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Especial

Hazlos brillar de nuevo: el proyecto de un hogar para adultos mayores LGBT en la CDMX

Una mujer trans de 85 años, Samantha Flores, busca recursos para echar a andar una casa de día en CDMX, donde adultos mayores LGBT formen una familia, se sientan libres y sin temores.
Especial
Por Erendira Aquino
2 de mayo, 2017
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Samantha Flores es una mujer trans de 85 años que ha dedicado más de dos décadas de su vida a ayudar de manera voluntaria a personas con VIH y familiares de mujeres víctimas de feminicidios.

Ahora, su “sueño” es echar a andar ‘Hazlos brillar de nuevo’ (Let them shine again), una casa de día para personas mayores de la comunidad LGBT.

“El proyecto original era hacer un albergue del adulto mayor gay, porque hay muchos en condición de calle, pero es caro, cuesta muchísimo dinero, es muchísima responsabilidad, son muchísimos permisos, entonces lo dejamos a un lado y pensamos que una casa de día sería lo más conveniente para formar una familia de adultos mayores LGBT”, cuenta Samantha.

Desde hace seis años, Samantha obtuvo el apoyo de la asociación Ser Humano, dedicada a atender a personas con VIH, y  comenzó a realizar reuniones con algunos amigos, conocidos y conocidos de sus conocidos.

Sin embargo, “ahora queremos rentar una casa y acondicionarla para el adulto mayor”, por lo que comenzaron a recaudar fondos y esperan llegar a una meta de 400 mil pesos.

Samantha comenta que existen espacios para adultos mayores de la comunidad LGBT en países como Argentina, Alemania en Suecia, pero no en México, y menos que presten servicios gratuitos, como pretenden ellos hacer con su proyecto.

Juventud y vejez para la comunidad LGBT

Samantha explica que las personas LGBT “han tenido pocas oportunidades en trabajo, familia, círculos sociales y todo durante toda su vida, por lo que llega de forma muy precaria a la tercera edad, con una pensión o sin pensión y, la mayoría, sin prestaciones médicas. Sobre todo las personas trans. Antes era impensable que una persona trans tuviera estudios o que una persona trans pudiera lograr un trabajo, que no fuera una peluquería o siendo trabajadora sexual”.

A eso se suma que muchos de ellos lleguen a la vejez sin familia “porque fueron rechazados, por la imposibilidad de haber formado una”.

Y quienes tienen una familia en ocasiones, incluso, “deben volver al clóset” ante el temor de que la expresión de su sexualidad haga que no los acepten y queden en el abandono.

“Nos han preguntado por qué se hace un espacio especial para los adultos mayores LGBT, que si eso no los segrega, pero en realidad es porque así ellos se sienten más cómodos, se sienten en comunidad y en familia. Ellos se sienten libres de expresarse, contrario con lo que podría pasar en otros lugares”, explica, y agrega que espera que este proyecto pueda replicarse en otros lugares para que se visibilice la existencia de la vejez LGBT.

Un nuevo brillo

“Muchos abuelos tenemos historias que contar de nuestra vida y no hemos podido porque a veces estamos solos, por estar apartados o por no tener dónde reunirnos”, explica Samantha.

Por eso el nombre Hazlos brillar de nuevo (Let them shine again), “para hacer brillar estas historias y a estas personas que a veces se apagan entre tanta penuria”.

Estas historias quedarán plasmadas en un libro y en postales, que serán enviadas a quienes aporten un donativo para que este espacio pueda volverse realidad.

“El hecho de que a partir de esta campaña pueda existir una casa, un lugar físico o una oficina donde puedan reunirse los adultos mayores LGBT da solidez al proyecto, y esperamos que con eso la gente tenga más intención de apoyarlo”, dice Samantha, y finaliza “esto es un pequeño granito de arena, pero se tiene que ir como bola de nieve, juntando más y creciendo”.

Si quieres apoyar a ‘Hazlos brillar de nuevo’, en esta página encontrarás toda la información sobre cómo hacerlo.

