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Cuartoscuro

A los niños les gusta leer, pero el sistema les quita las ganas: autor de libros para menores

El autor Óscar Martínez pide replantear cómo hacen las cosas las escuelas, ya que los maestros no crean el hábito de la lectura en los niños.
Cuartoscuro
Por Francisco Medina / UNAM Global
30 de abril, 2017
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Los niños sí leen, el asunto es ¿cómo mantenerles ese hábito de por vida?, pregunta Óscar Martínez Vélez, autor de libros como Hilario y la cucaracha maravillosa o ¡Guácala!, quien cada vez que visita alguna primaria para dar una charla se encuentra con cientos de lectores.

En esos encuentros es invariable que los pequeños se le arremolinen pidiéndole un autógrafo, una dedicatoria o una foto a su lado.

“Para literatos de otros géneros esto es tan inusual que un amigo, al enterarse de este fenómeno, me comentó: ‘Cuando vas a un colegio has de sentirte como Carlos Fuentes o Gabriel García Márquez’, a lo que yo le contesté, ‘¡no! ¡Más bien como Mick Jagger!”.

Sin embargo, advirtió, aunque a los niños les entusiasma la lectura, con frecuencia los profesores terminan por matar esta afición al arrebatarle lo lúdico y convertirla en una tarea. Esto pasa cada vez que un maestro encarga a sus alumnos leer un libro y entregar un reporte. “Si nos exigieran redactar un ensayo en cada ocasión que vemos una película, ¿nos darían ganas de ir al cine? Creo que no”, dice.

Pese a que podría pensarse que Martínez Vélez comenzó a preocuparse por estos asuntos cuando estudiaba Ciencias Políticas en la UNAM, en realidad estas inquietudes le surgieron tras una sobremesa con el novelista Paco Ignacio Taibo II; en aquella ocasión éste le dijo: “Si alguien tiene la culpa de que México no lea es la Secretaría de Educación Pública”.

“Al escuchar eso fue inevitable remontarme a la década de los 70 y recordar mi libro de texto gratuito de cuarto grado, donde te ponían como material de lectura un fragmento del Mío Cid. ¿Qué sentido tiene darle a alguien de nueve años el Mío Cid y además sólo un fragmento? Eso es una trampa porque no tiene nada que ver con el niño ni con su realidad, es más bien una invitación a no leer”, expuso.

Por ello, Óscar Martínez le apuesta a los personajes antisolemnes y a las tramas inteligentes para enganchar al público y avivar su interés por las letras, aunque señala la imposibilidad de hacer esto en solitario.

Es necesario replantear cómo hacen las cosas las escuelas, ya que los docentes caen en el vicio de dar un aura de obligatoriedad al acto de leer, lo que en vez de atraer es un repelente, dijo.

“A fin de devolverle este espíritu lúdico a la lectura deberíamos tratarla como al futbol, pues los colegios suelen dar espacio para practicar este deporte y ello no impide que al sonar la campana los estudiantes estén ansiosos por irse al parque a echarse una cascarita. Con los libros debería ser igual y las escuelas tendrían que generar escenarios donde los niños salgan de las aulas con ansia de llegar a casa y sumergirse en las páginas de su relato favorito. Es una lástima que aún no descifremos la mejor manera de lograr esto”.

Los libros están hechos para maltratarse por la lectura

Al enterarse de que la biblioteca de la Primaria Manuel Cabrera Carrasquedo, en Oaxaca, no tenía nombre, una alumna del lugar propuso el de Óscar Martínez Vélez y ése fue el que se quedó, “lo que para mí fue una satisfacción inesperada, pues yo supe de esa historia meses después, cuando me invitaron a conocerla”.

Anécdotas similares el escritor tiene muchas, y aunque la mayoría han sido agradables, otras no lo son.

“Muchos de mis relatos forman parte del programa Biblioteca de Aula —pequeñas colecciones de textos que hay en cada salón— y en muchas ocasiones, al visitar las escuelas, me he encontrado con la mala sorpresa de que hay profesores que no dejan que los niños toquen los ejemplares bajo el argumento de que no los cuidan o que se maltratan. Eso es un respeto mal entendido hacia la literatura”.

El enfado de Óscar Martínez hacia estas conductas se debe a que, para él, los libros están hechos para desgastarse por el uso, deteriorarse por haber sido hojeados una y otra vez y ponerse amarillos tras soportar las inclemencias del tiempo.

De entre todas las vivencias que le da dejado la carrera de narrador al también marionetista, la que más le emociona es la de ver a un niño con algún título de su autoría ya despastado de tanto uso, subrayado e incluso decolorado por haber conocido los rayos del Sol.

Los Colibritos, los niños que promueven la lectura con trabalenguas y juegos.

No es infantil, sino literatura para niños

Cada vez que alguien presenta a Óscar Martínez Vélez como alguien que escribe literatura infantil él interrumpe la conversación y aclara que él hace literatura para niños, “pues son cosas diferentes y no me agrada la connotación que acarrea el primer término”.

Al respecto, el narrador añade: “Evito utilizar la palabra infantil porque, por sus raíces (el prefijo de negación in, el verbo fari ‘hablar’ y el sufijo il, que denota debilidad) este vocablo significa ‘el que no habla’. De ahí que la primera fila de los ejércitos —ésa usada como carne de cañón— se llame infantería, y que incluso haya una pretensión política de infantilizar al país, es decir, de no darle voz.

