Brianna Lyston, la niña de Jamaica de 12 años que le pisa los talones a Usain Bolt
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Brianna Lyston, la niña de Jamaica de 12 años que le pisa los talones a Usain Bolt

A sus 12 años, Brianna Lyston parece más veloz que Usain Bolt, luego de quedar a solo 2 segundos del récord mundial femenil en 200 metros.
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Por BBC Mundo
10 de abril, 2017
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Usain Bolt ha dominado y encendido las pistas de atletismo alrededor del mundo durante una década y como ningún otro corredor de velocidad en la historia.

En los últimos diez años no ha habido una Olimpíada, mundial de atletismo o evento de élite en los que Bolt no haya sido la superestrella, aquel a quien todos han querido ver para decir “yo estuve allí cuando ganó o batió el récord”.

Así que fue naturalmente descorazonador escuchar que el velocista jamaiquino estaría colgando las zapatillas en 2016.

Pero tal vez no hay que alarmarse, pues Jamaica parece haber encontrado su reemplazo: una niña de 12 años que se llama Brianna Lyston.

Si se juzga por lo que ha logrado hasta ahora en su creciente desarrollo, Lyston bien pudiera ser merecedora de la corona de Bolt en unos años.

Récord en 200

En el Campeonato de Atletismo de Niños y Niñas en Jamaica celebrado a fines de marzo, Brianna Lyston corrió la semifinal de los 200 metros en un sorprendente tiempo de 22,46 segundos y abrió una enorme brecha entre ella y las demás competidoras.

Un viento favorable de 2,2 metros por segundo hizo que el registro quedara nulo, pero Lyston demostró que lo anterior no había sido casualidad, cuando corrió la final del evento, conocido como “Champs”, en 23.72 segundos.

Florence Griffith-Joyner en Seúl, 1988Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionFlorence Griffith-Joyner impuso los récords de los 100 y 200 metros en los Juegos de Seúl, 1988

Su tiempo de victoria fue 0,88 segundos por delante de su rival más cercana y apenas 2,38 segundos por debajo del récord mundial establecido por la legendaria estadounidense Florence Griffith-Joyner, en las Olimpíadas de Seúl 1988.

La juvenil jamaiquina también ganó la carrera de los 100 metros en 11,86 segundos, 1,37 segundos detrás del récord mundial también impuesto por Griffith-Joyner en los mismos juegos.

Curva de desarrollo

Los Champs son considerados la cuna de los múltiples campeones olímpicos jamaiquinos como Usain Bolt y ShellyAnn Fraser-Pryce.

Sin embargo, la curva de desarrollo de Lyston está por delante de lo que fue la de Bolt a la misma edad.

Aunque el ocho veces campeón olímpico ya corría a los 12 años, también jugaba fútbol y cricket, y no se concentró de lleno en el atletismo hasta los 14.

Usain Bolt en 2003Derechos de autor de la imagen GETTY IMAGES
Image captionUsain Bolt, aquí corriendo en 2003 en categoría juvenil, no se dedicó de lleno al atletismo hasta los 14 años.

El primer registro de Bolt en los 200 metros fue de 21,81 segundos, más rápido que Lyston por 1,91 segundos pero lo logró cuando tenía 15 años, tres más que la joven corredora.

Lyston fue la primera corredora en bajar de los 24 segundos en los 200 metros de los Champs, estableciendo el récord para el evento.

Con anterioridad, venció por más de un segundo a los niños ganadores de la carrera de 300 metros, durante una competencia en Trinidad y Tobago, en 2015.

Aunque Brianna Lyston es demasiado joven para competir en las próximas Olimpiadas en Tokio 2020, ha quedado claro que es una de las potenciales estrellas del deporte.

Bolt, el hombre más rápido del mundo, anunció su retiro en octubre de 2016. Pero se escuchan rumores de que podría participar en Tokio.

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Migrantes en Texas: 'Estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto'

San Antonio, una ciudad del sur de Texas cercana a la frontera con México, la migración está muy presente. Y muchos sienten como propia la tragedia de las 53 personas que murieron de calor en el remolque de un camión abandonado.
30 de junio, 2022
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“Mírenme: ¿a ustedes les parezco estadounidense? ¿Saben la de veces que me llamaron come-frijoles en el colegio? ¿Cómo vi a mi madre esclavizarse para conseguir unos papeles? Y me preguntan por qué estoy tan afectada”.

