Migrantes trans, los otros afectados por las políticas de Donald Trump
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María Cidón Kiernan

Migrantes trans, los otros afectados por las políticas de Donald Trump

Las personas de la diversidad sexual no están al margen de las políticas de Trump para frenar la migración hacia Estados Unidos, pues enfrentan más dificultades al solicitar asilo en territorio estadounidense.
María Cidón Kiernan
Por María Cidón Kiernan (El Salvador / Washington D.C); Priscila Hernández Flores (Tenosique); Prometeo Lucero (Ciudad de México / Tijuana)
27 de abril, 2017
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Este reportaje fue realizado en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación en las Américas, del International Center For Journalists (ICFJ), en alianza con CONNECTAS.

Pati Hernández canturrea una balada de pop latino mientras recorre los pasillos de la sede de Casa Ruby en el barrio Fort Totten, en Washington D.C. En diciembre de 2014, esta mujer trans salvadoreña, alegre y de personalidad arrolladora, decidió abandonar su país y solicitar asilo en Estados Unidos.

Pati tiene 17 años de experiencia como activista. Desde inicios de la década de los 90 no ha dejado de denunciar la impunidad en los crímenes y ataques contra la diversidad sexual, viendo morir a muchas amigas y personas de la comunidad, exponiéndose a riesgos por la defensa de los derechos humanos.

Antes de convertirse en solicitante de asilo, dirigía la Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano de Personas Trans de El Salvador (ASPIDH Arcoíris Trans), pero un día la amenazaron, se asustó mucho y decidió huir junto a su pareja.

“Hace más de dos años presentamos nuestra solicitud acá, habían cambiado (las condiciones) desde el 1 de diciembre, porque dijeron que iban a atender la situación de los niños indocumentados. Llevamos dos años y cuatro meses, y no nos han dado respuesta”, indica Pati.

Conseguir asilo en Estados Unidos se ha vuelto más complicado desde el año 2014. A partir de la crisis de los menores de edad indocumentados en los centros de detención de la frontera con México, en su mayoría centroamericanos, los procesos de miles de personas se detuvieron al declararse como prioridad la atención de esa emergencia humanitaria.

Ahora, lograr el estatus de refugiado toma varios años por la carga que tiene el gobierno de Estados Unidos.

A finales de 2015, acumulaba 286 mil 168 solicitudes de asilo pendientes, según reportó la Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR).  Además, solo desde 2012, las solicitudes de asilo pendientes de ciudadanos de México, Honduras, Guatemala y El Salvador se quintuplicó, pasando de más de 20 mil personas a superar las 100 mil en 2015.

Mientras el solicitante no obtiene una respuesta oficial definitiva, no debe salir del país so pena de quedar fuera del proceso. Por eso, muchos viven con ansiedad y preocupación al considerarse en un limbo legal, más aún desde la llegada al poder del nuevo presidente, Donald Trump, quien ha arreciado las políticas antimigratorias.

El año en que Pati solicitó asilo, el desplazamiento forzado de centroamericanos hacia Estados Unidos aumentó considerablemente debido al repunte de violencia criminal en estos países. Las personas de la diversidad sexual, en su vulnerabilidad, no quedaron al margen.

Según el registro de tendencias de asilo de la ACNUR, ese año Estados Unidos registró  121 mil 200 solicitudes de todo el mundo, casi 37 mil más que en 2013.

Sin embargo, “cerca del 42% de todas las solicitudes de asilo recibidas en este país fueron presentadas por solicitantes procedentes de México y Centroamérica. Frente al 30% del año anterior, esto demuestra la importancia cada vez mayor de este grupo entre los solicitantes de asilo de esta parte del mundo, que huyen principalmente de la violencia y la persecución a manos de grupos de delincuencia organizada transnacional”, concluye el reporte de ACNUR.

La violencia en los países centroamericanos tampoco se detuvo en 2015, generando que el número de solicitantes de asilo en Estados Unidos aumentase hasta suponer el 51% de solicitudes recibidas durante ese año. Según ACNUR, la mayoría provienen de México (19.300), El Salvador (18.900), Guatemala (16.400) y Honduras (14.300).

Aunque Estados Unidos reconoció desde 1994 a las personas LGBTI como minorías perseguidas y como una causal para ser solicitante de asilo, lo cierto es que hasta la fecha no se ha dado a la tarea de registrar el número de casos de asilo en función de la orientación sexual (gais, lesbianas y bisexuales) ni de la identidad de género (transgénero e intersexuales).

Por este motivo no se puede saber exactamente cuántas personas solicitan asilo por este tipo de persecución.

