Cómo se vive en La Cumbrecita, un pueblo totalmente peatonal en Argentina
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Cómo se vive en La Cumbrecita, un pueblo totalmente peatonal en Argentina

Aquí casi todo el entramado eléctrico es renovable, las aguas son tratadas y reutilizadas, y el tráfico de vehículos está limitado a su más mínima y necesaria expresión.
BBC Mundo
Por Daniel Pardo / BBC Mundo
28 de mayo, 2017
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Es difícil saber si en La Cumbrecita, el único pueblo peatonal de Argentina, se vive como en el pasado o en el futuro.

Pero, en todo caso, se vive en otro tiempo.

Acá casi todo el entramado eléctrico es renovable, las aguas son tratadas y reutilizadas, y el tráfico de vehículos está limitado a su más mínima y necesaria expresión.

A esto se suma el sereno, salubre y frondoso escenario de las sierras de la provincia de Córdoba, en el centro de Argentina.

El resultado es un enclave inédito y auto sostenible que busca ser replicado en otras partes del país.

La CumbrecitaBBC MUNDO
La zona estaba pelada cuando llegaron los alemanes. Ahora está así.

Inmigrantes alemanes

En La Cumbrecita, un pueblo a 1,500 metros del nivel del mar, no viven más de 1,000 personas, aunque durante todo el año se mueve gente por el turismo, la principal fuente de empleo.

En 1934, Helmut Cabjolsky, un alemán radicado en Buenos Aires como gerente de la empresa eléctrica Siemens, compró 500 hectáreas en estas sierras cordobesas buscando un lugar para salir del caos citadino y acercarse a la naturaleza.

Para entonces estas montañas estaban peladas: el piso era de arena y roca.

Cabjolsky se planteó reforestar y conectar la zona con otras poblaciones de esta región.

Pronto construyó una casa de barro, cercó el terreno para evitar la entrada de animales y desarrolló un vivero.

Con el tiempo fue llegando más gente y, en 1938, el ingeniero Helmut Cabjolsky (hijo) trazó las calles y el loteo.

Ciudadanos alemanes, suizos, franceses y austriacos -muchos de ellos exiliados durante la Segunda Guerra Mundial- fundaron lo que hoy es un pueblo alpino que parece de otro país, de otra época.

La CumbrecitaBBC MUNDO
Las casas guardan el estilo arquitectónico de Europa central.

Cómo se vive

Casi todas las casas de La Cumbrecita se abastecen de energías renovables.

Los plásticos, vidrios y metales se reciclan en una planta a pocos kilómetros.

Lo orgánico es puesto en el jardín de cada casa, donde los ciudadanos -que aprendieron la técnica en la secundaria local- tienen mecanismos para crear composta que luego le aplican a la tierra de sus huertas.

La comunidad cuenta con una planta de tratamiento cloacal, así como sistemas para recoger el agua en pozos y en el Río Almbach, un cristalino afluente que se añade a otras actividades de aire libre que frecuentan los turistas.

Venir a vivir a La Cumbrecita no es fácil, porque al ser parte de una reserva natural los códigos de zonificación y edificación son muy estrictos: en busca de mantener la calma y el paisaje natural, por ejemplo, los lotes deben ser de mínimo 2,000 metros cuadrados.

La CumbrecitaBBC MUNDO
Estas son las algunas de las instrucciones del pueblo.
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La mayoría de las casas tienen un sistema para convertir los desechos orgánicos en composta. Les enseñan cómo hacerlo en el colegio.

Un ejemplo a pequeña y gran escala

Ingrid Cabjolsky, una mujer de ojos claros y pelo corto, es nieta del fundador del pueblo, hija de uno de sus principales desarrolladores y, durante 10 años, secretaria de Turismo de la comuna.

En su casa de madera, donde funciona un restaurante y cervecería, la argentino-alemana le dice a BBC Mundo que no entiende “cómo en los centros históricos de las capitales de Europa aún se permiten autos”.

“Tú entras al centro de cualquier ciudad y está colapsada, tanto por la cantidad de autos como por la contaminación visual, ambiental y sonora”, opina.

La peatonalización de centros de ciudades y pueblos hace parte de una corriente arquitectónica conocida como Nuevo Urbanismo que fue desarrollada en los años 70 en Estados Unidos.

Recientemente alcaldes de varias ciudades y pueblos -muchos en Alemania- han lanzado programas para peatonalizar zonas por determinados periodos, como el fin de semana.

La CumbrecitaBBC MUNDO
La Cumbrecita está a 1,500 metros sobre el nivel del mar. Y no tiene más de 1,000 habitantes.