En la vigilia para recordar a los migrantes hallados sin vida el lunes en un camión abandonado en el suroeste de San Antonio, Texas, y a los que fallecieron después en hospitales de la ciudad —40 hombres y 13 mujeres, 53 en total—, Wanda Pérez Torrescano no puede ocultar su enojo.

“Es que estamos honrando a personas cuyas familias aún no saben que han muerto, que siguen esperando esa llamada que diga: ‘Mami, llegué a la frontera, estoy bien'”, dice enérgica, micrófono en mano, ante las decenas de congregados este miércoles en el céntrico parque Travis.

“Y lo sé porque yo he estado del otro lado del teléfono”.

Nacida en Ciudad de México y criada en San Antonio, no es la única que siente como propia la mayor tragedia migratoria que se recuerde en suelo estadounidense.

En un acto solemne similar, el día anterior, la hondureña Jessica recordó cómo ella misma estuvo en su día en la piel de los migrantes que ahora dejaron sin agua ni aire acondicionado en un remolque con una temperatura exterior de 40 grados.

“Yo vine aquí a los 14 años, también en un tráiler (18 wheeler) y perdí el conocimiento por el calor”, dijo con emoción durante la vigilia. Preguntada después si quería contar su historia a BBC Mundo, contestó: “Me sigue desencadenando muchas emociones. Aún tengo mucho que procesar y no me siento preparada para dar detalles”.

Mujer sostiene cartel durante vigilia.

Getty Images

Mientras eso ocurría en el casco histórico de San Antonio, otros honraban a los muertos en el mismo lugar en el que fue hallado el camión: un polvoriento camino entre un almacén de madera y la vía del tren, en un paisaje salpicado de ventas de autopartes.

Las primeras dos cruces —bien coloridas— las colocaron allí el martes Angelita Olvera, hija de un potosino, y Debra Ponce, quien advierte que “hay que tener un ojo en Texas, porque se van a cambiar los derechos civiles tal como los conocemos”.

Desde entonces, aquella esquina desangelada se ha llenado de flores y velas, como las depositadas por la hondureña Gabriela y sus dos hijas, y de carteles llamando al respeto y a la solidaridad. El artista Roberto Márquez, quien él mismo cruzó desde Tijuana a EE.UU. hace ya 40 años, pinta un mural que se da cierto aire al Guernica de Picasso.

Y es que la migración está muy presente en esta ciudad situada a apenas 250 kilómetros al norte de la frontera con México.

Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Getty Images
Señalización en la calle que en la que se encontró el camión.

Ciudad clave en el tránsito migratorio

Expertos y organizaciones que BBC Mundo consultó para este artículo y funcionarios que pidieron no publicar su nombre describen a la urbe de 2,5 millones de habitantes como un “centro de tránsito”, un lugar estratégico en el que confluyen varias rutas migrantes, rodeado de autopistas que cruzan el país de norte a sur y de este a oeste.

Edward Reyna, un empleado de seguridad de la empresa maderera situada a escasos metros de donde fue dejado el camión, ya perdió la cuenta de las veces que ha visto a mexicanos y centroamericanos, entre gente de otras nacionalidades, saltar del tren que pasa por ahí mismo.

“Ya sabía que tarde o temprano alguien saldría lastimado”, le dijo a la BBC. “A los carteles que los traen no les importan nada”.

Los que él se encuentra durante sus guardias son los que no han sido interceptados por las autoridades migratorias.

En mayo la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) registró casi 240.000 “encuentros”, un tercio más que el mismo mes el año anterior.

Eso a pesar de que el gobernador de Texas, el republicano Greg Abbott, lanzara en marzo de 2021 la Operación Lone Star y ese mayo emitiera una “declaración de desastre” que le permite desplegar la Guardia Nacional en la frontera y ahora cubre 53 condados. Todo ello para tratar de frenar el aumento de los cruces fronterizos, que él atribuye a las políticas migratorias del presidente Joe Biden.

La policía investiga un camión en el que fueron hallados 46 personas muertas.

Getty Images
San Antonio queda aproxidamente a 250 km de la frontera con México.

