Desde engaños hasta amenazas de muerte: las historias de anticoncepción forzada en México
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Archivo Cuartoscuro

Desde engaños hasta amenazas de muerte: las historias de anticoncepción forzada en México

Una joven narra cómo hasta en tres ocasiones fue presionada por personal médico para que, a través de amenazas y engaños, aceptara implantarse un DIU como método anticonceptivo.
Archivo Cuartoscuro
Por Manu Ureste
25 de abril, 2017
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En apenas dos meses, entre el 16 de diciembre de 2016 y el 22 de febrero de este año, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) emitió tres recomendaciones por casos en los que se forzó a mujeres a implantarse un Dispositivo Intrauterino (DIU) como método anticonceptivo, o a esterilizarse sin su consentimiento mediante una ligadura de trompas.

Sin embargo, la organización Grupo de Información de Reproducción Elegida (GIRE), advirtió que la cifra negra de casos no denunciados “es mucho mayor”. Y como muestra, expuso que en solo dos semanas del pasado mes de febrero recibió 10 testimonios de mujeres que denunciaron presiones de sus médicos para implantarse un DIU.

El caso de María, quien pidió omitir su verdadera identidad, es uno de esos testimonios. En entrevista con Animal Político, la joven narra cómo hasta en tres ocasiones fue presionada por médicos y enfermeros para que, a través de amenazas y engaños, aceptara un método anticonceptivo.

Por su parte, personal médico consultado para este reportaje subrayó que la implantación de un DIU, o de cualquier otro método, “nunca” debe producirse bajo presión ni coacción, sino de manera “libre, informada y consentida por la paciente”. Ya que, de lo contrario, se estaría incurriendo en una mala praxis violatoria de derechos humanos.

“Eres una irresponsable y por eso hay tantos niños sin atender”

Primer intento.

María, de 24 años de edad, yacía en una camilla envuelta entre sudores y los nervios propios de un parto, mientras unos enfermeros le agujereaban el brazo en busca de una vena donde inyectarle la anestesia.

-Firma aquí te digo. ¿O acaso quieres traer más niños al mundo y que tú y el bebé acaben muertos?

Aletargada por el efecto de la intravenosa, María observó que el doctor le dejó a un costado de la camilla una hoja en la que, a falta de su firma, daba su consentimiento para que después de la cesárea le implantaran un Dispositivo Intrauterino (DIU); un método anticonceptivo que consiste en una pieza de material de plástico que puede tener forma de T, espiral, o triangular, que se coloca en el interior del útero para impedir el anidamiento del óvulo fecundado.

-Tienes que ponerte el DIU –le volvió a ordenar el médico-. No seas irresponsable.

María, que llegó de urgencias al hospital porque su bebé se estaba quedando sin líquido amniótico, escuchó el regaño con el latigazo de las contracciones oprimiéndole el abdomen.

No quiero ponerme el DIU, ni ligarme las trompas. Ya se lo dije: me cuidaré con el condón.

Esta no era la primera vez que los médicos la presionaban para que se implantara un DIU. En entrevista, María recuerda que unos meses antes, durante una de las consultas prenatales en su centro médico del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), en la Ciudad de México, una trabajadora social también le advirtió que si su pareja no se esterilizaba haciéndose la vasectomía, ella debía ponerse un DIU.

“La trabajadora nos advirtió que si elegíamos el condón como método anticonceptivo para después del parto, que no esperáramos que los médicos nos dieran una buena respuesta. Desde ahí ya empezaron las amenazas”, cuenta María.

Y en efecto, la respuesta de la joven de 24 años asegurando que usaría el preservativo para no quedarse embarazada, no le gustó al doctor.

Enojado, tomó la tabla donde venía la hoja de ‘consentimiento informado’ y la puso de nuevo junto a María.

-¿Si sabes cuáles son los riesgos si te quedas de nuevo embarazada? –volvió a la carga-. Ya no queremos más niños, ni que acabes muerta. ¿Qué no entiendes? Firma ya el consentimiento.

Pero María rechazó de nuevo la hoja.

Y entonces, vino la amenaza del médico, quien a minutos de pasar a la joven a la sala de parto le aseguró que si no firmaba el consentimiento se quedaría “bajo su propio riesgo”, puesto que “el seguro ya no se haría cargo de nada”.

Respirando hondo para tratar de calmar los nervios que le secaban la boca, María protestó ante la amenaza de doctor.

