Una inversión de 1,200 mdp no ha servido para rescatar a la vaquita marina
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Foto: Semanario Contraseña

Una inversión de 1,200 mdp no ha servido para rescatar a la vaquita marina

Solo quedan 30 ejemplares de la vaquita marina, de los 150 de los que se tenía registro en 2007; los programas para proteger a esta especie han fracasado.
Foto: Semanario Contraseña
Por Tania L. Montalvo y Gonzalo Ortuño
20 de abril, 2017
Comparte

Con la puesta en marcha de un área de refugio para la protección de la vaquita marina en el Golfo de California en 2007, se habló de que existían 150 ejemplares. Una década después, y tras más de 1,200 millones de pesos invertidos, hay sólo 30 y una alerta encendida ante su próxima extinción.

En esos diez años los gobiernos de Felipe Calderón y de Enrique Peña Nieto han implementado sin éxito diversos programas, estrategias e incluso ampliado el área de protección marítima para el único mamífero marino endémico de México.

Apenas el pasado 11 de abril, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) anunció que la suspensión de pesca temporal vigente desde abril de 2015 en el norte del Golfo de California se extendería hasta el próximo 31 de mayo para continuar con las acciones destinadas a la protección de la vaquita marina.

Pero estos dos años en los que se ha mantenido a los pescadores fuera del mar para evitar que las vaquitas queden atrapadas en sus redes y mueran, poco ha servido para la conservación: sólo en el último año hubo una reducción de 50% en el número de vaquitas, pues en 2015 el Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita informó de la existencia de 60 ejemplares.

El mismo Comité (CIRVA) alertó desde 2014 que la pesca ilegal de totoaba es la principal amenaza para la especie, pero entre las acciones gubernamentales que han buscado su conservación acabar con esta práctica es la que registra menos avances.

Las vaquitas mueren en las redes para pescar totoaba —también en peligro de extinción y cuya pesca está prohibida desde 1975—, pero la vejiga natatoria o buche de este pez se exporta a China por una falsa creencia de que tiene efectos medicinales y afrodisíacos. Su valor es de 8 mil 500 dólares por kilo de vejiga, lo que implica para los pescadores ganar con pocas jornadas de pesca lo que acumulan en medio año de trabajo.

Según datos de la misma Procuraduría Federal de Protección al Ambiente —a cargo de la inspección y vigilancia para evitar la pesca ilegal—, el número de recorridos y operativos en el Golfo de California para evitarla es el mismo desde hace cinco años, pese a las alertas de que la práctica aumenta.

El número de personas detenidas por esta actividad ilegal disminuyó 65% entre 2015 y 2016; y el presupuesto asignado a las delegaciones de Profepa en Baja California y Sonora —entidades en las que se aplica el operativo de conservación— ha bajado 85% desde 2013, según información de esa instancia entregada tras una solicitud de información pública.

“En octubre y noviembre de 2016, se descubrieron 105 piezas de artes de pesca ilegales o abandonadas (…) Esto demuestra que las actividades de pesca ilegal continúan en niveles alarmantes”, denunció en su último informe el Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita.

Miles de millones de pesos invertidos

En 1997 se realizó el primer esfuerzo para estimar con mayor precisión el tamaño de la población de vaquitas en el Alto Golfo de California. En ese entonces se estimó que existían al menos 570 vaquitas.

Diez años después, la vaquita se sumó a las especies de la lista del Programa de Conservación para el Desarrollo Sostenible y en 2008 se creó el Programa de Acción para la Conservación de la Vaquita Marina.

Éste último programa se enfocó en apoyar a los pescadores de la zona en la modificación de sus técnicas de pesca para evitar la captura accidental de la vaquita marina.

Hasta 2010 tuvo un presupuesto anual de 70 millones de pesos. El año siguiente sufrió un recorte de 57% al recibir sólo 30 millones; monto con el que se mantuvo hasta 2013.