Aunque hay casos más afines al de La Cumbrecita, el ejemplo más citado es París, donde la alcalde, Anne Hidalgo, cerró en octubre una avenida de 4 kilómetros al borde del río Sena y, para marzo, la entidad meteorológica oficial ya reportaba una caída del 25% de la polución total del centro.

Hidalgo, que pese a las fuertes críticas de sindicatos y oposición no ha cedido un centímetro, anunció en enero planes para restringir totalmente el acceso de carros privados al centro y solo permitir la entrada, en ciertas horas, de lo necesario: residentes, proveedores, autoridades.

Guardadas las proporciones, eso es lo que pasa en La Cumbrecita desde 1996: temprano en las mañanas y tarde en las noches, los trabajadores, residentes y vendedores de bienes de consumo pueden entrar en auto.

Pero no pueden ni dejarlo ni circular adentro.

Cabjolsky entiende que en La Cumbrecita el proceso de peatonalización ha sido fácil porque “es un pueblo pequeño”, aunque admite que “hay problemas de códigos y reglamentación que son complicados”.

Pero para cualquier pueblo que tenga un casco histórico, asegura, “esto se puede llegar a desarrollar”.

De hecho, Cabjolsky y sus vecinos están en contacto con las autoridades de Purmamarca, un pueblo en la provincia norteña de Jujuy, y de San Pedro de Atacama, en Chile, para ayudarles a replicar el sistema.

Para ella, necesitan dos cosas: “Solo tiene que haber una decisión firme y organizarse bien“.

La CumbrecitaCOMUNA LA CUMBRECITA
Ríos, quebradas y montañas son algunos de los paisajes que se encuentran por la zona.
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El hombre que se ganó 270 mil dólares en la lotería y no los puede cobrar por ser indocumentado

El premio es demasiado grande para ser pagado en efectivo y el hombre no tiene los papeles que necesita para abrir una cuenta bancaria en Bélgica.
16 de abril, 2022
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Rascó el boleto y le tocó la suerte: un premio de 270 mil dólares (unos 250 mil euros). Y, sin embargo, no lo ha podido cobrar.

Un hombre de 28 años, de nacionalidad argelina, ha enfrentado crecientes dificultades en Bélgica para reclamar el dinero que ganó en esta lotería, en la que se compra un boleto y se rasca en busca de premios.

¿El motivo? Su condición de indocumentado.

El premio es demasiado grande para ser pagado en efectivo y el hombre no tiene los papeles que necesita para abrir una cuenta bancaria.

El ganador no sabe qué hacer para reclamar su recompensa, que asegura que quiere usar para construir una nueva vida en Bélgica.

“Cuando tenga el dinero, compraré un lugar para vivir en Bruselas. Y tal vez un automóvil”, dijo al periódico belga Het Laatste Nieuws. La identidad del hombre no ha sido revelada.

Los problemas

El hombre de 28 años no tiene documentos de identidad válidos ni un lugar permanente para vivir, según la emisora belga VRT.

Debido a que no puede abrir una cuenta bancaria, la compañía de lotería no realizará el pago, dijo el abogado del hombre, Alexander Verstraete.

“Estamos buscando esos documentos que puedan probar su identidad. Tendrá que contactar a su familia en Argelia”, dijo Verstraete a la agencia de noticias AFP.

Un vocero de la lotería no especificó a AFP qué documentos se requerirán para reclamar el premio.

Uno de los amigos del hombre que tiene los papeles en regla intentó reclamar las ganancias en su nombre.

Acudieron a la sede de la lotería en Bruselas, un trámite que es necesario para cualquier premio superior a los 100 mil euros.

Pero el amigo y otros dos que lo acompañaban fueron detenidos porque las autoridades sospecharon que habían robado el cartón ganador.

Fueron puestos en libertad después de que el ganador explicara la situación.

El cartón ganador está ahora en manos de un tribunal de la ciudad de Brujas.

Verstraete dice que las autoridades prometieron no deportar al hombre hasta que haya recibido el dinero del premio.

El ganador salió de Argelia hace cuatro meses tras viajar en barco a España, según los medios de comunicación belgas. Desde allí atravesó a pie España y Francia antes de llegar a Bélgica.

Quería viajar a Reino Unido, pero ahora dice que preferiría quedarse en Bélgica y espera formar una familia.

“También buscaré una esposa”, le dijo a Het Laatste Nieuws. “Pero no voy a encontrar una con mi dinero, sino con mi corazón”.


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