Trump endurece deportaciones; anuncia oficina para atender delitos cometidos por migrantes
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Trump endurece deportaciones; anuncia oficina para atender delitos cometidos por migrantes

El presidente de Estados Unidos dio su discurso sobre el Estado de la Unión. Anunció que solo los migrantes que no represente un costo para el país podrán quedarse.
The White House
Por Redacción Animal Político
1 de marzo, 2017
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El presidente Donald Trump dio su primer informe de gobierno sin cambios a su discurso de campaña, marcado por políticas en contra de la migración.

Trump defendió este martes ante el Congreso de EU su dura política migratoria, reiterando su voluntad de llevar adelante una reforma fiscal “histórica” y reemplazar el sistema de salud

Ve aquí el discurso íntegro de Trump. 

Una semana después de ampliar las facultades de las agencias inmigratorias y dejar vulnerables de deportaciones a casi todos los 11 millones de indocumentados que viven en el país, Trump prometió mano dura en las fronteras.

“Al hacer que finalmente se apliquen nuestras leyes migratorias, vamos a elevar salarios, ayudar a los desempleados, ahorrar miles de millones de dólares y tornar nuestras comunidades más seguras para todos”, dijo.

Trump defendió la adopción de un nuevo sistema migratorio basado en méritos y en la capacitación de los candidatos, garantizando que los extranjeros no generen costos para el Estado.

Y prometió el “pronto” inicio de la construcción del polémico muro en la frontera con México, con el objetivo de frenar “las drogas y el crimen”.

Pero pocas horas antes del discurso, en una cita con presentadores de televisión en la Casa Blanca, Trump creó sorpresa al evocar la posibilidad de apoyar una reforma de regularización de inmigrantes indocumentados sin antecedentes penales.

Leer: Trump analiza un plan para dar documentos a 11 millones de inmigrantes en EU

Pero además anunció la creación de una oficina que atenderá a los estadounidenses víctimas de crímenes cometidos por inmigrantes. La oficina se llamaría VOICE (Victims Of Immigration Crime Engagement).

“Le estamos dando voz a aquellos que han sido ignorados por nuestros medios de comunicación y silenciados por intereses especiales”, dijo el republicano.

Trump dijo que su obligación es servir y proteger a los ciudadanos estadounidenses y por ello “estamos tomando fuertes medidas para proteger nuestra nación del terrorismo islámico radical”.

Agregó que “no es compasión sino irresponsabilidad permitir la entrada al país de gente proveniente de lugares donde no se puede hacer una verificación adecuada de antecedentes“.

Leer: Trump amaga con usar Ejército para detener migrantes; México lleva 10 años haciéndolo

Una reforma fiscal histórica y la destrucción del Obamacare

Casi 40 días después de su investidura, Trump dibujó a los legisladores las prioridades de la Casa Blanca, intentando alejarse de las polémicas que arrastra su joven gobierno y haciendo un llamado a la unidad en un país cada vez más polarizado.

“Un nuevo capítulo de la grandeza de Estados Unidos está empezando. Un nuevo orgullo nacional está barriendo el país”, dijo.

“Ya empezamos a drenar el pantano de la corrupción”, afirmó.

Trump prometió “reiniciar el motor de la economía estadounidense” y hacer más difícil que las empresas muden su producción al exterior.

Mi equipo económico está desarrollando una reforma fiscal histórica que reducirá la tasa de impuestos de nuestras empresas para que puedan competir y triunfar donde sea”, afirmó.

El presidente insistió en una de sus más polémicas promesas de campaña, llamando a los legisladores “a rechazar y sustituir” el “desastre” de Obamacare, el sistema de salud heredado de su antecesor Barack Obama.

El asunto es delicado: el desmantelamiento del sistema de salud pública Obamacare podría dejar unos 20 millones de personas sin cobertura médica, un escenario que atormenta a congresistas republicanos.

Dreamer responde

En una señal de la línea dura adoptada por la nueva administración contra la inmigración ilegal, el presidente y la primera dama invitaron al Congreso a dos viudas de policías californianos abatidos en 2014 por un inmigrante clandestino.

A la inversa, legisladores demócratas invitaron a Hameed Darweesh, un iraquí detenido en el aeropuerto JFK de Nueva York el mismo día que se ponía en vigor un decreto de Trump que cerraba las fronteras a refugiados y ciudadanos de siete países musulmanes, luego suspendido por la justicia.

En otro gesto simbólico, Astrid Silva, una activista del estado de Nevada e inmigrante indocumentada, pronunció la respuesta en español del partido Demócrata al discurso de Trump.

Silva, la primera indocumentada designada para dar la respuesta en español a un mensaje presidencial, recordó al presidente estadunidense que los inmigrantes y los refugiados son el “alma y la promesa” de Estados Unidos, y no están solos.

“El discurso del presidente Trump que escuchamos hace momentos fue divisivo y tiene como fin causar miedo y terror en comunidades alrededor del país”, enfatizó.

Creo que una reforma migratoria real y positiva es posible, en la medida que cumplan las siguientes metas: mejores empleos y salarios para los estadunidenses, fortalezca nuestra seguridad nacional y restablezca el respeto por nuestras leyes”, dijo.

Silva, una inmigrante mexicana de 28 años quien llegó a Estados Unidos traída por sus padres a los cuatro años, deploró que el presidente estadunidense continúe amenazando a las comunidades migrantes.

“El presidente Trump nos está regresando a las épocas más obscuras de nuestra historia: Criminalizando a cualquiera que es diferente, poniéndonos en contra los unos de los otros”, subrayó.

En aparente referencia al planteamiento de Trump sobre una reforma migratoria, Astrid sostuvo que lo que importan son las acciones.

“El presidente Trump y los republicanos pueden usar una retórica más calmada y aparentar moderación, pero sabemos que las palabras se las lleva el viento, son las acciones las que importan”, sostuvo Silva.

El discurso íntegro (en inglés)

