Casi un desastre: el primer encuentro del presidente Donald Trump con sus aliados de la OTAN
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AFP

Casi un desastre: el primer encuentro del presidente Donald Trump con sus aliados de la OTAN

El primer encuentro de Donald Trump con sus socios de la alianza atlántica generó polémica por las dudas que dejó sobre su compromiso con la OTAN.
AFP
Por BBC Mundo
26 de mayo, 2017
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Era una oportunidad largamente esperada. Después de haber afirmado durante la campaña electoral de 2016 que la OTAN estaba obsoleta, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, acudió este jueves a la primera reunión de esa organización, cuya creación fue impulsada por su país tras el final de la II Guerra Mundial.

Aunque estaban presentes los mandatarios de los países miembros, el encuentro no era una cumbre presidencial sino una reunión para inaugurar la nueva y costosa sede de la OTAN en Bruselas.

Políticamente, era algo más: el momento ansiado por los aliados de Washington para escuchar la esperada rectificación final del mandatario estadounidense acerca del compromiso de su gobierno con esa organización.

Ya Donald Trump había hecho algún avance en esa dirección tras su llegada a la Casa Blanca al decir que la OTAN “ya no es obsoleta”.

Solo faltaba que reafirmara su compromiso con el artículo 5 del Tratado de la OTAN, en el que se consagra el principio de la defensa colectiva, que establece que un ataque contra uno de los miembros de la alianza será asumido como si fuera un ataque contra todos.

Pero, la manifestación de compromiso no se produjo o, al menos, no de forma expresa.

“Esto resultará en un tremendo choque para los miembros de la OTAN. El viaje de Donald Trump hasta ahora había resultado en un éxito relativo. Ahora es un fracaso. Casi un desastre“, escribió en su cuenta de Twitter Thomas Wright, director del Centro sobre Estados Unidos y Europa del Instituto Brooking, un centro de estudios estadounidense.

Wright destacó que funcionarios del gobierno le habían dicho el miércoles al diario The New York Times que Trump finalmente daría su respaldo al artículo 5.

“El hecho de que no lo haya hecho es sorprendente y muestra que alguien en la Casa Blanca o el propio Trump lo eliminaron (del discurso). Esto significará una tremenda conmoción para los miembros de la OTAN”, agregó.

Ivo Daalder, ex embajador de Estados Unidos ante la OTAN, coincidió en destacar la importancia de que Trump hubiera dado un compromiso expreso.

“Después de haber calificado a la OTAN como obsoleta, Trump tenía que decir lo que cada uno de sus predecesores desde (el presidente Harry) Truman ha dicho: que EE.UU. está comprometido con el artículo 5. No lo hizo. Esto es un golpe mayor para la alianza”, dijo Daalder en una serie de mensajes por Twitter.

Durante el discurso ante sus homólogos, Trump mencionó que “nunca olvidará a los amigos que nos apoyaron” tras los ataques del 11 de septiembre de 2001.

Funcionarios de la Casa Blanca señalaron posteriormente que esa declaración implicaba una afirmación de la cláusula de defensa mutua.

Fue precisamente tras el atentado contra Nueva York y Washington cuando, por primera y única vez en la historia, se invocó el artículo 5 para facilitar que los aliados de la OTAN dieran apoyo a Estados Unidos.

Las banderas de los países miembros de la OTAN ondean en su nueva cuartel general.REUTERS
El discurso de Trump se produjo durante la inauguración del nuevo cuartel general de la OTAN.

El portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, rechazó las críticas al discurso de Trump y aseguró que el mandatario había apoyado plenamente el artículo 5.

“Al comienzo (de su discurso) él habló de que fue invocado justo tras el 11 de septiembre, y además toda la ceremonia fue considerada un homenaje al artículo 5. Creo que es un poco tonto porque estando aquí en semejante ceremonia, todos entendemos que al ser parte de la OTAN tenemos obligaciones y compromisos“, dijo en respuesta a las críticas.

Paga lo que debes

La inquietud acerca del compromiso de Donald Trump con el artículo 5, sin embargo, no surgió de la nada.

En una entrevista con la prensa durante la campaña presidencial de 2016, Trump dijo que Estados Unidos sólo defendería a los países bálticos (miembros de la OTAN) de una hipotética invasión rusa si esos pequeños países gastaban más en defensa y contribuían más a la alianza. “Si ellos cumplen con sus obligaciones con nosotros, la respuesta es sí”, dijo.

Este jueves, Donald Trump volvió a reclamar a los demás aliados que espera que gasten más en defensa y en contribuciones con la OTAN.

