Jóvenes teatreros usan la risa para hablar a adolescentes de la desaparición forzada
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Arte de Arte

Jóvenes teatreros usan la risa para hablar a adolescentes de la desaparición forzada

Umbra es una obra basada en el formato de teatro-documental que muestra datos duros sobre la problemática de la desaparición forzada en México.
Arte de Arte
Por Paris Martínez
7 de abril, 2017
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En México existen al menos 29 mil 912 personas desaparecidas, según los registros oficiales, de las cuales, 9 mil 588 tenía entre 12 y 24 años de edad cuando su rastro se desvaneció, lo que equivale a 32% de las víctimas. Se trata, pues, de un problema que afecta particularmente a adolescentes y jóvenes.
Paradójicamente, señala Gabriela Román, “teatrera” morelense y becaria del Fondo Nacional Para la Cultura y las Artes, es poca la conciencia que existe entre la juventud sobre esta problemática, “la conciencia de que es algo que les afecta directamente, y de que, si no son ello, hay otra gente sufriéndola en este momento” y, dada su complejidad, añade, abordar el tema en ámbitos juveniles resulta también difícil.
Así surgió “Umbra”, montaje escénico que se presenta todos los sábados y domingos de abril en el teatro El Granero (del Centro Cultural del Bosque, en Chapultepec), que sin solemnidad alguna, “y a veces incluso de forma divertida”, hace un repaso histórico por este recurso añejo de regímenes represivos y grupos violentos, practicado de forma sistemática en todo el mundo al menos desde la Segunda Guerra Mundial.
“Lo que pretendemos –señala Gabriela, autora, directora y parte del elenco–, es abordar este tema desde un ángulo que no sea solemne, porque cuando un montaje es demasiado denso o melodramático, se forma una barrera de protección en el público. Entonces, lo que pretendemos es entrarle al tema de la desaparición forzada por otro lado: desde el humor.”
No se trata, aclara, “de una obra cómica, sino que presentamos una exposición de la problemática, de forma amena, dinámica, buscando un tránsito de emociones, que en un momento te puede hacer reír y más adelante, quizá, llorar.
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Animaciones, video en tiempo real, baile, karaoke, concursos (y premios) son los recursos narrativos con los que en escena, Gabriela, Tania Mayrén y y Delfino Vergara llevan a adolescentes y jóvenes, y adultos también, por un recorrido a las entrañas de la desaparición forzada, las dictaduras en América Latina, regímenes autoritarios de Europa y África; y luego una narración futbolera va, gol a gol, penal a penal, golpe por golpe, repasando la guerra sucia mexicana de los años 60, 70 y 80, y luego por la guerra contra el narco, a partir de historias y testimonios verdaderos.
Esta es la segunda vez que Umbra, escrita en 2015, es montada, explica Gabriela, y “la recepción del público ha sido muy interesante: los chavos nos comentan que les gusta mucho que no sea como una típica clase de historia, rígida, sino que incluso los hace reír. Y ha habido chicos y chicas verdaderamente conmovidos, algunos porque no sabían de este problema, y otros porque no tenían idea de su magnitud”.
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Umbra es, detalla, un montaje basado en el formato de teatro-documental, cargado de datos concretos sobre la problemática de la desaparición forzada en México, Latinoamérica y otras partes del mundo, pero que busca, sobre todo, “conmemorar a las personas que están desaparecidas, recordarlas, bajo el concepto básico de la palabra, que es pasar por el corazón, entonces, lo más importante para nosotros es que estas historias puedan pasar por el corazón de la gente que acude al teatro, de una forma lúdica. Nuestro objetivo es que no se olvide”.
–¿Por qué decidieron usar este formato, el “teatro-documental”?
–Este formato ha sido usado en muchos países, en momentos en los que han sufrido golpes de estado, represión, dictaduras –explica Gabriela–, en esos momentos, los teatreros han tratado de abordar la escena, desde la realidad misma, es decir, ya no con ficciones, sino con historias reales.   Y para mí, como autora, me parecía que no había una ficción que pudiera dar cabida a la enormidad del problema, que es muy serio, y muy doloroso.
Además, añade, “afuera del teatro hay tanta ficción, tanta teatralidad, en los gobernantes y en la sociedad, que me era necesario tomar datos reales para abordar estos temas”, y era también importante, subraya, “que quienes participaran en el montaje fueran teatreros no sólo con un compromiso estético, sino que tuvieran la inquietud, el compromiso personal, de abordar esta situación”.
–Además del teatro El Granero, ¿Umbra se presentará en espacios juveniles?
–Estamos tratando de construir canales con comunidades escolares –explica Gabriela–, y evidentemente quisiéramos tener otra temporada, quisiéramos llevarla a más público, llevarla a festivales, y ojalá presentarla en otros países de América Latina, con los que compartimos esta realidad tan dolorosa.
Umbra se presenta sábados y domingos de abril en el teatro El Granero, en Chapultepec, a un costado del Auditorio Nacional, a las 12:30 horas y, si estás interesado en entrar en contacto con este grupo de teatreros, puedes encontrarlos en @teatroAriles.
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Por qué en México están apareciendo “antimonumentos” (y cómo reflejan los episodios más oscuros de su historia reciente)

Instalados por movimientos sociales en las calles de la capital mexicana, los "antimonumentos" intentan que las víctimas de casos de violencia emblemáticos y a la espera de justicia no se olviden.
8 de diciembre, 2020
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En México, un país donde nueve de cada diez delitos denunciados quedan impunes, los familiares de las víctimas luchan por conseguir que sus casos no caigan en el olvido.