TO THE CONGRESS OF THE UNITED STATES:
Mr. Speaker, Mr. Vice President, Members of Congress, the First Lady of the United States, and Citizens of America:
Tonight, as we mark the conclusion of our celebration of Black History Month, we are reminded of our Nation’s path toward civil rights and the work that still remains. Recent threats targeting Jewish Community Centers and vandalism of Jewish cemeteries, as well as last week’s shooting in Kansas City, remind us that while we may be a Nation divided on policies, we are a country that stands united in condemning hate and evil in all its forms.
Each American generation passes the torch of truth, liberty and justice — in an unbroken chain all the way down to the present.
That torch is now in our hands. And we will use it to light up the world. I am here tonight to deliver a message of unity and strength, and it is a message deeply delivered from my heart.
A new chapter of American Greatness is now beginning.
A new national pride is sweeping across our Nation.
And a new surge of optimism is placing impossible dreams firmly within our grasp.
What we are witnessing today is the Renewal of the American Spirit.
Our allies will find that America is once again ready to lead.
All the nations of the world — friend or foe — will find that America is strong, America is proud, and America is free.
In 9 years, the United States will celebrate the 250th anniversary of our founding — 250 years since the day we declared our Independence.
It will be one of the great milestones in the history of the world.
But what will America look like as we reach our 250th year? What kind of country will we leave for our children?
I will not allow the mistakes of recent decades past to define the course of our future.
For too long, we’ve watched our middle class shrink as we’ve exported our jobs and wealth to foreign countries.
We’ve financed and built one global project after another, but ignored the fates of our children in the inner cities of Chicago, Baltimore, Detroit — and so many other places throughout our land.
We’ve defended the borders of other nations, while leaving our own borders wide open, for anyone to cross — and for drugs to pour in at a now unprecedented rate.
And we’ve spent trillions of dollars overseas, while our infrastructure at home has so badly crumbled.
Then, in 2016, the earth shifted beneath our feet. The rebellion started as a quiet protest, spoken by families of all colors and creeds — families who just wanted a fair shot for their children, and a fair hearing for their concerns.
But then the quiet voices became a loud chorus — as thousands of citizens now spoke out together, from cities small and large, all across our country.
Finally, the chorus became an earthquake — and the people turned out by the tens of millions, and they were all united by one very simple, but crucial demand, that America must put its own citizens first … because only then, can we truly MAKE AMERICA GREAT AGAIN.
Dying industries will come roaring back to life. Heroic veterans will get the care they so desperately need.
Our military will be given the resources its brave warriors so richly deserve.
Crumbling infrastructure will be replaced with new roads, bridges, tunnels, airports and railways gleaming across our beautiful land.
Our terrible drug epidemic will slow down and ultimately, stop.
And our neglected inner cities will see a rebirth of hope, safety, and opportunity.
Above all else, we will keep our promises to the American people.
It’s been a little over a month since my inauguration, and I want to take this moment to update the Nation on the progress I’ve made in keeping those promises.
Since my election, Ford, Fiat-Chrysler, General Motors, Sprint, Softbank, Lockheed, Intel, Walmart, and many others, have announced that they will invest billions of dollars in the United States and will create tens of thousands of new American jobs.
The stock market has gained almost three trillion dollars in value since the election on November 8th, a record. We’ve saved taxpayers hundreds of millions of dollars by bringing down the price of the fantastic new F-35 jet fighter, and will be saving billions more dollars on contracts all across our Government. We have placed a hiring freeze on non-military and non-essential Federal workers.
We have begun to drain the swamp of government corruption by imposing a 5 year ban on lobbying by executive branch officials — and a lifetime ban on becoming lobbyists for a foreign government.
We have undertaken a historic effort to massively reduce job‑crushing regulations, creating a deregulation task force inside of every Government agency; imposing a new rule which mandates that for every 1 new regulation, 2 old regulations must be eliminated; and stopping a regulation that threatens the future and livelihoods of our great coal miners.
We have cleared the way for the construction of the Keystone and Dakota Access Pipelines — thereby creating tens of thousands of jobs — and I’ve issued a new directive that new American pipelines be made with American steel.
We have withdrawn the United States from the job-killing Trans-Pacific Partnership.
With the help of Prime Minister Justin Trudeau, we have formed a Council with our neighbors in Canada to help ensure that women entrepreneurs have access to the networks, markets and capital they need to start a business and live out their financial dreams.
To protect our citizens, I have directed the Department of Justice to form a Task Force on Reducing Violent Crime.
I have further ordered the Departments of Homeland Security and Justice, along with the Department of State and the Director of National Intelligence, to coordinate an aggressive strategy to dismantle the criminal cartels that have spread across our Nation.
We will stop the drugs from pouring into our country and poisoning our youth — and we will expand treatment for those who have become so badly addicted.
At the same time, my Administration has answered the pleas of the American people for immigration enforcement and border security. By finally enforcing our immigration laws, we will raise wages, help the unemployed, save billions of dollars, and make our communities safer for everyone. We want all Americans to succeed — but that can’t happen in an environment of lawless chaos. We must restore integrity and the rule of law to our borders.
For that reason, we will soon begin the construction of a great wall along our southern border. It will be started ahead of schedule and, when finished, it will be a very effective weapon against drugs and crime.
As we speak, we are removing gang members, drug dealers and criminals that threaten our communities and prey on our citizens. Bad ones are going out as I speak tonight and as I have promised.
To any in Congress who do not believe we should enforce our laws, I would ask you this question: what would you say to the American family that loses their jobs, their income, or a loved one, because America refused to uphold its laws and defend its borders?
Our obligation is to serve, protect, and defend the citizens of the United States. We are also taking strong measures to protect our Nation from Radical Islamic Terrorism.
According to data provided by the Department of Justice, the vast majority of individuals convicted for terrorism-related offenses since 9/11 came here from outside of our country. We have seen the attacks at home — from Boston to San Bernardino to the Pentagon and yes, even the World Trade Center.
We have seen the attacks in France, in Belgium, in Germany and all over the world.
It is not compassionate, but reckless, to allow uncontrolled entry from places where proper vetting cannot occur. Those given the high honor of admission to the United States should support this country and love its people and its values.
We cannot allow a beachhead of terrorism to form inside America — we cannot allow our Nation to become a sanctuary for extremists.
That is why my Administration has been working on improved vetting procedures, and we will shortly take new steps to keep our Nation safe — and to keep out those who would do us harm.
As promised, I directed the Department of Defense to develop a plan to demolish and destroy ISIS — a network of lawless savages that have slaughtered Muslims and Christians, and men, women, and children of all faiths and beliefs. We will work with our allies, including our friends and allies in the Muslim world, to extinguish this vile enemy from our planet.
I have also imposed new sanctions on entities and individuals who support Iran’s ballistic missile program, and reaffirmed our unbreakable alliance with the State of Israel.
Finally, I have kept my promise to appoint a Justice to the United States Supreme Court — from my list of 20 judges — who will defend our Constitution. I am honored to have Maureen Scalia with us in the gallery tonight. Her late, great husband, Antonin Scalia, will forever be a symbol of American justice. To fill his seat, we have chosen Judge Neil Gorsuch, a man of incredible skill, and deep devotion to the law. He was confirmed unanimously to the Court of Appeals, and I am asking the Senate to swiftly approve his nomination.
Tonight, as I outline the next steps we must take as a country, we must honestly acknowledge the circumstances we inherited.
Ninety-four million Americans are out of the labor force.
Over 43 million people are now living in poverty, and over 43 million Americans are on food stamps.
More than 1 in 5 people in their prime working years are not working.
We have the worst financial recovery in 65 years.
In the last 8 years, the past Administration has put on more new debt than nearly all other Presidents combined.
We’ve lost more than one-fourth of our manufacturing jobs since NAFTA was approved, and we’ve lost 60,000 factories since China joined the World Trade Organization in 2001.
Our trade deficit in goods with the world last year was nearly $800 billion dollars.
And overseas, we have inherited a series of tragic foreign policy disasters.
Solving these, and so many other pressing problems, will require us to work past the differences of party. It will require us to tap into the American spirit that has overcome every challenge throughout our long and storied history.
But to accomplish our goals at home and abroad, we must restart the engine of the American economy — making it easier for companies to do business in the United States, and much harder for companies to leave.
Right now, American companies are taxed at one of the highest rates anywhere in the world.
My economic team is developing historic tax reform that will reduce the tax rate on our companies so they can compete and thrive anywhere and with anyone. At the same time, we will provide massive tax relief for the middle class.
We must create a level playing field for American companies and workers.
Currently, when we ship products out of America, many other countries make us pay very high tariffs and taxes — but when foreign companies ship their products into America, we charge them almost nothing.
I just met with officials and workers from a great American company, Harley-Davidson. In fact, they proudly displayed five of their magnificent motorcycles, made in the USA, on the front lawn of the White House.
At our meeting, I asked them, how are you doing, how is business? They said that it’s good. I asked them further how they are doing with other countries, mainly international sales. They told me — without even complaining because they have been mistreated for so long that they have become used to it — that it is very hard to do business with other countries because they tax our goods at such a high rate. They said that in one case another country taxed their motorcycles at 100 percent.
They weren’t even asking for change. But I am.
I believe strongly in free trade but it also has to be FAIR TRADE.
The first Republican President, Abraham Lincoln, warned that the “abandonment of the protective policy by the American Government produce want and ruin among our people.”
Lincoln was right — and it is time we heeded his words. I am not going to let America and its great companies and workers, be taken advantage of anymore.
I am going to bring back millions of jobs. Protecting our workers also means reforming our system of legal immigration. The current, outdated system depresses wages for our poorest workers, and puts great pressure on taxpayers.
Nations around the world, like Canada, Australia and many others — have a merit-based immigration system. It is a basic principle that those seeking to enter a country ought to be able to support themselves financially. Yet, in America, we do not enforce this rule, straining the very public resources that our poorest citizens rely upon. According to the National Academy of Sciences, our current immigration system costs America’s taxpayers many billions of dollars a year.
Switching away from this current system of lower-skilled immigration, and instead adopting a merit-based system, will have many benefits: it will save countless dollars, raise workers’ wages, and help struggling families — including immigrant families — enter the middle class.
I believe that real and positive immigration reform is possible, as long as we focus on the following goals: to improve jobs and wages for Americans, to strengthen our nation’s security, and to restore respect for our laws.
If we are guided by the well-being of American citizens then I believe Republicans and Democrats can work together to achieve an outcome that has eluded our country for decades.
Another Republican President, Dwight D. Eisenhower, initiated the last truly great national infrastructure program — the building of the interstate highway system. The time has come for a new program of national rebuilding.