“He sido muy muy directo con el secretario (Jens) Stoltenberg y con miembros de la alianza al decir que los miembros de la OTAN deben finalmente contribuir con su cuota justa y cumplir con sus obligaciones financieras. Pero, 23 de los 28 países miembros aún no están pagando lo que deberían estar pagando“, dijo el mandatario.

Donald Trump junto a otros líderes de países socios de la OTAN durante la tradicional foto de familia.REUTERS
Los analistas cuestionaron que Trump regañara a sus socios de la OTAN durante el encuentro.

“Esto no es justo con el pueblo y con los contribuyentes de Estados Unidos, y muchas de estas naciones deben enormes cantidades de dinero de años anteriores”, añadió.

Aunque los países de la OTAN fijaron desde hace más de una década como un objetivo deseable invertir el 2% de su PIB en gasto militar, no fue sino hasta 2014 cuando esa cifra se convirtió en un compromiso obligatorio, pero se fijó su cumplimiento para el año 2024.

Daalder cree que Trump se equivocó en su estrategia.

En lugar de reafirmar el compromiso fundamental (con la mutua defensa), Trump le dio un sermón a la OTAN sobre gastar más en defensa. Tiene razón. Ellos deberían hacerlo y lo están haciendo. 23 países aumentaron el gasto en defensa el año pasado”, apuntó.

Daalder agregó que el próximo año 8 países van a gastar el 2% de su PIB en defensa y recordó que todos los aliados se comprometieron a gastar ese porcentaje para el año 2024.

“Donald Trump pudo haberles agradecido por aumentar su gasto e invitarlos a acelerar el calendario acordado unos poco años”, apuntó.

El experto señaló que la amenaza de Rusia garantiza un aumento del gasto en defensa, ya que los países de la OTAN ven a Moscú como el mayor peligro para su seguridad, al igual que lo hace el principal jefe militar de Estados Unidos.

“Pero Trump apenas dijo nada sobre Rusia, enfocándose en cambio en la amenaza del terrorismo y en la inmigración, temas en los que los aliados están divididos. Esta era una oportunidad para unir a la alianza. Lamentablemente, la OTAN está hoy más dividida que nunca”, aseguró.

Kevin Connolly, corresponsal de la BBC en Europa, consideró que durante la visita de Trump a Bruselas se logró evitar una calamidad diplomática.

“Puede resultar extraño medir el impacto de una visita presidencial a las instituciones de la Unión Europea y a la OTAN simplemente en términos de los errores evitados y de los pasos en falso que no se dieron, pero de alguna forma así es como ocurre en el caso de Trump”, dijo.

Ciertamente, no se produjeron desastres diplomáticos durante su primera visita a Bruselas. Él vino a darle a sus colegas de la OTAN algo en lo que pensar y eso fue lo que hizo”, concluyó Connolly.

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11S: por qué la CIA no detectó los ataques contra las Torres Gemelas (pese a las señales que tuvo)

Cuando la CIA no logró evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001, muchos se preguntaron si se pudo haber hecho más, pero este fracaso al parecer fue causado por un problema que va mucho más allá de las agencias de inteligencia.
Getty Images
11 de septiembre, 2021
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El fracaso de la CIA a la hora de detectar las señales que advertían de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se ha convertido en uno de los temas más controvertidos en la historia de los servicios de inteligencia. Ha habido comisiones, revisiones, investigaciones internas y más.

Por un lado están los que dicen que la CIA no notó señales de advertencia obvias. Por el otro, aquellos que argumentan que es notoriamente difícil identificar las amenazas de antemano y que la agencia estadounidense hizo todo lo que era razonablemente posible.

Pero, ¿qué pasa si ambos lados están equivocados?

¿Qué pasa si la verdadera razón por la cual la CIA no pudo detectar la trama es más sutil de lo que cualquiera de las partes piensa?

¿Y qué si les digo que este problema se extiende más allá de los servicios de inteligencia y afecta en silencio a miles de organizaciones, gobiernos y equipos hoy en día?

Si bien muchas de las investigaciones se centraron en lo que la agencia hizo o dejó de hacer con la información disponible antes del 11S, pocos dieron un paso atrás para examinar la estructura interna de la propia CIA y, en particular, sus políticas de contratación.

Y desde una perspectiva tradicional, eran inmejorables: los potenciales analistas eran sometidos a una batería de exámenes psicológicos, médicos y de todo tipo. Y no hay duda de que contrataron personas excepcionales.