Pero los migrantes siguen llegando y transitando por el estado, algunos ocultos en camiones, un modus operandi muy específico —aunque no exclusivo— de esta zona fronteriza, le dice a BBC Mundo Guadalupe Correa-Cabrera.

Profesora de la Universidad George Mason de Faixfax, Correra-Cabrera lleva años estudiando las rutas migratorias, incluida la que transita desde Nuevo Laredo, en México, hasta Laredo, en EE.UU., a través de la aduana terrestre para mercancías más importante del hemisferio.

Eso mismo hace que sea imposible revisar toda la carga que cruza a diario por ese puente, explica la experta. “No hay cifras oficiales, pero se calcula que es menos del 5% lo que se llega a verificar”.

Aunque aclara que el tráfico de migrantes en tráilers no necesariamente arranca en México. En base a testimonios recopilados por ella misma, cuenta que en algunos casos los traficantes los recogen en camiones ya del lado texano.

Es lo que los investigadores del Departamento de Seguridad Nacional que lideran las indagatorias creen que ocurrió en el caso del camión abandonado el lunes, según le dijo a la agencia AP el congresista Henry Cuellar.

Niña deja flores en el lugar en el que se encontró el camión.

Getty Images

Los que se van, los que quedan

Vengan por la vía que vengan, por el medio de transporte que sea, gran parte de los migrantes que llegan a San Antonio suelen estar de paso, le confirman a BBC Mundo las autoridades migratorias. Suelen hacer noche en un espacio facilitado por distintas organizaciones que los apoyan o en el aeropuerto o la estación de autobuses.

Aunque hay quienes se quedan, como Lemi, un cubano que llegó hace cuatro años y trabaja de taxista en la ciudad. Su plan es, en algún momento del año que viene, irse con su mujer y su hijo de 11 meses a Florida.

O su compatriota Jose, quien tras pasar penurias en la selva del Darién, en Ecuador y otros países por los que transitó, cruzó a EE.UU. y se entregó a Migración el 25 de mayo, al día siguiente del tiroteo que dejó 21 muertos en una escuela primaria de Uvalde —una localidad a poco más de hora y media por carretera de la frontera—.

Nada más ser liberado se subió a un bus de la empresa Greyhound —en el que me contó su historia— dirección a la estación de San Antonio.

También se quedó en la ciudad, al menos de momento, Carlos, un emigrante venezolano de 34 años que, tras atravesar varios países, cuando llegó a la frontera sur de México decidió que la mejor manera de dirigirse al norte era en moto.

“En Monclova (en el estado norteño de Coahuila, que limita con EE.UU.) tuve un accidente, me operaron y ahora llevo una placa aquí”, dice señalando el muslo izquierdo.

Mientras recupera fuerzas en la pierna para poder trabajar, aguarda en la Posada Guadalupe, que gestiona el padre Phil Ley.

Originario de Indiana, instaló el primer albergue para migrantes en San Antonio hace 16 años. “Empecé a recibir a personas enviadas de hospitales, porque estaban lesionadas o eran diabéticas y necesitaban diálisis. Hasta que un abogado (especializado en migración) me pidió permiso para albergar a un cliente que acababa de cumplir los 18 años y ya no podía estar en el Centro de Detención para menores del ICE”, recuerda para BBC Mundo.

“Así se corrió la voz entre otros abogados”, dice, y el suyo terminó siendo una casa de acogida especialmente para migrantes jóvenes. Este miércoles tenía a 21. “Mañana llega otro, y el sábado uno más”, cuenta.

Preguntado por lo ocurrido con el camión abandonado con los migrantes dentro, dice que es una desgracia que lo “entristece y enfurece al mismo tiempo”.

Son los mismos sentimientos que compartía Wanda Pérez con los asistentes a la vigilia este miércoles, los que sienten la tragedia como propia, los que expresaron todos aquellos que hablaron con BBC Mundo para este reportaje y describieron el suceso como un “asesinato en masa”.

“Tragedias como esta visibilizan el problema, mientras nos hacen pensar en cuán sofisticadas son estas redes, cuánta gente y dinero mueven, y qué poco sabemos de ellas”, cierra la investigadora Correra-Cabrera.


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