Que se hable de la menstruación sin tapujos, la #MenstruAcción que impulsa un colectivo
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Delfina Schenone Sienra

Que se hable de la menstruación sin tapujos, la #MenstruAcción que impulsa un colectivo

Cuánto cuesta a las mujeres menstruar, por qué hablar de menstruación es cuestión de derechos y cómo es que en Argentina hay seis iniciativas al respecto.
Delfina Schenone Sienra
Por Delfina Schenone Sienra
12 de mayo, 2017
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A partir del paro internacional de mujeres, en la Argentina se comenzó a hablar de #MenstruAcción: una campaña que empezó con una investigación sobre cuánto le cuesta a las mujeres menstruar y que en menos de dos meses ha logrado que se presentaran seis proyectos de ley en ese país. Mayra Zak del colectivo Economía Femini(s)ta, que lleva adelante esta iniciativa, explica por qué la menstruación puede ser un factor de desigualdad de género.

Existen decenas de eufemismos para referirse al proceso que atraviesan las mujeres cada mes durante 40 años de la vida, aproximadamente. Se presenta como algo ineludible, que cuesta dinero, que implica una gestión y que genera vergüenza y pena.

Aún hoy día sigue siendo un tabú: se habla y se sabe poco al respecto. El equipo de Economía Femini(s)ta busca visibilizar el tema y que se empiece a hablar de menstruación sin tapujos.

“A principio de año armamos en EcoFeminista un especial para contribuir a los debates del paro internacional del 8M y mientras lo hacíamos nos preguntamos cuál era el costo de menstruar en la Argentina”, explica Zak.

“A partir de esta pregunta comenzamos una investigación en la que encontramos que estos costos, en un contexto en el que aún hoy menstruar es fuente de secreto y vergüenza, se presentan como inescapables y no existen políticas estatales de control de precios ni de salud reproductiva que nos ayuden a afrontarlos. Varios miembros del equipo habían estado investigando el impacto de menstruar desde aspectos no sólo económicos sino sociales y culturales como el estigma, la jerarquización social o la salud”.

El colectivo, integrado por investigadoras y profesionales que buscan cuantificar y explicar las distintas fuentes de desigualdades de género a las que se enfrentan las mujeres y la población LGBTTTIQ a diario, querían dar a “conocer estos números y situaciones y entender mejor de qué manera la ausencia del Estado en brindar acceso a los productos de gestión menstrual vulnera derechos”.

La menstruación implica pensar en términos de acceso a derechos: a la educación, a la salud, a la igualdad de oportunidades. En este sentido, Zak argumenta que “las mujeres hoy en la Argentina no sólo ganan un 27% menos en promedio que los varones, sino que además sufren mayores niveles de desempleo y precarización laboral”.

“Entre los jóvenes mal llamados ‘ninis’ (ni trabajan ni estudian) el 67 % son madres y trabajan: cuidan a sus hijos y hacen tareas del hogar no remuneradas. En muchas provincias el desempleo de las mujeres menores de 29 años supera el 20 %”.

En un contexto así, “el gasto en estos productos que se estima entre 700 y 1,200 pesos anuales por persona, se convierte en un factor más de desigualdad económica”, explica la licenciada en Relaciones Internacionales, a partir de la estimación del gasto que realizaron.

Sumado a esto, “quienes no puedan gestionar adecuadamente su menstruación serán más propensas a infecciones que pueden comprometer su salud, faltarán o dejarán la escuela en detrimento de su educación y la posibilidad futura de acceder a mejores empleos; las más adultas faltarán a sus trabajos pudiendo verse coartadas sus posibilidades de ascenso o el cobro de presentismos e incentivos laborales. Todas estas situaciones no hacen sino reforzar y agudizar la desigualdad existente”.

Al analizar el impacto que tiene esta problemática en la vida y economía de las mujeres, sobre todo la de sectores más vulnerables, las Ecofeministas decidieron a “impulsar y armar la campaña #MenstruAcción con el fin de visibilizar el tema y ponerlo en agenda”.

“Comenzó con una fuerte visibilización del tema en redes sociales y se lanzó oficialmente con motivo del Paro Internacional de Mujeres el pasado 8 de marzo. Ese día, y como seguiremos haciendo a lo largo del año, pedimos que nos acercaran donaciones de productos de gestión menstrual, ítems históricamente ignorados en la mayoría de las campañas de donación. Muchísimos medios de comunicación, con cobertura local y nacional, se hicieron eco de nuestra campaña y, por suerte, la adhesión de distintas fuerzas políticas no tardó en llegar”, agrega.