“Los dos exámenes principales eran uno del tipo de la prueba de acceso a la universidad para determinar la inteligencia de un candidato y un perfil psicológico para examinar su estado mental”, explica un veterano de la CIA.

“Las pruebas eliminaban a cualquiera que no fuera sobresaliente en ambos casos. En el año en que presenté mi solicitud, aceptaron a un candidato por cada 20.000 solicitantes. Cuando la CIA decía que contrataba a los mejores, estaba en lo cierto”, agrega.

Y, sin embargo, la mayoría de estos reclutas también se veían muy similares: hombres, blancos, anglosajones, estadounidenses, de religión protestante.

Este es un fenómeno común en el reclutamiento, a veces llamado “homofilia”: las personas tienden a contratar a personas que piensan (y a menudo se ven) como ellos mismos.

Y es que a uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias.

De hecho, los escáneres cerebrales sugieren que cuando otros reflejan nuestros propios pensamientos eso estimula los centros de placer de nuestros cerebros.

Un hombre cruza el lobby de la sede de la CIA

AFP
Para el momento de los ataques, la mayor parte de los analistas de la CIA eran muy similares.

En su estudio sobre la CIA, los expertos en inteligencia Milo Jones y Phillipe Silberzahn escriben: “El primer atributo consistente de la identidad y cultura de la CIA desde 1947 hasta 2001 es la homogeneidad de su personal en términos de raza, sexo, etnia y antecedentes de clase“.

Y un estudio del inspector general sobre prácticas de reclutamiento encontró que en 1964, una rama de la CIA, la Oficina de Estimaciones Nacionales, “no tenía profesionales negros, judíos o mujeres, y solo unos pocos católicos”.

Para 1967, según el informe, había menos de 20 afroamericanos de unos 12.000 empleados no administrativos de la CIA, y la agencia mantuvo la práctica de no contratar minorías desde la década de 1960 hasta la década de 1980.

Y, hasta 1975, la comunidad de inteligencia de Estados Unidos “prohibió abiertamente el empleo de homosexuales”.

Hablando de su experiencia con la CIA en la década de 1980, una persona con información privilegiada escribió que el proceso de reclutamiento “condujo a nuevos oficiales que se parecían mucho a las personas que los reclutaron: blancos, en su mayoría anglosajones; de clase media y alta; graduados universitarios de artes liberales”. Había pocas mujeres y “pocas etnias, incluso con antecedentes europeos recientes”.

“En otras palabras, ni siquiera tanta diversidad como había entre los que habían ayudado a crear la CIA”, destaca el escrito.

La diversidad se redujo aún más después del final de la Guerra Fría. Un exoficial de operaciones dijo que la CIA tenía una “cultura blanca como el arroz”.

Y en los meses previos al 11 de septiembre, la Revista Internacional de Inteligencia y Contrainteligencia comentó: “Desde su inicio, la comunidad de inteligencia integrada por la élite protestante blanca, no solo porque esa era la clase en el poder, sino porque esa élite se vio a sí misma como garante y protectora de los valores y la ética estadounidenses”.

La sede de la CIA en Langley, Virginia

AFP
La sede de la CIA en Langley, Virginia

¿Pero por qué es un problema esta homogeneidad? Si uno está conformando un equipo de relevos, ¿no quiere simplemente a los corredores más rápidos? ¿Por qué habría de importar si son del mismo color, género, clase social, etc.?

Pues porque esta lógica, aunque irrefutable cuando se aplica a tareas simples como correr, cambia cuando se aplica a tareas complejas como la inteligencia.

¿Por qué? Porque cuando un problema es complejo, ninguna persona tiene todas las respuestas. Todos tenemos puntos ciegos, lagunas en nuestra comprensión.

Y esto significa que si uno reúne a un grupo de personas que comparten perspectivas y antecedentes similares, es probable que compartan los mismos puntos ciegos.

Lo que a su vez significa que lejos de desafiar y abordar estos puntos ciegos, es probable que estos se refuercen.


La ceguera de perspectiva describe el hecho que a menudo no somos capaces de ver a nuestros propios puntos ciegos. Nuestros modos de pensamiento son tan habituales que apenas notamos cómo filtran nuestra percepción de la realidad.

La periodista Reni Eddo-Lodge describe un período en el que tuvo que ir en bicicleta al trabajo: “Una verdad incómoda se me ocurrió cuando cargaba mi bicicleta de arriba a abajo por las escaleras: la mayoría del transporte público no era fácilmente accesible… Antes de tener que transportar mis propias ruedas, nunca me había dado cuenta de este problema. Había sido ajena al hecho de que esta falta de accesibilidad estaba afectando a cientos de personas”.