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AFP

Protestas en Chile: cómo funcionan los sistemas de pensiones en el país sudamericano y en otras naciones de América Latina

El reclamo de la gente porque sus pensiones no les alcanzan para cubrir las necesidades básicas es común en los países de la región y se ha convertido en una de las principales demandas del estallido social en Chile.
AFP
14 de noviembre, 2019
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“Queremos jubilaciones dignas” es una de las consignas que aparece una y otra vez en las protestas que comenzaron en Chile a mediados de octubre, cuando el alza de la tarifa del metro de Santiago detonó el mayor estallido social de las últimas tres décadas en ese país y puso en jaque al gobierno de Sebastián Piñera.

Aunque las demandas son muchas, uno de los principales reclamos de la población apunta directamente al sistema de pensiones, según una encuesta realizada por el Departamento de Economía de la Universidad de Chile, el centro de estudios Núcleo Milenio en Desarrollo Social (DESOC) y el Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social (COES).

El sistema de pensiones chileno se basa en el ahorro individual de las personas durante su vida laboral. Es decir, si tuviste una buena situación económica y ahorraste una gran cantidad de dinero, tendrás una buena jubilación.

En el otro extremo, si no cotizaste lo suficiente -porque tu sueldo era bajo, estuviste desempleado o por cualquier otro motivo- tu pensión será ínfima.

Creado bajo el régimen de Augusto Pinochet, el sistema es administrado por empresas privadas (Administradoras de Fondos de Pensiones o AFPs) que invierten los ahorros de los trabajadores en el mercado de capitales.

Sin embargo, se agregó al sistema un“pilar solidario” en 2008 para que el Estado ayudara a las personas con menores ingresos que no pueden cubrir sus necesidades básicas.

Por eso los expertos lo clasifican técnicamente como un “sistema integrado” y no exclusivamente de ahorro individual.

A pesar del pilar solidario, cerca del 80% de los jubilados chilenos recibe una pensión inferior al salario mínimo (en la actualidad es de US$414), según las conclusiones del informe de la Comisión Asesora Presidencial sobre el Sistema de Pensiones de 2015.

¿Qué países se inspiraron en el modelo chileno de los años 80 y aún lo mantienen?

Adulta mayor

Getty Images
Brasil y Chile son dos casos paradigmáticos de los distintos sistemas de pensiones que hay en la región.

En los años 80 y 90, varios países de la región se inspiraron en el modelo chileno de ahorro individual creado por José Piñera en 1981.

“Hay cuatro países que, a pesar de haber implementado reformas, mantienen el modelo de capitalización individual”, le dice a BBC Mundo Alberto Arenas, asesor regional de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), exministro de Hacienda en el gobierno de Michelle Bachelet y autor del libro “Los sistemas de pensiones en la encrucijada: desafíos para la sostenibilidad en América Latina”, publicado en octubre de este año.

Se trata de México, El Salvador, República Dominicana y Bolivia.

“La reforma de Bolivia en el 2010 estatizó el sistema de pensiones pasando su administración del sector privado al público, pero no llegó a cambiar el modelo”, apunta el economista.

De todos modos, los países que emularon el sistema chileno “han incluido algunos mecanismo de solidaridad” con el paso del tiempo.

“En la última década la tendencia ha cambiado. A futuro creo que los países tenderán a incorporar aportes solidarios financiados por el Estado y administrados por el sector público, dice Arenas.

Uno de los mayores desafíos, agrega, es asegurar la sostenibilidad de los sistemas de pensiones en cuanto a su cobertura (el número de personas), suficiencia (el monto de las pensiones) y su viabilidad financiera.

Adultos mayores en Caracas

Getty Images
Bolivia, El Salvador, México y República Dominicana se inspiraron en el modelo chileno creado en 1981, aunque han incorporado reformas.

En su libro, el investigador argumenta que hay cinco tipos de sistemas de pensiones en la región. Aquí te los explicamos.

1-Reparto

Los que trabajan aportan al sistema y con esos fondos se financian las jubilaciones de los adultos mayores. Es una forma de ahorro colectivo.

Esos fondos son administrados públicamente y las principales características del sistema están definidas por ley, como por ejemplo, los requisitos de acceso, la fórmula para calcular el dinero que recibe el jubilado en relación a su salario y la reajustabilidad de la pensión.

Los aportes de las personas también están definidas por ley y pueden ser con cargo a los trabajadores, empleadores y el Estado.

Este modelo, con distintas variantes, se utiliza en Argentina, Brasil, Cuba, Ecuador, Guatemala, Haití, Honduras, Nicaragua, Paraguay y Venezuela.