En 2014 recibió cuarenta millones pero para el siguiente año el programa desapareció y se transformó en el Programa de Compensación Social por la Suspensión Temporal de Pesca para contribuir a la Conservación de la Vaquita Marina publicado en el Diario Oficial de la Federación en abril de 2015.

Éste último, vigente hasta el 31 de mayo próximo, ya no se enfoca en apoyar a los pescadores de la zona en mejorar sus técnicas de trabajo para evitar que la vaquita quede atrapada de sus redes, si no que los saca del mar y les entrega un apoyo para compensar la falta de actividad económica.

Cuando se anunció la estrategia en 2015 se prometió un presupuesto mínimo de 541 millones de pesos anuales en compensaciones. Según datos de la Cuenta Pública, ese año se ejerció 37% menos: 341 millones 728 mil pesos.

Mientras que en 2016 se registró un gasto de 501 millones 311 mil pesos, según datos entregados vía transparencia por la Semarnat y la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas.

En total, la inversión desde 2010 es de 1,200 millones 167 mil pesos, sumando también lo ejercido durante el primer trimestre de 2017.

Pero en ese periodo, los registros oficiales muestran que la desaparición de vaquitas no paró, al contrario: el número de ejemplares pasó de 150 en 2007 a 97 en 2014, y finalmente 30 al cierre de 2016.

¿Es posible la conservación de la especie?  

Ante este escenario, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) anunció el pasado 4 de abril el arranque del Proyecto Vaquita CPR (Conservación, Protección y Recuperación), una medida de emergencia para trasladar a algunos de los ejemplares restantes a un santuario temporal con la esperanza de que puedan reproducirse en un lugar seguro, lejos de los peligros de la pesca.

Según el gobierno federal, este proyecto se financiará con tres millones de dólares aportados por organizaciones civiles internacionales y responde a una de las recomendaciones del Comité Internacional para la Recuperación de la Vaquita.

La reproducción de la especie, aún tras la creación de este santuario, enfrentaría tres retos, según el profesor investigador del Instituto de Oceanografía de Scripps, Octavio Aburto: la dificultad de localizar a los ejemplares ya se por aire o vía marítima, el poco estrés que pueden soportar al ser manipuladas y perseguidas, así como la baja diversidad genética que poseen por la reducción de ejemplares.

Se presume que la vaquita puede empezar a reproducirse alrededor de los 6 años. La hembra tiene sólo una cría durante la primavera, probablemente cada dos años o más. El ejemplar más viejo encontrado ha sido una hembra con una edad estimada de 21 años. Es decir, una hembra solo podría tener entre 5 y 7 crías en toda su vida reproductiva.

Además de que esta baja tasa reproductiva es un factor en contra para su reproducción, se estima que menos del 20% de los ejemplares vivos son hembras.

El especialista en Ecología costera considera que la estrategia del gobierno federal sólo se ha enfocado en acciones de corto plazo que no pintan un futuro para la especie mexicana; sostiene que investigadores y expertos alertaron el peligro inminente para la vaquita marina desde 1970, tan sólo 20 años después de haber sido descubierta.

“Desde entonces se fue documentando cómo estos animales tenían una interacción muy fuerte con las pesquerías locales, principalmente en aquel entonces todavía con la pesquería de totoaba”, explica el biólogo marino en entrevista.

Actualmente, Octavio es coordinador del Programa Marino de California, el cual trabaja en comunidades del Alto Golfo para monitorear y obtener datos de las pesquerías.

Se trata de un programa asociado a varias instituciones académicas, incluyendo la Universidad de Baja California Sur,  la Universidad de California y la Autónoma de Baja California, entre otras.

Aburto asegura que durante los últimos 10 años las autoridades han desperdiciado miles de millones de pesos en medidas que no atacan el problema de raíz: la dependencia a la pesca y la falta de oportunidades.

