¿Por qué no fue ilegal que naciera en México un bebé con tres padres?
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¿Por qué no fue ilegal que naciera en México un bebé con tres padres?

El bebé fue un embrión con el ADN de su madre y padre, pero también una porción de material genético de una donante porque en el paìs no hay regulaciones.
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Por Redacción Animal Político
13 de abril, 2017
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En abril de 2016 nació en México el primer bebé que tiene material genético de dos madres y un padre. El nacimiento de este embrión fue calificado como “una nueva era para la medicina” pero también inició un debate sobre la legalidad de que haya nacido en el país.

El médico que realizó el tratamiento llamado reemplazo mitocondrial —que consiste en sustituir el ADN mitocondrial de la madre con el de una donante— con una pareja de jordanos dijo que optó por realizarlo en México porque en el país “no hay regulaciones”.

El procedimiento está prohibido en Estados Unidos, en donde el médico tiene su clínica de fertilidad, y sólo se ha legalizado en el Reino Unido.

En el documento “Técnicas de reemplazo mitocondrial y el Estado de derecho en México” de investigadores mexicanos y publicado por el departamento de prensa de la Universidad de Oxford, se detalla las leyes que se pudieron haber violado con el nacimiento este embrión, pero sobre todo, la falta de legislación en el país para los temas de reproducción asistida y la modificación del genoma humano.

Lee: Embriones triparentales en México, una mala noticia. 

La ley general de salud, leyes locales y tratados internacionales

En la Ley General de Salud —la máxima legislación en el país en la materia— no existen restricciones para llevar a cabo técnicas de reemplazo mitocondrial en un embrión.

Sin embargo, en el Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud sí se hace cierta referencia a esos tratamientos en el artículo 56: La investigación sobre fertilización asistida sólo será admisible cuando se aplique a la solución de problemas de esterilidad que no se puedan resolver de otra manera, respetándose el punto de vista moral, cultural y social de la pareja, aun si éste difiere con el de investigador.

El reemplazo mitocondrial para lograr el nacimiento de abril del año pasado podría no considerarse como una solución ante problemas de esterilidad, pues la madre sí podía tener hijos pues antes del tratamiento tuvo dos que murieron por un desorden genético que ella les transmitió a través del ADN mitocondrial, por eso recurrió a la donación.

En ese sentido, se pudo haber violado la legislación y vincularse con la Ley General de Salud que señala que una violación a los reglamentos implica un sanción administrativa.

Entre las sanciones por violar el reglamento se menciona una advertencia verbal, una multa, una interrupción temporal o definitiva de la licencia o encarcelamiento de hasta por 36 horas.

Pero lo anterior, señalan los autores, se trata sólo de una interpretación legal no una prohibición explícita pues en la Ley General de Salud no existe una regulación sobre la reproducción asistida.

A nivel federal tampoco existe una ley que prohíba la ingeniería genética humana, por lo tanto, no se prohíbe la transferencia mitocondrial.

Se podría hablar de tratados internacionales vinculados al tema que han sido firmados por México como la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos que hace mención de vigilar prácticas que pudieran ser contrarias a la dignidad humana, pero tampoco existe una prohibición explícita como para decir en México se llevó a cabo una práctica prohibida en la legislación internacional.

En conclusión, señala el documento, aún con la interpretación de la legislación permanece un vacío legal sobre este tipo de tratamientos, México no cuenta con leyes que regulen la ingeniería genética o la modificación del genoma humano.

Hace falta una reforma a la Ley General de Salud, concluyen los investigadores, pero una ley que regule este tipo de tratamientos y la reproducción asistida para personas sin pareja o parejas no casadas, no que los bloquee.

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COVID: ¿qué tan efectivas son las vacunas contra la variante ómicron?

Te explicamos cómo los investigadores calculan cuánto previenen las vacunas la COVID, qué influye en las tasas de efectividad y eficacia de estas y cómo ómicron está cambiando las cosas.
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21 de diciembre, 2021
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La pandemia ha traído muchos términos e ideas engañosas a la vida de todos.

