Estos son los 10 directivos mejor pagados en Estados Unidos
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Estos son los 10 directivos mejor pagados en Estados Unidos

Los ejecutivos de las 500 empresas estadounidenses más relevantes tienen un salario promedio que supera 347 veces el de sus empleados.
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Por BBC Mundo
11 de mayo, 2017
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Viven a diario el estrés de ser los máximos responsables de empresas millonarias de las que dependen miles de empleados. Pero estos directivos lo compensan con salarios de 8 cifras que sumados rozan los US$700 millones.

Los directivos de las compañías más grandes de Estados Unidos, las que cotizan en el índice S&P 500, ganan una media anual de US$13,1 millones. Es decir: 347 veces más que el sueldo promedio de sus trabajadores.

Los cálculos proceden de la Federación Estadounidense de Empleo y el Congreso de Organizaciones Industriales (AFL-CIO, por sus siglas en inglés), la organización sindical más grande de EE.UU. y representa a 12,5 millones de trabajadores

La AFL-CIO realiza cada año una lista de los directivos mejor pagados para comparar sus remuneraciones con las de su personal. La que acaba de publicar, utiliza datos de 2016 y 2015, según como los haya facilitado cada compañía.

Estos son los 10 directivos mejor pagados en Estados Unidos.

1. Sundar Pichai

Sunday PichaiLLUÍS GENE
Pichai asumió las riendas de Google en 2015.

Salario 2015: US$100.632.102.

Nacido en India, Sundar Pichai lleva casi dos años al frente de Alphabet, la matriz de Google. Tiene 44 años. Estudió en el Instituto Indio de Tecnología de Kharagpur, la Universidad de Stanford y la escuela de negocios de la Universidad de Pensilvania, Wharton School.

Trabajó en la proveedora de insumos tecnológicos Applied Materials y en la consultora McKinsey & Company hasta 2004, cuando fue fichado por Google.

Ingresó a la tecnológica como parte del equipo que desarrolló el buscador Chrome, proyecto que posteriormente pasó a supervisar.

2. Thomas M. Rutledge

Thomas M. RutledgeJAMIE MCCARTHY
El director de Charter Communications recibió el año pasado acciones valoradas en US$78 millones.

Salario 2016: US$98.515.727.

Thomas M. Rutledge, de 62 años, es el director de la empresa de telecomunicaciones Charter Communications, propietaria de la marca Spectrum.

Se trata de uno de los mayores operadores de televisión por cable en Estados Unidos y acaba de anunciar una alianza con Comcast para embarcarse en un nuevo reto: proveer servicios de telefonía celular e Internet.

Rutledge estudió Economía en la Universidad de California. Rutledge escaló en la lista debido a un pago recibido en acciones de su empresa por un valor total de US$78 millones. El año anterior, su sueldo había sido de US$16,4 millones.

Su firma cotizó en 2015 a US$288 la acción, por lo que recibir parte de su remuneración en acciones le puede resultar muy lucrativo. Aunque se trató de pago puntual y no volverá a recibir una compensación similar hasta 2020.

3. Dara Khosrowshahi

Dara KhosrowshahiDREW ANGERER
Desde que Khosrowshahi fuera nombrado director de Expedia, la firma ha crecido hasta convertirse en una de las líderes de su sector.

Salario 2015: US$94.603.552.

Dara Khosrowshahi nació en Irán, de donde tuvo en 1978 con su familia tras el estallido de la Revolución islámica. Su destino fue Tarrytown, un pequeño pueblo cercano a Nueva York donde, asegura, nunca se sintió un refugiado.

Estudió ingeniería eléctrica en la Universidad de Brown y trabajó en varias empresas hasta asumir en 2005 la dirección del grupo Expedia. Bajo su mandato, el conglomerado ha crecido hasta convertirse en una de las agencias de viajes más grandes del mundo. Opera en más de 70 países a través de más de 150 marcas como Hotels.com, Trivago y HomeAway.

Al igual que Rutledge, Khosrowshahi recibió en 2015 una compensación especial en acciones de su firma por un valor de US$90,8 millones. Esta formó parte de un acuerdo por el que el directivo se comprometió a permanecer en la compañía hasta septiembre de 2020.

4. Viacom: Philippe P. Dauman

Philippe P. DaumanSIMON RUSSELL

Salario 2016: US$93.021.795.

Philippe P. Dauman fue entre 2006 y 2016 director de Viacom, el conglomerado mediático propietario de canales de televisión como Nickelodeon, MTV y el argentino Telefé, así como productoras cinematográficas, entre las que destaca Paramount Pictures.

