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Consuelo Pagaza
Cientos de haitianos se establecen en Tijuana y Mexicali para iniciar una nueva vida
Tras la suspensión de EU de la protección temporal a ciudadanos haitianos, miles quedaron varados en México. Ahora buscan nuevas oportunidades para establecerse en el país y comenzar una nueva vida.
Consuelo Pagaza
Por Consuelo Pagaza (fotografías y texto)
23 de abril, 2017
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Cientos de haitianos comenzaron una nueva vida en México. Los restaurantes, el ambulantaje, hoteles y la construcción son los sectores en los que buscan un empleo que les permita subsistir en las ciudades fronterizas de Tijuana y Mexicali, Baja California.

Se organizan para vivir en grupo o en parejas, ya que no es fácil que los tijuanenses y mexicalenses confíen en ellos y les renten lugares.

La crisis migratoria en Tijuana y Mexicali comenzó a finales de 2016, con la llegada de miles de haitianos a estas dos ciudades colindantes con la frontera de California, Estados Unidos. Los albergues se llenaron, por lo que cientos tuvieron que pernoctar en las calles esperando a que el gobierno de Estados Unidos reactivara el proceso de protección temporal que les otorgaba desde 2010, tras el terremoto que destruyó gran parte de la isla.

Pero esto no ocurrió. En septiembre de 2016, el gobierno de Barack Obama restringió la entrada de haitianos a EU; la llegada de Donald Trump en enero de 2017 aumentó las restricciones migratorias, por lo que muchos haitianos quedaron varados en México.

Ante la crisis, a finales de 2016 voluntarios del Comité Estratégico de Ayuda Comunitaria iniciaron junto con la comunidad Salesiana de Tijuana – que tiene a cargo un albergue para migrantes e indigentes – la recolección de ayuda para los haitianos.

Hay cerca de 3,700 migrantes en Tijuana y Mexicalli, el 80% se concentra en Tijuana, de acuerdo con Wilner Metelus, presidente del Comité Ciudadano de los Naturalizados afromexicanos, quien añade que unos 1,800 haitianos han sido deportados de EU y 4,400 están detenidos en aquel país.

El Comité se alió con los 31 albergues emergentes – de asociaciones religiosas – que operan en toda la ciudad de Tijuana para colocar a los migrantes.

Los voluntarios realizaron colectas de productos básicos, además organizaron talleres, brindaron ayuda psicológica y legal gratuita; clases de español, artes y oficios para mantener activos a los migrantes.

El Comité elaboró un directorio y mapas de localización de los albergues para facilitar la distribución de los apoyos; así como pedir a las autoridades municipales, estatales y federales ayuda para crear la infraestructura faltante.

“El trabajo de acogida por parte de los albergues fue producto de la sociedad civil, se vivió una crisis migratoria, que México no quiso reconocer, ningún gobierno se quiere ocupar de los migrantes”, dice Soraya Vázquez Pesqueira, abogada especialista en derechos humanos y vocera del Comité Estratégico de Ayuda Comunitaria.

Casas prefabricadas instaladas en el patio del albergue.

La vida legal en México

Esa fue la primera etapa de la ayuda. La segunda comenzó con el apoyo para que los haitianos dejaran los albergues y comenzaran una nueva vida.

“Los haitianos son personas muy trabajadoras, bien preparados muchos tienen nivel de maestría, yo sé que las empresas les pueden ofrecer empleo. También saben hacer artesanía”, explica Wilner Metelus.

El primer paso para una nueva vida fue su regularización migratoria. Los haitianos buscaban tramitar la solicitud de refugio porque podían estar tres años legalmente en México con la posibilidad de tramitar su residencia permanente. Pero esto lleva más tiempo – tres meses y solo hay oficinas para tramitarlo en Tapachula y en la Ciudad de México – los haitianos optaron por pedir la visa humanitaria.

Ésta tarda máximo tres semanas y les permite una estancia legal de un año y poder trabajar, ya que se les otorga un número de seguridad social para que se den de alta en el IMSS, tengan un RFC y se inscriban en el SAT.

“Lo que el gobierno ha dicho y ha motivado a los albergues a invitar a la gente a que regularice su situación legal, es que tramiten una visa humanitaria. Tenemos que desalojar los albergues porque no sabemos si viene una crisis de deportados y no vamos a tener espacio en donde meterlos entonces si tienen su visa regularizada para vivir en México tendrían posibilidad de trabajar, y buscar dónde vivir”, explica Soraya Vázquez.

Ardelio Vargas, comisionado del INM señaló que el gobierno mexicano gestiona 4,512 visas humanitarias para los migrantes haitianos en México.

La vida cotidiana en la frontera, en Tijuana

Un nuevo hogar en la frontera

Junior, médico, y su esposa, quien es enfermera,  viajaron durante siete meses por 12 países de América con la esperanza de llegar a Estados Unidos, pero ante las restricciones migratorias decidieron quedarse en México.

