La muerte de Alan está impune: liberan al asesino confeso de un joven de 21 años
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Especial

La muerte de Alan está impune: liberan al asesino confeso de un joven de 21 años

Alan Martínez fue atropellado en 2012; existen pruebas y el responsable confesó, pero a los dos meses de la detención lo liberaron.
Especial
Por Nayeli Roldán
3 de mayo, 2017
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Alan Martínez Rojas tenía 21 años, era el menor de tres hermanos y estudiaba la preparatoria. El 29 de septiembre de 2012 fue atropellado a unos metros de su casa en la delegación Gustavo A. Madero. Murió a los pocos minutos y el conductor huyó. Aunque existen pruebas y el responsable confesó, fue liberado a los dos meses de la detención.

Los testigos identificaron a Edwin N, vecino de la zona, como el conductor del auto marca Golf color negro que mató a Alan. Dos días después, el presunto responsable vendió el coche “porque no sabía qué hacer”, según consta en su declaración y a las semanas siguientes se cambió de domicilio.

La madre de Alan, Rocío Rojas, denunció el caso pese a los comentarios sobre la supuesta influencia del presunto responsable. Los vecinos le recomendaban no hacerlo porque “decía que eran secuestradores y que no me metiera con esa gente porque me podrían matar a mí o a mis hijos”.

La señora ignoró los comentarios y pese al miedo, denunció. “Sé que no hay reparación del daño, no hay dinero con el que pueda recuperar a mi hijo, pero lo que quiero es tranquilidad, que se le juzgue conforme a derecho”.

Decidió creer en el sistema de justicia, pero desde un principio comprobó que no sería fácil. El agente del Ministerio Público de Gustavo A. Madero 2 tipificó el delito como homicidio culposo agravado. Sin embargo, según la versión de los testigos, el atropellamiento no fue un accidente.

Eran las cinco de la mañana y Alan estaba con otro amigo rumbo a su casa después de una fiesta. Una camioneta roja con hombres dentro que pasó junto a ellos gritaron insultos. Estos no respondieron. Pero detrás venía el auto de Edwin N y lo impactó a toda velocidad.

“El cuerpo de mi hijo tenía las llantas marcadas en la espalda”, asegura la madre. Los testigos declararon que el joven quedó prensado en el parabrisas tras el impacto, y Edwin N “iba volantenado para deshacerse de él”; en cuanto lo hizo, siguió su camino a toda prisa.

Según la versión del acusado, Alan y su amigo estaban corriendo, intentando alcanzar a la camioneta roja que los había insultado. Los tripulantes bajaron del vehículo y comenzaron a discutir con Alan. Edwin N. manejaba su auto a un metro de la banqueta y “Alan fue quien se atravesó al momento que perdió el equilibrio por lo borracho que andaba. Yo no tuve la culpa”, según consta en su declaración del 1 de octubre de 2012.

Los tripulantes de la camioneta roja lanzaron una botella de vidrio contra el auto de Edwin N y los siguió, por eso, dice, no auxilió a Alan que había quedado tirado en el asfalto.

El viacrucis

Rocío Rojas tuvo que cambiar de domicilio debido a las amenazas que recibió, como un mensaje escrito en su vehículo “te vamos a enterrar”, o las cenizas tiradas en la puerta de su casa. Debido a ello, incluso, denunció y solicitó seguridad a la policía capitalina.

El 23 de octubre de 2012, Edwin N fue señalado como presunto responsable, pero se reservó su derecho a declarar, argumentando temor por alguna represalia por parte de la familia de la víctima.

Una semana después, el 30 de octubre de 2012 declara que sí vio a Alan, pero no pudo esquivarlo. Sobre el auto que manejaba, aseguró que lo había vendido en Monterrey dos días después del suceso, y no tenía los datos para localizar al comprador.

Sólo con esa declaración, y pese a que los testigos relataron el atropellamiento y la huida, el juez de la GAM, Francisco Tercero, dejó en libertad al imputado. Consideró que sin el automóvil como prueba material el caso podía archivarse.

Según la familia, el juez también desestimó otras pruebas como la autopsia del cuerpo en la que consta que un brazo estaba prácticamente desprendido, y la causa de la muerte fue contusión múltiple. También un peritaje terrestre en el que se comprueba que no hubo huella de frenado.