America has spent approximately six trillion dollars in the Middle East, all this while our infrastructure at home is crumbling. With this six trillion dollars we could have rebuilt our country — twice. And maybe even three times if we had people who had the ability to negotiate.
To launch our national rebuilding, I will be asking the Congress to approve legislation that produces a $1 trillion investment in the infrastructure of the United States — financed through both public and private capital — creating millions of new jobs.
This effort will be guided by two core principles: Buy American, and Hire American.
Tonight, I am also calling on this Congress to repeal and replace Obamacare with reforms that expand choice, increase access, lower costs, and at the same time, provide better Healthcare.
Mandating every American to buy government-approved health insurance was never the right solution for America. The way to make health insurance available to everyone is to lower the cost of health insurance, and that is what we will do.
Obamacare premiums nationwide have increased by double and triple digits. As an example, Arizona went up 116 percent last year alone. Governor Matt Bevin of Kentucky just said Obamacare is failing in his State — it is unsustainable and collapsing.
One third of counties have only one insurer on the exchanges — leaving many Americans with no choice at all.
Remember when you were told that you could keep your doctor, and keep your plan?
We now know that all of those promises have been broken.
Obamacare is collapsing — and we must act decisively to protect all Americans. Action is not a choice — it is a necessity.
So I am calling on all Democrats and Republicans in the Congress to work with us to save Americans from this imploding Obamacare disaster.
Here are the principles that should guide the Congress as we move to create a better healthcare system for all Americans:
First, we should ensure that Americans with pre-existing conditions have access to coverage, and that we have a stable transition for Americans currently enrolled in the healthcare exchanges.
Secondly, we should help Americans purchase their own coverage, through the use of tax credits and expanded Health Savings Accounts — but it must be the plan they want, not the plan forced on them by the Government.
Thirdly, we should give our great State Governors the resources and flexibility they need with Medicaid to make sure no one is left out.
Fourthly, we should implement legal reforms that protect patients and doctors from unnecessary costs that drive up the price of insurance — and work to bring down the artificially high price of drugs and bring them down immediately.
Finally, the time has come to give Americans the freedom to purchase health insurance across State lines — creating a truly competitive national marketplace that will bring cost way down and provide far better care.
Everything that is broken in our country can be fixed. Every problem can be solved. And every hurting family can find healing, and hope.
Our citizens deserve this, and so much more — so why not join forces to finally get it done? On this and so many other things, Democrats and Republicans should get together and unite for the good of our country, and for the good of the American people.
My administration wants to work with members in both parties to make childcare accessible and affordable, to help ensure new parents have paid family leave, to invest in women’s health, and to promote clean air and clear water, and to rebuild our military and our infrastructure.
True love for our people requires us to find common ground, to advance the common good, and to cooperate on behalf of every American child who deserves a brighter future.
An incredible young woman is with us this evening who should serve as an inspiration to us all.
Today is Rare Disease day, and joining us in the gallery is a Rare Disease Survivor, Megan Crowley. Megan was diagnosed with Pompe Disease, a rare and serious illness, when she was 15 months old. She was not expected to live past 5.
On receiving this news, Megan’s dad, John, fought with everything he had to save the life of his precious child. He founded a company to look for a cure, and helped develop the drug that saved Megan’s life. Today she is 20 years old — and a sophomore at Notre Dame.
Megan’s story is about the unbounded power of a father’s love for a daughter.
But our slow and burdensome approval process at the Food and Drug Administration keeps too many advances, like the one that saved Megan’s life, from reaching those in need.
If we slash the restraints, not just at the FDA but across our Government, then we will be blessed with far more miracles like Megan.
In fact, our children will grow up in a Nation of miracles.
But to achieve this future, we must enrich the mind — and the souls — of every American child.
Education is the civil rights issue of our time.
I am calling upon Members of both parties to pass an education bill that funds school choice for disadvantaged youth, including millions of African-American and Latino children. These families should be free to choose the public, private, charter, magnet, religious or home school that is right for them.
Joining us tonight in the gallery is a remarkable woman, Denisha Merriweather. As a young girl, Denisha struggled in school and failed third grade twice. But then she was able to enroll in a private center for learning, with the help of a tax credit scholarship program. Today, she is the first in her family to graduate, not just from high school, but from college. Later this year she will get her masters degree in social work.
We want all children to be able to break the cycle of poverty just like Denisha.
But to break the cycle of poverty, we must also break the cycle of violence.
The murder rate in 2015 experienced its largest single-year increase in nearly half a century.
In Chicago, more than 4,000 people were shot last year alone — and the murder rate so far this year has been even higher.
This is not acceptable in our society.
Every American child should be able to grow up in a safe community, to attend a great school, and to have access to a high-paying job.
But to create this future, we must work with — not against — the men and women of law enforcement.
We must build bridges of cooperation and trust — not drive the wedge of disunity and division.
Police and sheriffs are members of our community. They are friends and neighbors, they are mothers and fathers, sons and daughters — and they leave behind loved ones every day who worry whether or not they’ll come home safe and sound.
We must support the incredible men and women of law enforcement.
And we must support the victims of crime.
I have ordered the Department of Homeland Security to create an office to serve American Victims. The office is called VOICE — Victims Of Immigration Crime Engagement. We are providing a voice to those who have been ignored by our media, and silenced by special interests.
Joining us in the audience tonight are four very brave Americans whose government failed them.
Their names are Jamiel Shaw, Susan Oliver, Jenna Oliver, and Jessica Davis.
Jamiel’s 17-year-old son was viciously murdered by an illegal immigrant gang member, who had just been released from prison. Jamiel Shaw Jr. was an incredible young man, with unlimited potential who was getting ready to go to college where he would have excelled as a great quarterback. But he never got the chance. His father, who is in the audience tonight, has become a good friend of mine.
Also with us are Susan Oliver and Jessica Davis. Their husbands — Deputy Sheriff Danny Oliver and Detective Michael Davis — were slain in the line of duty in California. They were pillars of their community. These brave men were viciously gunned down by an illegal immigrant with a criminal record and two prior deportations.
Sitting with Susan is her daughter, Jenna. Jenna: I want you to know that your father was a hero, and that tonight you have the love of an entire country supporting you and praying for you.
To Jamiel, Jenna, Susan and Jessica: I want you to know — we will never stop fighting for justice. Your loved ones will never be forgotten, we will always honor their memory.
Finally, to keep America Safe we must provide the men and women of the United States military with the tools they need to prevent war and — if they must — to fight and to win.
I am sending the Congress a budget that rebuilds the military, eliminates the Defense sequester, and calls for one of the largest increases in national defense spending in American history.
My budget will also increase funding for our veterans.
Our veterans have delivered for this Nation — and now we must deliver for them.
The challenges we face as a Nation are great. But our people are even greater.
And none are greater or braver than those who fight for America in uniform.
We are blessed to be joined tonight by Carryn Owens, the widow of a U.S. Navy Special Operator, Senior Chief William “Ryan” Owens. Ryan died as he lived: a warrior, and a hero — battling against terrorism and securing our Nation.
I just spoke to General Mattis, who reconfirmed that, and I quote, “Ryan was a part of a highly successful raid that generated large amounts of vital intelligence that will lead to many more victories in the future against our enemies.” Ryan’s legacy is etched into eternity. For as the Bible teaches us, there is no greater act of love than to lay down one’s life for one’s friends. Ryan laid down his life for his friends, for his country, and for our freedom — we will never forget him.
To those allies who wonder what kind of friend America will be, look no further than the heroes who wear our uniform.
Our foreign policy calls for a direct, robust and meaningful engagement with the world. It is American leadership based on vital security interests that we share with our allies across the globe.
We strongly support NATO, an alliance forged through the bonds of two World Wars that dethroned fascism, and a Cold War that defeated communism.
But our partners must meet their financial obligations.
And now, based on our very strong and frank discussions, they are beginning to do just that.
We expect our partners, whether in NATO, in the Middle East, or the Pacific — to take a direct and meaningful role in both strategic and military operations, and pay their fair share of the cost.
We will respect historic institutions, but we will also respect the sovereign rights of nations.
Free nations are the best vehicle for expressing the will of the people — and America respects the right of all nations to chart their own path. My job is not to represent the world. My job is to represent the United States of America. But we know that America is better off, when there is less conflict — not more.
We must learn from the mistakes of the past — we have seen the war and destruction that have raged across our world.
The only long-term solution for these humanitarian disasters is to create the conditions where displaced persons can safely return home and begin the long process of rebuilding.
America is willing to find new friends, and to forge new partnerships, where shared interests align. We want harmony and stability, not war and conflict.
We want peace, wherever peace can be found. America is friends today with former enemies. Some of our closest allies, decades ago, fought on the opposite side of these World Wars. This history should give us all faith in the possibilities for a better world.
Hopefully, the 250th year for America will see a world that is more peaceful, more just and more free.
On our 100th anniversary, in 1876, citizens from across our Nation came to Philadelphia to celebrate America’s centennial. At that celebration, the country’s builders and artists and inventors showed off their creations.
Alexander Graham Bell displayed his telephone for the first time.
Remington unveiled the first typewriter. An early attempt was made at electric light.
Thomas Edison showed an automatic telegraph and an electric pen.
Imagine the wonders our country could know in America’s 250th year.
Think of the marvels we can achieve if we simply set free the dreams of our people.
Cures to illnesses that have always plagued us are not too much to hope.
American footprints on distant worlds are not too big a dream.
Millions lifted from welfare to work is not too much to expect.
And streets where mothers are safe from fear — schools where children learn in peace — and jobs where Americans prosper and grow — are not too much to ask.
When we have all of this, we will have made America greater than ever before. For all Americans.
This is our vision. This is our mission.
But we can only get there together.
We are one people, with one destiny.
We all bleed the same blood.
We all salute the same flag.
And we are all made by the same God.
And when we fulfill this vision; when we celebrate our 250 years of glorious freedom, we will look back on tonight as when this new chapter of American Greatness began.
The time for small thinking is over. The time for trivial fights is behind us.
We just need the courage to share the dreams that fill our hearts.
The bravery to express the hopes that stir our souls.
And the confidence to turn those hopes and dreams to action.
From now on, America will be empowered by our aspirations, not burdened by our fears —
inspired by the future, not bound by the failures of the past —
and guided by our vision, not blinded by our doubts.
I am asking all citizens to embrace this Renewal of the American Spirit. I am asking all members of Congress to join me in dreaming big, and bold and daring things for our country. And I am asking everyone watching tonight to seize this moment and —
Believe in yourselves.
Believe in your future.
And believe, once more, in America.
Thank you, God bless you, and God Bless these United States.
Con información de AFP y Notimex. 
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#YoSoyAnimal