-O sea, cómo. ¿Si no me pongo el DIU ya no me van a atender?

-Le atenderemos porque no nos queda de otra –le espetó el doctor-. Pero es usted una irresponsable. Y por eso hay tantos niños que no son atendidos como debe de ser.

“Si no te pones el DIU, la calidad de la lactancia será mala”

Segundo intento.

Eran las tres y media de la madrugada.

María ya dio a luz a su hijo, pero la cesárea la dejó con fuertes dolores post-parto y con la preocupación de que su bebé estaba hospitalizado en otra sala por unos problemas respiratorios.

Agotada físicamente y mentalmente, la joven trataba de descansar un poco sobre la camilla, cuando escuchó el chirrido de una puerta que se abría y observó a un enfermero dirigirse hacia ella.

-¿Ya ha pensado qué método anticonceptivo se va a poner? –le preguntó para enseñarle, otra vez, la hoja de ‘consentimiento informado’ para la implantación del DIU.

María rechistó molesta. Le dijo que ya era la segunda vez que le insistían y que ya ha había dejado claro que su método anticonceptivo era el condón.

Pero el enfermero trató de convencerla; esta vez no con la amenaza de no atenderla, como dijo el doctor, sino metiéndole miedo.

-Mire señora, si usted no se pone ahora mismo el DIU hay una gran posibilidad de que usted y el bebé se mueran en el próximo parto. Y además, la lactancia para el bebé que ya nació también va a ser mala. Usted verá.

A punto de explotar, María le respondió que es mentira que la calidad de la lactancia dependa de un DIU y le pidió que la dejara recuperarse en paz.

“Quisieron engañarme varias veces, pero gracias a que yo sí estaba informada no firmé nada, ni me puse ningún anticonceptivo que yo no quería”, asegura la joven.

Y añade: “Porque si no estás informada lo fácil es que pienses: ‘Bueno, son mis médicos y confío en ellos’. Y acabas haciendo todo lo que te ordenan a lo menso”.

“No se cuidan y traen bebés sin que les importe darle buena calidad de vida”

Tercer intento.

Ya era de día. María se despertó preocupada por el estado de salud de su bebé. Era sábado y le dijeron que hasta el lunes no podría tenerlo de nuevo entre sus brazos porque estaba muy frágil y tenía que recuperarse de sus problemas respiratorios.

En la habitación, otras dos jóvenes estaban hospitalizadas junto a María, pero por otras operaciones que nada tenían que ver con un parto.

La puerta se abrió de nuevo y  una doctora entró. Se acercó a María con la hoja de consentimiento y le advirtió –sí, otra vez- que si no se ponía el DIU, ella y el bebé tenían muchos boletos para morir en un hipotético segundo parto.

Esta vez, María optó por no repetir el tema del condón y le trató de explicar a la médica que, además de que no quería el DIU por decisión personal, le diagnosticaron hace años unos quistes en el ovario izquierdo de tipo invasivo, que a pesar de que no le implican un riesgo para su vida, sí acabarán avanzando por las trompas hasta llegar a la matriz.

-Decidí embarazarme ahora por si más adelante me tienen que extirpar la matriz y me quedo estéril –argumentó María.

Pero su explicación tampoco convenció a la médica.

-Eso no es excusa –contestó hosca-. Es tu responsabilidad que no te cuides y quieras traer más bebés al mundo sin que te importe si les das una buena calidad de vida.

Molesta, María le replicó que la calidad de vida de su hijo es cosa suya y de su pareja. Pero la doctora no la dejó terminar y apuntándola con el dedo la humilló públicamente presentándola como “mal ejemplo” ante las otras dos jóvenes que estaban en la habitación.

-Esto es lo que ustedes no deben hacer –dijo con retintín y elevando el tono de voz.

-No sean unas inconscientes y cuídense para no traer bebés al mundo que no van a cuidar después –insistió la médica, mientras las muchachas observaban a María con el ceño fruncido y negando con la cabeza.

“Escogieron el momento más vulnerable para presionarme con el DIU”

Postdata.

Ha pasado un mes desde que María regresó a casa con su bebé.

La joven cuenta que está contenta porque su hijo, que ya dejó de llorar tras despertarse para comer, está superando bien los problemas respiratorios Aunque cuando recuerda los hechos que narró para esta entrevista, dice que todavía no puede evitar sentirse enojada.