“Estamos buscando otro horizonte, antes pensábamos cruzar a Estados Unidos, ahora decidimos refugiarnos en México, soy médico general y quiero hacer aquí una especialidad, sacar adelante junto con mi esposa y mi bebé Ashly quien nació en Costa Rica, en el camino hacia acá”, narra Junior.

Para familias como la de Junior, el Comité impulsa colectas de enseres para casa y todo lo necesario para habilitar un hogar.

El Comité también trabaja para lograr que las autoridades realicen una campaña informativa para que los tijuanenses confíen en los haitianos y les den trabajo, les renten espacios para vivir y que los niños puedan incorporarse a la escuela.

Hasta el momento tres albergues ya están vacíos, aunque aún faltan otros donde no se ha iniciado el proceso de regularización migratoria.

Otros haitianos han preferido ser deportados a Brasil, pues algunos dejaron familia allá y ven mayores oportunidades.

Tanto en Tijuana y Mexicali los ciudadanos haitianos parecen adaptarse rápidamente. Es común verlos cocinando en hoteles o restaurantes, trabajando en la construcción y en los cruces vehiculares vendiendo dulces y agua fresca en busca de un mejor futuro para ellos y sus familias.

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Tiroteos en Nueva Zelanda: "Me gustaría poder morir como él", el sufrimiento y orgullo del hermano de una víctima que actuó como un "héroe" frente al atacante
Naeem Rashid, un paquistaní de 50 años que murió en los tiroteos en las mezquitas en Nueva Zelanda, intentó detener al atacante pero recibió un disparó y falleció junto a su hijo de 21 años. Las víctimas fatales ascienden a 50.
17 de marzo, 2019
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Mezcla de dolor y orgullo.

El hermano de un hombre pakistaní que murió durante los ataques a la mezquita del viernes en Christchurch, Nueva Zelanda, dijo este sábado a la BBC que no puede describir el dolor que siente por su muerte pero que, a la vez, tiene un gran orgullo por él.

Khursheed Alam dijo que estaba orgulloso de que su hermano Naeem Rashid, quien fue asesinado junto a su hijo, tratara de frenar al atacante mientras llevaba a cabo el tiroteo en el que este viernes murieron 50 personas en dos mezquitas de la ciudad de Christchurch.

"Me gustaría poder morir como él", dijo.

Naeem Rashid fue víctima del australiano Brenton Tarrant, de 28 años, un autodenominado supremacista blanco, que transmitió en vivo el ataque en Facebook.

Mezquita atacada en Nueva Zelanda.

AFP
Las víctimas fatales de los ataques a las mezquitas en Nueva Zelanda son ya 50.

Tarrant fue acusado de asesinato. El sábado, apareció en la corte con una camisa blanca de prisión y esposas, sonriendo a las cámaras. Se espera que se formulen más cargos contra él.

La primera ministra neozelandesa, Jacinda Ardern, dijo que Tarrant tenía una licencia para comprar armas y poseía cinco. "Nuestras leyes de armas cambiarán", adelantó.

El hombre permanece en prisión preventiva y debe declarar nuevamente ante el tribunal el 5 de abril.

El juez del caso dictaminó que la cara del sospechoso debe ser pixelada en fotografías y filmaciones para preservar su derecho a un juicio justo.

Otras dos personas permanecen bajo custodia, aunque la policía dijo este sábado que no cree que estuvieran involucradas en el suceso y sospechan que Tarrant actuó solo.

Ninguno de los detenidos tenía antecedentes penales.

La policía de Nueva Zelanda informó este sábado que el número de muertos como resultado del ataque aumentó a 50 y que otras tantas personas resultaron heridas, dos de las cuales se encuentran en estado crítico.

Brenton Tarrant, esposado y con la imagen pixelada.

Reuters
Brenton Tarrant, de 28 años, declaró el sábado ante un tribunal y fue acusado formalmente de asesinato.

"Héroe"

Naeem Rashid, de 50 años, y su hijo Talha de 21 vivían en Nueva Zelanda desde 2010.

Rashid fue calificado como un héroe en las redes sociales después de haber sido visto en un video de los atentados, aparentemente tratando de frenar al atacante en la mezquita de Al Noor antes de recibir un disparo.

Su hermano, que vive en la ciudad de Abbottabad, en el norte de Pakistán, le dijo a la BBC que estaba orgulloso de sus acciones.

"Era una persona valiente", dijo Alam. "Hubo algunos testigos que dijeron que salvó algunas vidas al tratar de detener a esa persona".

Agregó que a pesar de que algunas personas consideran a su hermano como un héroe, lo que ocurrió es para ellos "un shock".

Él "es nuestro orgullo, pero aún así, la pérdida es como que te corten una extremidad".

Una mujer reza ante las flores dejadas como homenaje a las víctimas de la mezquita.

AFP
El atacante disparó a hombres, mujeres y niños que estaban dentro de la mezquita durante unos cinco minutos.

Alam dijo que estaba enojado.

"Los terroristas no tienen una religión", dijo. A esta gente "loca" hay que detenerla, añadió.

En la otra mezquita atacada, en Linwood, ocurrió una intervención similar.

