que lo hacen los detectives que narra el escritor norteamericano.

La muerte de Límber dejó muchos cabos sueltos. Según la psicóloga y trabajadora social Isabel Burgos, que visita a Reina regularmente, en la causa hay irregularidades.

—Los niños testificaron en contra de su madre, pero en Argentina la legislación vigente de protección de los derechos infantiles dice que ellos no pueden verse involucrados en esto. Además, el argumento para responsabilizarla por el homicidio está lleno de juicios misóginos. La familia del difunto prácticamente le endilga relaciones extramatrimoniales a Reina y lo peor es que la familia del difunto –y la policía– lo toman en cuenta como móvil del crimen…

¿Qué pasó después en el caso de Reina? Entra a Perrocronico.com para leer el relato completo

 

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Andrea Taylor

`La distribución desigual de vacunas entre países ricos y pobres significará que el virus continuará propagándose y mutando'

La investigadora Andrea Taylor cree que, de continuar el actual sistema de distribución de las vacunas, el virus podría seguir mutando, haciendo inefectiva la inmunización y produciendo consecuencias devastadoras.
Andrea Taylor
4 de febrero, 2021
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La carrera global por una vacuna contra el COVID-19 ha sido, probablemente, una de las más decisivas y frenéticas de nuestro tiempo.

En menos de un año, farmacéuticas, gobiernos, aerolíneas, centros de investigación y empresas de todo el mundo se han unido en un esfuerzo en común para materializar una inyección que se ha vuelto la última esperanza para salir del oscuro túnel de muertes, contagios y confinamientos que se ha sacudido el mundo de un extremo a otro.

Sin embargo, ahora que varias vacunas han comenzado a distribuirse y las autoridades sanitarias de numerosos países se esfuerzan en administrar el mayor número de dosis posible a su población, los expertos han comenzado a alertar que en esta nueva carrera los mayores beneficiados no serán, necesariamente, quienes terminen primero.

Y es que según un estudio que realizó la Universidad de Duke en Estados Unidos y que se volvió referencia en el tema en los últimos meses, la forma en la que se distribuyen actualmente las vacunas supone otro grave peligro de salud pública a nivel mundial.

La situación, de alguna forma, reproduce el actual sistema global: los países más ricos han comprado ya la mayor cantidad de vacunas que se producirá este año, mientras los más pobres no tendrán dosis para administrar incluso ni a sus poblaciones más vulnerables.

Como resultado, se estima que cerca del 90% de las habitantes en casi 70 países de bajos ingresos tendrán pocas posibilidades de vacunarse contra el COVID-19 en 2021.

Mientras, otras naciones, como Canadá, ya han comprado suficientes dosis para vacunar cinco veces a su población.

Número de dosis compradas por países. . .

Los expertos temen que, de continuar como va el actual sistema de distribución, el virus podría seguir mutando, hacer inefectivas las actuales vacunas, además de producir consecuencias económicas, políticas y morales devastadoras.

Para analizar este tema en BBC Mundo conversamos con Andrea Taylor, quien dirige la investigación del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke que rastrea la distribución de vacunas a nivel global.

El proyecto, denominado Launch and Scale Speedometer, analiza datos globales sobre vacunas y terapias para combatir la pandemia y sus hallazgos se han vuelto un llamado de alerta entre políticos, académicos y expertos en salud pública.


¿Cuáles fueron los principales hallazgos de este proyecto que dirigió sobre la distribución global de vacunas?

Analizamos los datos disponibles públicamente de las compras de vacunas contra el COVID-19 para comprender mejor la asignación de vacunas en todo el mundo.

Lo que descubrimos es que los países ricos han comprado la mayor parte, mientras que los países más pobres luchan por obtener suficientes vacunas para cubrir incluso a sus poblaciones más vulnerables.

Identificamos estas brechas por primera vez en octubre de 2020 y aún no las hemos visto cerrarse, lo cual es muy preocupante.

¿Cómo se llegó a este punto?

Los países ricos aprovecharon su poder adquisitivo e inversiones en el desarrollo de vacunas para obtener un lugar en primera fila y luego compraron la mayoría de las vacunas antes que otros países.

Los países de ingresos altos tienen el 16% de la población mundial, pero actualmente cuentan con el 60% de las dosis de vacunas que se han vendido.

