Los narradores de la ciudad, las voces que rescatan la historia y tradiciones de la CDMX
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Cuartoscuro

Los narradores de la ciudad, las voces que rescatan la historia y tradiciones de la CDMX

Crear nuevos narradores es necesario para renovar el antiguo arte milenario de contar cuentos y así rescatar historias y tradiciones de la capital.
Cuartoscuro
Por María Fernanda Muñoz
14 de abril, 2017
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La narración oral es un arte y un oficio que ayuda a la conservación de las tradiciones y la historia que fortalecían la identidad de los pueblos.

Debido a su importancia el Foro Internacional de Narración Oral organizó la serie de talleres “Los barrios toman la palabra”, su intención es crear cronistas que a partir de sus relatos logren recuperar la historial oral de sus barrios. Y efectivamente uno de los logros fue recomponer vivencias viejas de los habitantes y así reconstruir sus vidas”, señaló Armando Trejo, director del FINO.

“Es un taller de narración oral que comenzó a finales del 2015 y se centra en renovar el antiguo arte milenario de contar cuentos. Las personas que lo toman encuentran una manera de recuperar los elementos y las formas para contar una historia a través de la palabra, la voz y el gesto”, añade.

Armando Trejo ha dedicado 29 años a rescatar la narrativa oral como el arte que es y ha logrado devolverle la categoría de disciplina artística en México.

La esencia de la narrativa oral recae en la invención, reinvención e improvisación. A partir de eso un gran narrador logra crear un vínculo con sus espectadores y convertirlos en interlocutores. La improvisación, a diferencia del teatro, en la narrativa oral sólo se puede con algo que dominas. Un buen narrador nunca cuenta una historia con la que no conecta o en la que no cree, explica Armando.

En el taller participaron personas desde los 14 hasta los 55, madres e hijos y aunque no era la intención se impartió un taller de narrativa oral exclusivamente para niños debido a la gran afluencia de estos en la edición de Peralvillo.

Los narradores

Martha Falcón y Erandi García

Martha tiene una tiendita en la calle Sol de la Guerrero. Se ha dedicado a ese negocio y al de comida, alguna vez le vendió quesadillas a Carlos Monsiváis. Cuando llegó al taller no se imaginaba que terminaría volviéndose una de las narradoras más destacadas del grupo.

“La plática se volvió algo diferente porque descubrimos lo que podíamos contar, algo que no sabíamos de nosotros mismos. Con mucho miedo empezamos a contar lo que teníamos guardado. En el taller encontramos que los de las tres colonias tenemos mucho en común. Yo creo que vamos a seguir contando por lo que nos reste de vida porque además de que nos gusta es una forma de rescatar la niñez que tuvimos” cuenta Martha.

Además de anécdotas de su barrio, cuenta la historia de su llegada a la Ciudad de México y cómo la fue descubriendo a partir del cómic de la Familia Burrón.

“Nunca me había escuchado hablar y a la vez con el taller descubrí que puedo hacerlo con un montón de gente y ahora platico con todos. Me enteró de cosas de la colonia, tengo vecinas que me han contado que en Tlatelolco había ranas y que antes la vendimia del mercado era en las calles. He tenido acceso a esas historias y ahora las quiero contar, compartir la importancia que tiene hablar. “

Después de tomar el taller se dio cuenta que existen lugares donde contar historias y donde conectar con el arte, lo único que falta es difusión. En la Guerrero se juntan los miércoles pero Martha ahora cuenta y escucha historias para contarlas después en su tiendita.

Para su hija Erandi García, su madre siempre ha sido una gran narradora, siempre ha pensado que cuenta “bien sabrosas” las historias. Cuando Erandi fue a la presentación de su mamá y la escuchó desenvolverse en público, en un escenario, le llamó tanto la atención que se metió al siguiente taller y cambió su vida.

El taller no sólo la unió con su mamá, también le ayudó a vencer el miedo de hablar en público. “Cuando me tocaba hablar mis piernas temblaban, mis manos se enfriaban y se me iba la voz. El taller logró transformar mi mayor miedo en una pasión”. Erandí narra la historia de las mujeres que después del terremoto del 85 reconstruyeron sus hogares.