Con ese objetivo afloraron en los últimos años en el país los llamados “antimonumentos”, unos memoriales que simbolizan historias muy distintas pero que comparten una finalidad: el recordar que sus casos continúan a la espera de justicia.

Todos fueron colocados en espacios de la vía pública por ciudadanos y movimientos sociales al margen de las autoridades, ya que precisamente lo que persiguen es “denunciar la inacción o poca empatía del Estado”, le dice a BBC Mundo el doctor en Antropología Alfonso Díaz Tovar.

Autor de la investigación “Antimonumentos. Espacio público, memoria y duelo social en México”, el experto destaca cómo los monumentos “tradicionales” son instalados por el Estado para que perduren en el tiempo y representen “discursos oficiales y verdades históricas”.

“Pero los antimonumentos surgen para deconstruir esas posturas oficiales mediante una apropiación del espacio público, digamos ‘caótica’, y que sí tienen una temporalidad”, apunta.

Así, según Díaz Tovar, mientras los monumentos representan ideas generales sobre la historia de una nación, los antimonumentos simbolizan historias que aún no han terminado, que actúan como una memoria que no está cerrada sobre algo pendiente y que no ha podido acceder a la justicia.

Varios de estos conjuntos están distribuidos por buena parte de México, como la imponente cruz de clavos en Chihuahua (y su réplica en Ciudad Juárez) que fue uno de los primeros que se instaló para representar a cada una de las mujeres asesinadas o desaparecidas desde los años 90.

Sin embargo, probablemente son los antimonumentos de la capital del país los que logran mayor atención, al haberse levantado en puntos emblemáticos y muy transitados de una de las ciudades más pobladas del mundo.

Esta es la historia -y la reivindicación- de los siete antimonumentos de Ciudad de México.

1. Los 43 de Ayotzinapa

Antimonumento de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa.

Marcos González

El primer antimonumento fue levantado en 2015 en memoria de uno de los casos de desaparición forzada más escandalosos y reconocidos internacionalmente en la historia reciente de México.

Un año antes, 43 jóvenes estudiantes de una escuela de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, desaparecieron en el municipio de Iguala.

Seis años después, el caso sigue sin resolver y está considerado como uno de los mayores episodios de violaciones de derechos humanos en el país.

El Paseo de la Reforma, una de las arterias principales de la capital mexicana, se convirtió en escenario de habituales protestas por este caso y fue el lugar donde sus padres inauguraron un gran “+ 43” en rojo, en alusión a las otras miles de personas desaparecidas en México.

“Porque vivos se los llevaron, vivos los queremos”, se lee en la base del antimonumento.

2. La desaparición de David y Miguel

Antimonumento a la desaparición de Miguel y David

Marcos González

A pocos metros, se encuentra otro antimonumento que recuerda precisamente otro caso de desaparición que tampoco fue resuelto.

Se trata de David Ramírez y Miguel Rivera, dos jóvenes secuestrados en 2012 cerca de Ciudad Altamirano cuando se dirigían al estado de Guerrero para festejar el 20º cumpleaños de uno de ellos.

Los captores se comunicaron con la familia, que llegó a pagar un rescate. Las autoridades iniciaron una investigación pero, en todo este tiempo, ni los jóvenes fueron liberados ni se logró detener a los responsables.

Sus familiares, sin embargo, denunciaron en numerosas ocasiones “inacción” por parte de la policía, y aseguraron que fueron ellos mismos quienes investigaron el paradero de sus hijos rastreando por ejemplo la señal de sus teléfonos, que los secuestradores siguieron utilizando.

La instalación representa una forma de letra T azul que simula dos siluetas dividas a la mitad y los transeúntes son llamados a colocar un candado en su base como muestra de apoyo.

3. Incendio de la guardería ABC

Antimonumento a los 49 niños muertos en el incendio de la guardería ABC.

Marcos González

En el mismo Paseo de la Reforma, un “ABC” de colores recuerda a los 49 niños que murieron en 2009 en el incendio de la guardería que llevaba este nombre en Hermosillo, estado de Sonora. Más de un centenar resultaron heridos.

El fuego se originó en los archivos de un edificio del gobierno estatal contiguo a la guardería mientras los pequeños dormían la siesta. Parte del personal se encontraba en la hora de la comida, y otros ya habían concluido su turno.