Dauman llegó el año pasado a un acuerdo para abandonar la empresa con una compensación de US$72 millones, de ahí que su remuneración fuera tan alta durante ese ejercicio. El directivo estadounidense de origen francés fue despedido tras una serie de enfrentamientos con el propietario de Viacom, Sumner Redstone, y su hija Shari Redstone.

5. Leslie Moonves

Leslie MoonvesDREW ANGERER
El director del conglomerado CBS recibió dos bonos tras la subida del valor de las acciones de la firma.

Salario 2016: US$69.550.657.

A sus 67 años, Leslie Moonves es el máximo responsable de otro conglomerado mediático: CBS. Se encuentra entre los directivos mejor pagados de Estados Unidos desde hace años.

El sueldo registrado el año pasado se debe a un bono de US$32 millones y una compensación en acciones por el valor de US$31,9 millones. Ambos se le concedieron después de que la cotización en bolsa de su firma se incrementara en un 35%.

6. Fabrizio Freda

Fabrizio Freda junto a ora persona.SLAVEN VLASIC
Fabrizio Freda (a la derecha) recibió una compensación en acciones para permanecer en Estée Lauder.

Salario 2016: US$48.369.401.

Originario de la región italiana de Nápoles, Fabrizio Freda lleva las riendas del fabricante de cosméticos Estée Lauder desde 2009. Antes, fue ejecutivo en Proter & Gamble.

La remuneración de este directivo de 60 años casi se triplicó el año pasado, después de que su compañía le ofreciera una compensación en acciones para que no abandone la empresa hasta 2023.

7. Mark G. Parker

Mark ParkerFABRICE COFFRINI
Parker empezó a trabajar en Nike como diseñador de calzado.

Salario 2016: US$47.615.302.

Mark G. Parker lidera la empresa de ropa deportiva Nike desde 2006.

El estadounidense ingresó a la firma en 1979 como diseñador de calzado. El año pasado ganó un 200% gracias a unas acciones que, en un principio, estaban equivalían a US$3,5 millones pero, posteriormente, se revalorizaron hasta los US$33,5 millones.

En realidad, su salario base es de US$1,5 millones.

8. Leonard S. Schleifer

Salario 2015: US$47.462.526.

Leonard Schleifer tiene 63 años y es el director de la farmacéutica Regeneron Pharmaceuticals. Estudió en la Universidad de Cornell y la Universidad de Virginia.

Fundó la firma en 1988. Tras un par de fracasos iniciales, consiguió desarrollar un medicamento eficaz: Eylea, que previene que las fugas de sangre en las venas oculares causen ceguera.

9. Robert A. Iger

Robert A. IgerMIKE COPPOLA

Salario 2016: US$43.882.396.

Robert A. Iger fue presidente del canal de televisión ABC durante muchos años. En 2005, pasó a ser el director del grupo al que este pertenece: The Walt Disney Company.

A sus 66 años, ha intentado retirarse, pero la falta de un sucesor le ha llevado a tener que postergar la decisión tres veces.

Su remuneración de 2016 consistió en un salario base de US$2,5 millones, acciones por el valor de US$17,2 millones y un plan de incentivos que le aportó US$20 millones. Para muchos, las cifras son impresionantes. Pero en realidad, para él, son inferiores a las de años anteriores.

10. Mark V. Hurd

Mark V. HurdJUSTIN SULLIVAN

Salario 2016: US$41.121.896.

Mark V. Hurd está al frente de la compañía de software Oracle desde 2010. Actualmente, la codirige junto a Safra Catz y, antes, trabajaba en HP.

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Qué he aprendido como voluntario en los ensayos de la vacuna de Oxford contra la COVID

Uno de los voluntarios del ensayo a gran escala de la vacuna de la Universidad de Oxford, una de las candidatas más prometedoras para combatir al nuevo coronavirus, contó a la BBC su experiencia.
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31 de julio, 2020
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La vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford (Reino Unido) contra la COVID-19 hasta ahora ha arrojado resultados descritos como “prometedores. Richard Fisher es uno de los voluntarios que fue inoculado con esta vacuna experimental. Este es su relato.

Estoy en la sala de espera de un hospital y mi respiración empaña mis lentes. Minutos antes corría por la calle en un día de mucha humedad para no llegar tarde a la cita. Médicos y enfermeras me dejaron atrás con su paso apresurado y eso me hizo pensar que no tengo un gran estado físico.