Este ejemplo no implica necesariamente que todas las estaciones deban estar equipadas con rampas o ascensores. Pero sí muestra que solo podemos realizar un análisis significativo si somos capaces de percibir los costos y beneficios. Y esto depende de la diversidad de perspectiva, de personas que pueden ayudarnos a ver nuestros propios puntos ciegos y a quienes podemos ayudar a ver los suyos.


Osama bin Laden le declaró la guerra a Estados Unidos desde una cueva en Tora Bora en febrero de 1996. Las imágenes mostraban a un hombre con una barba que le llegaba hasta el pecho. Vestía una túnica debajo del uniforme de combate.

Hoy, dado todo lo que sabemos sobre el horror que desencadenó, la declaración parece amenazante.

Pero una fuente de la principal agencia de inteligencia de EE.UU. dijo que la CIA “no podía creer que este saudita alto y con barba, en cuclillas alrededor de una fogata, pudiera ser una amenaza para Estados Unidos”.

Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

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Osama Bin Laden le declaró la guerra a EE.UU. desde una cueva en Afganistán el 20 de agosto de 1998.

En otras palabras, para una masa crítica de analistas, Bin Laden parecía primitivo y relativamente inofensivo.

Richard Holbrooke, un alto funcionario del gobierno del presidente Clinton, lo expresó de esta manera: “¿Cómo puede un hombre en una cueva superar a los líderes mundiales de la sociedad de la información?“.

Otro dijo: “Simplemente no pudieron justificar la necesidad de destinar recursos para averiguar más sobre Bin Laden y Al Qaeda porque el tipo vivía en una cueva. Para ellos, era la esencia del atraso”.

Ahora, considera cómo alguien más familiarizado con el islam habría percibido las mismas imágenes.

Bin Laden llevaba una túnica no porque fuera primitivo en intelecto o tecnología, sino porque trataba de parecerse al profeta Mahoma. Ayunaba los mismos días que Mahoma ayunó. Sus poses y posturas, que a un público occidental le parecían tan atrasadas, eran las mismas que la tradición islámica atribuye al más sagrado de sus profetas.

Como lo expresó Lawrence Wright en el libro sobre el 11 de septiembre que le valió el Premio Pulitzer, Bin Laden orquestó su operación “invocando imágenes que eran profundamente significativas para muchos musulmanes pero prácticamente invisibles para aquellos que no estaban familiarizados con esa fe“.

Jones escribe: “La anécdota de la barba y la fogata es evidencia de un patrón más amplio en el que los estadounidenses no musulmanes, incluso los consumidores de inteligencia más experimentados, subestimaron a Al Qaeda por razones culturales”.

Osama Bin Laden

Getty Images
Los analistas de la CIA no dimensionaron la amenaza representada por el millonario saudita.

En cuanto a la cueva, esta tenía un simbolismo aún más profundo.

Como casi cualquier musulmán sabe, Mahoma buscó refugio en una cueva después de escapar de sus perseguidores en La Meca. Para un musulmán, una cueva es sagrada. El arte islámico está lleno de imágenes de estalactitas.

Y Bin Laden modeló su exilio en Tora Bora como su propia hijrah personal, utilizando la cueva como propaganda.

Como dijo un erudito musulmán: “Bin Laden no era primitivo; era estratégico. Sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Los analistas también fueron engañados por el hecho de que Bin Laden a menudo emitía pronunciamientos en forma de poesía.

Para los analistas blancos de clase media, esto parecía excéntrico y reforzaba la idea de un “mullah primitivo en una cueva”.

Para los musulmanes, sin embargo, la poesía tiene un significado diferente. Es sagrada. De hecho, los talibanes se expresan habitualmente en poesía.

La agencia estadounidense, sin embargo, estaba estudiando los pronunciamientos de Bin Laden utilizando un marco de referencia sesgado.

Como lo expresaron Jones y Silberzahn: “La poesía en sí misma no estaba únicamente en un idioma extranjero, el árabe; también provenía de un universo conceptual a años luz de la sede de la CIA”.

Islamistas pro Bin Laden

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“Bin Laden sabía manejar las imágenes del Corán para incitar a aquellos que luego se convertirían en mártires en los ataques del 11 de septiembre”.

Para el año 2000, la “chusma antimoderna y sin educación” que seguía a Bin Laden había crecido hasta alcanzar unas 20.000 personas, en su mayoría con educación universitaria y con un sesgo hacia la ingeniería.