2-Ahorro individual

Es un esquema por el que los trabajadores ahorran en cuentas individuales y esos fondos son administrados por el sector privado.

La ley no fija las condiciones ni la forma de calcular las pensiones, porque estas dependen del ahorro de cada individuo y la rentabilidad de esos fondos invertidos por empresas privadas en los mercados bursátiles.

Adulto mayor

Getty Images
En el sistema de “capitalización individual” el monto de la pensión depende del ahorro que acumula cada persona durante su vida laboral.

Está presente en Bolivia, El Salvador, México y República Dominicana.

3-Mixto (complementario)

Bajo este modelo, el sistema público de reparto y el de ahorro individual se complementan, es decir, las personas pueden pertenecer a ambos sistemas.

En el caso de América Latina, las pensiones provienen principalmente del sistema público de reparto y a ellas se suman los fondos del sistema de capitalización individual, cuya administración puede ser pública o privada.

Está presente en Costa Rica, Panamá y Uruguay.

4-Paralelo (no se complementan)

En el sistema paralelo existe competencia entre el modelo público de reparto y el de ahorro individual. Los trabajadores deben elegir uno de los dos, razón por la cual son sistemas excluyentes. En algunos casos, existe la posibilidad de cambiarse de sistema.

Opera en Colombia y Perú.

5-Integrado

Es el sistema que utiliza actualmente Chile, donde la jubilación depende de los fondos individuales, pero en el caso de las personas más pobres, el Estado aporta fondos (pilar solidario).

Otros expertos consultados por BBC Mundo consideran que Chile ha mantenido el sistema de ahorro individual de los años 80, a pesar de la reforma que hizo en 2008.

Los casos paradigmáticos: Brasil y Chile

Según Mariano Bosch, especialista principal en la División de Mercados Laborales del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y coautor del libro “Presente y Futuro de las Pensiones en América Latina y El Caribe”, cada sistema tiene sus falencias.

Adulto mayor y médico

Getty Images
“Yo no creo que sirva ahorrar un 10% del salario y esperar una pensión cercana al 60% de tu último sueldo, no es realista”, dice Mariano Bosch.

Bosch divide los modelos de la región en dos categorías: los tradicionales modelos públicos de pensiones (también llamados sistemas de beneficio definido o de reparto) y los de cotización individual.

En ese contexto, los casos más paradigmáticos, explica, son Brasil (con su modelo público) y Chile (con su modelo de ahorro personal).

“Son casos como de libro. Brasil es un sistema con grandes problemas de sostenibilidad fiscal y Chile es un país con grandes problemas de sostenibilidad social”.

“Estamos observando un replanteamiento de muchos sistemas”.

Brasil, por un lado, no tiene los recursos fiscales para financiar un sistema con altos niveles de subsidio y de redistribución.

“Este sistema beneficia a aquellas personas que contribuyen toda su vida laboral. Te llevas entre el 60% o el 70% de tu último salario”.

“Pero es un sistema regresivo porque le da muy poco al que contribuye pocos años. Es muy inequitativo“, agrega.

Manos de mujer

Getty Images
La población en América Latina está envejeciendo rápidamente.

Además le afecta el envejecimiento de la población. “Como el sistema se financia con las contribuciones de los trabajadores hacia los pensionistas, mientras más pensionistas existan, más difícil será financiar el sistema”.

Y en el caso de Chile, el problema es que “las pensiones están muy por debajo de las expectativas que se hizo la gente”.

“Si la gente esperaba recibir una pensión equivalente al 70% de su último salario y en Chile es del 20 o del 30%, hay un gran salto entre lo que las personas esperaban y lo que está resultando del sistema”.

Bosch argumenta que si una persona ahorró solamente 10 o 15 años -por las razones que sean- es muy difícil acumular el capital necesario para obtener una buena pensión.

Y además, los parámetros con los que se creó el sistema, dice, quedaron desactualizados.

“Yo no creo que sirva ahorrar un 10% del salario y esperar una pensión cercana al 60% de tu último sueldo. Eso no es realista“.

Actualmente Chile está discutiendo cómo cambiar su sistema de pensiones y, en paralelo, cómo reformar su sistema impositivo, con el objetivo de recaudar cerca de US$1,000 millones.

En medio del debate, las protestas continúan y la llamada “furia chilena” aún no da señales de aplacarse.


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