La última vez que estuve en el Hospital St George, en el sur de Londres, fue para el nacimiento de mi hija. Ahora se siente muy diferente. Puedo oler a través de mi mascarilla la lejía usada para limpiar los pisos y el asiento junto a mí está cubierto con cinta para mantener el distanciamiento físico.

Dos trabajadores del hospital con tapabocas y protección personal se aproximan con un cartel que dice:Ensayo de la vacuna”, como si fueran taxistas aguardando pasajeros en la zona de arribos de un aeropuerto.

El cartel es para mí. Los sigo lentamente como en una procesión, dos metros detrás, mientras ellos conversan.

Estoy aquí para evaluar si puedo ser voluntario en uno de los ensayos de la vacuna ChAdOx1 nCoV-19. En las semanas siguientes sabré qué se siente participar en uno de los mayores esfuerzos para combatir la pandemia.

De todos los ensayos de vacunas candidatas, el de Oxford es uno de las más avanzados.

El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales prometedores, basados en un ensayo con 1.077 personas. La vacuna, según esos datos, es segura y genera una respuesta del sistema inmunológico.

“Aún queda mucho trabajo por hacer… pero estos resultados iniciales son prometedores“, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo.

Los resultados definitivos solo se conocerán con la fase 3 del ensayo clínico, en la que participan miles de voluntarios en Reino Unido, Brasil y Sudáfrica.

Es para esta etapa a gran escala que yo me presenté como voluntario.

Evaluación

Mi travesía hasta aquí comenzó una noche de mayo, cuando vi un tuit de un filósofo de la Universidad de Oxford sobre un ensayo para una vacuna. Él se había presentado como voluntario.

Mientras mi esposa dormía junto a mí decidí llenar el formulario para postular como voluntario y me olvidé del asunto.

Unas semanas después, aquí estoy, en una sala de neurología destinada ahora al ensayo de la vacuna, mientras veo en una pantalla a uno de los científicos de Oxford, Matthew Snape, explicando la base científica de las pruebas y los posibles efectos secundarios.

En total habrá 10,000 voluntarios y nos dividirán al azar en dos grupos, afirma Snape. Uno recibirá una vacuna que no ofrece ninguna protección contra el nuevo coronavirus y otro será inoculado con la vacuna de Oxford.

Investigadora en el laboratorio

Getty Images
La vacuna de Oxford utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

La vacuna utiliza una versión atenuada de un virus de la gripe que infecta a los chimpancés.

Es una técnica en la que los científicos de Oxford ya venían trabajando antes de la pandemia para combatir el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) y el ébola. Por eso pudieron avanzar tan rápidamente cuando reenfocaron su trabajo en respuesta a la COVID-19.

Snape explica cómo desarrollaron la vacuna. Primero tomaron el virus que ataca a los chimpancés y lo modificaron genéticamente para que no ataque a los humanos.

Luego le incorporaron genes que codifican proteínas del virus de la COVID-19 llamadas glicoproteínas. Los científicos esperan que esas proteínas generen la respuesta inmunológica necesaria para vencer al nuevo coronavirus.

El grupo que no recibirá esta vacuna será inoculado con otra vacuna llamada MenACWY (también Nimenrix o Menveo), que se utiliza para combatir la meningitis y la sepsis.

Esta es la vacuna “de control” que permitirá comparar los efectos de aquella contra el coronavirus.

Los científicos eligieron para el grupo de control una vacuna en lugar de cualquier placebo por un motivo claro: asegurarse de que todos los voluntarios experimenten los efectos secundarios de una inoculación y no puedan deducir en qué grupo se encuentran.

La vacuna MenACWY se ha usado en adolescentes en Reino Unido desde 2015. También se ofrece a quienes viajan a zonas de alto riesgo de infección, como África subsahariana. Y Arabia Saudita exige certificados de vacunación con MenACWY a todos los participantes de la peregrinación anual a la Meca.

Luego de ver el video me preguntaron en detalle por mi historia médica o cualquier síntoma previo de COVID-19. Me tomaron muestras de sangre y tuve que firmar un documento que estipula varias obligaciones: permitiré, por ejemplo, que publiquen fotos de mi brazo inoculado y no donaré sangre. Las mujeres también deben comprometerse a usar anticonceptivos durante el ensayo.

Logo de la Universidad de Oxford tras una jeringa

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“Aún queda mucho trabajo por hacer”, afirmó Sarah Gilbert, la científica que lidera el ensayo de Oxford.

Volví a casa sintiéndome más informado, pero también un poco más nervioso que antes.

Como en cualquier ensayo clínico, los voluntarios debemos estar al tanto de los potenciales efectos secundarios, desde los más suaves (náusea, dolores de cabeza, etc.) hasta los más severos (como el síndrome de Guillain-Barré, que puede causar parálisis y ser fatal).

