Mujeres trans hallan en Tabasco el único refugio en México para migrantes de la comunidad LGBTTI
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Priscila Hernández Flores

Mujeres trans hallan en Tabasco el único refugio en México para migrantes de la comunidad LGBTTI

En el refugio La 72, en Tenosique, Tabasco, opera el único módulo para personas de la comunidad LGBTTI que migran de países de Centroamérica hacia Estados Unidos.,
Priscila Hernández Flores
Por María Cidón Kiernan (El Salvador / Washington D.C); Priscila Hernández Flores (Tenosique); Prometeo Lucero (Ciudad de México / Tijuana)
26 de abril, 2017
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El sol resalta los colores de la bandera del orgullo LGBTTI y es una señal de que se trata de un lugar seguro. Es el dormitorio para la comunidad de la diversidad creado en La 72, un refugio para migrantes en Tenosique, Tabasco, estado ubicado al sur de México.

Este refugio toma su nombre en memoria de los 72 migrantes masacrados por Los Zetas en 2010 en San Fernando, Tamaulipas. El de La 72  es el único lugar de atención a migrantes con un espacio dedicado a la población LGBTTTI en México.

Por horas, días y hasta por meses, algunos de los migrantes que viven en La 72 esperan ser reconocidos como refugiados en México, mientras que otros toman un descanso para seguir su viaje hacia Estados Unidos.

La violencia y la pobreza de Centroamérica son las dos causas principales para que la comunidad de la diversidad migre, según han detectado en La 72. Si las agresiones y la economía expulsan, la homofobia y discriminación agravan la situación de la población trans, por eso huyen de un espacio hostil en el que su vida corre riesgo como en El Salvador, Honduras y Guatemala.

“Las sociedades de las que provienen son homofóbicas”, advierte Fray Tomás González Castillo. Con esta frase engloba la mayoría de las historias de abusos, agresiones y hasta asesinatos contra miembros de la comunidad LGBTTTI.

Fue así que en 2016, La 72 abrió dos dormitorios con capacidad para 12 personas, pero, como explica Fray Tomás, se trata de “un proyecto de atención para la comunidad LGBTTTI”.

Cuando llegan al albergue, Médicos Sin Fronteras les ofrece apoyo para su salud física porque “muchas venían violadas o se dedicaban al sexoservicio”, describe Fray Tomás.

El director de La 72, Ramón Márquez, explicó que cuando una persona migrante de la comunidad LGBTTTI ingresa al refugio buscan “trabajar en la recuperación de su identidad como seres humanos (…) y en ir sanando de ese dolor, de esa violencia, esa discriminación, persecución que han sufrido en sus países de origen”.

También ofrecen apoyo legal porque “lo primero que hay que darles es la estabilidad migratoria para que de ahí se generen los derechos a la salud o al trabajo”. Para ello, La 72 tiene un área de defensoría  y apoyo de la organización Asylum Access.

Te recomendamos: Migrantes trans enfrentan tardanza burocrática y riesgo al pedir refugio en México.

En este refugio también apoyan a los integrantes de la comunidad LGBTTTI a concluir sus estudios o a que aprendan un oficio.

Mujeres transexuales, las más agredidas: La 72

En el hogar para migrantes en una de las paredes está pintado un enorme mapa de México con las rutas para comer o descansar, pero también  los lugares en los que hay riesgo de secuestro, extorsiones, asaltos y robos.

“Empezamos a analizar los testimonios que nos daban y veíamos que todas las personas LGBTTTI, sobre todo las mujeres trans, eran mucho más vulnerables que incluso una mujer”, recordó Fray Tomás.

Violaciones y acoso son las agresiones más comunes a las que se enfrentan las mujeres migrantes, estos abusos se “multiplican, son más para una mujer transexual” según el fraile y añadió que “una mujer transexual y migrante, puede vender su cuerpo, es un arma muy poderosa que ellas tienen y lo saben. Nosotros lo respetamos. Son mediaciones que ellas han aprendido para llegar a su meta”.

Las mujeres transexuales también son doblemente vulnerables de ser víctimas de violaciones de derechos humanos por parte funcionarios del Instituto Nacional de Migración y policías. Estas agresiones también aumentan contra los hombres transexuales migrantes, es decir, personas de sexo biológico femenino cuya identidad es masculina.

Un refugio que educa

“Gracias por el apoyo que nos brinda”, dice Eléctrica, una mujer transexual, quien recibió apoyo en La 72. Como ella otras más se sienten seguras en ese refugio.

Que la bandera del arcoiris se muestre en uno de los balcones, que las mujeres trans puedan caminar libremente sin ser insultadas o agredidas es parte de un proceso de “reeducar”, dice Ramón Márquez, director de La 72, porque reconocen que los migrantes que llegan al espacio suelen tener prácticas homofóbicas o machistas en sus países de origen.

“Al principio manifiestan un temor a subir por el rechazo a ser identificados, a ser marcados pero las personas que están en el dormitorio especial para la comunidad de la diversidad sexual, poco a poco van haciendo de anfitriones de la casa”, reconoció el director de La 72.

En este espacio se busca que las personas migrantes aprendan a respetar la diversidad, ya que no se aceptan gritos, insultos o agresiones. En caso de que esto ocurra, la persona migrante deberá retirarse.

“Aquí no permitimos la violencia de ningún tipo y la discriminación es violencia”, enfatiza Fray Tomás.

Consulta el reportaje completo aqui.

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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