Erika Lust, la directora de cine para adultos que convirtió el porno en una "revolución" feminista y en un imperio comercial

Reivindica que "la única respuesta al porno malo es hacer mejor porno", donde la mirada esté puesta en el placer de las mujeres, pero hay quienes la critican por aprovecharse de la etiqueta feminista para facturar.
18 de diciembre, 2020
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“Tienes que decir que soy muy guay y que hago skate”.

“¿Y qué más?”, le pregunto.

Lara me clava una mirada sospechosa. Sus ojos verdes oscuros asoman por debajo de los mechones de pelo rojo que coronan su cabeza y que le caen, despeinados, sobre la frente.

“¡Que mi madre es la mejor, la más moderna y la más chula de toda Barcelona!”, me asegura, y se esconde detrás del helado de fresa que está acabando de comer.

“Ohh…”, entona su madre, la directora de cine para adultos Erika Lust, sin quitar los ojos de su hija.

“¿Solo de Barcelona?”, le exhorta su padre, Pablo Dobner.

Lara mueve con el pie la tabla de skate. Detrás, a unos 20 metros, una decena de adolescentes como ella hacen piruetas en la plaza.

“Bueno… ¡del mundo!”, grita convencida.

“¿Y qué opinas del trabajo de tu madre?”, le pregunto.

“Estoy de acuerdo”, contesta, seria. “Sé que hace películas eróticas no machistas y que están enfocadas al placer de las mujeres. ¡Y me parece bien!”.

Lara casi no ha terminado la frase cuando, subida al skate, alcanza a sus amigos de dos zancadas.

“Te juro que no la hemos adoctrinado”, me dice sonrojada su madre, la mujer que desde hace 15 años quiere “hacer la revolución” con el porno.

Entre el estigma público y el placer privado

Pocas expresiones culturales son tan universales como la pornografía.

Escena de una película porno feminista.

Mònica Figueras
“La pornografía no deja de recrear fantasías. Nuestras fantasías de algo tan íntimo como las relaciones íntimas entre las personas”, afirma el sexólogo Iván Rotella.

En América, en Asia o en Europa la gente se comunica en centenares de idiomas distintos, sus gastronomías mezclan miles de ingredientes diferentes e incluso se ama o se odia según sentimientos tan únicos como propios.

Pero es muy probable que la gran mayoría de los adultos que habitan el planeta tengan algo en común: que al menos una vez en su vida han visto alguna imagen pornográfica.

Al mismo tiempo, pocas manifestaciones culturales han generado reacciones tan encontradas como lo que la Real Academia Española (RAE) define como la “presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación”.

En la milenaria y accidentada línea de la historia humana, la pornografía ha representado para algunos el atajo más cómodo al paraíso del placer, mientras que para otros ha sido la transitada avenida al infierno de la corrupción moral.

Ha sido y es considerada una fuente inagotable de escándalo y perversión y, a la vez, el nutriente de bajo coste del deseo sexual; la causa principal de la depravación de los adolescentes, pero también el lubricante de prácticas placenteras adultas; la forma moderna y aceptada de la cosificación del cuerpo de las mujeres y, al mismo tiempo, el símbolo de su liberación y emancipación del patriarcado.

Sin contar que, entre el ying del estigma público y el yang del placer privado, la pornografía ha dado vida a un negocio no siempre transparente valorado en varios miles de millones de dólares.

Fresco de Pompeya

Getty Images
En las ruinas de la ciudad romana de Pompeya, sepultada tras la erupción del Vesubio, se encontraron cientos de frescos y esculturas sexualmente explícitas.

Pero incluso en esa milenaria, accidentada y contradictoria línea de la historia humana no faltan puntos cardinales a los que encomendarse para no perderse. Dos, en concreto.

El primero me lo explica Iván Rotella, portavoz de la Asociación Estatal de Profesionales de la Sexología (AEPS) de España.

“El porno forma parte de nuestra cultura desde siempre. Ha sobrevivido a todas las dictaduras, a todas las épocas y a todas las religiones. Y mientras las relaciones sexuales tengan algo que ver con el ser humano, vamos a ver porno”.