“¿Quién ha invertido en trabajo, en economía, en áreas alternativas, incluso en educación?  A todos los chavos de 13 o 14 años los están reclutando para la pesca porque no tienen otras opciones”, explica el especialista, para quien los subsidios de fomento a la no pesca sólo han agravado el problema.

Actualmente, la estrategia se enfoca en mantener a los pescadores fuera del mar, pero la pesca ilegal continúa y el número de vaquitas se mantiene a la baja.

Hace tres años expertos internacionales proyectaron que el ritmo de muerte de la vaquita implicaría su desaparición para 2018. A poco tiempo de que se cumpla ese periodo, los múltiples programas gubernamentales no han podido frenar la muerte de las vaquitas.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Los kenianos que se ganan la vida corriendo en Toluca, la ciudad más alta de México

Toluca, capital del Estado de México, acoge desde hace años a ciudadanos de Kenia que encuentran ahí un entorno ideal para practicar su profesión y ganarse la vida.
7 de agosto, 2022
Comparte

Desde temprano, se puede ver a decenas de personas entrenando en la pista de atletismo de una de las unidades deportivas de Metepec, Estado de México.

Entre todas ellas destaca un grupo de atletas que corren sprints a toda velocidad, dejando atrás al resto de aficionados mientras se comunican entre ellos principalmente en swahili.

Grupos de kenianos como este son fáciles de encontrar en la vecina Toluca, al oeste de la Ciudad de México. Este lugar se ha convertido en su hogar en los últimos años, a casi 15 mil kilómetros de su país natal en África Oriental.

Pese a la enorme distancia, los kenianos dicen que Toluca no se les hace tan diferente.

Y considerando que la gran mayoría de ellos se dedica al atletismo de manera profesional, aseguran que la capital del Estado de México tiene características casi perfectas para ellos.

“Toluca es bueno por la altura y no hace tanto calor como otros lugares donde cuesta más entrenar. Donde vive mi familia en mi país es casi igual en altura y clima. Por eso no me costó adaptarme aquí, era como estar en Kenia”, dice Musa Lemiukei, joven corredor que llegó a México hace cinco años.

La ciudad más alta de México

Escoltada por el imponente volcán Nevado de Toluca, los más de 2 mil 600 metros sobre el nivel del mar de esta ciudad la más alta de México la hacen ideal para entrenar por la menor existencia de oxígeno.

Ello hace que los pulmones deban abrirse, se eleve la capacidad de transportar sangre y el cuerpo rinda más con menos esfuerzo cuando se regresa a una altura más baja.

Ciudades más altas del mundo 🌎. (centros urbanos con más de un millón de habitantes) [ 1. La Paz (Bolivia): 3.869 m. ] [ 2. Quito (Ecuador): 2.784 m. ],[ 3. Toluca (México): 2.648 m. ],[ 4. Cochabamba (Bolivia): 2.621 m. ],[ 5. Bogotá (Colombia): 2.601 m. ], Source: Fuente: base de datos de centros urbanos de la Comisión Europea., Image: Nevado de Toluca

Por ello, animados por la experiencia de otros compatriotas, Toluca es el principal destino en México elegido por los atletas kenianos, que se mudan al país desde finales de la década de los 80 para vivir de los premios de competiciones.

Muchos lo hacen animados por la experiencia de compatriotas que ya viven aquí. Otros lo eligieron por su cercanía con Estados Unidos, bien porque antes vivían allí o porque planean llegar en el futuro al país vecino, donde establecerse como residente suele ser más complicado que en México.

Según Evanson Moffat, quien se dedica a la organización de eventos deportivos, Toluca llegó a acoger en su día a unos 100 kenianos. La mayoría llegó contratando previamente a “un mánager mexicano, afiliado ante la Federación de Atletismo”, quien se encarga también de la invitación para lograr su visa de entrada a México, asumiendo su representación profesional en el país.

Map

Actualmente, en cambio, Moffat cree que el número de compatriotas en la ciudad no llegará a 30.

