Salud gastó 186 mdp para combatir la diabetes, pero la incidencia aumentó 21.5% en tres años
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Salud gastó 186 mdp para combatir la diabetes, pero la incidencia aumentó 21.5% en tres años

La Auditoría Superior señaló que la estrategia nacional contra la diabetes estuvo mal diseñada, y las acciones fueron insuficientes, ya que de 2012 a 2015 la prevalencia de ese padecimiento aumentó en la población.
Cuartoscuro Archivo
Por Nayeli Roldán
6 de marzo, 2017
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La atención de diabetes y los padecimientos derivados de ella son una “fuerte carga” y representan una “amenaza” a la sustentabilidad del sistema de salud en el país.

Aunque el gobierno federal lanzó en 2013 la Estrategia Nacional para la Prevención y el Control del Sobrepeso, la Obesidad y la Diabetes y gastó 186 millones de pesos, no logró los objetivos y la incidencia sigue a la alza.

Como parte de la Cuenta Pública 2015, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) revisó la estrategia contra la obesidad y la diabetes operada por la Secretaría de Salud y el Centro Nacional de Programas Preventivos y Control de Enfermedades y los resultados son poco alentadores.

El programa está mal diseñado y las acciones “fueron insuficientes para revertir el incremento de la incidencia”, ya que de 2012 a 2015, la prevalencia de diabetes en la población sin seguridad social de 20 años y más se incrementó en 21.5%; mientras que la tasa de mortalidad por esta enfermedad aumentó en 9.9%, de 2012 a 2014.

La campaña “Chécate, mídete, muévete”, ¿funcionó?

Entre las acciones para combatir la obesidad, la Secretaría de Salud emprendió una campaña en medios de comunicación en 2015 con spots que se difundían constantemente. La canción que lo acompañaba, supuestamente, invitaba a la población a cuidar su salud: chécate, mídete muévete.

Sin embargo, la dependencia a cargo entonces de Mercedes San Juan, no supo si la campaña tuvo algún impacto o efecto entre la población porque no hubo ningún tipo de indicador para medir en qué medida la población modificó sus hábitos alimenticios, de ejercicio o si conoce los efectos de las enfermedades, constató la Auditoría.

Aunque una de las estrategias para prevenir la obesidad o diabetes es la “promoción a la salud”, la Secretaría coordinó 11,480 eventos para la promoción de la alimentación correcta y el consumo de agua potable, lo que representó el 85.1% de los 13,489 eventos programados.

Sin embargo, tampoco hay evidencia de cuántas personas recibieron la información porque la Secretaría de Salud careció de mecanismos para medir la asistencia y el efecto de las actividades.

Aún con programa hay más enfermos de diabetes

En 2015, el CENAPRECE ejerció 186 millones de pesos en el programa “Prevención y Control de Sobrepeso, Obesidad y Diabetes”, pero la distribución entre las entidades federativas no tuvo relación con la tasa de mortalidad. En Coahuila, por ejemplo, se asignó el presupuesto más alto por persona en tratamiento (728 pesos), pero es el onceavo lugar de muertes por cada 100 mil habitantes.

La Auditoría comprobó que el diseño de la política de prevención no estableció de manera clara los procesos de implementación de los esquemas de prevención y control de la enfermedad, “lo que limita que la implementación sea homogénea en las 32 entidades federativas”.

Eso propició que “se acelerara el crecimiento de su incidencia en la población sin seguridad social, al pasar de 401.2 casos nuevos por cada 100 mil habitantes mayores de 20 años en 2012 a 487.3 casos en 2015”, afirma la Auditoría.

En el control de la enfermedad tampoco hubo mejora: de un millón 693 mil personas identificadas como positivas en los estados y que no tenían seguridad social, se registraron en tratamiento el 51.5%; de éstos, sólo a 6.9% se les realizó la medición anual de hemoglobina, es decir, a 93 no se les realizó seguimiento.

¿Tratamiento eficaz?

Para atender a la población con diabetes se estableció el Programa de Acción Específico Prevención y Control de la Diabetes 2013-2018, cuyo objetivo fue atender al 9.9% de los pacientes en tratamiento, aunque no hubo justificación para definir esa meta.

Aunque en el formato de avances de cumplimiento, el CENAPRECE reportó 501,488 mediciones a pacientes, en la revisión que hizo la auditoría del las estadísticas por entidad, identificó que las personas con al menos una medición ascendieron a 59,860 personas, o sea 441,628 personas menos de las reportadas.

En 2015, en 26 entidades federativas el porcentaje de atención fue inferior a la meta programada.

También se programó para 2015 tener en control, con niveles menores de 7.0% de hemoglobina glucosilada, al 8 mil 596 pacientes de los 86,824 pacientes en seguimiento, lo que equivale a 9.9%.

En esto, el CENAPRECE también reportó cifras que “carecieron de confiabilidad”, dice la Auditoría.

Mientras en el reporte global supuestamente se atendieron a 90 mil 980 pacientes (44 % de la meta), en la revisión por entidad federativa se identificó que el número de personas en control fue de 27 mil personas.

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Cómo fue estar con Donald Trump el día que perdió la carrera por la Casa Blanca

Cómo el presidente que nunca ha dudado de sí mismo se enfrentó a la derrota después de cuatro años en el poder.
8 de noviembre, 2020
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En los últimos cuatro años he visto al presidente de EE. UU. en sus días buenos y en sus días malos.

Pero este 7 de noviembre, el día en que perdió las elecciones, fue un día muy distinto a todos esos otros.

