Que el gobierno quiera, lo único que falta para reconocer trabajo del hogar
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Que el gobierno quiera, lo único que falta para reconocer trabajo del hogar

Las empleadas del hogar exigen reconocimiento legal para poder tener seguridad social, pero el IMSS dice que no alcanza el dinero para afiliarlas. Expertos dicen que lo que falta es voluntad política.
Cuartoscuro
Por Claudia Altamirano
29 de marzo, 2017
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La jornada típica de Ana Laura Aquino empezaba a las seis de la mañana, en un kínder. Hacía la limpieza general y lavaba pañales hasta la una de la tarde. De las dos a las ocho iba a la escuela, luego llegaba a casa a hacer tareas, dormir y empezar de nuevo a las seis al otro día, a los 13 años de edad.

Ese ritmo la estaba agotando así que dejó el trabajo para seguir estudiando, terminó el primer año de secundaria y entonces se enfrentó a un nuevo dilema: estudiar o comer, así que volvió al trabajo doméstico.

Alrededor de tres décadas después, Ana Laura cuenta una historia mucho más afortunada: lleva 15 años con su actual empleadora y se han acoplado muy bien; ella le da dos semanas de vacaciones pagadas al año, dos días de descanso a la semana, aguinaldo y están discutiendo las condiciones para firmar un contrato que le dé reconocimiento legal. Incluso Ana ya podría retirarse, pero su jefa aún no puede darle seguridad social porque no existe un mecanismo de afiliación para estas trabajadoras.

“Está el régimen voluntario, pero ese no me ayuda porque no me da ninguna otra prestación más que el servicio médico, y si tengo una enfermedad degenerativa no me atienden; medicamentos sólo si los hay. Me conviene más atenderme en servicios privados”, dice Aquino, quien también es secretaria general colegiada del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (Sinactraho).

En México el trabajo doméstico no es reconocido de manera formal y legal. En 2011 el gobierno federal firmó el Convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que obliga a los países suscritos a reconocer a estas trabajadoras (95% de estas personas son mujeres) y adecuar sus leyes para garantizar sus derechos laborales.

Sin embargo, a la fecha sigue sin ratificarlo. El Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) ha dicho en reuniones que no le alcanzaría el dinero para afiliar a los 2.4 millones de trabajadores del hogar que hay en el país, pero los expertos dicen que lo que no hay es voluntad política para reconocerlas porque eso implicaría dejar de explotarlas.

“Es que no es si el IMSS puede o no puede, es su derecho porque lo dice la Constitución”, sentencia Martha Cebollada, profesora del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

La investigadora expone dos razones por las que el argumento del Instituto no tiene sustento: primero, que la experiencia internacional comprueba que dar seguridad social a las empleadas del hogar no se traduce en una ola de solicitudes de afiliación, y cita como ejemplo a Uruguay, país que tiene la legislación más avanzada en esa materia en América Latina y aún así no ha llegado al 100 % de afiliaciones: apenas tiene un 43 por ciento.

“Es irreal pensar que al día siguiente de que hagas los cambios legales vas a tener 2.4 millones de trabajadoras inscribiéndose al IMSS, en un país en el que las leyes no suelen ser cumplidas; si el 60 % de la población es informal, teniendo la obligatoriedad de darles seguridad social, es totalmente absurdo pensarlo”, explica.

Y aunque todas buscaran su afiliación, el artículo 123 de la Constitución garantiza el derecho a un trabajo digno para todos los mexicanos, “no puede ser que el Estado esté siendo cómplice de unos derechos laborales de primera y segunda clase”, puntualiza la experta.

Animal Político solicitó su versión al Instituto Mexicano del Seguro Social pero no obtuvo respuesta.

Sin fundamento, el argumento del IMSS

Cebollada, experta en el tema de trabajo doméstico, asegura que hay una intencionalidad del gobierno de no ratificar el Convenio porque resulta muy conveniente que ellas no puedan reclamar sus derechos laborales.

“La necesidad te avienta a esta situación, muchas compañeras pasan lo mismo, dicen ‘es que en mi pueblo no hay nada, te mueres de hambre’, vienen a la ciudad y se enfrentan con que no se pueden emplear si no traen un documento que avale que saben hacer algo, así llegan al trabajo doméstico. Eso hace que aceptemos los bajos salarios, las condiciones laborales indignas, mala alimentación, y aunque hayan pasado años, sigue siendo la misma historia para todas”, apunta Ana Laura Aquino.

