Me lavo las manos y otras frases que tienen su origen en la Semana Santa
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'Me lavo las manos' y otras 4 frases populares que tienen su origen en Semana Santa

Por que “no solo de pan vive el hombre”, estas son frases muy utilizadas por todos y cuál es el origen de cada una.
Cuartoscuro
Por BBC Mundo
15 de abril, 2017
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Cuando a Santo Tomás, uno de los 12 apóstoles de Cristo, le dijeron que Jesús volvería de entre los muertos, no lo creyó. Según el evangelio de Juan (20:24-29), una de las frases que Tomás llegó a decir: “Si no viere en sus manos la señal de los clavos, y metiere mi dedo en el lugar de los clavos, y metiere mi mano en su costado, no creeré”.

Cuando Jesús de Nazaret resucitó, según la Biblia, fue al encuentro de sus apóstoles y recriminó a su escéptico seguidor, porque necesitó “ver para creer”.

Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron“, dijo Cristo, quien habría resucitado al tercer día de haber sido crucificado, según los evangelios del Nuevo Testamento.

Más de 2.000 años después de la vida, pasión y muerte del “hijo de Dios”, escuchamos frases como “ver para creer” en muchos contextos.

Cuando desconfiamos de una hazaña atlética, dudamos de la belleza de algún lugar o no le damos crédito a una narración fantástica acostumbramos decir “ver para creer“.

Tal vez sin saberlo, recreamos un pasaje bíblico cada vez que usamos esa frase para dejar constancia de nuestra incredulidad.

Y no es la única.

Afueras del coliseo de RomaAFP
El Vía crucis de Jesús fue recreado en las calles de Roma en esta Semana Santa.

Son muchas las frases que decimos y escuchamos cotidianamente que tienen un origen religioso.

Aprovechando que es Semana Santa, te contamos algunas de ellas.

“Yo me lavo las manos”

“Entonces Pilato, viendo que nada adelantaba, sino que más bien se promovía tumulto, tomó agua y se lavó las manos delante de la gente diciendo: ‘Inocente soy de la sangre de este justo. Vosotros veréis'”. (Mateo 27:24).

Así, Poncio Pilato, un prefecto de Judea de ese entonces, se desentendía de la decisión popular de crucificar a Jesús.

Por la Pascua, la autoridad le había dado la posibilidad a la multitud de salvar a uno de los condenados a morir, y la gente eligió al célebre bandolero Barrabás en lugar de Jesús, el “rey de los judíos”.

Los evangelios cuentan que, una semana antes y en ese mismo lugar, Jesús fue aclamado como rey por la misma muchedumbre que después decidiría que fuese crucificado.

Persona cargando una cruz representando la REUTERS
Diferentes procesiones por Semana Santa se realizaron en el mundo, como esta en Honduras.

Jesús de Nazaret sería torturado y humillado antes de ser clavado en una cruz de madera, hechos por los que Poncio Pilato  “se lavó las manos“.

De esta forma, este hombre pasó a la historia como el símbolo de la conveniencia personal y una de sus frases se repetiría millones de veces para dar a entender que no se asume responsabilidad por lo que está por suceder.

“El beso de Judas”

Si le dices Judas a alguien que no se llama Judas, es muy posible que estés insinuando que es un traidor.

Lo que le hizo el apóstol Judas Iscariote a Jesús de Nazaret se convirtió en un símbolo de la deslealtad.

Según los evangelios, el apóstol reveló la ubicación de su maestro para que fuera capturado y ejecutado a cambio de 30 monedas de plata.

Judas no sólo filtró el lugar donde Jesús podría ser descubierto y atrapado, sino que también lo señaló a través de un gesto.

‘Al que yo besare, ese es: prendedle’. Y enseguida se acercó a Jesús y dijo ‘¡Salve, maestro!’. Y le besó“, dice una de sus frases. (Mateo 26:48-49).

Incluso en nuestros días se mantiene la polémica sobre cuál fue el verdadero papel que jugó el apóstol en la muerte de Jesús, pero pocos dudan que “el beso de Judas” significa traición.