Dos conceptos particularmente complicados son la eficacia y efectividad de las vacunas. No son lo mismo.

Y a medida que pasa el tiempo y surgen nuevas variantes como ómicron, la una y la otra también van cambiando.

Melissa Hawkins es epidemióloga e investigadora de salud pública en la American University, en Washington.

Ella explica la forma en la que los investigadores calculan cuánto previenen las vacunas la enfermedad, qué influye en las tasas de efectividad y eficacia, y cómo ómicron está cambiando las cosas.


¿Qué hacen las vacunas?

Una vacuna activa el sistema inmunológico para producir anticuerpos que permanecen en el cuerpo para luchar contra la exposición a un virus en el futuro.

Las tres vacunas aprobadas actualmente para su uso en Estados Unidos, las de Pfizer-BioNTech, Moderna y Johnson & Johnson, mostraron éxito en los ensayos clínicos.

Los ensayos clínicos se utilizan para calcular la eficacia de una vacuna, pero no necesariamente representan condiciones del mundo real.

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Los ensayos clínicos se utilizan para calcular la eficacia de una vacuna, pero no necesariamente representan condiciones del mundo real.

¿Cuál es la diferencia entre la eficacia y la efectividad de una vacuna?

Todas las vacunas nuevas deben someterse a ensayos clínicos en los que los investigadores prueban las vacunas en miles de personas para examinar si funcionan y son seguras.

La eficacia es la medida de qué tan bien funciona una vacuna en los ensayos clínicos. Los investigadores diseñan los ensayos para incluir dos grupos de personas: los que reciben la vacuna y los que reciben un placebo. Calculan la eficacia de la vacuna comparando cuántos casos de la enfermedad ocurren en cada grupo, vacunados versus placebo.

La efectividad, por otro lado, describe qué tan bien se desempeña una vacuna en el mundo real. Se calcula de la misma manera, comparando enfermedades entre personas vacunadas y no vacunadas.

La eficacia y la efectividad suelen estar próximas entre sí, pero no son necesariamente iguales. El funcionamiento de las vacunas variará un poco de los resultados del ensayo una vez que millones de personas se vacunen.

Muchos factores influyen en el rendimiento de una vacuna en el mundo real. Nuevas variantes como delta y ómicron pueden cambiar las cosas.

El número y la edad de las personas inscritas en los ensayos son importantes. Y la salud de las personas que reciben la vacuna también.

La proporción de la población que se inocula también puede influir en su eficacia.

Las vacunas con eficacia moderada e incluso baja pueden funcionar muy bien a nivel de población.

Del mismo modo, las vacunas con alta eficacia en ensayos clínicos, como las vacunas contra el coronavirus, pueden tener menor efectividad y un pequeño impacto si no hay una alta aceptación de la vacuna en la población.

La distinción entre eficacia y efectividad es importante: una describe la reducción del riesgo lograda por las vacunas en los ensayos clínicos y la otra describe cómo esto puede variar en poblaciones con diferente exposición y niveles de transmisión.

Los investigadores pueden calcular ambos, pero no pueden diseñar un estudio que mida ambos simultáneamente.

¿Cómo se calcula la eficacia y la efectividad?

Tanto Pfizer como Moderna informaron que sus vacunas demostraron una eficacia superior al 90% para prevenir la infección sintomática por covid-19.

Dicho de otra manera, entre los individuos que recibieron la vacuna en los ensayos clínicos, el riesgo de contraer covid-19 se redujo en un 90% en comparación con aquellos que no recibieron la vacuna.

Imagínense cómo se realiza un ensayo de la vacuna: se seleccionan al azar a mil personas para que reciban la vacuna en un grupo. Y otras mil personas para recibir un placebo en otro grupo.

El 2,5% de las personas en el grupo de los vacunados contrajo covid-19 en comparación con el 50% en el grupo de los no vacunados. Esto significa que la vacuna tiene una eficacia del 95%.

Esto se determina así: (50% – 2,5%) / 50% = 0,95. Por lo tanto, ese 95% hace referencia a cuánto se reduce la incidencia de la enfermedad en el grupo de los vacunados.