Vestido con una chaqueta negra, pantalón deportivo oscuro y un gorro con la inscripción MAGA (las iniciales de su lema de campaña en inglés, Make America Great Again), Donald Trump dejó la Casa Blanca un poco después de las 10 de la mañana del sábado.

Antes, se la había pasado tuiteando sobre las elecciones y, sobre todo, sobre el fraude electoral que considera tuvo lugar en torno a los comicios generales del 3 de noviembre.

Salió por la puerta de la residencia presidencial y se subió a su vehículo oficial que lo llevó en dirección de su club de golf Trump National, en la ciudad de Sterling, Virginia, a unos 40 kilómetros de Washington.

En ese momento, proyectaba un aire de autoconfianza. Era un día precioso, perfecto para el golf, y por eso decidió que iba a pasarlo en su club.

Trump jugando al goflf.

Getty Images
Trump pasó gran parte del día jugando al golf.

Pero, a la vez, se notaba que las personas que trabajaban con él estaban incómodas. Como al borde de una situación muy tensa.

“¿Cómo la están pasando?”, le pregunté a una de sus empleadas.

“Bien”, respondió. Y sonrió, pero sus ojos se entrecerraron y bajó rápido la mirada hacia la pantalla de su celular.

Trauma electoral

La Casa Blanca ha estado en una especie de trauma en los días que han pasado desde la elección.

Aunque fue apenas el martes, parece que hubiera ocurrido hace mucho tiempo.

La mayoría de los escritorios del ala oeste de la Casa Blanca estaban vacíos cuando pasé por el edificio en la mañana de este sábado. Muchos miembros del personal han resultado infectados por el covid-19 y no pueden ir a la oficina. Los otros están en cuarentena.

Entonces, a eso de las 11:30 y mientras el presidente estaba jugando al golf, la BBC y varias cadenas comenzaron a proyectar que Joe Biden había ganado las elecciones.

Estaba sentada en un restaurante italiano ubicado a un poco más de un kilómetro de distancia del Trump National cuando recibí el dato.

Trump regresa a la Casa Blanca después de jugar al golf

Reuters
El presidente Trump se enteró de la noticia de la victoria de Joe Biden en su campo de golf en el estado de Virginia.

Yo hago parte del grupo permanente de periodistas que cubren la Casa Blanca, un conjunto de colegas de medios distintos que viajan con el presidente de EE.UU.

Todos estábamos esperando que saliera del club.

“Él es una persona tóxica”, dijo una mujer en las afueras del restaurante. Ella, como muchos de sus vecinos en ese distrito de mayoría demócrata, habían votado por el rival de Trump.

Otros se preguntaban en voz alta cuándo el presidente dejaría el club y volvería a la Casa Blanca.

Pasaron los minutos. Pasaron las horas.

“Se está tomando su tiempo”, le dijo un funcionario a otro.

El presidente no tenía prisa en marcharse. En el club estaba rodeado de amigos. Fuera de esas puertas, sus seguidores me gritaban a mí y a los otros periodistas “Acaben con los medios”.

Una mujer, vestida con tacones altos y un gorro rojo, azul y blanco, llevaba un cartel en el que se leía: “Detengan el robo”.

Un hombre pasó conduciendo su camioneta por enfrente del club mientras hacía ondear varias banderas, incluso una en la que se mostraba al presidente encima de un tanque, como si fuera el comandante de los ejércitos del mundo.

Críticos del presidente.

BBC
Un mensaje claro: “Usted está a punto de perder su trabajo”.

Era una muestra de cómo sus seguidores ven al presidente, e incluso cómo Trump se veía a sí mismo.

Finalmente, el presidente decidió abandonar el club y regresar a la Casa Blanca.

Allí, miles de sus críticos lo esperaban.

“Has perdido. Nosotros hemos ganado”

La caravana presidencial avanzó por Virginia. Yo iba en una camioneta que hacía parte de la caravana, que por poco se estrella en una de las calles del condado de Fairfax. Se encendieron las sirenas.

Entre más cerca estábamos de la Casa Blanca, más grande era el tumulto: la gente estaba en las calles celebrando la derrota del mandatario.

Alguien llevaba en alto un cartel: “Has perdido y todos nosotros hemos ganado”. Había clima festivo y cánticos.

Con un letrero de "Hasta nunca" algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia).

Getty Images
Con un letrero de “Hasta nunca” algunas personas saludaron la caravana de Trump en el Sterling (Virginia). La campaña del mandatario estadounidense anunció este sábado que no reconocen los resultados y que la “elección está lejos de haber terminado”.

Cuando llegamos a la Casa Blanca, el presidente ingresó por una puerta lateral, una entrada que ha utilizado poco durante sus cuatro años de mandato. Sus hombros estaban hundidos y la cabeza, gacha.

Entonces levantó la vista hacia los periodistas que estábamos allí y levantó su pulgar. Fue un gesto a medias. No levantó su mano ni apretó su puño, como suele hacer.

Tanto en la Casa Blanca como en el club de golf, el presidente nunca vaciló: siempre hizo reclamos sin sustento sobre el fraude electoral e insistió que será reivindicado.

Durante toda esa mañana escribió en su cuenta de Twitter sobre los “votos ilegales” y por la tarde declaró, desafiante y en mayúsculas, “YO GANÉ ESTAS ELECCIONES”.

Pero eso fue Trump en Twitter. El hombre que yo vi me dejó una impresión muy distinta. Cuando entró por la puerta lateral de la Casa Blanca por la tarde, la arrogancia se había ido.

Texto de Tara McKelvey, corresponsal de la BBC en la Casa Blanca

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BBC

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