“La pandemia hizo que muchos se fueran porque se dejaron de hacer maratones y no tenían de qué vivir. Pero ahora esperamos que vayan regresando”, dice a BBC Mundo el empresario, quien se trasladó de Kenia a México en 1998 con el sueño de “ver a un mariachi en vivo” y con interés por aprender español.

Entrenando desde niños

Tras hora y media de intenso ejercicio en Metepec, el grupo de kenianos se cambia de ropa mientras charla y bromea.

José Gutiérrez, un joven de solo 20 años que ya compite en algunas pruebas, es el único mexicano que ha entrenado con ellos.

“Los conocí en la Alameda 2000 (el parque de Toluca donde suelen correr principalmente) y ahora les acompaño lunes y miércoles porque son muy buenos. Especialmente Hillary, aunque ahora creo que ya no está corriendo”, cuenta a BBC Mundo.

José Gutierrez entrenando con corredores kenianos en Toluca.

Marcos González / BBC
José Gutiérrez (en primer plano) sueña con alcanzar los logros en competiciones de los corredores kenianos de Toluca.

Hillary Kimaiyo, también presente en el grupo, es en efecto uno de los corredores basados en México con más premios dentro y fuera del país. En 2011, batió un récord al correr el maratón más rápido en territorio mexicano, con un tiempo de dos horas, ocho minutos y 17 segundos para 42.195 kilómetros.

“Vivimos para correr y corremos para vivir”, cuenta a BBC Mundo el deportista de 41 años, para subrayar la dedicación exclusiva que dan a su preparación y a las competiciones, a las que planea regresar tras un tiempo alejado del primer nivel.

“Hillary lo ganó todo en México”, coincide Rodolfo Obregón, comisionado de carreras de ruta de la Federación Mexicana de Asociaciones de Atletismo, cuando se le pregunta por el atleta keniano más destacado en los últimos años.

Corredores kenianos en Toluca

Marcos González / BBC

“En su momento, estos corredores fueron el gran atractivo para los organizadores. También a veces hacen que los mexicanos no se interesen tanto por participar en pruebas porque, al estar los kenianos, creen que van a tener menos posibilidades”, agrega Obregón.

Kimaiyo tiene la explicación de por qué sus compatriotas suelen copar el palmarés de tantas competiciones de atletismo: las grandes distancias que desde niños tienen que recorrer en Kenia para ir a la escuela, regresar a comer y hacer el mismo trayecto de ida y vuelta en la tarde.

“En total, podías correr 30 o 40 kilómetros al día sin darte cuenta de que era un ejercicio. Ahora todo ha cambiado porque hay muchas más escuelas privadas, los papás llevan a los hijos en carro… Verás que, en el futuro, no vas a ver atletas de África como nosotros”, pronostica.

Eliud Kipchoge, también keniano, revalidó en Tokio 2020 el título olímpico de maratón logrado en Río 2016 y también posee el récord del mundo de la distancia con un tiempo de dos horas, un minuto y 39 segundos.

Musa Lemiukei

Marcos González / BBC
Musa Lemiukei dice que el clima y la altura de Toluca, similares a su ciudad en Kenia, le ayudaron a adaptarse a su nueva vida en México.

Picante vs. ugali

Tras el entrenamiento, los kenianos de Toluca se suelen reunir en casa de alguno de ellos para almorzar, charlar o simplemente pasar el rato.

Esta vez es Kimaiyo quien los recibe en su vivienda, donde entre varios preparan pollo y ensalada con ugali (una masa hecha de harina de maíz o mandioca), que después degustan con las manos. “En nuestro país se come así”, explican con una sonrisa.

Mientras almuerza, Lemiukei cuenta que no ha conseguido acostumbrarse al picante tan típico de México. Tampoco al tequila porque “está fuerte”. Lo que más le costó al llegar fue aprender español. Y lo que más le gustó es la amabilidad de la gente mexicana.

