La danza folclórica mexicana echa raíces en Alemania
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La danza folclórica mexicana echa raíces en Alemania

El grupo de folclor Sol Mexicano muestra elementos de la cultura mexicana en Alemania, con alegría y entusiasmo en su danza. 
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Por Nancy Bravo / DW
2 de abril, 2017
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La búsqueda de las raíces y el sentirse como en casa es lo que motiva a las integrantes del grupo de folclor Sol Mexicano a reunirse semanalmente en Hamburgo para ensayar y poder representar a su país en eventos.

”El hecho de estar lejos del suelo que te vio nacer genera una averiguación de la identidad”, dice Coral Espinoza Rommyngth. Según la directora artística del grupo Sol Mexicano, “la música mexicana te llama, te llama todo lo que tenga que ver con tu cultura, y la música y el baile son una expresión de tu cultura mexicana. Cuando estuve fuera de mi país, aprendí a apreciar esa raíz, de pronto me sentí como una comunicadora, es como decir ‘miren, esto es México’.”

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Por su parte, Sabine Hain Lozano, una de las pioneras y ahora coordinadora del grupo, creció en Alemania como hija de una pareja bicultural. En entrevista con DW, comenta al respecto: “Entré al grupo por querer conocer más de mi cultura mexicana, yo crecí aquí y quería ser alemana. Cuando eres niño, quieres ser igual que los demás, yo no quería ser diferente. Hasta que tuve 23 años me empezó a interesar México.”

Conectar con las raíces mexicanas

Integrantes del grupo de danza folclórica Sol Mexicano.Coral Espinoza (izq.), directora artística de Sol Mexicano, y Sabine Hain Lozano, coordinadora del grupo.

Desde su fundación en 2001 por Jimena Kreusler, Sol Mexicano ha visto ir y venir a muchas integrantes en su historia. De hecho la iniciadora del grupo ahora radica en la Ciudad de México, como algunas otras de las bailarinas que han regresado a su lugar de origen. Lo peculiar de esta agrupación es que el lazo de unión, el cariño y el contacto entre ellas permanece pese a la distancia.

Actualmente cerca de 15 personas integran el grupo, el perfil es más o menos homogéneo: ya sean mexicanas becadas para estudiar un posgrado o bien mujeres que están casadas con alemanes, todas ellas trabajan o estudian. Algunas ya se han convertido en madres. Sus edades fluctúan entre los 27 y 42 años.

A pesar de las múltiples ocupaciones -profesionistas en destacadas empresas alemanas, madres de familia, investigadoras becadas, esposas o estudiantes de maestrías y doctorados-, estas mujeres siempre se buscan un espacio para conectar con sus raíces mexicanas en el norte de Alemania. Por ello, se reúnen de las 18:00 a las 20:00 horas en la Casa de Cultura de Eppendorf, en Hamburgo.

Integrantes del grupo de danza folclórica Sol Mexicano.Trajes típicos del estado de Chiapas, en el sur de México.

“Expresarme en mi idioma”

“Es un grupo con el que te identificas. En mis primeros años, cuando venía a bailar, una de las razones por las que me presentaba a ensayar sin falta era para ver a las demás integrantes y expresarme en mi idioma y en mi cultura, llegar, relajarme, porque aquí no estoy aprendiendo una cultura nueva, sino que es la mía. Es comunicarse libremente, esa es una diferencia cuando te estás confrontando con otra cultura”, cuenta Coral Espinoza.

Sabine Hain Lozano se queda pensando y comenta: “A mí una vez Lu, una exintegrante, me dijo que el grupo era para ella como una familia.”

Integrantes del grupo de danza folclórica Sol Mexicano.Diversidad cultural mexicana representada en trajes típicos.

Además de que el grupo es una isla para respirar aires mexicanos en un mundo alemán, las chicas de Sol Mexicano se ven como embajadoras culturales: “Queremos enseñarles a los alemanes nuestra cultura, acercarlos, que vean que somos muy alegres, que nos  gusta bailar y sonreír”, dice Sabine Hain.

Coral Espinoza agrega que también se trata de “enseñarle a las nuevas del grupo los pasos y las coreografías, prepararnos para la siguiente presentación, armar el repertorio, pero siempre pensando que lo importante es hacerlo con gusto. Es un orgullo para nosotras presentarnos y comunicar que esta es una parte positiva de México, más allá de las noticias malas.”

Autora: Nancy Bravo (VT)

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¿Cómo pude dejar que a mis hijos les sucediera esto?: la madre hondureña que perdió a 2 hijos y a su nuera en tráiler de Texas

Karen Caballero espera que los cuerpos de sus hijos, Alejandro Andino Caballero y Fernando Redondo Caballero, y de su nuera, Margie Paz Grajera, sean repatriados a Honduras.
1 de julio, 2022
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A Karen Caballero la asaltó una “pesadez inexplicable en el pecho” la noche del sábado 25 de junio de 2022. Los muchachos ya no se comunicaban.

Dos días después, alrededor de las 8:00 de la noche, recibió una alerta noticiosa del canal honduñero HCH en su celular. Decenas de migrantes habían muerto de calor dentro de un camión que fue localizado cerca de la ciudad de San Antonio, en el estado de Texas.

Karen buscó en Google y Facebook los teléfonos de los consulados hondureños en Estados Unidos, de hospitales y comisarías, para averiguar si sus dos hijos y su nuera figuraban en la lista de víctimas.

Eran las 2:00 de la mañana y nadie respondía.

Margie Paz Grajera (24), Alejandro Andino Caballero (23) y Fernando Andino Caballero (18) son tres de los 53 migrantes que fallecieron dentro de un tráiler que trasladaba a 62 personas provenientes de México, Guatemala, El Salvador y Honduras.

