Trastorno disfórico premenstrual: una enfermedad ginecológica que te puede enviar al psiquiátrico
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Trastorno disfórico premenstrual: una enfermedad ginecológica que te puede enviar al psiquiátrico

El mal diagnóstico de esta enfermedad ginecológica puede llevar a algunas a tratamiento psiquiátrico. Afecta entre el 5% y 8% de las mujeres en edad fértil.
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Por BBC Mundo
31 de mayo, 2017
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Para la mayoría de las mujeres el síndrome premenstrual es una parte desagradable pero llevadera del ciclo de cada mes. Pero entre el 5% y 8% de las mujeres en edad fértil, tienen síntomas tan severos que pueden llegar a ser fatales. El trastorno disfórico premenstrual es una enfermedad ginecológica muchas veces mal diagnósticada.

Laura, de 38 años, notó por primera vez que había un problema cuando tenía 17.

“Un día me caí”, recuerda. “Estaba hiperventilando y mi madre llamaba a los médicos para que me sedaran”.

Durante la veintena Laura sufrió ansiedad y ataques de pánico. Solo podía hacer trabajos temporales porque no lograba mantener un trabajo estable.

LauraDerechos de autor de la imagenLAURA
Image captionUn médico le dijo a Laura que se sintiera afortunada de no vivir en la Edad Media, porque la habrían quemado por bruja.

“Cada mes me cansaba tanto que tenía que dormir 18 horas durante tres días. Empecé a tener pensamientos suicidas“.

Laura tenía síndrome premenstrual severo, también llamado trastorno disfórico premenstrual (TDPM), una condición reconocida oficialmente, en la que los síntomas severos, como la irritabilidad y la depresión severa, interfieren con la capacidad de una persona para funcionar normalmente.

Quienes la sufren pueden tener síntomas hasta tres semanas al mes.

El caso de Sarah

Sarah, de 23 años, empezó a tener TDPM a los 14 años. “Tenía ansiedad y depresión y con el tiempo psicosis -veía y oía cosas- y manía”.

La hospitalizaron y le diagnosticaron trastorno bipolar. Se pasó un año entero entrando y saliendo de una unidad psiquiátrica hospitalaria para adolescentes.

SarahDerechos de autor de la imagenSARAH
Image captionAhora Sarah está considerando hacerse una histerectomía (extirpación de útero) y una extirpación de ovarios.

“Con frecuencia se hace un mal diagnóstico del TDPM”, dice el especialista en ginecología profesor John Studd.

“Como los síntomas son cíclicos, los psiquiatras a veces creen que es un trastorno bipolar y entonces los pacientes siguen un tratamiento durante años con terapias y anti psicóticos como el litio”.

El caso de Rachael

Rachael, de 35 años, tiene síntomas desde los 14 y dice haber experimentado momentos de furia “en los que podría haber matado a alguien“.

“Me despertaba en medio de la noche sintiéndome furiosa por ningún motivo y empezaba a romper platos”.

RachaelDerechos de autor de la imagenRACHAEL
Image captionEl gel hormonal funcionó para Rachael. “Ya no tengo pensamientos suicidas. Casi no discuto con mi pareja. Es una mejoría del 95%”.

Fue su ex pareja quien la diagnosticó correctamente por primera vez, una década después.

“Leí la información y dije, “Dios mío, esa soy yo”. Se lo mencionaba a los doctores pero solo me daban antidepresivos y medicación contra la ansiedad“.

Con el tiempo su vida se derrumbó. Dejó su trabajo en la policía y a sus hijos con su madre durante seis semanas.

“Llegué a un punto en el que iba a conseguir que me internaran en un psiquiátrico”.

“Iba conduciendo y de repente me daban ganas de empotrarme contra un camión”.

“Una enfermedad ginecológica casi siempre tratable”

Lo que comparten Laura, Sarah y Rachael son las dificultades para conseguir que los profesionales médicos reconocieran su condición.

“Ahora tengo un ginecólogo que está convencido de que lo que yo tengo es TDPM, pero mi psiquiatra, del que ya no soy paciente, todavía dice que tengo trastorno bipolar con un componente hormonal”, dice Sarah.

Un médico le dijo a Laura que se sintiera afortunada de no vivir en la Edad Media, porque la habrían quemado por bruja.

GelDerechos de autor de la imagenISTOCK
Image captionUn tratamiento hormonal con estrógeno, en parches o en un gel cutáneo, es lo que los médicos especialistas suelen recetar.