Yazid Sufaat, quien se convertiría en uno de los investigadores de ántrax de Al Qaeda, tenía un título en Química. Y muchos estaban listos para morir por su fe.

Mientras tanto, el alto funcionario de la CIA Paul Pillar (blanco, de mediana edad, educado en una universidad de élite), estaba descartando la posibilidad misma de un gran ataque terrorista.

“Sería un error redefinir el contraterrorismo como la tarea de lidiar con el terrorismo ‘catastrófico’, ‘grandioso’ o el ‘súperterrorismo’, cuando en realidad esas etiquetas no representan la mayor parte del terrorismo que Estados Unidos probablemente deba enfrentar“, dijo.

Y otro defecto en las deliberaciones de la CIA fue su renuencia a creer que Bin Laden iniciaría un conflicto con Estados Unidos.

¿Por qué comenzar una guerra que no podría ganar?

Póster de búsqueda de Osama Bin Laden

AFP
Cuando EE.UU. reconoció el peligro que representaba Bin Laden, ya era tarde.

Los analistas no habían dado el salto conceptual que permite entender que para los yihadistas la victoria no debe asegurarse en la tierra sino en el paraíso.

De hecho, el nombre en clave de Al Qaeda para la trama era “La gran boda”.

Y es que en la ideología de los suicidas, el día de la muerte de un mártir es también el día de su boda, cuando es recibido por vírgenes en el cielo.

La CIA podría haber asignado más recursos a investigar a Al Qaeda. Podría haber intentado infiltrar la organización. Pero en la agencia fueron incapaces de comprender la urgencia. No asignaron más recursos, porque no percibieron una amenaza.

No buscaron penetrar Al Qaeda porque ignoraban el agujero en su análisis. Y el problema no se limitaba (únicamente) a la incapacidad de conectar los puntos en el otoño de 2001, sino que remitía una falla en todo el ciclo de inteligencia.

La escasez de musulmanes dentro de la CIA es solo un ejemplo de cómo la homogeneidad debilitó a la principal agencia de inteligencia del mundo, da una idea de cómo un grupo más diverso habría posibilitado una comprensión más rica no solo de la amenaza que representaba Al Qaeda, sino también de los peligros en todo el mundo; de cómo diferentes marcos de referencia, diferentes perspectivas, habrían posibilitado una síntesis más completa, matizada y poderosa.

Por ejemplo, una proporción sorprendentemente alta del personal de la CIA había crecido en familias de clase media, soportado pocas dificultades financieras u otros signos de potenciales precursores de la radicalización, o numerosas otras experiencias que podrían haber enriquecido el proceso de inteligencia.

En un equipo más diverso, cada uno de ellos habría sido un valioso activo. Como grupo, sin embargo, tenían defectos.

Gente con traje

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“A uno lo valida el estar rodeado de personas que comparten las propias perspectivas y creencias”.

El problema, sin embargo, no es solo de la CIA, como se nota al mirar a muchos gabinetes de gobiernos, bufetes de abogados, equipos de liderazgo del ejército, altos funcionarios públicos e incluso ejecutivos de algunas empresas de tecnología.

Y es que nos sentimos inconscientemente atraídos por personas que piensan como nosotros, pero rara vez notamos el peligro porque desconocemos nuestros propios puntos ciegos.

John Cleese, el comediante, lo expresó de esta manera: “Todo el mundo tiene teorías. Las personas peligrosas son aquellas que no conocen sus propias teorías. Es decir, las teorías sobre las que operan son en gran parte inconscientes”.

Obtener la combinación correcta de diversidad en los grupos humanos no es fácil. Reunir las mentes correctas, con perspectivas que desafían, aumentan, divergen y polinizan en lugar de loros, corroboran y restringen, es un verdadera ciencia.

Pero esto se convertirá en una fuente clave de ventaja competitiva para las organizaciones, sin mencionar las agencias de seguridad. Así es como los enteros se vuelven más que la suma de sus partes.

La CIA, por su parte, ha dado importantes pasos hacia una diversidad significativa desde el 11 de septiembre.

Pero el problema continúa persiguiendo a la agencia y un informe interno en 2015 fue bastante crítico.

Como dijo el entonces director, John Brennan: “El grupo de estudio analizó detenidamente nuestra agencia y llegó a una conclusión inequívoca, la CIA simplemente debe hacer más para desarrollar el entorno de liderazgo diverso e inclusivo que requieren nuestros valores y que nuestra misión exige”.

*Matthew Syed es el autor de Rebel Ideas: The Power of Diverse Thinking (“Ideas rebeldes: el poder del pensamiento diverso”).


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