Murieron tras permanecer encerrados dentro de un tráiler a 40 grados centígrados sin ventilación.

“¿Cómo siendo yo una madre tan sobreprotectora, pude dejar que a mis hijos les sucediera lo que les sucedió?, se preguntó Karen en conversación con la BBC. “Si mis hijos no regresaban a las 10:00 de la noche, yo era capaz de salir caminando a buscarlos hasta que me los traía a la casa”.

Karen habla con calma y aplomo, aunque reconoce que no ha tenido tiempo de llorar, desbordada por las llamadas de tantos familiares, amigos y periodistas.

“Cualquiera piensa: ‘A esta mujer no le duele, esta mujer no sufre’. Pero la verdad es que tengo que mantenerme fuerte porque tengo que resolver esto. Como mamá, todavía tengo que traer a mis niños a casa”.

Anillos de papel

Karen recuerda que Alejandro y Margie se hicieron novios cuando estudiaban juntos en un colegio adventista en Las Vegas de Santa Bárbara, un pueblo ubicado a 200 kilómetros de la capital hondureña de Tegucigalpa.

“El primer año de novios se casaron en el árbol de las bodas del colegio, con anillos de papel. Tenían 17 y 18 años”, cuenta Karen.

Margie ingresó en la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Honduras, y Alejandro se inscribió en Mercadotecnia en la Universidad de San Pedro Sula.

Cada día recorrían más de 100 kilómetros hasta San Pedro Sula, un par de horas en autobús que debían tomar durante la madrugada para llegar a tiempo a la primera clase.

“Me iba con Alejandro cuando le tocaba irse en la madrugada para San Pedro. Él me decía: ‘Mamá, me da pena. Yo soy un hombre’. Y yo le respondía: ‘No te tiene que dar pena. Yo soy tu mamá'”.

Un trabajo mejor

Margie y Alejandro terminaron la carrera y se quedaron en San Pedro Sula. Seguramente habría más posibilidades de conseguir buenos empleos que en el pueblo. La mejor oportunidad que encontraron fue trabajar como operadores en un call center.

Karen celebró cuando Margie y Alejandro compraron su primer refrigerador. Cada electrodoméstico, cada mueble, reforzaba la convicción de que habían tomado la decisión correcta al estudiar en la universidad y dedicarse a construir una carrera profesional.

Con el paso del tiempo, los sueldos de la pareja se volvieron tan precarios que Karen y su madre, la abuela de Alejandro, replantearon el presupuesto familiar para ayudarlos con víveres y dinero para cubrir la renta cada mes.

La abuela de Alejandro tenía un restaurante de comida buffet en Las Vegas de Santa Bárbara, donde Karen aprendió a manejar el negocio. Luego montó su propio restaurante, pero quebró durante la pandemia por el coronavirus.

Emigrar a Estados Unidos

La situación económica familiar se estrechó después de la pandemia. Karen debía ayudar a su hija Daniela y a su bebé de siete meses. Fernando, el menor de los tres, decidió abandonar la escuela durante el confinamiento.

A diferencia de sus hermanos mayores, Fernando no quería ir a la universidad. Soñaba con jugar fútbol como Lio Messi. Aunque no se aplicaba en los estudios, Karen admiraba su ambición, un impulso más afín a la mentalidad comerciante de la abuela que a la vocación académica de Alejandro y Margie.

Imagínese mami, si aquí no hay trabajo para los que estudian, ¿qué me va a quedar a mí que no estudié?”, preguntó Fernando a Karen cuando le contó su intención de emigrar a Estados Unidos.

Aunque sus hijos eran adultos y tomaban sus propias decisiones, Karen sabía que podía persuadir a Fernando para que se quedara en Las Vegas de Santa Bárbara y ayudara en el restaurante de la abuela. Todos habían trabajado alguna vez en la cocina o en la caja registradora del negocio.

Sin embargo, Karen estaba de acuerdo con su hijo. Un mundo de posibilidades se abriría una vez que cruzara la frontera entre México y Estados Unidos.

Karen Caballero.

Getty Images
Karen Caballero espera la repatriación de los cuerpos de sus hijos y su nuera.

La despedida

La propuesta inicial era que Fernando viajara solo. Pero Alejandro y Margie se animaron a acompañarlo.

Alejandro era lo más parecido a un padre para su hermano menor, cuenta Karen a la BBC. Su ecuanimidad y temple lo convirtieron en la persona a quienes todos en la familia acudían cuando había un problema por resolver.

La opción de viajar a Estados Unidos por avión fue descartada desde el principio. Ninguno tenía visa ni dinero suficiente para comprar los boletos. Hicieron una colecta familiar y buscaron a las personas que los ayudarían a llegar a Estados Unidos.

En entrevista telefónica con la BBC, Karen se negó a revelar detalles sobre los arreglos del viaje: cuánto había costado, cómo lo planificaron o cuál era la ruta.

Karen, sus hijos y su nuera tomaron un taxi hasta Guatemala para despedirse antes de que siguieran el trayecto hacia México. Recorrieron la ciudad de Antigua, y quedaron maravillados por la vestimenta de los pueblos indígenas. Se conmovieron al ver cómo las mujeres cargaban a los niños a sus espaldas.

Margie, Alejandro y Fernando siguieron el camino a través de México. Durante 20 días se comunicaron con Karen a través de Whatsapp para ponerla al tanto de las novedades del viaje.

Karen todavía no sabe cuándo serán repatriados los cuerpos a Honduras.

Mientras conversaba con la BBC, recibió una llamada: “Es de la Casa Presidencial de aquí. Yo le devuelvo la llamada”.


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https://www.youtube.com/watch?v=Iw8YMJx_rSM

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