Sé que los riesgos del ensayo son menores, pero debo confesar que leer de una vez la lista de posibles efectos secundarios es abrumador.

También nos informaron sobre “posibilidades teóricas” de que la vacuna agrave los síntomas de la COVID-19.

Algunos estudios señalan que animales que recibieron vacunas experimentales contra el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mostraron mayor inflamación en sus pulmones. Algo similar ocurrió en ensayos con ratones de vacunas experimentales contra MERS.

Ensayo con vacuna en un laboratorio

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El 20 de julio los investigadores de Oxford anunciaron resultados iniciales “prometedores”, pero con solo 1.077 personas.

Pero esos efectos no fueron observados en las pruebas con animales de la vacuna de Oxford.

Me tranquiliza saber que miles de personas ya fueron vacunadas en etapas previas del ensayo y no sufrieron consecuencias severas, tal como confirma el estudio publicado en la revista The Lancet el 20 de julio.

(Y quiero dejar absolutamente en claro que ninguno de los posibles efectos secundarios justifica los argumentos sin fundamento del movimiento antivacunas).

Día de la vacunación

Una semana después, el 3 de julio, volví a la misma sala del Hospital St George donde tuve mi primera evaluación. Se supone que es el día de la inoculación, pero me preocupa la posibilidad de que me dejen fuera del ensayo.

La doctora, Eva Galiza, abandonó la habitación hace 10 minutos y aún no ha regresado. Poco antes me explicó que era el último día del ensayo en St George y que se estaban quedando sin vacunas.

Galiza es investigadora en vacunas pediátricas. Para asegurar que los resultados del estudio sean confiables, tanto los médicos como los voluntarios ignoran si la vacuna inyectada es contra el coronavirus o es la de control.

Cuando Galiza abandona la habitación me quedo a solas con mis pensamientos. En Inglaterra, donde vivo, es el día antes del levantamiento de muchas reglas de confinamiento y se permitirá la reapertura de comercios, desde peluquerías hasta bares.

Frascos de medicación

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“La tarea más difícil es la del organismo regulador que deberá decidir si la vacuna es segura y se usará con el público”, afirmó John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford.

Pienso en amigos y familiares en otras partes del mundo, cada uno viviendo etapas diferentes de esta pandemia. Mientras algunos países celebran haber controlado las infecciones, otros siguen en una curva ascendente de muertes.

El año pasado viví en Massachusetts. El día de mi cita en St George las noticias desde Estados Unidos eran desalentadoras, con más de 40,000 nuevos casos de infección diarios.

También escuché las últimas cifras de Brasil, a donde un amigo y su esposa regresaron allí recientemente. El número de nuevos casos diarios en este país sudamericano se acercaba a 1,5 millones.

Los brotes de Brasil son la razón por la que los investigadores de Oxford expandieron sus ensayos para incluir a voluntarios en Rio de Janeiro, Sao Paulo y otra localidad en el norte del país. También incluirán voluntarios en Sudáfrica.

Investigadora brasileña voluntaria del ensayo de la vacuna de Oxford en Brasil

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El ensayo de la vacuna de Oxford fue expandido para incluir a miles de voluntarios en Brasil y Sudáfrica.

La triste verdad es que es menos probable que un voluntario como yo en Reino Unido pueda ayudar a los científicos a determinar la eficacia de la vacuna. Aquí, al menos por ahora, estoy menos expuesto a una posible infección que alguien en Brasil o Sudáfrica, donde la pandemia sigue extendiéndose.

Por el bien de todos, algunos de los 10,000 voluntarios del ensayo deberán entrar en contacto con el virus.

Cuando Galiza regresa a la habitación lleva un vial en su mano. No puedo ver su rostro detrás de su mascarilla, pero sus ojos sonríen. Luego de semanas de espera y tras una breve inoculación, la vacuna finalmente circula en mi sangre.

Hay 50% de probabilidades de que me hayan inyectado la vacuna de Oxford y 50% de que haya recibido la vacuna de control, y no sabré cuál de ellas me tocó hasta el final del ensayo.

Hisopos y esperas

Luego de la inoculación vino la etapa de la larga espera. Todos los voluntarios fueron divididos en pequeños grupos para monitorear posibles síntomas.

En mi caso, siete días después de recibir la vacuna, debo frotar mis amígdalas con un hisopo por 10 segundos. Luego debo colocar el mismo hisopo en un orificio nasal y llevarlo lo más arriba posible. He leído que si haces esto correctamente, debes sentir que prácticamente estás “rozando tu cerebro”. Creo que esa imagen es un poco exagerada, pero debo confesar que esta prueba no es algo agradable.