A la fecha se presentaron seis proyectos de ley, dos de ellos de alcance nacional, en los que se establece por un lado, la provisión gratuita de elementos para la gestión menstrual en ámbitos educativos de gestión pública, de salud pública, de reclusión de personas y redes de alojamiento diurnos y/o nocturnos para gente en situación de calle, y por otro, la exención del IVA para estos productos.

Tanto el equipo de Economía Femini(s)ta como las distintas fuerzas políticas que presentaron las iniciativas se mantienen optimistas de que éstas pueden ser tratadas en comisiones y llegar a debate parlamentario.

Más allá de los proyectos de ley presentados, actualmente se encuentran trabajando en dos propuestas de acción directa sobre comunidades vulnerables “para garantizar herramientas de gestión menstrual reutilizables y seguras y armar actividades que, desde lo lúdico, resulten didácticas para derribar mitos asociados a la menstruación”.

Además de la repercusión que han tenido en la Argentina, comenta que la campaña trascendió las fronteras. “Nos han contactado colectivos de Perú, España y Colombia donde hay colectivos que también tienen ganas de hacer lo propio para visibilizar la problemática en sus países. Como siempre decimos, las ideas no son de nadie e impulsamos a quién sienta la causa como propia que tome inspiración en el trabajo que venimos haciendo y lo replique para sus comunidades”.

En este sentido, se le consultó a Zak sobre qué consejos le podía dar a otros colectivos que quisieran tomar esta iniciativa y replicarla en otros países como México.

“Las redes sociales son un gran punto de partida, y hoy en día es menester aprender a usarlas a nuestro favor, pero también hay que animarse a salir a la calle, difundir, hacer contactos, empatizar con quienes tienen dudas o desconocen el tema y llevar el proyecto incluso a lugares que puedan parecer insólitos. Dejar cualquier timidez de lado y tomar una actitud proactiva y pragmática son claves para impulsar este y cualquier otro proyecto”.

Aunque es una propuesta novedosa en el contexto de la Argentina, no es la primera iniciativa de este tipo en el mundo. “Nos inspiraron campañas y proyectos anteriores en otros países que buscaban romper con el tabú en torno a la menstruación, para llevarlo un poquito más lejos y proponer posibles políticas públicas que creemos podrían implementarse para resolver este problema”, revela la especialista en temas de género.

Un antecedente se encuentra en el estado de Nueva York donde en 2016 se estableció una norma para no cobrar el denominado ‘tampon tax’, desgravando los tampones, toallitas y productos similares.

A pesar de que el tema se comienza a visibilizar en ese país, no es una cuestión que figure en la agenda feminista como otras problemáticas del tenor de la violencia de género, la desigualdad salarial o el aborto.

“Es un tema que empieza a levantar vuelo. A medida que la agenda de género adquiere su lugar en las discusiones públicas surgen problemas que estaban invisibilizados y a los que hay que ponerles nombre. En este sentido, ideas como la que proponemos comenzaron a instalarse a partir de, por ejemplo, la lucha contra el ‘pink tax’ (impuesto rosa) que hace referencia al sobreprecio que tienen algunos productos por el solo hecho de estar destinados a las mujeres o a su gravamen como ‘bienes de lujo’ o ‘cosméticos’ cuando deberían ser tratados como productos de necesidad básica”.

Al preguntarle a Zak por qué consideraba que un tema que afecta a millones de mujeres en el mundo no recibía la atención que merece, sostuvo que “la menstruación no ha logrado todavía trascender el marco de lo personal y volverse político. Aún hoy hablar de gestión menstrual, inclusive entre quienes menstruamos, genera vergüenza, asco y la sensación de que es algo sobre lo que hay que hablar en voz baja y esconder bajo la manga. Entendemos que la menstruación es un problema feminista, porque quienes menstruamos formamos parte de la población más desfavorecida por la brecha salarial, porque la sangre que perdemos todos los meses durante casi 40 años sigue siendo tabú, porque hay niñas y mujeres faltando a sus escuelas y trabajos por no poder gestionarla, porque no hay investigaciones ni estadísticas públicas sobre la temática, ni forma parte de las preguntas de rutina que nos hacen nuestros ginecólogos y ginecólogas. Menstruar es altamente político y es momento de que nos demos cuenta”.

* Delfina Schenone Sienra  es Socióloga (UBA – Argentina), Maestra en Ciencias Sociales (Flacso México) y feminista.