Después de insistir por todas las vías legales por parte de la familia, el caso llegó al juzgado 43 del reclusorio Norte en 2015. Tras analizar el expediente, la jueza Diana Carmona determinó que habían pruebas suficientes para que Edwin N enfrentara el proceso con posibilidad de cárcel de hasta 10 años, y emitió una orden de aprehensión.

Pasaron dos años más para que la policía lo detuviera. Ocurrió el 8 de febrero de 2017 en el Estado de México, y fue trasladado al reclusorio Norte, pero sólo estuvo ahí dos meses.

En esas ocho semanas hubo dos audiencias y en la segunda, del 17 de abril pasado, el magistrado Enrique Sánchez Sandoval, de la cuarta sala del Tribunal Superior de Justicia, concedió la libertad al imputado argumentando que había cooperado en todo momento durante el proceso e impuso una multa de 50 mil pesos.

La familia pensó que el fin de este proceso estaba por concretarse, pero no. Ahora tendrán que interponer otro amparo para revertir esa decisión, pero aseguran que continuarán el tiempo que sea necesario para que el responsable pague por el delito que cometió y, por fin, se haga justicia.

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Coronavirus; ¿Qué produce una respuesta inmunitaria más fuerte: la infección natural o la vacuna?

Si bien ambas producen una respuesta inmunitaria, te explicamos por qué es mejor la protección que te puede ofrecer una vacuna contra el SARS-CoV-2.
16 de diciembre, 2020
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Reino y Estados Unidos iniciaron ya su programa de vacunación masiva contra el coronavirus con la vacuna de Pfizer/BioNTech.

La inmunización, producida en Bélgica, es un nuevo tipo de vacuna llamada ARN que utiliza un pequeño fragmento del código genético del virus para enseñarle al cuerpo a combatir la COVID-19 y generar inmunidad.

El resto de las vacunas —incluidas la rusa Sputnik V, que comenzó a suministrarse de forma masiva en Moscú, la china Sinovac, la estadounidense Moderna o la británica Oxford-AstraZeneca— continúan en la carrera y la aprobación de algunas de ellas se espera de forma inminente.

En Reino Unido, los primeros en recibir la dosis inicial de las dos necesarias para alcanzar la inmunidad completa son las personas mayores de 80 años, los profesionales de la salud en primera línea, así como los trabajadores de las residencias de ancianos.

Y mientras que la mayoría de la población espera con ansias que le llegue su turno, hay quienes miran a la vacuna con recelo por las incógnitas que todavía no tienen respuesta.

Una de las preguntas que se repite (aunque no necesariamente entre quienes están en desacuerdo con la vacunación) es, ¿Qué genera una respuesta inmune más fuerte: la infección natural o la vacuna?

BBC Mundo conversó con tres expertos en el tema en busca de una respuesta.

Según el caso

En pocas palabras: aún no se sabe.

“Hay algunas enfermedades donde la vacuna protege más que la enfermedad y otros casos donde la enfermedad brinda más protección que la vacuna”, le explica a BBC Mundo Carlos Rodrigo, vacunólogo y Director Clínico de Pediatría del Hospital Germans Trias i Pujol, en Barcelona.

Paciente de covid-19

Getty Images
Mientras que a algunas personas el virus les provoca pocos o ningún síntoma otros deben ser hospitalizados o conectados a un respirador.

Rodrigo da como ejemplo enfermedades clásicas como el sarampión, la varicela o las paperas, donde la infección natural es la que otorga una inmunidad más prolongada, donde lo habitual es que una vez que la pasas no te vuelvas a enfermar.

En otro tipo de infecciones, como las provocadas por neumococos o meningococos (dos tipos de bacterias) en niños o por el virus del papiloma humano (VPH) —un grupo de virus que puede causar verrugas y varios tipos de cáncer— la situación es exactamente opuesta.

En el caso del VPH, por ejemplo, la vacuna genera una respuesta inmune más potente que la inmunidad natural, ya que esta última es particularmente débil.

Esto se debe a que, entre otra cosas, el virus emplea varias tácticas para evadir al sistema inmune, le explica a BBC Mundo Maitreyi Shivkumar, profesora de Biología Molecular en la Facultad de Farmacia de la Universidad De Montfort, en Reino Unido.