Luego de tomar la muestra, debo colocarla en una bolsa sellada que va en una caja también sellada que dice: “Sustancia biológica categoría B”, y despacharla en buzones especiales de correo para “envíos prioritarios”.

El servicio fue introducido recientemente para facilitar los tests de COVID-19. Pocos días después recibí un mensaje de texto diciéndome que mi test de coronavirus había dado negativo.

Además de hacer el hisopado, debo llenar un formulario con preguntas sobre mi comportamiento en la semana previa. ¿He usado el transporte público? ¿Con cuántas personas que no viven en mi hogar he pasado más de 5 horas?

Repetiré esta rutina semanal durante al menos cuatro meses. Y me tomarán muestras de sangre en el hospital hasta fines del año que viene.

Buzón en una calle de Londres

Richard Fisher
El correo brtiánico instaló buzones prioritarios para el envío de muestras de voluntarios y tests de COVID-19.

Esta etapa prolongada y necesaria es la que muchas personas, incluyendo varios políticos, no entienden. No puedes invertir grandes sumas de dinero para acelerar este proceso.

La vacuna de Oxford ha mostrado ya resultados prometedores, pero solo en unas mil personas. Aprobar el uso de una vacuna para millones de personas requiere un nivel de confianza que solo puede obtenerse con paciencia y muchos más datos.

Algunos trabajadores de la salud recordarán varios casos trágicos de ensayos. En 1976, por ejemplo, debido a temores de un nuevo brote de gripe A (H1N1) o gripe porcina, el gobierno estadounidense aceleró los ensayos de nuevas vacunas y millones de personas fueron inoculadas.

La temida pandemia nunca llegó, pero se estima que cerca de 30 personas murieron por efectos secundarios adversos. Esos errores pueden haber contribuido al crecimiento del movimiento antivacunas.

Las autoridades de la salud con competencia para aprobar o rechazar las vacunas candidatas tienen en sus manos una enorme responsabilidad.

Tal como dijo en un programa de la BBC el científico John Bell, profesor de medicina de la Universidad de Oxford, no podemos darnos el lujo de esperar a la evidencia definitiva que se requeriría normalmente en ensayos clínicos de este tipo.

La tarea más difícil es la del organismo regulador que debe decidir si la vacuna es segura y se usará con el público. Si dice que sí, habrá una fila de tres mil millones de personas que quieren esa vacuna. Yo no querría ese trabajo”, afirmó Bell.

Otro factor importante es que la vacuna aprobada puede no ser la panacea que la gente espera. En otras palabras, es posible que la vacuna no elimine completamente el virus, sino que solamente mitigue sus efectos.

Esta protección es valiosa, pero suceda lo que suceda con los ensayos, debemos aceptar que se trata de un problema de largo plazo y que el virus podría estar con nosotros para siempre.

En mi caso en particular, pensar que hay una probabilidad del 50% de que haya recibido una vacuna prometedora me da una cierta tranquilidad, pero no me hará cambiar mi comportamiento. Los investigadores explicaron esto claramente.

Hasta que sepamos con certeza que hay una vacuna efectiva, continuaré respetando las reglas de distanciamiento físico para proteger a mi esposa, mi hija, el resto de mi familia, mis amigos y todas las personas con las que me cruce en la calle.

Voluntario siendo vacunado en Sudáfrica

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Un voluntario recibe la vacuna de Oxford en Sudáfrica. Confirmar la efectividad de la vacuna para prevenir infecciones requiere probarla en países con un alto número de casos.

Me da satisfacción tener la oportunidad de jugar un rol muy pequeño, junto a otros 10.000 voluntarios, en un ensayo que tiene en vilo al mundo.

La rapidez con que los científicos de Oxford respondieron a la crisis y su gran compromiso me impresionan.

Antes de la pandemia, muchos de estos médicos e investigadores trabajaban en distintos campos relacionados con el desarrollo de vacunas, alentados por su curiosidad o una misión individual. Nunca pensaron que de ellos dependerían las expectativas de miles de millones de personas.

Tal vez los ensayos de la vacuna de Oxford no den los resultados que muchos esperan. Podría ser que no cumpla en definitiva los requisitos de seguridad y eficacia necesarios para combatir la pandemia.

Pero así es como funciona la ciencia, en un desarrollo a largo plazo, colectivo y que puede tener resultados negativos. Nunca había valorado tanto como ahora la importancia de ese proceso.

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