“Se supone que el primer parto es algo muy especial en la vida de una mujer. Pero en mi caso, lejos de ser una experiencia bonita, los médicos me hicieron vivir una situación muy desagradable”.

María traga saliva y continúa.

“Los doctores escogieron el momento donde, como mujer, yo estaba más vulnerable tanto física como emocionalmente para presionarme con el DIU. Sabían que estaba muy mal y que hormonalmente me encontraba muy desequilibrada, y aún así intentaron engañarme varias veces para que accediera a ponérmelo”.

Por eso, María dice que acudió a la organización civil Grupo de Información de Reproducción Elegida (GIRE) para contar lo que le sucedió a través de la campaña #Anticoncepciónforzada, y animar a otras mujeres a que también denuncien si fueron presionadas, engañadas, u obligadas, a colocarse un método anticonceptivo.

La elección del DIU debe ser libre, informada y consentida: médicos

Médicos consultados para este reportaje admitieron que casos como el de María se han repetido en México, aunque matizaron que, en su experiencia, se trata de casos puntuales de mala práxis médica que se deben “erradicar”.

Cuestionados por qué se insta a las mujeres a implantarse un DIU después del parto, una de las doctoras entrevistadas explicó que se “recomienda” este método anticonceptivo a las pacientes, especialmente si han tenido más de tres bebés, o si han tenido partos previos por cesárea, “porque un nuevo embarazo antes de los dos años post-parto puede poner en riesgo el útero”.

“Antes de los 13 meses entre un bebé y otro es lo que llamamos periodo intergenésico corto –expuso-. Y en ese periodo existe un riesgo para las mujeres embarazadas debido a que el útero, que no se ha regenerado por completo entre un embarazo y otro, puede no resistir el peso del bebé y romperse”.

Por ello, recomiendan –insiste en que siempre es “recomendación”– la colocación de “un método anticonceptivo de barrera” (DIU), y desaconsejan “los hormonales, orales e inyectables, debido a la gran cantidad de hormonas que llevan”, señaló la doctora, quien además precisó que “después de los seis meses de colocado el DIU a la paciente, éste se puede retirar si la paciente así lo desea para iniciar con un anticonceptivo hormonal”.

En cualquier caso, la médica insistió en que la implantación de un DIU, o de cualquier otro método anticonceptivo, “nunca” debe producirse bajo presión ni amenaza, sino de manera libre, informada, y consentida por la paciente.

 

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NOOA

La Niña está de regreso: qué es y qué significa para el clima en América Latina

El fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y sus efectos se sentirán por varios meses.
NOOA
18 de octubre, 2021
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La Niña está de vuelta por segundo año consecutivo.

La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos anunció el jueves que el fenómeno climático responsable de crudos inviernos y grandes sequías en todo el mundo ha llegado nuevamente y hará sentir sus efectos por varios meses.

Según la NOAA, tras un periodo de relativo equilibrio atmosférico desde inicios de año, La Niña se intensificará durante las próximas semanas y no comenzará a debilitarse hasta la primavera de 2022, lo que puede tener un impacto en las lluvias, el final de la temporada de huracanes y la intensidad del próximo invierno boreal.

“Las condiciones de La Niña se han desarrollado y se espera que continúen con un 87% de probabilidad entre diciembre de 2021 y febrero de 2022“, indicó la agencia.

De acuerdo con el comunicado, los expertos comenzaron a notar que el evento climático se aproximaba en el último mes, cuando detectaron varios factores que apuntaban a su desarrollo entre ellos:

  • temperaturas de la superficie del mar por debajo del promedio en el Pacífico ecuatorial
  • anomalías térmicas en la mayor parte del Océano Pacífico central y oriental
  • anomalías en vientos del este en niveles bajos y en los vientos del oeste en los niveles superiores de la atmósfera.

Aunque generalmente los signos de su activación comienzan a detectarse en el verano boreal, ahora, como ocurrió en 2017, La Niña comenzó a manifestarse entrado el otoño.

“Nuestros científicos han estado rastreando el desarrollo potencial de La Niña desde este verano, y fue un factor en el pronóstico de la temporada de huracanes por encima de lo normal que hemos visto desarrollarse”, dijo Mike Halpert, subdirector del Centro de Predicción del Clima de la NOAA.

Pero ¿qué es la Niña y cómo afecta al clima de nuestro planeta y a América Latina?

La Niña

Para entender qué es La Niña es preciso explicar el fenómeno más general en el que se engloba: el llamado evento ENOS o El Niño-Oscilación del Sur.