Sin embargo, que una vacuna tenga una eficacia del 95% no significa que el 5% de las personas vacunadas contraerá covid-19. Es una noticia aún mejor: su riesgo de enfermarse se reduce en un 95%.

La eficacia de la vacuna se calcula exactamente de la misma manera, pero se determina mediante estudios observacionales.

Al principio las vacunas tenían una eficacia superior al 90% para prevenir enfermedades graves en el mundo real. Pero, por su propia naturaleza, los virus cambian y esto puede alterar la efectividad.

Por ejemplo, un estudio encontró que para agosto de 2021, cuando la variante delta estaba aumentando, la vacuna Pfizer tenía un 53% de efectividad para prevenir la covid más grave entre los residentes de hogares de ancianos que habían sido vacunados a principios de 2021.

En este caso, la edad, los problemas de salud, la inmunidad menguante y la nueva variante fueron factores que redujeron la efectividad.

Ómicron

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Las nuevas variantes del coronavirus son todas ligeramente diferentes de la cepa original en la que se basaron las vacunas, por lo que la inmunidad a las variantes puede ser diferente.

¿Qué pasa con la variante ómicron?

Los datos preliminares sobre ómicron y las vacunas están llegando rápidamente y revelan una menor efectividad de la vacuna.

Las mejores estimaciones sugieren que las vacunan tienen una eficacia de entre 30 y 40% en la prevención de infecciones y un 70% de eficacia en la prevención de enfermedades graves.

Un estudio llevado a cabo en Alemania que no ha sido revisado formalmente por pares encontró que los anticuerpos en sangre recolectados de personas completamente vacunadas con Moderna y Pfizer mostraron una eficacia reducida para neutralizar la variante ómicron.

Otros estudios llevados a cabo en Sudáfrica e Inglaterra, que tampoco y que están a la espera de ser revisados formalmente por pares, mostraron una disminución significativa en la eficacia de los anticuerpos contra la variante ómicron.

Se esperan más infecciones disruptivas, con una menor capacidad del sistema inmunológico para reconocer ómicron en comparación con otras variantes.

Muchas personas en el mundo no tienen oportunidad para obtener la dosis de refuerzo.

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Muchas personas en el mundo no tienen oportunidad para obtener la dosis de refuerzo.

¿Los refuerzos aumentan la inmunidad contra ómicron?

Los datos iniciales establecen que una tercera dosis ayudaría a estimular la respuesta inmune y la protección contra ómicron, con estimaciones de efectividad de entre el 70 y el 75%.

Pfizer ha informado que las personas que han recibido dos dosis de su vacuna son susceptibles a la infección por ómicron, pero que una tercera inyección mejora la actividad de los anticuerpos contra el virus.

Esto se basó en experimentos de laboratorio que utilizaron sangre de personas que recibieron la vacuna.

Las dosis de refuerzo pueden aumentar la cantidad de anticuerpos y la capacidad del sistema inmunológico de una persona para protegerse contra ómicron. Sin embargo, gran parte del mundo no tiene acceso a dosis de refuerzo.

¿Qué significa todo esto?

A pesar de la menor eficacia de las vacunas contra ómicron, está claro que las vacunas funcionan y se encuentran entre los mayores logros de salud pública.

Las vacunas tienen distintos niveles de eficacia y siguen siendo útiles.

La vacuna contra la gripe generalmente tiene una efectividad del 40 al 60% y previene enfermedades en millones de personas y hospitalizaciones en más de 100.000 personas en EE.UU. anualmente.

Protegen no solo a quienes están vacunados, sino también a quienes no pueden vacunarse.

Las personas vacunadas tienen menos probabilidades de transmitir covid-19, lo que reduce las nuevas infecciones y ofrece protección a la sociedad en general.

*Melissa Hawkins es profesora de Salud Pública en la American University.

Esta nota apareció originalmente en The Conversation y se publica aquí bajo una licencia de Creative Commons. Puedes leer el artículo original aquí.


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