Las labores de evacuación fueron caóticas y se prolongaron durante 30 minutos. Vecinos de la zona abrieron boquetes en las paredes incluso con vehículos ante la falta de salidas de emergencia y extintores suficientes.

Cerca de 20 personas, entre funcionarios y encargados del cuidado de los niños, fueron condenadas a prisión. Pero cuando el año pasado se cumplió una década de la tragedia, ninguna había ingresado en la cárcel mientras se resuelven sus recursos de amparo.

Los familiares denuncian que no se ha hecho justicia y por eso colocaron el antimonumento frente a las oficinas del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), a través del cual la guardería prestaba sus servicios de manera subrogada.

4. La explosión en la mina de Pasta de Conchos

Antimonumento a los 65 mineros muertos en Pasta de Conchos.

Marcos González

Un gran “+ 65” pide justicia para los 65 trabajadores que fallecieron en 2006 atrapados por una explosión en la mina de carbón de Pasta de Conchos, en Coahuila.

Un año después, la compañía a cargo de la explotación de la mina suspendió las tareas de rescate tras haber recuperado solo dos cuerpos. Argumentó que se ponía en riesgo la vida de los equipos de emergencia.

Varias familias denunciaron que, de ser rescatados los cadáveres, podría evidenciarse que las condiciones de trabajo en la mina no eran adecuadas para garantizar la seguridad de los mineros, como concluyó después la Comisión Nacional de Derechos Humanos.

El pasado octubre, el presidente Andrés Manuel López Obrador anunció que en 2021 se reanudará el rescate de los cuerpos atrapados. También confirmó que este año los familiares de los fallecidos recibirían sendas indemnizaciones.

Su antimonumento se encuentra desde 2018 en Reforma, frente a la Bolsa Mexicana de Valores. Un año después, los familiares colocaron junto a él decenas de cascos como símbolo de los mineros que quedaban por rescatar.

5. La masacre de Tlatelolco

Antimonumento a la masacre de Tlatelolco.

Marcos González

El simbólico Zócalo de Ciudad de México fue el lugar elegido para inaugurar un antimonumento cuando se cumplieron 50 años de la masacre estudiantil del 2 de octubre de 1968.

Aquel día, miles de personas se reunieron en la plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, Ciudad de México, convocadas por un movimiento de estudiantes cada vez más activo que protestaba contra el gobierno y la violencia de la policía.

Pero ese 2 de octubre la actuación fue aún más desmedida. Cientos de soldados y miembros de grupos paramilitares iniciaron una balacera contra la multitud que participaba en un mitin pacífico. No hay un balance oficial de víctimas, aunque se estima que mataron a cientos de personas.

No fue hasta 2006 que el expresidente Luis Echeverría -quien era secretario de Gobernación en 1968 en el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz- quedó en arresto domiciliario acusado de genocidio, aunque fue exonerado tres años después. Ningún funcionario fue declarado nunca culpable.

La emblemática frase “2 de octubre no se olvida” y otra que reza “Fue el Ejército, fue el Estado” pueden leerse en el antimonumento dedicado a una masacre que dio un vuelco a la vida política y social de México para siempre.

6. “Antimonumenta” contra los feminicidios

Antimonumento a los feminicidios

Marcos González

Un antimonumento para denunciar la violencia contra las mujeres parece inevitable en México, un país donde diez mujeres son asesinadas cada día.

El conocido como “Antimonumenta” fue inaugurado en el marco del Día Internacional de la Mujer del año pasado frente al Palacio de Bellas Artes.

Convertido en punto central de muchas de las marchas de mujeres organizadas en los últimos meses en la capital mexicana, junto a él suelen verse veladoras, flores, cruces rosas, fotografías de decenas de mujeres asesinadas o desaparecidas en el país y mensajes exigiendo justicia.

“Ni una más. No más feminicidios”, se lee en este antimonumento que fue saboteado durante una marcha de opositores al aborto el pasado año.

7. Masacre de migrantes de San Fernando

Antimonumento de la masacre de 72 migrantes en Tamaulipas.

AFP

El último en sumarse a la lista de antimonumentos de Ciudad de México fue un “+72” instalado el pasado agosto en Reforma, frente a la Embajada de Estados Unidos, para reclamar justicia por la masacre ocurrida en San Fernando diez años antes.

En agosto de 2010, 72 personas migrantes -la mayoría de origen centroamericano- fueron brutalmente asesinadas en esta localidad del estado de Tamaulipas, en la frontera norte de México.

El grupo fue secuestrado mientras viajaba en autobús por el cartel de Los Zetas, que los acribilló después de negarse a pagar el dinero que les exigían por dejarlos libres.

Los captores los vendaron, los obligaron a apoyarse contra un muro y luego los balearon. Solo dos personas lograron escapar. Ninguna persona llegó a ser condenada por este espeluznante hecho.

Con el mensaje “migrar es un derecho humano”, el antimonumento fue colocado como homenaje a las víctimas de esta masacre y a todos los migrantes muertos o desaparecidos en el peligroso viaje que emprenden cada año hacia territorio estadounidense.


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