Sin embargo, la organización Center For American Action Fund (CAP) ha tratado de cubrir este vacío estadístico a partir de los casos atendidos por la organización Immigration Equality (IE) y Human Right First. Entre los años 2010 y 2014, IE ha logrado asilo para más de 500 personas LGBTI a las que brindó asesoría legal.

Los asilos reconocidos a personas trans provenientes de México y el resto de países centroamericanos pasaron de ser solo dos casos en el año 2010 a un total de 23  en 2016, según la información que se solicitó a Immigration Equality.

Además, suelen ser la mitad de asilos reconocidos respecto al total de solicitudes recibidas del resto del mundo.

Entre 2015 y 2016, México y los tres países del Triángulo Norte (Honduras, Guatemala y El Salvador) contabilizaron 41 casos de refugio solo de personas trans. El 75 % proveniente de México y El Salvador.

Estas cifras pueden parecer poco representativas por la falta de datos oficiales, porque mientras unos pocos casos se resuelven, otros cientos esperan respuesta o desisten. Y a  algunos les pierden la pista porque pasan a manos de otras organizaciones o abogados.

En su informe “Humanitarian Diplomacy: The U.S. Asylum System’s Role in Protecting Global LGBT Rights” (Diplomacia Humanitaria: El sistema de  asilo estadounidense y su rol en la protección global de los derechos LGBT), publicado en 2015, el CAP pide al Estado que levante un registro desagregado de las personas LGBTI solicitantes de asilo, dado que esta condición genera discriminación en muchos aspectos que redundan en la obtención del estatus de refugiado.

Esto se debe al trauma que sufren en especial las mujeres trans durante las detenciones en centros de migrantes donde son maltratadas, abusadas y obligadas en algunos casos a compartir celda con hombres.

El informe también incluye entre sus recomendaciones la eliminación del plazo de un año para presentar la solicitud de asilo. Muchas personas LGBTI, y especialmente las trans, vienen huyendo de países donde han aprendido a esconder su orientación sexual e identidad de género para sobrevivir, por lo que someterse a los procesos de asilo es una experiencia más traumática y compleja que requiere mayor tiempo para atender debidamente estos casos.

Asimismo, el Center For American Action Fund (CAP) recomendó la contratación de más jueces migratorios y oficiales de asilo para hacer frente a la demanda de esta población vulnerable. En los últimos años la cantidad de jueces se ha estancado, mientras el número de agentes del Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza no ha dejado de crecer, doblando el número de agentes entre 2004 y 2012.

Un mural en el barrio Columbia Heights, para pedir respeto a los derechos de los migrantes. Foto: María Cidón Kiernan

Apoyando a las trans latinas en Washington D.C.

Ruby Corado es una mujer trans y activista por los derechos de las personas LGBTI con casi 30 años de vivir en Estados Unidos. Ella llegó a Washington huyendo de su país, El Salvador, donde la guerra le dejó escenas de horror y traumas imborrables de su niñez, cuando vivía en el municipio de Apopa.

Esta mujer se considera “una superviviente de la discriminación”. A los 18 años decidió huir a Estados Unidos.

Empezó a trabajar, pero su empleador trató de abusar sexualmente de ella, y tras escapar tuvo que pasar varios años en la indigencia por las calles de Washington. Pero Ruby nunca dejó de trabajar y buscarse la vida, por temporadas podía rentar un lugar donde vivir, pero por otras no era así y tenía que estar en la calle, donde dice que logró encontrar amigos que le hicieron sentirse arropada.

La vida en la indigencia es dura, se pasa frío, hambre, se sufre el desprecio y la discriminación. En una noche de lucidez, Ruby se prometió a sí misma que algún día abriría un lugar para dar albergue a todas las personas LGBTI en situación de calle. Soñó con una decoración agradable y suaves sábanas de colores. Hoy día Casa Ruby cuenta ya con cinco albergues y el reconocimiento legal como ONG.

“Aquí no existe el odio, no importa cómo seas, aquí se le da la bienvenida a cualquier persona”, expresa con orgullo Ruby.

Además, desde que Casa Ruby comenzó a implementar el trabajo con la población LGBTI migrante, la llegada de trans centroamericanas no ha dejado de crecer, señala esta salvadoreña.