“Cuento la historia de 30 años de mi vida en 4 minutos. De cómo vi cambiar a las mujeres de amas de casa un poco tristes que siempre han dado su vida por los demás, por sus hijos, sus esposos, sus casas a tener que dar un paso al frente y perder la comodidad pero a la vez descubrirse. Descubrir su voz, su fuerza y el valor de trabajo en comunidad que fue lo que nos hizo fuertes después del terremoto del 85”, relata Erandi.

Julio Tibón y Antonia Lozano

Tanto Julio como Antonia están comprometidos con el arte en sus barrios. Trabajan en conjunto para que las manifestaciones artísticas de Tepito se conozcan, se compartan y permanezcan a pesar de la falta de recursos económicos y apoyos a su cultura. Antonia además de ser la encargada de educación de los talleres en la galería José María Velasco del INBA colabora con la galería El Umbral que ha estado a cargo de Julio y del colectivo Los Olvidados de Tepito. Ambos son artistas y ahora narradores.

Julio comenzó a hacer teatro en 1986 con compañeros de la vocacional. Cuando salieron de la escuela no soltaron el arte y formaron el colectivo Los Olvidados de Tepito. Con el tiempo lograron poner una galería independiente y con sus recursos impulsar a nuevos artistas de la Ciudad de México. El Umbral es un espacio abierto a todo tipo de arte y fue ahí donde se llevó a cabo el taller de narrativa oral de la Peralvillo donde Armando formó a su primera generación de niños narradores.

“El encuentro con Armando me enseñó algo muy importante, yo leo, he hecho películas, obras de teatro, pero Armando me enseñó algo que no tenía, mirar al público. Me costó mucho trabajo sacar mi historia porque uno de los requisitos era entablar una relación con el público. Ahora que le narró a los niños de la primaria ya no les leo las historias, los veo, conozco sus nombres, interactúo con ellos. Ese fue mi gran hallazgo del taller”, cuenta Julio.

Marlón Arellano y Maria del Carmen Mendoza

María del Carmen entró al taller por su hijo. Estaba por tomar uno sobre violencia contra la mujer pero optó por el de narrativa oral ya que su hijo ha estado involucrado en la oratoria desde que en quinto de primaria una de sus maestras descubrió el talento de Marlón quien con tan sólo 14 años es un artista completo, además de la oratoria es violinista.

Al final terminó invitando a sus dos hijos para que tomaran el taller porque era algo que quería que ellos vivieran también. María del Carmen descubrió que también tenía talento y se quitó el miedo. Para Bellas Artes preparó un cuento filosófico que se llama El poder del anillo y cuenta la historia de un chico que no se valora pero al final descubre todos su talentos.

El taller fue una forma de acercarse a sus hijos y de abrirles nuevos horizontes. Ahora Marlón quiere dedicarse de lleno a la narrativa oral, cuenta que cambió su vida.

“Ya había estado con anterioridad en otros grupos de oratoria pero nunca había tenido la oportunidad de contar cuentos. Pensaba que era parecido pero poco a poco me di cuenta de que no, que es algo más completo porque pones algo de ti, de tus sentimientos y cuando cuentas, aunque no quieras, te adentras en la historia y activas tu imaginación. El taller cambió mucho mi personalidad. Antes tenía el vocabulario normal de un niño de 14 años pero ahora es mucho más extenso. Es el inicio de toda una vida contando”, dice María del Carmen.

Visita la página de la galería en el siguiente link para enterarte de la fecha del próximo taller.

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5 avances médicos descubiertos por accidente (incluido uno sobre la dosis de la vacuna de coronavirus)

La ciencia médica puede ser metódica y sistemática, pero algunos de los mayores descubrimientos se han logrado por casualidad.
EPA
29 de noviembre, 2020
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Se podría suponer que todos los grandes descubrimientos médicos son el resultado de una acción deliberada por parte de los científicos.

Pero estarías equivocado. Muchos grandes descubrimientos son el resultado de accidentes, errores y azar.

Aquí hay cinco de los mejores, comenzando con el más reciente.

1. Dosis de la vacuna de Oxford

Si la vacuna Oxford-AstraZeneca se hubiera administrado en la dosis especificada, la efectividad de la vacuna para detener el covid-19 habría sido un ligeramente decepcionante 62%. (Y digo “ligeramente decepcionante” con cautela porque es un buen resultado, pero al lado del 95% de eficacia de Pfizer y Moderna, no se ve tan brillante).