Representaci[on de Cristo cargando una cruzAFP
“Cargar una cruz” ahora es una frase que puede referirse a muchas cosas.

“No sólo de pan vive el hombre”

La cuaresma precede a la Semana Santa.

Es el periodo que representa los 40 días y 40 noches de ayuno que atravesó Jesús en el desierto, aguantando las tentaciones del demonio.

No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mateo 4:4), fue una de las frases que Jesús le dijo al “tentador” cuando este lo desafió a convertir rocas en pan.

Aquella respuesta de Cristo ahora es multipropósito, y puede referirse tanto al alimento espiritual como a la necesidad de ir a un partido de fútbol, por ejemplo.

“Esa es mi cruz”

Los evangelios relatan que Jesús no sólo fue torturado antes de morir, sino que tuvo que cargar con una pesada cruz de madera hasta un lugar llamado Gólgota, donde sería crucificado.

Procesión en Nueva YorkGETTY IMAGES
Las procesiones por Semana Santa también pasaron por el famoso puente de Brooklyn, en Nueva York.

El último periplo del “hijo de Dios” también generó una de las frases que podemos escuchar en muchos contextos.

Puede ser un trabajo exigente, alguna adicción, alguna persona cercana que nos genera problemas permanentemente o un antiguo amor que no podemos olvidar.

La gente, cuando se refiere a esa “carga” que tiene que sobrellevar suele decir “esa es mi cruz”.

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Vecinos de Tláhuac despliegan solidaridad: tortas y agua para las víctimas de un accidente que habían vaticinado

Vecinos de Tláhuac acudieron a la zona del desplome y a hospitales donde atienden a los lesionados para regalar agua y comida; víctimas dejaron familias sin sostén económico y aún no saben si el gobierno les dará apoyos.
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Por Alberto Pradilla y Andrea Vega
5 de mayo, 2021
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Juana Barragán, de 57 años, llegó al hospital Belisario Domínguez desde la colonia Zapotitla, en Tláhuac, muy cerca del lugar del accidente de la Línea 12. Con ella su nieta, Rubí Chávez, de 27 años. Ambas cargaban un diablito con botellas de agua para repartir entre los familiares de víctimas del siniestro. “En la mañana salió la noticia de que no les estaban dando a la gente. Una vecina nos apoyó con agua y vinimos”, dijo Barragán.

Te puede interesar: Características, fallas y sobrecostos: lo que se sabe del accidentado recorrido de la Línea 12 del Metro

Para la mujer, regresar a este hospital tiene su impacto. Aquí traía a su hijo Ricardo a ser tratado de su diabetes. Cuando falleció dejó de venir, pero lo ocurrido el lunes le había hecho revivir lo pasado. “Es una forma de regresar un poco lo que me dieron”, explicó.

El accidente del metro fue un golpe duro para una comunidad de Tláhuac, que llevaba tiempo avisando de que algo grave podía pasar. Cuando la tragedia se consumó, muchos residentes de colonias cercanas se desplegaron en las inmediaciones de la zona accidentada con botellas de agua y tortas para alimentar a las víctimas del colapso. Podía haber sido cualquiera de ellas. Esta línea de metro, mal construida, fue el principal cordón umbilical con la capital desde su inauguración en 2012.

“En la mañana salió en las noticias que no tenían donde comer, que no les dejaban pasar”, explicaba Diana Luna, de 37 años, junto a las urgencias del Belisario Domínguez. En un primer momento, cuando los vagones se vinieron abajo, los familiares de los pacientes destinados en este hospital debían esperar fuera ya que se trata de un centro exclusivo para tratamiento COVID. Por eso los allegados pasaron la noche a la intemperie, sin un lugar donde ir al baño ni una botella de agua.

Aquí interviene la comunidad. Los vecinos de La Nopalera, de San Miguel Zapotitla, de Consejo Agrarista Mexicano, salieron a apoyar a quienes recibieron el zarpazo del accidente.

“En primera instancia, les negaron el acceso y luego les dieron destinos porque es área COVID. Yo decidí hacer unas tortas y le pedí a mi vecino que las trajera, ya que él viene en moto”, explicaba Luna, junto a Gerardo Pozos, de 47 años.