Washington D.C es una de las ciudades santuario para la población LGBTI en Estados Unidos. Sus políticas públicas contra la discriminación favorecen además que la diversidad sexual no se oculte. Por ejemplo, solo en D.C., hay dos publicaciones gratuitas especializadas en el tema, y en el centro de la ciudad coexisten organizaciones que se enfocan en el trabajo con esta población. Sin embargo, no todo lo que luce es oro, en la capital de Estados Unidos también hay discriminación y crímenes de odio. La población trans latina y la afroamericana son las más afectadas. Solo en el presente año, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) reportó los crímenes de seis mujeres trans afrodescendientes en el país norteamericano.

“En este país hay libertad, pero lo cierto es que también hay crímenes de odio, la diferencia es que las leyes aquí son más duras. Y nosotras estamos dispuestas a correr ese riesgo, porque estamos amenazadas en nuestros países de origen, pero no nos importa perder la vida en la frontera por buscar esa libertad, por buscar seguir con vida. Mucha gente no entiende: oh, Estados Unidos, es bonito. Pero muchas chicas se pierden porque aquí no tienen documentos, no tienen casa, están haciendo trabajo sexual por supervivencia porque no tienen otra opción, es difícil mantenerlas en un solo lugar y trabajar con ellas”, explica la salvadoreña Alexa Rodríguez, directora del capítulo de D.C. para la Coalición Translatina.

Las medidas de la actual administración de Donald Trump están generando que se bloqueen las peticiones y los procesos de asilo. De hecho, en la audiencia “Políticas que impiden el acceso al asilo en Estados Unidos”, convocada el pasado 21 de marzo por 15 organizaciones ante la CIDH en Washington D.C., ningún representante estatal se hizo presente. Esta omisión fue interpretada por las peticionarias como un desinterés en el cumplimiento de los tratados internacionales en derechos humanos que el país ya ha firmado.

Otra vez la discriminación

A Casa Ruby llegan todos los días personas que necesitan apoyo para el tema migratorio, el sentimiento común es el miedo, el temor a la deportación, confiesa Pati.

“Mucha gente de la comunidad trans está preocupada y piensa en irse. Una mujer que acompañó a una trans bien famosa, aquí en Washington, y a quien le negaron la visa, nos contó que fue a entregarse a la frontera de Canadá ¡Tres horas y la dejaron pasar en la frontera!”, exclama Pati.

Esta salvadoreña en proceso de asilo es también asesora para la población latina en Casa Ruby, un centro que da atención a la población LGBTI migrante en la capital estadounidense. Ella explica a las migrantes trans, en su mayoría centroamericanas, cómo seguir los procesos y las aconseja para que tengan calma.

Cuando una persona ha ingresado legalmente a Estados Unidos, por ejemplo, con una visa, el proceso de asilo aplica en la forma conocida como “afirmativa”. La solicitud mediante formulario se debe presentar en el plazo de un año. Cuando ésta es aceptada, pasa a una entrevista con un oficial de asilo del Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (USCIS, por sus siglas en inglés). Si la petición es rechazada, se puede presentar hasta dos apelaciones para revisar el caso ante una corte de migración.

“Ahora es que se está poniendo más complicado porque Trump (el presidente de EE.UU.) ha dado órdenes para que se pongan las cosas más difíciles. Pero cuando ya se topa (se logra), te dan un asilo de protección y esperas un año, te dan una tarjeta y al año puedes ser residente, hasta ahorita ese es el proceso – detalla Pati -. Cuando ya has pasado cinco años como residente y has pagado todos tus taxes (impuestos), entonces ahí ya puedes hacerte ciudadana”.

Por otra parte están los procesos de asilo de personas que fueron detenidas cuando ingresaban irregularmente a Estados Unidos. En estos casos el proceso de asilo conocido como “defensivo”  es más complejo, se vincula con los procesos de remoción seguidos a través de la Oficina Ejecutiva de Revisión de Casos de Inmigración (EOIR, por sus siglas en inglés).

Al seguir esta vía, los solicitantes de asilo deben comparecer ante un juez de Inmigración, quien decidirá si puede o no optar al asilo en función del “temor real” de los solicitantes por haber sido perseguidos o torturados. Si finalmente les niega el estatus de refugiado, se determinará si puede optar a otra alternativa para evitar su deportación.

Hace unos meses que el esposo de Pati fue agredido en la calle, era el día de la investidura de Donald Trump y las calles estaban llenas de sus votantes. Salía del metro cuando dos sujetos afroamericanos le asaltaron y le hirieron en el rostro, una raja que le atravesó media cara.

Las autoridades no investigaron nada y no dieron con los atacantes a pesar que había cámaras en la zona y que usaron una de sus tarjetas en una tienda donde también tienen videovigilancia, detalla Pati. Ella considera que fue un ataque de odio pues los delincuentes le insultaban y le decían: “faggot” (forma despectiva de decir gay).