“Para sacudirme de esta carga etimológica y hasta ideológica siempre digo que hago relatos para niños y eso no es fácil; crear una historia sin recurrir a fórmulas fáciles es complicado. Suelo tardarme en encontrar el tono preciso para cada texto y por lo mismo tengo menos títulos en mi catálogo que otros compañeros que se dedican a esto, aunque por esta misma demora al final mis libros son no los que el mercado exige, sino los que a mí me gustaría leer”.

Sobre la industria editorial para niños, Martínez Vélez señala que es muy grande y de eso se dio cuenta cuando comenzó a comparar los tirajes de sus obras con las de autores de otros géneros. “Una novela (a menos de que sea de un best seller) sale a la venta con mil o dos mil ejemplares, mientras que tan sólo uno de mis títulos, Los inventos de Gelasio, llegó a los 75 mil”.

El también profesor de la UACM explica que esto no se debe a que su trabajo sea de mayor calidad que el de sus colegas, sino a que las escuelas adquieren este tipo de material en grandes volúmenes y a que los padres prefieren comprarle un libro a sus hijos que adquirir uno para consumo personal.

Para concluir, Martínez Vélez hizo un diagnóstico de la industria editorial para niños y señaló que hay una gran demanda que no alcanza a ser satisfecha y eso provoca que se produzcan cosas vía exprés y casi prefabricadas, “lo cual es una lástima porque pese a ser un país que no lee, tenemos una niñez a la que sí le gustan los libros, pero a la que con frecuencia le llegan cosas de poca calidad. Quizá si mejoramos lo que se hace en este renglón México pueda asegurarse, ahora sí, una generación de lectores en su futuro”.

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La familia que pasó 9 años encerrada en un sótano en Holanda esperando 'el fin de los tiempos'

Un hombre de 58 años de edad fue detenido tras conocerse que una familia había pasado 9 años encerrada en una granja holandesa.
16 de octubre, 2019
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Durante nueve años estuvieron encerrados en un sótano “esperando el fin de los tiempos”. Al final, lo que llegó fue la policía.

Una familia residente en una granja en la provincia holandesa de Drenthe fue hallada después de casi una década, cuando uno de sus integrantes apareció en un bar local y, tras tomarse algunas cervezas, decidió pedir ayuda.

El grupo estaba formado por un hombre de 58 años de edad y una familia con hijos adultos, con edades comprendidas entre los 18 y los 25 años.

Fue gracias al mayor de estos muchachos que les encontraron.

Según informó la televisora local RTV Drenthe, el joven entró en un bar en el cercano pueblo de Ruinerwold pidió unas cervezas y luego les dijo a los empleados del lugar que necesitaba ayuda.

Inicialmente se pensó que el hombre mayor -quien se encuentra bajo arresto- era el padre de la familia, pero el alcalde de la localidad, Roger de Groot, le explicó a la prensa que ese no es el caso.

Tampoco es el dueño de la granja.

“Nunca he visto nada como esto”, agregó De Groot.

Escape y denuncia

Chris Westerbeek, el propietario del bar en Ruinerwold, relató cómo un hombre entró en el local, pidió cinco cervezas y se las bebió.

“Conversé con él y me reveló que se había escapado y que necesitaba ayuda…entonces llamamos a la policía”, dijo.

“Tenía el cabello largo, una barba sucia, vestía ropas viejas y parecía confundido. Dijo que nunca había ido a la escuela y que no había ido a la barbería en nueve años“, agregó.

Los vecinos creen que la familia vivía de los alimentos cultivados en la granja.

EPA
Los vecinos creen que la familia vivía de los alimentos cultivados en la granja.

Westerbeek señaló que el joven le contó que tenía hermanos y hermanas que vivían en la granja. “Él dijo ser el mayor de todos y manifestó que quería poner fin a la forma como estaban viviendo“, apuntó.

La policía acudió a la granja y, al revisar la zona, descubrió una escalera oculta detrás de una despensa en la sala, que conducía hacia el sótano donde estaba la familia.

De acuerdo con RTV, estaban allí ocultos a la espera del “final de los tiempos”.

Ruinerwold tiene una población de menos de 3.000 personas y la granja, que se encuentra fuera del pueblo, es accesible a través de un puente que cruza un canal.

La granja está parcialmente oculta detrás de una hilera de árboles, tiene un terreno grande y una cabra.

Un vecino de la misma contó a medios locales que en la granja solamente había visto a un hombre y que también había algunos animales como un ganso y un perro.

El repartidor de correos dijo que nunca había entregado una carta en ese lugar. “En realidad es bastante raro, ahora que lo pienso”, le dijo al diario Algemeen Dagblad.

Preguntas

La policía de Drenthe confirmó que un hombre de 58 años de edad fue arrestado y que está bajo investigación por negarse a cooperar con las autoridades.

A Dutch police officer

Getty Images
Según la policía local, aún hay muchas preguntas sin respuesta.

“Ayer, alguien nos reportó su preocupación por las condiciones de vida de unas personas en una casa en Buitenhuizerweg en Ruinerwold. Fuimos allí”, informó la policía en un tuit.

“Aún tenemos muchas preguntas sin respuesta”, agregaron al señalar que todos los escenarios siguen abiertos mientras realizan la investigación.

Aún no queda claro cuánto tiempo pasó la familia en el sótano o qué ocurrió con la madre de los niños, aunque el alcalde de la localidad afirmó que falleció hace algún tiempo.

De igual modo, hay dudas sobre el hombre de 58 años pues algunas informaciones de prensa afirman que sufrió un ataque al corazón y que se encontraba confinado en su cama.


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