Abdul Aziz dice que corrió hacia el atacante fuera de la mezquita.

Luego siguió una persecución en la que el atacante dejó caer una de sus armas y fue a buscar más a su automóvil, cuando Aziz lanzó un objeto hacia él y rompió la ventana del auto.

En ese momento, el atacante huyó aunque fue arrestado momentos después.

Las autoridades en Nueva Zelanda ahora llevan a cabo la difícil tarea de identificar a las víctimas mortales.

Muchas familias que aún no se contactaron con sus seres queridos sufren la terrible espera de noticias.

Omar Nabi sostiene un teléfono con una foto de su padre Daoud, que murió en el ataque.

Reuters
Omar Nabi sostiene un teléfono con una foto de su padre Daoud, que murió en el ataque.

Algunas de las víctimas son:

  • Sayyad Milne, de 14 años, que quería ser futbolista cuando fuese mayor.
  • Daoud Nabi, de 71 años, quien se dice que se lanzó frente a otras personas en la mezquita para protegerlos.
  • Khaled Mustafa, un refugiado de la guerra en Siria.
  • Hosne Ara, de 42 años, murió mientras buscaba a su esposo que usa una silla de ruedas. Él sobrevivió.

Cómo fueron los hechos

Mapa

BBC

El primer reporte de un ataque vino de la mezquita de Al Noor en el centro de Christchurch durante las oraciones del viernes a las 13:40 hora local (00:40 GMT).

Un hombre armado estacionó cerca de la mezquita y comenzó a disparar mientras entraba por la entrada principal.

Disparó durante unos cinco minutos a los hombres, mujeres y niños que estaban en el interior.

El atacante transmitió en vivo el atentado desde una cámara colocada en su cabeza y se identificó a sí mismo en las imágenes.

Según se informó, el hombre condujo después unos 5 km hasta otra mezquita en el barrio de Linwood, donde ocurrió el segundo tiroteo.

Mapa

BBC

La primera ministra Ardern dijo que las armas utilizadas por el atacante parecían haber sido modificadas, y que su auto estaba lleno de armas sugiriendo "su intención de continuar con su ataque".

El hombre obtuvo una licencia de armas en noviembre de 2017, lo que le permitió comprar las armas utilizadas en el ataque.

El fiscal general de Nueva Zelanda, David Parker, dijo que el gobierno buscaría prohibir las armas semiautomáticas, pero que aún no se había tomado una decisión definitiva.

En el pasado, otros intentos de reforzar las leyes sobre armas de fuego en un país con un fuerte lobby de armas y una cultura de caza fracasaron.

El sospechoso no había estado en el radar de los servicios de seguridad de Nueva Zelanda o Australia.


Homenaje con velas a las víctimas.

Getty Images
El atacante, quien declaró abiertamente su apoyo a la supremacía blanca, no había sido investigado por las autoridades.

Rechazo al odio

Análisis del periodista de la BBC en Christchurch, Rupert Wingfield-Hayes

Durante todo el sábado, la población de Christchurch mostró su rechazo al odio que inspiró los terribles ataques del viernes.

En un momento, un grupo de jóvenes comenzó a cantar una canción tradicional maorí con la cabeza gacha y los ojos cerrados.

La alcaldesa de Christchurch, Lianne Dalziel, dijo que el asesino llegó a la ciudad con odio en su corazón para realizar un acto de terrorismo. Y dijo que él no representaba nada sobre la ciudad.

Sin embargo, hay muchas preguntas abiertas para las autoridades. El principal sospechoso ahora bajo custodia, Brenton Tarrant, no ocultó su apoyo a la supremacía blanca.

Según se informó, había estado planeando los ataques durante meses. Y, sin embargo, no estaba en ninguna lista de vigilancia policial.

No tuvo ningún problema para obtener una licencia de armas, ni para comprar una colección de armas de alta potencia.


Mensaje del sospechoso

Un helecho plateado proyectado en la Ópera de Sydney en conmemoración de las víctimas.

Getty Images
El atacante planeó el atentado durante meses.

Antes de los ataques, en las cuentas de las redes sociales bajo el nombre de Brenton Tarrant se publicó un extenso documento racista en el que el autor identificó las mezquitas que luego fueron atacadas.

El texto se llama The Great Replacement (El Gran Reemplazo o "teoría del reemplazo"), una frase que se originó en Francia y que se ha convertido en un grito de guerra para los extremistas europeos contra la inmigración.

El hombre dijo que había comenzado a planear un ataque después de visitar Europa en 2017 y que estaba enojado por la situación en dicho continente.

El sospechoso envió el documento a 70 personas, incluido un e-mail genérico de la primera ministra Ardern, menos de 10 minutos antes del ataque, informó el diario New Zealand Herald.

Los musulmanes representan aproximadamente el 1,1% de la población de Nueva Zelanda de 4,25 millones, según las últimas cifras del censo.

Los números aumentaron considerablemente desde la década de 1990, cuando el país acogió a refugiados de varios países devastados por la guerra.


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