Y el segundo me lo ilustra la arqueóloga Caterina Serena Marcucci mientras recorremos los pasillos del Gabinete Secreto de Nápoles.

En estas salas del Museo Arqueológico (MANN) de la ciudad italiana, los reyes borbónicos recopilaron los artefactos con tema erótico o sexual que a partir de 1748 salieron a la luz en las excavaciones de Pompeya y Herculano.

Bajorrelieve con escena sexual encontrado en Pompeya.

Giorgio Albano MANN
“Los genitales femeninos, en las representaciones artísticas clásicas, eran considerados un contenedor para el placer masculino”, afirma la arqueóloga italiana Marcucci.

En las paredes y las estanterías de lo que también fue denominado “Gabinete de objetos obscenos” lucen enormes falos de arcilla, cántaros decorados con escenas sexuales y murales en los que hombres, mujeres y animales mitológicos se retuercen, a menudo desnudos, en poses a veces imaginativas, a veces previsibles.

Los monarcas les concedían el acceso solo a “personas maduras y de reconocida moralidad”; es decir, a hombres ricos y poderosos.

A los pobres, a los jóvenes y sobre todo a las mujeres los salvaban de la perdición que conllevaría semejante visión.

“En todas las representaciones de apareamiento sexual el protagonista es el hombre. La mujer solo era objeto de placer”, me dice Marcucci. “El placer femenino no se contemplaba nunca”.

“El hombre siempre ha tenido el derecho de disfrutar de su sexualidad”, me dice Erika Lust cuando nos encontramos en una enorme terraza de una enorme casa modernista del barrio Eixample de Barcelona.

Es aquí, en el piso noble de un edificio del siglo XIX, donde ella y su marido decidieron trasladar hace un año y medio las oficinas de ErikaLustFilms, su productora de cine porno feminista.

Erika Lust posa durante una sesión de fotos en la sede de su productora cinematográfica.

Angelo Attanasio
La sede de la productora ErikaLustFilms se encuentra en Barcelona, en España.

“Pero nosotras tenemos nuestros propios impulsos sexuales, nuestros deseos. Nuestros cuerpos en la sociedad están hipersexualizados pero, al mismo tiempo, nos han dicho que deberíamos avergonzarnos de ser abiertamente sexuales y de ser dueñas de nuestra sexualidad si no es al lado de un hombre”.

Sentada detrás de una mesa de jardín, con las manos que voltean en el aire, el acento escandinavo de Erika aporrea las consonantes de un castellano excelente.

Me dice que en los últimos 15 años el objetivo de sus películas ha sido acabar con el estigma asociado al cuerpo femenino, que quiere mostrar que el placer femenino es importante, que “la única respuesta al porno malo es hacer mejor porno”.

Pero ¿qué quiere decir “mejor porno”?

El porno puede ser distinto

La primera vez que vio una película porno, Erika Lust se llamaba Erika Hallqvist, tenía la misma edad que tiene ahora su hija Lara, 13 años, y vivía en la misma ciudad donde había nacido en 1977, Estocolmo.

“¡Bleah! ¡Qué feo!”. Ante el recuerdo de aquella experiencia, su rostro se retuerce en una mueca de asco infantil. “Pensé que lo que estábamos viendo no era para nada interesante. Que incluso era ridículo“.

La segunda vez tenía 19 años. La experiencia se la propuso su novio de entonces y ella aceptó intrigada.

En aquella ocasión no sintió asco, pero sí algo que todavía no conseguía nombrar.

“Sentí que mi cuerpo reaccionaba”, cuenta.

“Evidentemente viendo imágenes sexuales potentes te pones cachonda, y quería que me gustase. Pero me acuerdo también de que mi cerebro discrepaba. ‘¿Por qué siento que me gusta algo que no me gusta?’, me preguntaba”.

“Veía claramente que mis amigos hombres estaban a gusto con la pornografía, que era algo que consumían y que no les causaba ningún conflicto, mientras que para mí y muchas de mis amigas sí”, dice.

“Nosotras queríamos entenderlo y ver incluso si podíamos cambiarlo un poco”.

Escena de una película porno feminista.

Mònica Figueras
“Las mujeres quieren ver a otras mujeres disfrutando y viviendo libremente su sexualidad”, afirma Lust.

Pero la “revelación” —como la llama— la tuvo cuando vio la obra de Candida Royalle, a quien en su libro “Porno para mujeres” Erika define como “la pionera de las películas eróticas y dirigidas desde la perspectiva de la mujer”.

“Hasta ese entonces, para mí la pornografía era un género hecho por hombres para los hombres“, me explica Erika. “Pero de repente entendí que no necesariamente tiene que ser así”

Entendió que las protagonistas no tienen que ser necesariamente lolitas seducidas por profesores lascivos o amas de casa que se acuestan con el fontanero, que la silicona puede brillar por su ausencia, que las escenas no tienen que acabar después de la eyaculación masculina, que después puede haber besos, caricias y hasta promesas de amor eterno.

Estaba cursando Ciencias Políticas en la Universidad de Lund y sus lecturas se centraban en los estudios de género; es decir, en las relaciones de poder en la sociedad entre los hombres y las mujeres.

Pero Erika Hallqvist era aún “la típica estudiante un poco nerd y demasiado tímida como para pensar en hacer cine porno” y no podía imaginarse que lo que acaba de descubrir se volvería la base las películas de la futura Erika Lust.

Lo que a Erika Hallqvist aún le faltaba eran la conciencia de cuál podría ser su destino, un puñado de encuentros decisivos y un lugar que se volvería trascendental para el resto de su vida.

Tres descubrimientos inesperados

Además de los estudios de género, a Erika Hallqvist le apasionaban la cultura española y ponerse a prueba en situaciones poco usuales, como pasarse un verano entero a bordo de un buque de la marina sueca.

Finalmente, en el 2000, decidió echar el ancla en Barcelona, una ciudad que en esos años fue la meta de una generación de jóvenes europeos por su atractiva mezcla de modernidad cultural y su envidiable calidad de vida.

Allí, a orillas del Mediterráneo catalán, tuvieron lugar tres acontecimientos decisivos para Erika.

El primero fue lo que ella llama el “proceso liberador”: la exploración de su feminidad.

“La de Suecia es una sociedad con doble moral”, me explica. “Por un lado, la sexualidad y la desnudez están muy aceptadas, pero, por el otro, el sex-work (trabajo sexual), la prostitución y la pornografía suelen ser muy mal vistos”.

Durante este proceso conoció a Pablo Dobner, un argentino unos años mayor que ella que se convertiría en su pareja, el padre de sus dos hijas y el actual CEO de la empresa ErikaLustFilms.

El segundo fue el descubrimiento algo casual de un talento para la organización.

Barcelona en esos años era el escenario favorito de muchos directores para rodar películas y anuncios publicitarios, y Erika empezó a trabajar como ayudante en varias empresas de producción audiovisual.

Erika Lust en un rodaje.

Adriana Eskenazi
“Quiero retratar a mujeres conscientes tanto de sus límites como de su poder, que no tienen ninguna verguenza en mostrar su ‘yo’ erótico”, dice Lust.

Pero probablemente el acontecimiento más importante fue producir su primera peli porno.

La idea surgió en la primavera de 2004, durante “una noche de mucho alcohol” con una amiga que trabajaba para una empresa muy conocida en el ámbito del entretenimiento para adultos.

Erika estaba acabando un curso de cinematografía y decidió que su trabajo final sería un cortometraje con escenas de sexo explícito: The Good Girl.

“Aquí es donde pasa la magia”

Álex, una mujer de negocios inteligente y exitosa, vuelve a su loft después de una intensa jornada de trabajo. Se quita los zapatos, se sirve una copa de vino y decide pedir una pizza.