Vacuna

Getty Images
Conseguir una vacuna con efectividad probada no será suficiente para detener la pandemia, pues hará falta garantizar su distribución.

Debido a que la capacidad de fabricación global es limitada, esto deja menos dosis para todos los demás, al menos a corto plazo.

Los países de ingresos medianos y bajos no pudieron realizar compras de gran volumen o comprar vacunas cuando el riesgo de falla aún era muy alto, por lo que no obtuvieron acceso prioritario. Estos países están claramente en peligro ahora.

La principal preocupación es que los países de ingresos bajos y medianos simplemente no tendrán suficientes vacunas y que las personas que viven en países ricos estarán protegidas mientras el virus se propague en los países más pobres.

Si se desarrolla de esta manera, todos sufriremos más, tanto en términos de impacto sanitario como económico.

En ese sentido, hace semanas, la Organización Mundial de la Salud advirtió que el mundo se enfrentaba a un “fracaso moral catastrófico” debido a las políticas desiguales de vacunación contra el covid-19. ¿Cuáles son los principales riesgos a nivel global de la forma en que se venden y distribuyen actualmente las vacunas?

La distribución desigual de las vacunas es peligrosa para todos. Ciertamente es un fracaso moral, pero también nos enfrentamos a resultados económicos y de salud catastróficos.

Provocará muchas más muertes en todo el mundo, especialmente entre nuestros vecinos más vulnerables.

Pero también significa que el virus continuará propagándose y mutando, aumentando el riesgo de que nuestra lista de vacunas no cubra eficazmente nuevas cepas.

La sede de la OMS en Ginebra

Reuters
La OMS ha advertido que solo un esfuerzo coordinado mundial para eliminar la amenaza del SARS-CoV-2.

Si los países ricos vacunan a sus poblaciones, mientras permiten que el virus se propague a otros lugares, es posible que descubran que no están protegidos de las cepas más nuevas que surjan.

También devastará nuestras economías.

Los modelos recientes muestran que si los países ricos vacunan a sus poblaciones antes de garantizar el acceso a los países más pobres, la devastación económica costará entre US$1,5 y US$9,2 billones y al menos la mitad caerá sobre los países ricos.

Algunos de los países que tendrían que esperar años para vacunar a toda su población son ahora algunos de los lugares donde muchas vacunas se están sometiendo a ensayos clínicos. ¿Cómo entender esta aparente contradicción?

Desde el principio quedó claro que las naciones de ingresos medios y bajos iban a tener dificultades para llegar al frente de la fila para comprar vacunas.

Vimos países que aprovechaban tanto la capacidad de fabricación como la infraestructura de ensayos clínicos para intentar conseguir ofertas de vacunas.

Una enfermera prepara una dosis de la vacuna CoronaVac, de Sinovac en Ankara, Turquía.

Reuters
Muchas naciones pobres tendrán que esperar hasta incluso 2024 para vacunar a toda su población contra el coronavirus.

Líderes de varios países nos dijeron que estaban trabajando para atraer ensayos clínicos con la esperanza de que les ayudara a negociar un acuerdo de suministro con el desarrollador de la vacuna.

En algunos lugares esta estrategia tuvo éxito, pero en otros no.

Es el caso de América Latina, donde también hemos visto muchos gobiernos que tomaron la decisión de comprar algunas vacunas (como la rusa o la china), incluso cuando los procesos de ensayos clínicos y resultados estaban siendo cuestionados por expertos en salud pública. ¿Podría la falta de acceso a otras vacunas aprobadas y más seguras llevar a los países menos desarrollados a administrar dosis que no se han probado a fondo?

Los líderes de estos países están tomando decisiones de salud pública muy difíciles y el cálculo cambia cada semana, a medida que cambia la carga de morbilidad y se descubren nuevas variantes.

Hace unos meses, escuchábamos a líderes de muchos países menos desarrollados decir que no aceptarían una vacuna sin datos sólidos de eficacia.

Más recientemente, estamos viendo que estos mismos países compran vacunas que no han publicado datos sólidos, pero que pueden estar en un avión dentro de las 24 horas posteriores al cierre del trato.

Por supuesto, esto es un riesgo y no es una opción tan buena como usar una vacuna que ha sido revisada y aprobada rigurosamente por una autoridad reguladora estricta.

Pero si su elección como líder está entre algo y nada, probablemente algo sea mejor.