Actualmente, la única forma de afiliación con que cuentan estas trabajadoras es el seguro voluntario, una figura en la que el propio trabajador paga sus derechos –con una cuota anual que va de entre 2,700 y 7,700 pesos, según la edad- y tiene derecho solamente a la atención médica en clínica y medicamentos, pero no a crédito de vivienda, pensión por jubilación y otros derechos laborales, entre los cuales la guardería es el más importante para ellas, ya que la mayoría son madres.

“Se les reconoce como personas que no están sujetas a una relación laboral. Se requiere reformar la ley del IMSS porque el artículo 13 las pone en régimen voluntario y esto las deja en una situación de derechos mínimos que no las favorece para tener una pensión por jubilación, por ejemplo”, señala el abogado Manuel Fuentes, asesor del Sinactraho.

Aunque los empleadores estén en disposición de reconocer legalmente a sus trabajadores, no pueden darlos de alta en el régimen obligatorio –el de los empleados formalmente reconocidos-, por lo que hay un primer elemento de discriminación en la propia ley.

“Este apoyo no es suficiente porque ellas tienen derecho a una seguridad social íntegra, con posibilidad de cotizar para una pensión por vejez, o estar cubierta por riesgos de trabajo, es eliminatorio de sus derechos”, subraya el defensor.

Otro recurso que tiene el empleador es ingresarlas a la nómina de su empresa -los que la tienen-, lo cual les sirve para tener prestaciones pero elude la realidad, refiere Fuentes Muñiz, además de que apenas son unos cuantos los que lo han hecho así: unos dos de cada 100, estima el abogado.

La prueba de que este recurso no soluciona el problema es que el número de trabajadores del hogar afiliados al Seguro Social se redujo a la mitad en 10 años: en 2005 eran 5.15 % y en 2015 bajó a 2.65 %, según una investigación de Martha Cebollada que está por publicarse a propósito del Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar (30 de marzo).

Incluso dentro del propio Sindicato, ninguno de los casi 900 miembros tiene contrato por escrito todavía, pues aún está en proceso de revisión, explica la secretaria general. En el país, los que lo tienen es por medio de las empresas de su empleador.

Un ‘atajo’

Martha Cebollada es autora de varias investigaciones sobre trabajo del hogar para el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), pero además es empleadora. Junto con su contadora utilizó un recurso legal, pero no directo, para reconocer a sus trabajadoras: darse de alta ante el Servicio de Administración Tributaria (SAT) como persona física con actividad empresarial pero con ganancia cero, y declararlas como empleadas.

“La verdad es que es por convicción, si no lo pudiese hacer no lo haría; entiendo que hay mucha gente que no lo puede hacer, pero yo a lo que aspiro es a que el hijo de Cecy y mis hijas vayan juntos a la universidad pública de este país”, relató la profesora en entrevista.

Esta es una opción para avanzar en el reconocimiento de este tipo de empleo, pero las trabajadoras siguen luchando por sus plenos derechos laborales. “Si yo llegué aquí es por algo”, recuerda Ana Laura sobre su ingreso al Sindicato a través de su organización hermana, el Centro de Apoyo y Capacitación para las Empleadas del Hogar (Caceh).

“No quiero que haya más niñas en mi situación, que trabajen, que desconozcan, que las violenten, que las exploten. Yo veía a mis amigas que llevaban a la primaria las barbies y yo jugaba a lavar los platos, a barrer, a trapear y a cuidar niños. Cuando llegué a Caceh entendí que no tenía por qué haber cuidado niños, cuando me tenían que estar cuidando a mí, tendría que estar jugando, aprendiendo, no haciendo trabajo doméstico”.

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5 razones por las que 2021 puede ser un año crucial en la lucha contra el cambio climático

El año que comienza representa una gran oportunidad para encaminarnos hacia un planeta con menos emisiones de carbono.
6 de enero, 2021
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Glaciar en Argentina

Getty
El mundo no está encaminado hacia lograr sus metas de reducción de emisiones de carbono.

El mundo tiene un tiempo limitado para actuar si quiere evitar los peores efectos del cambio climático.

La pandemia de covid-19 fue el gran problema de 2020, sin duda, pero espero que, para fines de 2021, las vacunas se hayan activado y hablemos más sobre el clima que sobre el coronavirus.

Este año que comienza será decisivo para enfrentar el cambio climático.

Según Antonio Guterres, secretario general de la ONU, estamos en un “punto de quiebre” para el clima.

Con el espíritu optimista de Año Nuevo, estas son cinco razones por la que creo que 2021 podría confundir a los fatalistas y ver un gran avance en la ambición global sobre el clima.

1. La crucial conferencia climática

En noviembre de 2021, los líderes mundiales se reunirán en Glasgow, Escocia, para trabajar en el sucesor del histórico Acuerdo de París de 2015.