Cuando llega el repartidor, un atractivo moreno, la película se centra en las efusivas relaciones sexuales de los dos protagonistas.

Después del coito, los dos, abrazados en la cama, empiezan a hacer bromas y a reír. “Y además”, explica Erika, “ella paga su pizza”. Y larga una carcajada.

Erika Lust en un rodaje.

Mònica Figueras
Erika Lust ha producido centenares de películas pornográficas “alternativas” en los últimos 15 años.

Es el argumento de The Good Girl, un cortometraje que, por un lado, se burla de uno de los mayores clichés del cine porno, y por el otro cumple con las expectativas del género.

Lo rodó tirando de sus ahorros —”¡Los actores me costaron una pasta!”—, en el loft que compartía con su pareja.

“Era tan ingenua que como banda sonora usé una canción de U2 y lo firmé con mi verdadero nombre. ¡No tenía ni idea de que lo podría comercializar!”.

Durante una fiesta en casa, se lo proyectaron a unos amigos, quienes la animaron a enviarlo a festivales.

Al año siguiente el corto ganó los mil euros (unos mil 200 dólares) del primer premio del Festival Internacional de Cine Erótico de Barcelona. “Allí entendí que ese era el camino”.

Sin embargo, cuando le propuso a una productora porno que se encargara de la distribución, le contestaron que no había mercado para este tipo de producto.

“Las mujeres no pagan por porno”, le dijeron, “a las mujeres se les paga por eso”.

En ese momento, inicios de 2005, las principales redes sociales eran los blogs y Erika tenía uno en Blogspot, una de las plataformas de bitácora online más populares.

Subió en él The Good Girl y en pocos días el corto acumuló más de dos millones de descargas. Fue así como ocurrió “la magia”, dice refiriéndose al éxito comercial.

Poco después nacía Erika Lust, un apellido (lust, en inglés, significa “lujuria”) que definiría su destino.

En los años siguientes, Erika fundó con su pareja Pablo su propia productora especializada en “porno feminista”, dirigió otras películas y las comercializó en DVD en tiendas especializadas en entretenimiento para adultos de Europa y Norteamérica.

Al igual que le pasó a Netflix, con la difusión de Internet de banda ancha y la popularización de los dispositivos móviles, el modelo de negocio pasó de los DVD al del streaming online.

Tarjetas de acreditación de Erika Lust en su oficina de Barcelona.

Angelo Attanasio
Los nombres de las hijas de Lust y Dobner están inspirados en el cine: Lara, la mayor, por la protagonista del “Doctor Zhivago”, y Liv, la pequeña, en honor a la actriz noruega Liv Ullman.

Actualmente la empresa ErikaLustFilms tiene cuatro plataformas, XConfessions, LustCinema, ElseCinema y The Store, y sus catálogos ofrecen más de un centenar de películas.

Las primeras tres son accesibles a través de una subscripción que cuesta entre los US$70 y los US$100 anuales. En la cuarta es posible pagar por película.

En los últimos 15 años la empresa creció de manera constante y ahora suma decenas de miles de usuarios y subscritores, repartidos principalmente entre Alemania, Estados Unidos, Francia y Canadá, pero con presencias significativas también en Brasil y Argentina.

Este año el volumen de negocio rondará los 7 millones de dólares, más que nunca, también gracias, dice Pablo Dobner, a que mucha gente se ha quedado más tiempo en casa a causa de la pandemia.

“Mi madre no podía entender cómo una mujer con buenas notas, ‘empollona’, determinada, podría querer dedicarse a eso”, me suelta, con una expresión entre divertida y afligida. “Y sigue sin entenderlo”.

“Las mujeres quieren ver a otras mujeres disfrutando”

Detrás de la mesa de la enorme casa modernista donde nos encontramos, Erika argumenta su visión.

Lo hace con la misma desenvoltura que muestra en los libros que ha publicado, las decenas de entrevistas que ha concedido, los numerosos programas de televisión en que ha participado, el capítulo de una serie documental de Netflix en que ha aparecido y hasta en una charla Ted que acumula un millón de visitas en YouTube.

Cartel del corto The Good Girl en la sede de ErikaLustFilms en Barcelona.

Angelo Attanasio
Lust rodó su primer cortometraje porno en 2004 como trabajo final de un curso de cine.

Dice que fue su pareja quien convenció a la activista determinada pero introvertida que era de que se pusiera la capa de Erika Lust y se enfrentara al mundo de la comunicación.

También Natascha Tucek, quien la conoció a principios del 2000 y es una de sus amigas más cercanas, confirma esa lucha entre su carácter introvertido y la faceta pública pizpireta.

“Ella sabía que si quería lograr su objetivo, si quería cambiar algo en este mundo tenía que salir. Con el tiempo se ha creado un personaje público, como si fuera una actriz”, cuenta Tucek, quien también trabaja en la productora. “Se enfunda el traje de Erika Lust y sale al escenario”.

Con ese traje puesto, Erika me explica que a sus películas se les llama “pornografía” porque muestran sexo explícito, pero en seguida aclara que la palabra está muy estigmatizada y se asocia a las escenas extremas y violentas que están disponibles en los sitios web gratuitos.

Por eso ella prefiere hablar de su trabajo como “pornografía alternativa”, “cine independiente para adultos” o “cine erótico”. “Porque mis películas”, explica, “tratan también del entendimiento erótico, de cómo conectan las personas, de dónde surge el deseo”.

Erika Lust en un rodaje.

Adriana Eskenazi
La directora Erika Lust insiste en la importancia de las miradas femeninas detrás de la cámara.

A pocos metros de nosotros, a través de los ventanales por los que entra una diáfana luz de octubre, se puede ver a algunos de los empleados de su productora. Son unos 30 y casi todas mujeres, me dice orgullosa.

“No tenemos una política de no contratar a hombres”, aclara, “pero tenemos mucho cuidado con los que entran en nuestra organización. Nos aseguramos de que entienden nuestros valores“.

“Mi principal objetivo”, cuenta, “es retratar a mujeres que son conscientes tanto de su poder como de sus límites, que son inteligentes, que tienen una actitud positiva hacia el sexo y que no tienen ninguna vergüenza de mostrar su ‘yo’ erótico”.

— Y eso, ¿cómo lo haces?

“Estamos acostumbrados a películas para adultos hechas por hombres, enfocadas en el placer masculino y en el atletismo sexual”, dice.

“Pero yo quiero retratar sexo excitante y realista con una visión cinematográfica, y capturar todo el sentimiento: la química entre los artistas, sus cuerpos tocándose y la evolución de sus sensaciones durante el sexo.

Por eso solo hago el porno que apreciaría como espectadora y con el que preferiría que se involucraran mis hijas”.

Para lograrlo, al principio tuvo que “despornificar” a sus actores, pedirles que tuvieran relaciones sexuales “como las que tienen en su vida normal”.

Además, se asegura de que haya mujeres detrás de la cámara, de tener su mirada, y que decidan sobre cómo se produce y presenta la película.

“Pienso mucho de dónde viene esa mirada para definir qué es erótico, qué es sexy, qué queremos ver”.

— ¿Y qué quieren ver las mujeres?

“Quieren ver mil cosas distintas, igual que los hombres. Somos muy diferentes entre nosotras, pero tenemos una cosa en común: nos gusta ver placer femenino. ¡Las mujeres quieren ver a otras mujeres disfrutando y viviendo libremente su sexualidad!”.

De repente, el tono de voz de Erika sube, su acento escandinavo vuelve a aporrear las sílabas.

“Estamos hartas de ver todas esas situaciones fake (falsas) donde las mujeres están gritando esos orgasmos tan poco reales y ¡sin ni siquiera tener estimulación!”.

Escena de una película porno feminista.

Sofia Bucci
“Mis películas tratan del entendimiento erótico, de dónde surge el deseo”, explica Lust.

El volumen de su voz aumenta aún más.