Por otra parte, están los reportes de países como Canadá o Estados Unidos, que han comprado dosis suficientes para vacunar a toda su población varias veces. ¿Cuál es la lógica detrás de este “acaparamiento”?

Muchos países ricos compraron suficientes vacunas para cubrir muchas veces a sus poblaciones. Esto tenía sentido en el mundo en el que vivíamos hace 6 meses, porque aún no sabíamos cuál de las vacunas candidatas, si es que había alguna, llegaría al mercado.

La mayoría de los países ricos compraron dosis de múltiples candidatos con la esperanza de que si uno o dos de ellos llegaban al mercado, tendrían una cobertura de su población del 100%.

Dosis de vacunas en una fábrica.

Getty Images
Se espera que el plan Covax se ponga en marcha en febrero.

Al final resultó que las vacunas contra el covid-19 han tenido éxito más allá de las expectativas.

Ya tenemos algunas en el mercado y otras más saldrán en los próximos meses.

En realidad, ningún país rico tiene dosis de vacunas adicionales en esta etapa, pero sí se han reservado los espacios de fabricación prioritarios para 2021 para la mayoría de las vacunas contra el covid-19.

Esto significa que los países que realizan compras ahora pueden tener que esperar meses o incluso un año más.

Una de las alternativas para esta situación es Covax, el esfuerzo global que involucra tanto a países ricos como a otros menos desarrollados para un acceso equitativo a las vacunas contra el covid-19. ¿Cuáles serían los principales desafíos que enfrenta esta propuesta?

El principal desafío al que se enfrenta Covax es el tiempo.

Si bien la iniciativa ha tenido éxito en la compra de vacunas, garantizar la entrega en paralelo con el lanzamiento de la vacuna en las naciones ricas es mucho más difícil.

Las naciones de ingresos medios y bajos que cuentan con Covax como una parte importante de su estrategia de vacuna necesitan las dosis ahora, pero gran parte de los espacios de fabricación prioritarios ya han sido reservados por países ricos que hicieron acuerdos bilaterales.

También es importante señalar que Covax es necesario pero no suficiente.

Con una cobertura de población del 20%, es una pieza fundamental de la solución, pero los países pobres seguirán enfrentando brechas masivas en el acceso a las vacunas.

Tenemos que preocuparnos por la cobertura de población restante del 40-50% necesaria para alcanzar la inmunidad colectiva en estos países.

Supongamos que soy el primer ministro de una nación muy rica. ¿Qué argumento me daría para convencerme de que no debería comprar dosis suficientes para vacunar a toda mi población, porque al hacerlo, otros países menos desarrollados no tendrán acceso a esa vacuna? ¿Por qué debería preocuparme por ellos en lugar de vacunar a todos mis conciudadanos?

Realmente es un argumento de autoconservación. Al asegurarte de que otros países también tengan acceso a la vacuna, está garantizando el éxito de la tuya.

Los líderes de los países ricos deben asegurarse de que sus poblaciones estén cubiertas lo más rápido posible y se consideraría un fracaso masivo si no lo hicieran.

También deben garantizar que todos los países tengan acceso a las vacunas al mismo tiempo para cubrir a sus poblaciones más vulnerables, lo que ayudaría a proteger los servicios de salud y de emergencia y reducir las muertes.

Una mujer es vacunada contra el coronavirus en Rusia.

Reuters
La mayoría de naciones que han comenzado la vacunación son países de altos inresos.

Los modelos recientes demuestran que no hacerlo probablemente devastará las economías de las naciones ricas y creará una situación en la que nunca estaremos libres de este virus.

Muchos países, incluidos Canadá, Reino Unido y el bloque de la Unión Europea, han declarado su compromiso de donar el exceso de dosis a otros países, pero el momento en esto realmente importa.

Los líderes de los países ricos deben comenzar a donar dosis a los países más pobres sin dejar de vacunar a sus propias poblaciones.

Noruega ha liderado esto y ha declarado que donará dosis en paralelo con el lanzamiento de su propia vacuna.

Los líderes de los países ricos deberían elegir mejores resultados a largo plazo a riesgo de pérdidas políticas a corto plazo y encontrar formas de transmitir la importancia y los beneficios de esto a sus poblaciones.

Esto requiere un liderazgo más fuerte del que hemos visto hasta ahora pero, sin él, incluso los ciudadanos de los países ricos saldrán mucho peor.


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