“Muchos virus, entre los que se incluye el VPH tienen proteínas que bloquean la repuesta inmune o simplemente mantienen un perfil bajo para no ser detectadas”.

En cambio la vacuna, “contiene una concentración alta de una sola proteína —la que sobresale de la superficie del virus y la que detecta el sistema inmune— en su forma más pura”.

Al suministrar una gran cantidad de esta proteína, la respuesta que se genera es mucho más fuerte, señala Shivkumar.

Y, además, la vacuna permite que, “de cierta forma, el sistema inmune no se distraiga con otros trozos del virus (como ocurriría en una infección natural)”, añade la experta, aunque aclara que son pocos los casos donde la inmunidad generada por la vacuna es mayor a la que suscita la infección natural.

“Por lo general las vacunas son tan buenas como la infección (en este sentido), o brindan suficiente inmunidad y eso es lo que se quiere lograr”.

¿Cómo se posiciona la covid-19 en este sentido?

Dado que se trata de una enfermedad nueva y de que los estudios sobre la vacuna fueron diseñados para determinar su seguridad y eficacia más que para evaluar la longevidad de la inmunidad, no sabemos con exactitud por cuánto tiempo se extiende el efecto protector de ninguna de las dos.

HPV

Getty Images
En el caso del VPH, la vacuna genera una respuesta inmune más fuerte que el virus mismo.

Lo que sí sabemos es que, a diferencia de la infección natural, de la que podemos recibir una dosis viral variable (alta, mediana o baja) que produce diferentes niveles de inmunidad, “cuando te suministran una vacuna, recibes una dosis predeterminada que sabemos provoca una respuesta inmune fuerte y apropiada, capaz de prevenir la infección en un gran porcentaje de los casos”, le dice a BBC Mundo Jennifer Gommerman, inmunóloga de la Universidad de Toronto, Canadá.

“Hay muchas similitudes: las dos cosas —la infección natural y la vacuna— generan anticuerpos neutralizantes e inmunidad celular (el proceso que activa entre otras cosas a las células T)”.

“Pero una de las grandes diferencias es que las vacunas no provocan el daño colateral de una respuesta inmune extremadamente robusta, que en mucha gente puede ser perjudicial y causar daño en los pulmones”, explica la experta.

Sin vacuna, dice Carlos Rodrigo, atravesar la enfermedad es “una aventura, un azar, una ruleta rusa: mientras que a algunas personas no les ocasiona ningún problema, a otras les causa problemas gravísimos. Y a otras no tan graves pero persistentes en el tiempo, e incapacitantes”.

Por último otra de las ventajas de la vacuna es que al suministrar una dosis fija, “se garantiza una respuesta imunitaria estandarizada en toda la población. Es una forma de controlar la respuesta y no dejarla al azar”, añade Shivkumar.

Y si tuve covid-19, ¿es necesario vacunarme?

En opinión de Gommerman, deberías dejar que vacunen a otros primero porque tu cuerpo todavía debería tener memoria del virus y por lo tanto capacidad para combatirlo, pero luego es importante que lo hagas.

Vacunación

Getty Images
Aunque hayas tenido covid-19, es aconsejable recibir la vacuna.

“Primero que mucha gente nunca tuvo confirmación de haber tenido el virus”, dice. “Cuando nos llega gente que piensa que ha tenido covid-19 y se les hace la prueba de anticuerpos, no siempre dan positivo porque en realidad no han estado expuestos al virus”.

Esa ya es una buena razón para darse la vacuna. Pero por otro lado, “hasta donde sabemos, no hay consecuencias negativas de darse la vacuna después de haber tenido el virus. Es como reforzar tu respuesta inmunitaria”, señala la experta.

Y, tercero, “tu respuesta inmune pudo haber sido muy buena o no, dependiendo de a cuánto virus estuviste expuesto, y como esa carga es variable, no sabrás en que parte del espectro te encuentras, por lo tanto, es mejor darse la vacuna”.

Rodrigo tiene una visión similar, aunque recomienda hacer un test primero para verificar si la persona aún tiene anticuerpos.

Estas personas “no serían prioritarias, pero es posible que al cabo de unos cuantos meses, la inmunidad natural no sea suficiente”.

“Habrá que evaluar si todavía tiene anticuerpos, porque en casos que los haya, la vacuna es inútil”.


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