París fue importante porque fue la primera vez que prácticamente todas las naciones del mundo se unieron para acordar que todas necesitaban ayudar a abordar el cambio climático.

El problema fue que los compromisos asumidos por los países para reducir las emisiones de carbono en ese entonces no alcanzaron los objetivos establecidos por la conferencia.

En París, el mundo acordó que para fines de siglo el aumento de la temperatura global no estaría por encima de 2 °C respecto a los niveles preindustriales. El objetivo era limitar el aumento a 1,5 °C, si era posible.

Naturaleza.

Getty
La conferencia de Glasglow es una nueva oportunidad para lograr las metas climáticas.

La realidad es que no estamos avanzando en ese sentido.

Según los planes actuales, se espera que el mundo supere el límite de 1,5 °C en 12 años o menos, y que alcance 3 °C de calentamiento para fines de siglo.

Según el acuerdo de París, los países prometieron volver a reunirse cada cinco años y aumentar sus objetivos de reducción de carbono.

Eso debía suceder en Glasgow en noviembre de 2020, pero debido a la pandemia se aplazó para este año.

Así, Glasgow 2021 puede ser un encuentro en el que se aumenten los recortes a las emisiones de carbono.

2. Grandes reducciones de emisiones

El anuncio más importante sobre el cambio climático el año pasado salió completamente de la nada.

En la Asamblea General de la ONU en septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, anunció que su país tenía como objetivo convertirse en neutral en emisiones de carbono para 2060.

Los ambientalistas quedaron atónitos.

Reducir el carbono siempre ha sido visto como una tarea costosa, pero aquí estaba la nación más contaminante del mundo, responsable de cerca del 28% de las emisiones mundiales, comprometiéndose a cortar sus emisiones incondicionalmente, independientemente de si otros países seguirán su ejemplo.

Ese fue un cambio total respecto a las negociaciones anteriores, cuando todos temían asumir el costo de descarbonizar su propia economía, mientras que otros no hacían nada, pero disfrutaban a costa de los que sí habían hecho la tarea.

Planta de carbón.

Getty
China es responsable de cerca del 28% de las emisiones de gases de efecto de invernadero.

China no es la única en tener esta iniciativa.

En 2019, Reino Unido fue la primera de las principales economías del mundo en asumir un compromiso legal de cero emisiones netas.

La Unión Europea hizo lo mismo en marzo de 2020.

Desde entonces, Japón y Corea del Sur se han sumado a lo que, según estimaciones de la ONU, son ya más de 110 países que han establecido una meta de cero neto para mediados de siglo.

Según explica la ONU, el cero neto significa que no estamos agregando nuevas emisiones a la atmósfera. Las emisiones continuarán, pero se equilibrarán absorbiendo una cantidad equivalente de la atmósfera.

Los países que se han puesto la meta de llegar al cero neto representan más del 65% de las emisiones globales, y más del 70% de la economía mundial, dice la ONU.

Con la elección de Joe Biden en Estados Unidos, la economía más grande del mundo ahora se ha reincorporado al coro de reducción de carbono.

Estos países ahora necesitan detallar cómo planean lograr sus nuevas aspiraciones, que serán una parte clave de la agenda de Glasgow, pero el hecho de que ya estén diciendo que quieren llegar a ese punto es un cambio muy significativo.

3. La caída del costo de las energías renovables

Hay una buena razón por la que tantos países ahora dicen que planean tener cero emisiones netas: la caída del costo de las energías renovables está cambiando por completo el cálculo de la descarbonización.

En octubre de 2020, la Agencia Internacional de Energía, una organización intergubernamental, concluyó que los mejores esquemas de energía solar ofrecen ahora “la fuente de electricidad más barata de la historia”.

Cuando se trata de construir nuevas centrales eléctricas, las energías renovables ya suelen ser más baratas que la energía generada por combustibles fósiles en gran parte del mundo.

Paneles solares

Getty
El costo de producción de las energías renovables está disminuyendo.

Si los países aumentan sus inversiones en energía eólica, solar y de baterías en los próximos años, es probable que los precios caigan aún más, hasta un punto en el que comenzará a ser rentable cerrar y reemplazar las centrales eléctricas de carbón y gas.

Esto se debe a que el costo de las energías renovables sigue la lógica de toda la industria: cuanto más produces, más barato se vuelve, y entre más barato se vuelve, más produces.

Esto significa que los activistas no tendrán que presionar a los inversores para que hagan lo correcto.