La exhibición de generosidad colectiva no fue algo coordinado. Ahí en el mismo lugar, otro grupito venía desde la Nopalera con un cargamento de aguas. Y más allá, unos jóvenes de la colonia Agrarista también cargaban con sus botellas y un mensaje de ánimo escrito sobre una cartulina. En redes sociales, gente que se ofrecía a llevar a familiares de heridos. También, jóvenes que trataban de ordenar la información para evitar los malentendidos o las falsas esperanzas. Al final, gente tratando de cuidar de otra gente en un momento de caos y horror.

“Vinimos aquí a repartir comida y agua para dar una pequeña ayuda a los que tienen aquí familiares de lo que acaba de pasar en el metro. Esperemos, sea poca o mucha, esperemos que les ayude en algo. Nosotros podemos pasar en esta situación y tal vez quisiéramos una ayuda”, resumía Paulina, de la colonia Agraria.

Estar en la misma situación. La joven no hacía referencia a que cualquiera de ellos podía haber sido víctima de un derrumbe anunciado, pero también es así. Todos los que se mueven por la zona habían escuchado o sufrido en sus propias carnes los chirridos, los sonidos extraños y los crujidos de unos vagones que se hundían en el punto exacto en el que terminaron por venirse abajo.

“Había movimientos que rechinaba muy feo”, decía un vecino de la calle Rosario, a dos minutos del lugar del siniestro.

“Ya se había reportado, se veía que estaba reclinándose una de las vigas, se había reportado hace mucho tiempo y nadie hizo nada. Está muy débil la construcción”, se quejó Yolanda, vendedora de dulces junto a la parada de metro de Tezonco, la última que tomaron los pasajeros antes de que los trenes se vinieron abajo.

Son ellos, los que viven en los alrededores de la parada Olivos, los que más quejas habían levantado. Y una vez que la tragedia que ellos mismos habían vaticinado se consumó, llevándose por delante la vida de 25 personas y causando heridas a 70, fueron ellos mismos los que se lanzaron a la calle a ayudar: primero, tratando de auxiliar a los supervivientes. Luego, tratando de que la espera de sus familiares fuese un poco más digna.

Víctimas de Línea 12 dejan familias sin sostén económico

El lunes 3 de mayo, a las 10:25 de la noche, los vagones del tren de la Línea 12 del metro, que iba de Mixcoac a Tláhuac, transportaban a personas que en su mayoría volvían del trabajo a casa. Hasta el momento se ha reportado que 25 de esas personas fallecieron por el colapso de la viga de un paso elevado entre las estaciones Tezonco y Olivos. Hijos, parejas y padres se quedan sin esas mujeres y hombres que eran el pilar y sostén de la familia.

Ante lo que califican de una omisión más y falta de coordinación de las autoridades para ayudarlos a encontrar a sus fallecidos, familias completas organizaron equipos de búsqueda en hospitales y ministerios públicos. En la Fiscalía de Investigación Territorial en Iztapalapa, Cristian encontró el cuerpo de su hermana Angélica Segura Osorio, después de esperar a que les respondieran en Locatel y de peregrinar por seis hospitales y otros dos ministerios públicos.

Angélica tenía 43 años. Trabajaba como empleada en una zapatería en el centro de la CDMX. Salía a las 9 de la noche. Iba de ahí a su casa en Valle de Chalco. Tomaba el metro y una combi para llegar. La línea 12 era su transporte de todos los días laborales.

“Supimos del accidente y fue simple lógica saber que venía en el metro: por la hora, la ruta. Vimos la noticia y empezamos a marcarle. Desde que no nos respondió supimos que, en efecto, algo malo le había pasado, que sí venía ahí en el metro que se cayó, porque ya ni mensajes respondió ni nada”, cuenta Cristian, sentado afuera de la fiscalía, en una carpa que las autoridades dispusieron para que los familiares esperaran ahí a poder llevarse los cuerpos de sus fallecidos.

Su familia localizó el cadáver de Angélica alrededor de las 2 de la tarde, después de toda la noche y parte del día de buscarla. Cristian cuenta que ella era el sostén principal de su hijo menor, de 18 años, que está estudiando la preparatoria.