“Por eso insisto tanto en la mirada. Como mujeres ¿cómo vemos el mundo?, ¿qué deseamos?, ¿cómo deseamos? Está todo dentro de nosotras y por eso para mí es tan importante tener a tantas mujeres en mi equipo”.

— ¿Por eso se ha definido tu porno como feminista?

“Siempre he dicho que soy feminista y, naturalmente, mis valores se inyectan en todo lo que hago.

Para mí, el feminismo es tratar de luchar por la igualdad de género real, con el fin de tener a mujeres con voces relevantes en las decisiones sociales y políticas, así como protagonismo en las relaciones y el sexo.

¿No es eso de lo que se trata el feminismo? Si no es eso, bueno… ¡Querrá decir que soy una feminista indecente!”.

¿Una estrategia de marketing?

“Son puras tonterías. Erika Lust dice que está empoderando a las mujeres de todo el mundo para que disfruten del sexo, cuando lo que está haciendo es explotarlas”.

La voz de Gail Dines, profesora emérita de sociología y estudios de la mujer en el Wheelock College de Boston, en Massachusetts (EU), truena iracunda en mis auriculares.

Le acabo de preguntar qué opina sobre el porno feminista de Lust y si cree que realmente es un instrumento de empoderamiento de las mujeres.

Su respuesta a ambas preguntas es contundente: “Lo que cuenta es puro marketing. No se lo compres. No te lo tragues”.

El diario británico The Guardian la definió hace unos años como “la principal académica y activista antipornografía del mundo” y ella la luce la descripción orgullosa en su página web.

La pornografía es, según Dines, “la crisis de salud pública de la era digital” con dos consecuencias nefastas.

Una es la “degradación y humillación” de las mujeres, que son “reducidas a objetos desechables”. Eso y el lenguaje utilizado —el llamarles “puta” o “perra”— refuerzan los estereotipos machistas de dominación de género y legitimarían la violencia contra ellas, insiste la experta.

Erika Lust en un rodaje.

Monica Figueras
Muchas feministas consideran que habría que limitar e incluso prohibir todo tipo de pornografía.

La otra es que la pornografía se ha convertido en la “principal forma de educación sexual” para millones de menores.

“Los niños están aprendiendo que la violencia, la degradación y la humillación son fundamentales para el sexo. Y todo esto en una sociedad patriarcal donde la violencia contra las mujeres está completamente fuera de control, ya sea por las violaciones, el incesto o las agresiones”.

A quienes la acusan de estar en contra del sexo, Dines replica que no, que al contrario, que las mujeres merecen absolutamente su placer sexual y el papel del feminismo es decirles que tienen derecho a tenerlo en sus propios términos.

Pero eso es muy distinto a convertirlo en un producto industrial, subraya, y para explicarse hace un paralelismo con McDonald’s.

“No hay nada de malo en que te hagas tus propias hamburguesas y las disfrutes, pero sí que compres los productos de una industria que está destruyendo el medioambiente, que causa obesidad”, comienza.

“Nadie está diciendo que quien se opone a McDonald’s está en contra de comer, solo estás en contra de esa corporación”, prosigue.

De la misma manera, “no estamos en contra del sexo. De hecho, yo diría que si estás a favor de la sexualidad femenina, tienes que ser antiporno”.

Rosa Cobo

Emilia Gutiérrez
Según la socióloga española Rosa Cobo, cualquier tipo de pornografía es misógina, es decir, “convierte las mujeres en un objeto de odio y denigración”.

Dines me asegura haber comprado una subscripción a una de las plataformas de Erika Lust, pero lo único que destaca positivamente es que en sus películas se ven más besos.

“Pero esto no quita”, dice, “que lo que hace es monetizar los cuerpos de las mujeres para que pueda obtener sus ganancias”.

Según esta británica, Lust ha ideado “una estrategia de relaciones públicas muy inteligente” para destacar en un mercado saturado.

“Consiste en envolverse en una bandera feminista y decir que lo hace es ético, para que la gente que compra sus productos se sienta mejor. Pero es como decir que estás comiendo un McDonald’s ético, y eso no es posible”.

También Rosa Cobo, la directora del Centro de Estudios de Género y Feministas de la Universidad de La Coruña, en España, cree que el porno, cualquiera que sea el tipo, no es otra cosa que “la erotización de la violencia contra las mujeres”.

La autora de Pornografía. El placer del poder, libro que acaba de publicar, dice que el género “está fortaleciendo la cultura de la violación“, y, además “desemboca en la prostitución, la alimenta, la nutre y la legitima”.

“El porno es una parte fundamental de la industria de la explotación sexual”, concluye.

Erika Lust en un rodaje.

Aleix Rodón
La directura sueca subraya la importancia del diálogo y del consentimiento “entusiasta” antes de rodas escenas de sexo.

Calcular el valor de mercado de la industria de la pornografía online no es fácil.

Primero, por un problema de definición. ¿Dónde están los límites de lo que se considera “contenido para adultos”?

La segunda razón es que las empresas privadas que trabajan en este sector suelen ser opacas, con respecto tanto a sus dueños como a los datos de su facturación.

Sin embargo, según estimaciones de 2018 de la revista económica Quartz sobre el mercado estadounidense del entretenimiento, la industria pornográfica de ese país habría ingresado entre US$6.000 millones y US$15.000 millones.

Netflix ese mismo año registró ingresos por US$11.700 millones, mientras que la industria cinematográfica de Hollywood en su conjunto generó US$ 11.100 millones.

En otras palabras, el negocio de la pornografía online es enorme.

“Nuestro porno es como una cocina de autor”

“No cenamos, así que tenemos que comer bien”, me dice Pablo Dobner delante de una mesa llena de platitos de sushi en un restaurante japonés situado cerca del cuartel general de la productora.

“El porno efectivamente es como una comida”, dice Erika. “Pero no todas son iguales. Lo que hacemos nosotros no te lo puedes tragar como una bolsa de patatas”.

“Es más como una cocina de autor“, la pisa Pablo.

“En lo nuestro se mira cada detalle, se prueban los sabores”, lo interrumpe Erika. Y “nos enfocamos hacia un consumo más responsable, algo que ocurre cada vez más en el porno”, añade.

“La gente se pregunta: ‘¿Lo que estoy viendo se corresponde con mis valores? ¿Me hace bien o me hace mal?‘”.

Escena de una película porno feminista.

Adriana Eskenazi
PornHub, uno de los sitios pornográficos mainstream más populares del mundo, registró más de 100 millones de visitas diarias en 2019, según publica en su página.

Cuando le pregunto si conoce a Gail Dines, Erika me mira con una sonrisa irónica. Por supuesto que la conoce.

Sin embargo, Lust y Dines sí coinciden en algo: que hay un problema con la difusión de la pornografía online entre los adolescentes.

Según un informe de la organización Save The Children de junio de este año, con la difusión de los smartphones y las redes sociales, la edad a la que acceden los adolescentes a la pornografía es cada vez más baja, alrededor de los 12 años, y casi uno de cada 10 niños lo hace antes de los 10 años.

El estudio revela que en muchos casos el primer contacto con contenido pornográfico es casual; “el porno no se busca, el porno se encuentra”, como afirma un chico encuestado.

Y que sea de tan fácil acceso en plataformas gratuitas conlleva el riesgo de que los chicos y chicas moldeen su deseo en función de lo que ven en ellas.

De esa manera, se vuelve “un caldo de cultivo para que surjan diversas formas de violencia —de género, ciberacoso, discriminación—, así como relaciones basadas en la violencia, la desigualdad y la homofobia”, concluye el estudio.

Storyboard de una película de Erika Lust.

Mònica Figueras
En la sede central de la productora ErikaLustFilms trabajan unas 30 personas, casi todas mujeres.

“Es así”, me confirma Erika, preocupada, mientras me habla del día en que su hija y las amigas de esta se encontraron con un hombre masturbándose cuando curioseaban en un chat online que no exige registrarse para participar.