Tras este ataque, ella perdió la confianza en las autoridades y no se siente tranquila cuando sale a la calle. Ahora ve en Estados Unidos un reflejo de la misma impunidad que reina en El Salvador, pero bajo el desprecio de ser considerados “latinos”.

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El país que con solo 12 camas con oxígeno se enfrentó al COVID y logró contener la pandemia

Con solo siete médicos por cada 100 mil habitantes, Senegal ha sido elogiado por su manejo de la epidemia de coronavirus.
8 de octubre, 2020
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A pesar de tener solo siete médicos por cada 100.000 habitantes, Senegal se ha ganado no pocos elogios por su manejo de la pandemia de coronavirus. Mayeni Jones y Naomi Scherbel-Ball, de la BBC, analizan cómo este país africano logró mantener a raya a la covid-19.

“Cuando llegó el primer caso, estábamos muy ansiosos y yo me enojé porque era un caso importado”, cuenta la doctora Khardiata Diallo, quien coordina el centro de tratamiento epidémico del Hospital Fann en la capital, Dakar.

“Nos preocupaba la falta de equipamiento para tratar el coronavirus, había solo 12 camas con suministro limitado de oxígeno para todo el país“.

Los médicos del Hospital Fann ahora pueden monitorear a los pacientes usando cámaras, como medida para minimizar el contacto.

BBC
Los médicos del Hospital Fann ahora pueden monitorear a los pacientes usando cámaras, como medida para minimizar el contacto.

Eso fue a finales de febrero, cuando un ciudadano francés regresó a Dakar, después de unas vacaciones en un centro de esquí, con fiebre, dolor de garganta y dolor de cabeza.

Fue el primer caso de covid-19 en Senegal y el segundo caso reportado en África subsahariana.

Diallo, que formó parte del equipo que trató el único caso de ébola del país durante el brote que afectó a África occidental en 2014 y tiene experiencia en brotes de cólera en los últimos 15 años, sabía que debían actuar rápido para contener la pandemia.

Tests gratuitos las 24 horas

Sus colegas del prestigioso Instituto Pasteur de Dakar, que en febrero fue uno de los dos laboratorios de África que podían realizar pruebas de coronavirus, capacitaron a personal de decenas de otros países sobre cómo realizar las pruebas.

Ibrahima Diop, quien contrajo coronavirus en Senegal en abril.

BBC
Ibrahima Diop fue primero diagnosticado y tratado por malaria cuando contrajo el nuevo coronavirus en abril.

En abril, 43 países del continente africano podían diagnosticar covid-19 de manera efectiva.

Hoy en día, el laboratorio en Dakar funciona las 24 horas y las pruebas se han extendido por todo el país.

Los tests para aquellos que tienen síntomas son gratuitos y los resultados se obtienen en ocho horas.

Si bien ha habido preocupaciones sobre el bajo número de pruebas en todo el continente, el Centro Africano para el Control de Enfermedades está apoyando a los países para aumentar los niveles de testeo y hay esperanzas de que los kits de diagnóstico baratos puedan ayudar.

El Instituto Pasteur ha sido crucial en este esfuerzo, ya que su virólogo jefe, Amadou Sall, se asoció con la firma británica Mologic para desarrollar dos kits de prueba caseros:

  • Uno para probar si alguien tiene el virus actualmente, similar a las pruebas PCR de laboratorio
  • El otro para comprobar si alguien ha desarrollado anticuerpos contra el coronavirus de una infección anterior

La fabricación de la prueba de anticuerpos ya comenzó y deberían lanzarse en las próximas semanas, explica Sall.

Funcionará como un test de embarazo, con un costo cercano a US$1 y con resultados en solo 10 minutos.

Mientras, la prueba para determinar si alguien tiene coronavirus se ha retrasado y está siendo validada por la Escuela de Medicina Tropical de Liverpool, pero hay esperanzas de que aún esté disponible antes de fin de año.

Un mayor nivel de pruebas también deberían ayudar a realizar diagnósticos tempranos.

Gente con mascarilla en un autobús en Dakar.

BBC
El uso de mascarillas es obligatorio en Dakar.

Ibrahima Diop, de 29 años y quien trabaja en un call center en Dakar, se enfermó en abril y fue tratado inicialmente por malaria.

Ante la insistencia de su madre, quien trabajaba en un hospital, fue a que le hicieron la prueba y le diagnosticaron coronavirus, junto con 60 de sus colegas. Recibió rápidamente tratamiento y fue dado de alta del hospital en una semana.