Corredores kenianos en Toluca cocinando

Marcos González / BBC

La mayoría de ellos comparte pequeñas viviendas para abaratar gastos. “Vivimos de correr para ganar premios con los que pagamos la renta y mandamos dinero a nuestras familias”, dice el joven atleta.

Sin embargo, la ausencia de pruebas durante la pandemia hizo que algunos de ellos tuvieran serias dificultades económicas. “Hasta que conocidos mexicanos venían con un regalo de comida. Fue bonito”, recuerda.

Depender únicamente de las competiciones les supone un ingreso inestable y que depende de la clasificación y el tipo de prueba.

Lemiukei se llevó 4 mil pesos (unos 195 dólares) por la última carrera que ganó. Sin embargo, el maratón de la CDMX el más importante del país y en el que Kimaiyo se impuso en tres ocasiones premió el pasado año con hasta 550 mil pesos (26 mil 920 dólares).

Corredores kenianos en Toluca comiendo ugali

Marcos González / BBC
Kimaiyo, de amarillo a la izquierda, degustando el ugali como uno de los platos típicos de la gastronomía de Kenia.

Quedarse o regresar a Kenia

El atletismo fue precisamente lo que unió a Kimaiyo con su esposa mexicana. Ambos se conocieron entrenando en 2011 en un parque de Toluca en el que ella corría solo como aficionada.

Lo curioso es que, sin saberlo, ya se habían visto por primera vez tres años antes, cuando ella acudió como público al maratón de la CDMX y tomó una foto de quien iba en primer lugar. Tiempo después se dio cuenta de que aquel ganador de la imagen era su marido.

“Nos hemos adaptado bien pese a las culturas diferentes en todos los aspectos”, dice a BBC Mundo su esposa, Yenie Nava, cuando llega a la casa tras recoger de la escuela a los dos hijos de la pareja.

Aunque la mujer cree que los kenianos son en general bien acogidos en México, sí reconoce que en un principio incluso su propia familia se vio sorprendida al conocer a alguien “llegado desde tan lejos”.

Familia Kimaiyo

Marcos González / BBC
Hillary Kimaiyo, Yenie Nava y sus dos hijos planean su futuro en México, aunque sin deslindarse del atletismo que tantos éxitos le ha dado.

“Cuando vamos a carreras en pueblos pequeños, todo el mundo mira y se quiere tomar una foto con él. Y cuando voy con mis hijos por la calle sola, a veces me preguntan si son míos”, explica.

Al margen de viajes esporádicos a Kenia, el proyecto de vida de la familia Kimaiyo pasa por quedarse en México, donde Hillary quiere ampliar la escuela que abrió como entrenador y donde está previsto que crezcan sus hijos, a quienes su madre define como “80% mexicanos”.

Al acabar la comida en su casa, el grupo de kenianos se relaja haciendo llamadas a familiares y amigos o viendo televisión con noticias de su país. Este mes de agosto hay elecciones presidenciales y algunos discuten sobre quién será la mejor opción.

Lemiukei, quien planea ahorrar en México hasta conseguir una beca deportiva con la que poder mudarse a EU para estudiar Ciencias Políticas, está muy interesado en el tema.

Corredores kenianos en Toluca viendo TV

Marcos González / BBC
Tras entrenar, los kenianos se mantienen informados de las noticias con la televisión de su país.

“Los gobiernos (kenianos) prometen mucho y luego no lo hacen. Por las carreteras no puedes circular cuando llueve, en mi tribu las mujeres todavía se casan muy jóvenes y sin tener educación superior…”, relata.

“Así que mi sueño es estudiar y volver a Kenia. Y poder quizá ser alcalde de mi ciudad para representar a la gente y tratar de mejorar lo que no está bien allá”, fantasea con una sonrisa, antes de regresar a la casa que comparte con otros corredores.


Recuerda que puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=Vb2BfBrB1MQ

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.