El esposo de Angelica tuvo un accidente de trabajo y está pensionado. Pero el mayor ingreso de la familia venía por lo que ella ganaba.

“No sabemos si va a haber algún apoyo para mi sobrino. Nos han dicho solo que se harán cargo de los gastos funerarios. Nosotros se los exigimos, de hecho, es lo menos que pueden hacer. Aunque así den todo el dinero del mundo, nunca vamos a recuperar a nuestros seres queridos: personas que venían de trabajar, no venían de otro lado, venían de ganarse el pan para su familia y, lamentablemente, ya no llegaron a casa”, dice Cristian.

A un lado de la carpa afuera de la Fiscalía también está otra familia, la de Immer del Águila Pineda, de 29 años, aunque este 23 de mayo hubiera cumplido ya los 30.  El joven trabajaba en las aduanas de acceso del aeropuerto de la CDMX. Salía de trabajar entre las 8:30 y las 9 de la noche. Solía llegar a su casa, en Mixquic, en la alcaldía de Tláhuac, a las 11 u 11: 30. Pasaba todos los días entre las 10 y las 10 y media entre las estaciones de Tezonco y Olivos.

Su familia se enteró del accidente en la Línea 12 del metro por las noticias. Empezaron a llamar a Immer, que había dejado de estar activo en WhatsApp desde las 9:48. Nadie respondía el teléfono. Pero su cuñada insistió hasta que la voz de un hombre contestó la llamada.

Les dijo que había encontrado el celular en la zona del accidente y que se fueran para allá, porque seguro su familiar estaba entre los heridos. Fueron primero al área entre Tezonco y Olivos. Después se organizaron para peinar hospitales y ministerios públicos. Entre 10 y 15 familiares se repartieron para ir al Hospital General de Tláhuac, al Belisario Domínguez, al de Iztapalapa, al Magdalena de las Salinas. Mientras otros llamaban a Locatel, sin tener ninguna información.

El hermano menor de Immer fue el que lo encontró, alrededor de las 6:30 de la mañana de este martes 4 de mayo, en la Fiscalía de Iztapalapa.

“Llévamos toda la mañana esperando que nos den el cuerpo. No sé qué documento faltaba, creo que el acta de nacimiento y ahorita estamos ya esperando que salga el acta de defunción”,  dice su tía, Elizabeth Rosas. La señora también cuenta que les han dicho que el gobierno de la CDMX se hará cargo de los gastos funerarios.

Immer se hacía cargo del sostén de su padre, de 71 años, y de su madre, de 56. “Que paguen los gastos del funeral no compensa nada. Ni el dolor ni la pérdida. Mi sobrino apenas iba a cumplir 30 años. Le faltaba toda la vida. Y esto es una irresponsabilidad de todos los gobiernos que hacen mal las cosas. Si ellos hicieran un buen trabajo esto no sucede. Cómo pueden hacer y recibir una obra así”, acusa.

Lee más: Fiscalía abre investigación por homicidio en colapso del Metro; Sheinbaum descarta despidos por ahora

La misma historia se repitió este día con la familia Islas. Alejandra Islas Matías cuenta que su tío Lorenzo Islas Cruz está entre los fallecidos por el accidente en la Línea 12 del metro. Lo encontraron en la Fiscalía de Iztapalapa alrededor de las 2 de la tarde, después del mismo peregrinar por hospitales y ministerios públicos.

El señor Lorenzo, de 60 años, venía de trabajar. Era empleado en una fábrica. Entraba a las 2 de la tarde y salía a las 10 de la noche. Tomaba el metro en la estación Atlalilco y se iba hasta Tláhuac, para después abordar una combi, que lo llevaba hasta su casa en Valle de Chalco. Solía hacer una parte del trayecto con dos compañeros, que descendían antes de Tezonco.

Los hijos de Lorenzo ya están grandes, casados y con sus familias, ya no depende de él. Pero su esposa sí. “Ella se queda desamparada y no sabemos si vayan a darles pensión o algo”, dice  Alejandra.

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