“Ella reaccionó enseguida y lo cerraron. Lo que pasa es que, como es mi hija, sabe mucho”.

— ¿Le has explicado lo que haces?

“Sí, por supuesto”.

— ¿Y cómo lo has hecho?

“Lo sabe desde pequeña, como algo natural. No ha habido una charla donde yo me he sentado y le he dicho: ‘¿Sabes lo que hace tu madre?’. Lo que hacemos forma parte de quienes somos y yo hago lo que hago sin ningún tipo de vergüenza, sin ningún tipo de miedo. E intento comunicarles esto a mis hijas”.

— ¿Y cómo crees que reaccionará cuando se encuentre con unas imágenes pornográficas mainstream?”

“Hay que ayudarlos dándoles herramientas para poder pensar críticamente, para saber distinguir entre lo que es correcto y lo que no.

“Pero no hay que insultar su inteligencia, no puedes tratarlos como si no pudieran controlar sus emociones. No les puedes decir que la pornografía online los va a pervertir y que no van a poder desarrollar una vida normal sexual”.

Para ella, al contrario que para Dines y varias otras activistas, el remedio al problema del acceso demasiado fácil a la pornografía no pasa por establecer una regulación más estricta y mucho menos por prohibirla.

“El deseo de ver a personas teniendo sexo es demasiado fuerte en el ser humano, por lo que el problema se volvería más grave aún, porque se confinaría a la web obscura, donde los controles son mucho más difíciles”, explica.

Una medida para solucionarlo, dice, es hacer que todo el contenido pornográfico sea de pago, como es el suyo.

Y la otra es ya una de sus frase más emblemáticas y repetidas: la única respuesta al porno malo es hacer mejor porno, tanto hacia los consumidores como respectando a quienes trabajan en este ámbito.

“La realidad de las personas que se dedican al trabajo sexual es muy distinta a las teorías de los que tienen visiones utópicas del mundo”.

“Yo conozco personalmente a muchos sex workers y la gran mayoría tiene sobre todo una preocupación: que se les garanticen sus derechos para no tener miedo ni a los clientes, ni a la policía, ni al estigma de esta profesión”.

La relación con los actores

“Y aquí hay un trío y una escena con Sylvan”.

Sentada detrás de su enorme escritorio, Erika escucha seria a su colaboradora.

Entre pilas de papeles y varios sobres de cartas escritas a mano, justo al lado de una bolsita de maquillaje, una placa roja recuerda quién toma la decisión final en esta oficina.

Girl boss, advierte la inscripción grabada.

Escena de una película porno feminista.

Adriana Eskenazi
Muchas actrices y actores que trabajaron con Lust la consideran una pionera y una mentora en su ámbito.

La colaboradora le está presentando el resultado del casting de la película que van a rodar dentro de unas semanas.

Hay una cosa que la inquieta.

La película relata la historia de amor y sexo entre una periodista, un profesor de historia y una coreógrafa — “un trío poliamoroso”, me aclara levantando los ojos tras la pantalla de la computadora—, y una de las actrices es lesbiana.

— “Quiero asegurarme de que lo quiera hacer”, insta Erika a su colaboradora. “No quiero empezar el rodaje y tener momentos incómodos”.

— “Ha dicho que sí”, le contesta.

— “No quiero ser pesada, pero sí estar segura”.

— “No te preocupes. Se lo volvemos a preguntar”.

El actor porno Sylvan G.

Eric Tena
“Hago porno para hacer ficción”, afirma Sylvan G. “Si para ello tengo que comerme el estigma de ser considerado un trabajador sexual, pues lo hago.”

La decena de actrices, actores y directoras que han trabajado con Erika Lust y con las que hablé para esta nota loan su valentía como pionera de un género nuevo, su profesionalidad y empatía en el escenario y el respeto de unas condiciones laborales y económicas que muchos definen como satisfactorias.

A parte de este coro de voces positivas, también hay solistas que tienen algo de lo que quejarse, pero solo acceden a hacerlo tras asegurarse de que su nombre no aparecerá publicado.

Una actriz que trabajó durante muchos años en la industria pornográfica y que hace un tiempo decidió dejarlo, cree que “Erika y su productora se aprovechan de la etiqueta feminista para facturar“.

Esta actriz rodó varias películas dirigidas por Erika Lust y considera que, si respetaran las pautas éticas de las que hablan, deberían pagarles a los actores las regalías de la venta de sus películas y de sus fotos.

“Hay un montón de empresas que se lo están currando muchísimo y no reciben ni la mitad de la atención porque no son un imperio”, me escribe por mensaje.

Estantería en la oficina de Erika Lust.

Angelo Attanasio
Lust ha publicado varios ensayo e incluso una novela, “La canción de Nora”, que salió en 2012.

Otras lamentan que no haya mayor variedad en términos de representación racial y de orientación sexual.

En 2018 Erika Lust se vio envuelta en un caso polémico a causa de unas presuntas agresiones de una directora de su productora.

Mientras Erika está ocupada en una sesión de fotos en la oficina, le pregunto a Pablo Dobner, su pareja y CEO de la empresa, las razones de estas acusaciones.

“A Erika Lust se le exige cosas que nunca han pedido a otras empresas con las que han trabajado”, protesta Pablo.

“Hay muchos activistas en el mundo de los sex-workers que están en contra de Erika Lust porque es una empresa capitalista”.

Erika Lust y su marido, Pablo Dobner.

Mònica Figueras
Erika Lust y su marido, Pablo Dobner, el CEO de la productora.

Después del caso de 2018, ErikaLustFilms publicó una “Declaración de derechos del artista” y unas “Directrices para los directores invitados” que sus colaboradores están obligados a cumplir.

En estos documentos se establecen las pautas a respetar antes, durante y después del rodaje, desde la comida en el set de rodaje hasta el consentimiento explícito para realizar determinadas prácticas sexuales y el derecho a negarse a hacerlas.

Barbies y ponies

Erika está a punto de terminar una sesión de foto promocional en su oficina. Viste unos vaqueros y una camiseta de tirantes blanca, sobre la que destella un pendiente en forma de E.

“Cuando su madre la vio esta mañana le preguntó: ‘¿Así vestida vas a ir?’“, me cuenta Pablo mientras la directora posa tumbada en la cama.

“Cuando la BBC la puso en la lista de las 100 mujeres más relevantes de 2019, su madre no podía entender por qué se lo dieron a ella”, se lamenta su marido.

La sesión de fotos ha terminado y Erika se sienta a descansar.

Le pregunto si alguna vez se planteó actuar en una de sus películas y rápido responde que no, que no va con su personalidad.

“Soy mucho más voyeur que exhibicionista”, me dice con una sonrisa que delata algo de pudor. “Lo que me gusta es estar detrás de la cámara, crear las imágenes que veo y me imagino”.

“Cuando era una niña, mi hermana y yo jugábamos mucho a las Barbies. Allí yo aprendí la creación narrativa y a mover los personajes en un escenario. También montaba a caballo y escribía artículos para una revista de equitación”.

“¿Sabes?”, me dice, “creo que en el fondo nunca he dejado de jugar a las Barbies y a los ponies“, y larga una sonora carcajada.

Luego le pregunto si hay algunos límites que se ha impuesto en su profesión y se pone seria. Me contesta que ella los tiene muy claros: no rodaría nunca escena de violencia hacia la mujer ni se atrevería a representar escena de discriminación racial.

“En mi vida intento incorporar mi activismo”, me aclara. “Si veo algo que no me gusta, me paro y protesto”, aunque eso le comporte consecuencias. “Hay que nadar con más fuerza cuando vas a contracorriente”, asegura mirándome fijamente.

“Pero creo que todos los que vamos a contracorriente hacemos una revolución”.

*Edición: Leire Ventas.


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