Su caso mostró la necesidad de que las personas se realicen pruebas en un país donde los síntomas pueden confundirse fácilmente con la malaria, algo que las autoridades han enfatizado durante sus sesiones informativas televisadas diariamente sobre el coronavirus.

Cantar para combatir el virus

Un índice de respuesta global a la covid-19 de la revista Foreign Policy otorgó a Senegal la puntuación más alta posible por su estrategia de comunicación, a la que se unieron los mejores músicos del país para informar a la gente.

En abril, se juntaron para lanzar Daan Corona, que significa “Derrotar al coronavirus” en wolof, el idioma local.

En la canción, el famoso músico senegalés Youssou Ndour pide a la gente que se quede en casa y se lave las manos.

https://www.youtube.com/watch?v=qwT19-up78M


También hay coloridos murales en la universidad más antigua de Senegal que muestra a los estudiantes las técnicas adecuadas para evitar la transmisión del coronavirus.

En algunas áreas se instalaron lavabos públicos para que la población pueda lavarse las manos.

En los primeros días de la pandemia, se implementaron otras medidas preventivas, incluida la declaración del estado de emergencia, el cierre total de las escuelas y un toque de queda nocturno.

Los restaurantes, supermercados y bancos se apresuraron a introducir controles de temperatura en sus entradas.

Mural en Dakar de un hombre tosiendo en su codo.

BBC
Murales en Dakar muestran los métodos para evitar la propagación del virus.
Lavabos públicos en Dakar.

BBC
Los lavabos públicos se ven en varias calles de Dakar para que la gente pueda lavarse las manos.

Si bien algunas de esas medidas fueron levantadas, en las calles de Dakar las mascarillas siguen siendo obligatorias, una regla que se introdujo ya en abril.

Hoy en día, las 14 regiones de Senegal están equipadas para tratar a pacientes con coronavirus.

En la sala para los enfermos graves de coronavirus del Hospital Fann de Dakar, Oumar Kane monitorea a su último paciente con coronavirus que depende de un respirador.

El hombre de 58 años ha sido tratado allí durante poco más de una semana, y es diabético.

Para minimizar el contacto, las cámaras de la sala se conectan a una pantalla fuera.

Anuncio de la hermandad musulmana Mouride en el que le pide a la población que use mascarillas.

BBC
La popular hermandad musulmana Mouride le pide a la población que use mascarillas.

Pero en marzo, cuando los casos en Senegal comenzaron a aumentar, el doctor Kane recuerda una situación muy diferente.

“El problema era que solo teníamos 10 camas con respiradores y había momentos en que recibíamos llamadas pidiendo una cama pero no podíamos recibir al paciente”, recuerda.

“Esa demanda continuó durante unas tres semanas, hasta que se equiparon otros hospitales”.

El número de casos diarios registrados ha ido disminuyendo desde mediados de agosto.

Senegal, que tiene una población de 16 millones de personas, solo había registrado hasta esta semana 15.000 casos positivos y poco más de 300 muertes.

Su estrategia para contener el virus se ha adaptado y muchos pacientes con síntomas leves ahora son tratados en casa, con personal médico monitoreando su estado de forma remota desde el hospital y entregando medicamentos.

El desafío de la peregrinación musulmana

Cuando los vuelos internacionales reabrieron en julio, existía la preocupación de que hubiera un aumento en los casos.

Senegal, como muchos otros países africanos, ha pedido a los visitantes que presenten una prueba negativa fechada no más de una semana antes del viaje.

A su llegada, se toma la temperatura de los pasajeros.

En la tumba del fundador de la hermandad Mouride se suelen concentrar grandes concentraciones durante la peregrinación de Grand Magal.

AFP
En la tumba del fundador de la hermandad Mouride se suelen concentrar grandes concentraciones durante la peregrinación de Grand Magal.

Estas medidas parecen haber funcionado, como muestra el bajo número de casos importados.

Se espera que esta semana cuatro millones de personas asistan a la fiesta anual más grande del país, el Grand Magal de Touba.

Es una peregrinación histórica a Touba, que se encuentra a 190 km al este de Dakar y es el hogar espiritual de la hermandad musulmana Mouride.

Los peregrinos hacen cola durante horas en las calles de la ciudad para llegar a la Gran Mezquita y al mausoleo del fundador de la hermandad.

Si bien los carteles alrededor de la capital muestran al líder de la comunidad pidiendo a sus seguidores que usen mascarillas, reunir a un número tan grande de fieles en un solo lugar será una prueba crucial cuando el país busca mantener el progreso logrado.


Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

BBC

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