Por su parte, los gobiernos saben que al aumentar las energías renovables en sus propias economías, ayudan a acelerar la transición energética a nivel mundial, al hacer que las energías renovables sean aún más baratas y competitivas en todas partes.

Granja eólica.

EPA
La energía eólica es una alternativa para reducir las emisiones de carbono.

4. La pandemia lo cambia todo

La pandemia de coronavirus ha sacudido nuestra sensación de ser invulnerables y nos ha recordado que es posible que nuestro mundo se trastorne de formas que no podemos controlar.

También ha provocado la conmoción económica más significativa desde la Gran Depresión.

En respuesta, los gobiernos están dando un paso adelante con paquetes de estímulo diseñados para reactivar sus economías.

Y la buena noticia es que rara vez, si es que alguna vez, ha sido más barato para los gobiernos realizar este tipo de inversiones. En todo el mundo, las tasas de interés rondan el cero o incluso son negativas.

economía verde.

Getty
Muchos países tienen planes de incentivar la economía verde.

Esto crea una oportunidad sin precedentes para hacer las cosas mejor esta vez.

La Unión Europea y el nuevo gobierno de Joe Biden en EE.UU. han prometido billones de dólares en inversiones verdes para poner en marcha sus economías e iniciar el proceso de descarbonización.

Ambos dicen que esperan que otros países se unan a ellos, ayudando a reducir el costo de las energías renovables a nivel mundial. Pero también advierten que, junto con esta zanahoria, planean blandir un garrote: un impuesto a las importaciones de países que emiten demasiado carbono.

La idea es que esto puede ayudar a que los rezagados en la reducción de carbono, como Brasil, Rusia, Australia y Arabia Saudita, se animen a recortar emisiones.

La mala noticia es que, según la ONU, los países desarrollados están gastando un 50% más en sectores vinculados a los combustibles fósiles que en energías bajas en carbono.

5. Los negocios también se está volviendo verdes

La caída del costo de las energías renovables y la creciente presión pública para que se actúe sobre el clima también están transformando las actitudes en los negocios.

Existen sólidas razones económicas para ello. ¿Por qué invertir en nuevos pozos de petróleo o centrales eléctricas de carbón que se volverán obsoletas antes de que puedan amortizarse a lo largo de sus 20 o 30 años de vida?

De hecho, ¿por qué tener en sus carteras riesgos asociados al carbono?

La lógica ya se está desarrollando en los mercados. Solo este año, el vertiginoso precio de las acciones de Tesla la ha convertido en la empresa automotriz más valiosa del mundo.

auto eléctrico.

Getty
Los autos eléctricos han ganado terreno en el mercado automotriz.

Mientras tanto, el precio de las acciones de Exxon, que llegó a ser la compañía más valiosa del mundo, cayó tanto que fue expulsada del Promedio Industrial Dow Jones de las principales corporaciones estadounidenses.

Al mismo tiempo, existe un impulso creciente para lograr que las empresas incorporen el riesgo climático en su toma de decisiones financieras.

El objetivo es hacer que sea obligatorio para las empresas y los inversores demostrar que sus actividades e inversiones están dando los pasos necesarios para la transición a un mundo de cero emisiones netas.

Setenta bancos centrales ya están trabajando para que esto suceda, y la integración de estos requisitos en la arquitectura financiera mundial será un enfoque clave para la conferencia de Glasgow.

Aún está todo en juego.

Por lo tanto, hay buenas razones para la esperanza, pero está lejos de ser un trato hecho.

Confinamiento.

Getty
El confinamiento causó una reducción de las emisiones, pero ya los niveles están volviendo a subir.

Para tener una posibilidad razonable de alcanzar el objetivo de 1,5 °C, debemos reducir a la mitad las emisiones totales para fines de 2030, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, el organismo respaldado por la ONU que recopila la ciencia necesaria para informar las políticas.

Esto implicaría lograr cada año la reducción de emisiones que hubo en 2020 gracias a los confinamientos masivos debido a la pandemia.

Las emisiones, sin embargo, ya están volviendo a los niveles que tenían en 2019.

La verdad es que muchos países han expresado grandes ambiciones de reducir el carbono, pero pocos han implementado estrategias para alcanzar esos objetivos.

El desafío para Glasgow será lograr que las naciones del mundo se adhieran a políticas que comenzarán a reducir las emisiones ya.

La ONU dice que quiere ver el carbón eliminado por completo, el fin de todos los subsidios a los combustibles fósiles y una coalición global para llegar al cero neto para 2050.

Eso sigue siendo una tarea muy difícil, incluso si los sentimientos globales sobre enfrentar el calentamiento global están comenzando a cambiar.


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