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El inquietante aumento de los suicidios entre las mujeres en Japón durante la pandemia

Los efectos económicos y sociales de la pandemia y una conducta de imitación por casos de suicidio entre celebridades están impulsando este "impactante" fenómeno en el país asiático.
23 de febrero, 2021
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Japón informa de los suicidios con mayor rapidez y precisión que cualquier otro país del mundo. A diferencia de la mayoría de los países, se recopilan las cifras al final de cada mes.

Durante la pandemia de covid-19 los números han contado una historia inquietante.

En 2020, las tasas de suicidio en Japón subieron por primera vez en 11 años. Lo más sorprendente es que, mientras los suicidios masculinos descendieron ligeramente, las tasas entre las mujeres se dispararon casi un 15%.

Solo en octubre, la tasa de suicidios femeninos en el país dio un salto de más del 70%, en comparación con el mismo mes del año anterior.

¿Qué está ocurriendo? ¿Y por qué la pandemia parece estar afectando mucho más a las mujeres que a los hombres?

*Advertencia: Algunos pueden encontrar el contenido de esta historia perturbador

Encontrarse cara a cara con una joven que ha intentado suicidarse en repetidas ocasiones es una experiencia inquietante. Ha despertado en mí un nuevo respeto por quienes trabajan en la prevención del suicidio.

Estoy sentada en un centro de acogida en el barrio rojo de Yokohama, dirigido por una organización benéfica dedicada a la prevención del suicidio que se llama Proyecto Bond.

Al otro lado de la mesa hay una mujer de 19 años, con el pelo recogido. Está sentada. Muy quieta.

En silencio, sin mostrar emoción alguna, empieza a contarme su historia.

Dice que todo empezó cuando tenía 15 años. Su hermano mayor empezó a abusar de ella con violencia. Al final se escapó de casa, pero eso no puso fin al dolor y la soledad.

Acabar con su vida parecía la única salida.

“Desde el año pasado por estas fechas, he estado entrando y saliendo del hospital muchas veces”, me cuenta.

“Intenté muchas veces suicidarme, pero no lo conseguí, así que ahora supongo que he renunciado a intentar morir”.

Lo que la detuvo fue la intervención del Proyecto Bond. Le encontraron un lugar seguro para vivir y empezaron a darle asesoramiento intensivo.

Jun Tachibana es la fundadora del Proyecto Bond. Es una mujer fuerte, de 40 años, con un optimismo infatigable.

Jun Tachibana

BBC
Tachibana, del Proyecto Bond, afirma que la covid-19 parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

“Cuando las chicas tienen verdaderos problemas y sufren, realmente no saben qué hacer”, asevera.

“Nosotros estamos aquí, dispuestos a escucharlas, a decirles: estamos con vosotras”.

Tachibana afirma que la pandemia parece estar llevando al límite a quienes ya son vulnerables.

Describe algunas de las desgarradoras llamadas que ha recibido su personal en los últimos meses.

Escuchamos muchas frases como “Quiero morir” o “No tengo adónde ir”, asegura. “Dicen: ‘Es tan doloroso, me siento tan sola que quiero desaparecer'”.

Para quienes sufren abusos físicos o sexuales, la pandemia ha empeorado mucho la situación.

“Una chica con la que hablé el otro día me confesó que su padre la acosa sexualmente”, cuenta Tachibana.

“Pero, debido a la pandemia, su padre no trabaja mucho y está más en casa, así que no puede escaparse de él”.

Un patrón “muy inusual”

Si se observan los anteriores periodos de crisis en Japón, como la crisis bancaria de 2008 o el colapso del mercado bursátil y la burbuja inmobiliaria a principios de la década de 1990, el impacto se dejó sentir sobre todo en los hombres de mediana edad.

Se observaron grandes picos en las tasas de suicidio masculino.

Pero la crisis de la covid-19 es diferente, está afectando a los jóvenes y, en particular, a las mujeres jóvenes. Las razones son complejas.

Número de suicidios en Japón. 2008 - 2020. .

Japón solía tener la tasa de suicidio más alta del mundo desarrollado.

En la última década, ha tenido un gran éxito en la reducción de las tasas de suicidio: han caído alrededor de un tercio.

La profesora Michiko Ueda es una de las principales expertas en suicidios de Japón. Me cuenta lo impactante que ha sido presenciar el fuerte retroceso de los últimos meses.

“Este patrón de suicidios femeninos es muy, muy inusual”, me revela.