“Lo que con frecuencia me llama la atención al ver a una mujer con esta condición es la cantidad de tiempo que les llevó hacer que las tomaran en serio, y lo aliviadas que se sintieron cuando finalmente alguien les ofreció tratamientos basados en evidencias”, le dijo a la BBC el ginecólogo especialista Nick Panay, presidente de la Asociación Nacional sobre el Síndrome Premenstrual de Reino Unido.

“Casi siempre es tratable”, asegura el doctor Studd, que normalmente receta un tratamiento hormonal con estrógeno, en parches o en un gel cutáneo.

“Esa es una manera segura de dominar el ciclo y los síntomas cíclicos”.

A principios de este año un estudio descubrió que la TDPM puede estar causada por una vulnerabilidad genética.

“Eso es muy emocionante”, dice Panay.

“Una vez que encuentras un factor genético causativo tienes la posibilidad de desarrollar un test de diagnóstico y terapias genéticas específicas. Todavía están en una fase muy temprana de investigación así que no hay perspectivas inmediatas de que esas opciones vayan a estar disponibles en los próximos años. Pero definitivamente se están haciendo progresos”.

Así evolucionaron Laura, Sarah y Rachael

El gel hormonal funcionó para Rachael. “Ya no tengo pensamientos suicidas. Casi no discuto con mi pareja. Es una mejoría del 95%”, dice.

Ahora planea estudiar psicología.

“Me encantaba trabajar para la policía y tenía un buen salario. Después pasó todo esto y sentí que nunca más volvería a ser parte activa y constructiva de la sociedad. Por eso ahora creo que mi destino es ayudar a otras mujeres”.

RachaelDerechos de autor de la imagenRACHAEL
Image captionCon el tiempo la vida de Rachael se derrumbó. Dejó su trabajo en la policía y a sus hijos con su madre durante seis semanas. Ahora planea estudiar psicología y ayudar a otras mujeres.

Por su parte Sarah depende de una combinación de cuatro tratamientos para controlar su ciclo. Pero solo funciona durante seis meses antes de tener una nueva recaída.

Por eso está considerando hacerse una histerectomía (extirpación de útero) y una extirpación de ovarios.

“El verano pasado me hospitalizaron en un psiquiátrico dos veces y pensé “esto no puede seguir así””.

Sobre la histerectomía, dice que la gente le advirtió que se arrepentiría, pero “yo no quiero traer a nadie a este mundo para después hacerles daño o que me pase algo a mi”.

“Recientemente durante una crisis grave casi intenté suicidarme. A veces pienso que es mejor hacerse la operación que volver a pasar por eso”.

Mientras, Sarah se centra en acabar sus estudios universitarios. Vive con la esperanza de un futuro en el que pueda “viajar, hacer planes con antelación y poder comprometerse con algo durante un año o más. Tengo esa determinación, y me está yendo bien”.

Laura también se mantiene optimista: “el 2017 es el año en que todo esto se soluciona”. Ahora está esperando a que le aprueben una histerectomía.

A sus 38 años no tiene ahorros ni una carrera profesional, pero sí una pareja que la apoya.

“Hay cosas que sé que puedo conseguir. ¡Imagínate todo lo que puedo hacer con cuatro semanas al mes!”.

De hecho Laura lidera un proyecto llamado Ciclo Vicioso (Vicious Cycle) con el que trata de diseminar información sobre su enfermedad para que los médicos la conozcan mejor. También gestiona un grupo de Facebook de apoyo a pacientes que ha sido de gran ayuda también para Rachael y Sarah.

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#YoSoyAnimal
Tania L. Montalvo

La marea del #8M toma las calles y vence las advertencias de que la CDMX tendría una marcha “muy violenta”

Aunque autoridades federales y locales aseguraron que la marcha estaría marcada por la violencia, alrededor de 75 mil mujeres salieron a las calles para exigir un alto a los feminicidios y otras agresiones, en una manifestación que en su mayor parte fue pacífica.
Tania L. Montalvo
Por Eréndira Aquino y Dalila Sarabia 
9 de marzo, 2022
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La última mujer que entró al Zócalo en la marcha por el Día Internacional de la Mujer fue Mari Sáenz, artista independiente. Lo hizo bailando y agitando su vestido blanco, símbolo de paz, cinco horas después de que el primer contingente ya había tomado la plancha del centro capitalino. 

Con ella entraron otras, también bailando, brincando y gritando, que se unieron rápidamente a las distintas fogatas que cientos de mujeres rodeaban, mientras entonaban cánticos contra el machismo y la violencia.