En Brasil y Sudáfrica, la vacuna de Oxford se administró a la dosis inicial correcta y la segunda dosis un mes después.

Pero en Reino Unido, a los participantes del ensayo se les administró incorrectamente media dosis en la primera ronda y una dosis completa más tarde.

Y, casualmente, esto resultó en un 90% de eficacia.

No solo eso, sino que la dosis “incorrecta” también resultó en efectos secundarios más leves.

2. Penicilina

Quizás el descubrimiento fortuito más famoso en medicina es el descubrimiento accidental de la penicilina de Alexander Fleming en 1928.

Fleming estaba cultivando la bacteria de Staphylococcus y al regresar de unas vacaciones notó que una de las placas de cultivos no tenía crecimiento bacteriano alrededor de una colonia de hongos que había comenzado a cultivar.

Fleming hizo que los cultivos de este hongo, penicilina, estuvieran disponibles en todas partes.

Y fue uno de sus antiguos alumnos quien lo utilizó por primera vez para tratar una infección bacteriana en 1930.

Fue más de diez años después cuando la penicilina comenzó a producirse en cantidades masivas para probar su efectividad clínica en pacientes, tras una investigación pionera de la Universidad de Oxford.

3. Cultivo de bacterias

El descubrimiento y estudio de la bacteriología de Robert Koch fue un avance científico significativo.

Antes de su trabajo, las bacterias eran notoriamente difíciles de aislar unas de otras y, a menudo, se cultivaban en un caldo nutriente que sustenta a muchas especies.

En 1872, Koch notó el crecimiento de distintas colonias en una rodaja de papa y esto sería el catalizador para el uso del agar, que ahora es la sustancia estándar que se usa para cultivar bacterias en una placa de Petri.

Este descubrimiento permitiría a los científicos aislar las bacterias que estaban enfermando a un paciente.

El trabajo de Koch lo llevó a descubrir la primera bacteria causante de una enfermedad con nombre: Bacillus anthracis, que causa el ántrax.

4. Radiografías

La aplicación de rayos X revolucionó la medicina a finales del siglo XIX y principios del XX.

Wilhelm Röntgen se dio cuenta de estos nuevos rayos, a los que llamó “X” por su origen desconocido, mientras estudiaba los rayos catódicos (corrientes de electrodos en tubos de vacío).

Notó que los rayos X podían penetrar cartón y rápidamente los usó para mostrar que también penetraban los tejidos humanos, usando la mano de su esposa para demostrarlo.

La aplicación de estos rayos para mirar dentro del cuerpo humano pronto se generalizó.

Pero había poca comprensión del daño que estaban haciendo.

Se documentaron muchos casos de síntomas típicos de la enfermedad por radiación y exposición, incluidos los de científicos famosos como Thomas Edison.

5. Úlceras estomacales

Se estima que más de 4.000 millones de personas están infectadas con H. pylori, una bacteria que vive en el estómago y puede causar úlceras.

Fueron los esfuerzos incansables de dos investigadores, Barry Marshall y J. Robin Warren, y un período de crecimiento más largo de lo habitual, lo que llevó al descubrimiento de la bacteria.

Antes de esto, se pensaba que el estrés y ciertos alimentos causaban úlceras de estómago.

Si bien estos factores pueden empeorar las úlceras, no las causan.

En 1982, Marshall y Warren estaban estudiando el revestimiento y contenido del estómago de varios pacientes con diversos síntomas gástricos.

Por casualidad, era el fin de semana de Pascua y esto significó que los cultivos de los pacientes se mantuvieron en el laboratorio más tiempo de lo habitual.

Esto resultó en la identificación de una nueva bacteria de crecimiento lento que estaba causando estos síntomas.

Lamentablemente, la renuencia de la comunidad científica a aceptar los hallazgos de los investigadores llevó a Marshall a infectarse con H. pylori al consumir un cultivo vivo de bacterias, volverse sintomático y luego tratarse a sí mismo con antibióticos.

Adam Taylor es profesor y director del Centro de Aprendizaje de Anatomía Clínica de la Universidad de Lacnaster.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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