El Niño es un patrón climático que causa un debilitamiento de los vientos alisios en el hemisferio sur del Pacífico.

Esos vientos, cuando son normales, arrastran las aguas superficiales desde las costas hacia el océano y esto provoca que las aguas frías de las profundidades surjan allí.

Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

BBC
Cuando El Niño está activo, el agua del océano en la zona ecuatorial está más caliente.

Esa agua fría es lo normal en la zona ecuatorial de la costa de Sudamérica.

Cuando esos vientos alisios se debilitan cesa ese proceso, al agua caliente se acumula y se produce un aumento de la superficie del mar en la costa de Perú y Ecuador, principalmente.

Ahora bien, cuando los alisios son muy fuertes y se refuerza la subida de esa agua fría en la zona ecuatorial y la temperatura del mar está por debajo de lo normal, comienza a manifestarse el fenómeno de La Niña, que viene a ser un patrón climático opuesto a las condiciones de El Niño.

Generalmente, entre las dos fases, ocurre un periodo llamado “zona neutra” (en la que nos encontrábamos hasta hace poco) en la que ninguno de los dos eventos están notablemente activos y las temperaturas están sobre el promedio.

¿Cuáles son sus efectos?

Los efectos de La Niña y el Niño, que van desde sequías a inundaciones, de lluvias intensas a huracanes, dependen siempre de la zona de la oscilación: puede producir indistintamente sequías en Latinoamérica, nevadas intensas en la zona norte de Estados Unidos o sequías en Australia o en las islas del Pacífico.

Y aunque siguen patrones, esto no implica que cada vez que se activen las condiciones se manifiesten de la misma manera: ningún evento de La Niña es como otro.

Aunque los pronósticos más certeros para la actual temporada se conocerán a finales de este mes, la NOAA y otras organizaciones meteorológicas de América Latina prevén “una La Niña de intensidad moderada“.

Esto, sin embargo, no predice por sí mismo las condiciones en las que se manifestará dado que datos históricos revelan que ha habido casos de sequías más severas en eventos débiles o moderados de La Niña que en eventos fuertes a intensos.

En años anteriores, el fenómeno se ha manifestado muy débil, aunque desde 2020 se comenzaron a experimentar síntomas de un potencial fortalecimiento como fue la larga temporada de huracanes del Atlántico, condiciones de sequía en América del Sur y fuertes lluvias en Centroamérica y el norte de Suramérica.

Cómo afectará a América Latina

Generalmente, La Niña se manifiesta en dos formas totalmente diferentes en América Latina: lluvias intensas y abundantes, aumento del caudal de los ríos y posteriores inundaciones en Colombia, Ecuador y el norte de Brasil; y en condiciones de sequía en Perú, Bolivia, el sur de Brasil, Argentina y Chile.

Varios de estos últimos países viven desde el pasado año una intensa sequía, que ha afectado los cultivos, ha secado ríos e impactado la generación hidroeléctrica.

Ahora se teme que La Niña retrase aún más la temporada de lluvias en el Cono Sur y haga de 2022 un año aún más seco.

Mientras, en el noreste de América del Sur han ocurridos deslaves en varios países y en otros, como en Colombia, las represas se encuentran en un 86% de capacidad, casi el doble de los niveles de hace un año, lo que es considerado históricamente alto.

Río Paraná

Getty Images
La sequía ha afectado a varios países de América Latina y ha “secado” ríos como el Paraná.

La NOAA ha señalado que La Niña puede influir en los últimos meses de la actual temporada ciclónica en el Atlántico, que ha sido particularmente activa.

En México, las autoridades meteorológicas indicaron que una nueva activación del evento podría traducirse en una extensión del periodo de lluvias hasta finales de noviembre, así como precipitaciones intensas en algunas partes del país en las que no son frecuentes y luego, un invierno más seco.

En Centroamérica, por su parte, el Comité Regional de Recursos Hidráulicos había pronosticado desde el verano que La Niña podría traer a la región “condiciones más lluviosas que lo normal”, principalmente en la frontera de México con Guatemala, el sur de El Salvador; la parte central de Honduras y en el Pacífico de Costa Rica y Panamá.

La Niña anterior ocurrió durante el invierno de 2020-2021 y con anterioridad, entre 2017 y 2018.

El último evento El Niño tuvo lugar entre 2018 y 2019.


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