“Nunca había visto un aumento tan grande en mi carrera como investigadora en este tema. Lo que ocurre con la pandemia de coronavirus es que las industrias más afectadas son las que cuentan con personal femenino, como el turismo y el comercio minorista y las industrias alimentarias”.

Japón ha visto aumentar considerablemente el número de mujeres solteras que viven solas -muchas de ellas optan por ello en lugar de casarse- lo que desafía los tradicionales roles de género que aún perviven en el país.

La profesora Ueda afirma que las mujeres jóvenes también son mucho más propensas a tener empleos precarios.

depresión

Getty Images
En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

“Muchas mujeres ya no están casadas”, relata.

“Tienen que mantener su propia vida y no tienen trabajos permanentes. Así que, cuando ocurre algo, por supuesto, se ven afectadas muy duramente”.

“El número de pérdidas de empleo entre el personal no permanente es enorme en los últimos ocho meses”.

Hay un mes que destaca. En octubre del año pasado, 879 mujeres se quitaron la vida. Esto supone un aumento de más del 70% respecto al mismo mes de 2019.

Los titulares de los periódicos dieron la voz de alarma.

Algunos comparaban el número total de suicidios de hombres y mujeres en octubre (2.199) con el número total de muertes en Japón por coronavirus hasta ese momento (2.087).

Algo particularmente extraño estaba ocurriendo.

El 27 de septiembre del año pasado, una actriz muy famosa y popular llamada Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa. Después se conoció que se había quitado la vida.

Yuko Takeuchi

Getty Images
La actriz japonesa Yuko Takeuchi fue encontrada muerta en su casa y los expertos han percibido un efecto de imitación.

Yasuyuki Shimizu es un antiguo periodista que ahora dirige una organización benéfica dedicada a combatir el problema del suicidio en Japón.

“Desde el día en que se hace público que un famoso se ha quitado la vida, el número de suicidios aumenta y se mantiene así durante unos 10 días”, estima.

“A partir de los datos podemos ver que el suicidio de la actriz el 27 de septiembre provocó 207 suicidios femeninos en los 10 días siguientes”.

Si se observan los datos de los suicidios de mujeres de la misma edad que Yuko Takeuchi, las estadísticas son aún más reveladoras.

“Las mujeres de 40 años fueron las más influenciadas de todos los grupos de edad”, sostiene Shimizu.

“Para ese grupo (la tasa de suicidio) se duplicó con creces”.

Otros expertos coinciden en que existe una conexión muy fuerte entre los suicidios de famosos y un repunte inmediato de los suicidios en los días posteriores.

El fenómeno de los famosos

Este fenómeno no es exclusivo de Japón, y es una de las razones por las que informar sobre el suicidio es tan difícil.

Cuanto más se hable del suicidio de un famoso en los medios de comunicación y en las redes sociales, mayor será el impacto en otras personas vulnerables.

Una investigadora de este tema es Mai Suganuma. Ella misma vivió de cerca un suicidio. Cuando era adolescente, su padre se quitó la vida.

Ahora colabora en apoyar a las familias de otras personas que se han suicidado.

Y al igual que el coronavirus está dejando a familias sin poder llorar a sus seres queridos, también está haciendo más difícil la vida a los parientes de las víctimas de suicidio.

“Cuando hablo con los familiares, su sentimiento por no poder salvar a su ser querido es muy fuerte, lo que a menudo hace que se culpen a sí mismos”, explica Mai Suganuma.

People walk past the entrance of an Karaoke store closed due to the spread of the conoravirus in Tokyo

Getty Images
Las calles de Japón se han vaciado por la tercera ola de la pandemia.

“Yo también me culpé por no haber podido salvar a mi padre”.

“Ahora les dicen que deben quedarse en casa. Me preocupa que el sentimiento de culpa se haga más fuerte. Para empezar, los japoneses no hablan de la muerte. No tenemos una cultura de hablar de los suicidios”.

Japón se encuentra ahora en la tercera ola de infecciones por covid-19, y el gobierno ha ordenado un segundo estado de emergencia.

Es probable que se prolongue hasta bien entrado febrero. Más restaurantes, hoteles y bares están cerrando sus puertas. Más personas están perdiendo sus empleos.

Para Ueda hay otra pregunta persistente. Si esto ocurre en Japón, sin cierres estrictos, y con relativamente pocas muertes por el virus, ¿qué está ocurriendo en otros países donde la pandemia es mucho peor?


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