A las 15:00 horas, las mujeres mexicanas comenzaron a marchar y durante al menos seis horas continuas llenaron con sus voces las calles de la capital: Paseo de la Reforma, Avenida Juárez, 5 de Mayo, Tacuba… ríos morados y verdes que no pararon, y que desafiaron en todo momento el mensaje que autoridades locales y federales se empeñaron en repetir: sería una marcha violenta, habría riesgo para las asistentes, dijeron. Desde el arranque de la jornada, buscaron la forma de inyectar miedo. 

No fue así. Aun cuando se dispuso de un aparato policial nunca antes visto en una protesta feminista —incluso con marinos frente a Palacio Nacional y policías hombres rodeando el sitio de la marcha—, en la Ciudad de México se vivió una marcha en paz, sorora, pero de indignación y más hartazgo contra la continua violencia contra las mujeres y la poca acción de autoridades para frenarla: alto a los feminicidios, a las desapariciones, a los delitos sexuales, a la criminalización. 

Decenas de miles de mujeres que marcharon solas, con sus amigas u organizadas en contingentes que apostaron por la diversidad, por hablar de la importancia de proteger a las infancias, de hablar de maternidades, trabajo de cuidado, visibilizar a las víctimas de violencia feminicida, las desapariciones, la vida violenta del país. 

Renata, de 27 años, dijo que esta es la segunda vez que salió a marchar. Fue con su amiga Jennifer, de 26, para quien sí fue su primera vez en una protesta feminista.

“Esta es mi segunda marcha, en la primera me vine sola y al final se lo decía a ella que es su primera marcha: no te dejes llevar por el pánico que nos quieren causar para no ir. Tranquila, todo va a estar bien”, decía mientras a unos metros jóvenes con el rostro cubierto pintaban con aerosol las vallas que resguardaban los edificios del Zócalo.

“Por ellas es que no nos vamos, por eso estamos aquí sentadas hasta el final, porque sabemos que el estar aquí apoyando hace que los policías no se hayan ido todavía contra un grupo”.

Había mujeres que gritaban “fuimos todas” cada vez que se realizaba una pinta. 

“Antes de venir, la verdad sí tenía miedo, por todo lo que se dice, pero al llegar sentí la seguridad de que somos muchas y que no nos dejamos solas en ningún momento; si se van contra una, salen a defender todas. Además, siendo tantas, yo creo que es a ellos a quien más bien les da miedo que estemos aquí”, replicó Jennifer, señalando a los policías. 

Esta ocasión, Renata también sintió menos temor de salir a marchar, aun tras haber visto que habría policías y elementos de la Marina resguardando el Zócalo, pues dijo: “Somos más fuertes, todas nos sentimos más seguras juntas”. 

Ambas llegaron al Zócalo en un contingente de ciudadanas independientes, quienes mostraron pancartas en las que podían leerse consignas como “Yo sí te creo, porque cuando yo hablé a mí nadie me creyó”, “Mi miedo se volvió fuerza” y “No las olvidamos”.

Otros contingentes estuvieron conformados por colectivas, asociaciones civiles, universitarias y agrupaciones políticas, que reivindicaron causas que muestran la diversidad de mujeres y necesidades en la capital y todo el país: portando pañuelos verdes y morados, algunas marcharon con instrumentos musicales y entonaron canciones, mientras otras recorrieron Paseo de la Reforma en silla de ruedas, en exigencia de mejores condiciones para las mujeres con discapacidad.

“Aquí estamos nosotras alzando la voz por todas aquellas mujeres con discapacidad que hacen activismo desde su cama, que están encerradas en instituciones psiquiátricas o que, por cualquier motivo, no pueden estar aquí”, comentó Fernanda, de 30 años, quien vive con discapacidad motriz y acudió a marchar con su hermana.

Fernanda reconoció que estuvo a punto de decidir no marchar, por el temor que sintió al escuchar en las noticias que había elementos de la Marina y que sería una marcha violenta, porque en caso de suceder algo sería difícil alejarse del sitio en silla de ruedas, pero se mostró alegre de que “todo estuvo muy tranquilo”. 

También estaban los que cargaron con retratos de víctimas de feminicidios y desaparición, así como grupos de madres con sus hijos, y algunas otras que acudieron a denunciar que no tienen consigo a los suyos, porque por órdenes judiciales “injustas” han sido separadas de ellos.

A pesar de las violencia digital por parte de grupos transexcluyentes, la marcha fue un espacio seguro en el que todas, todes y todos cupieron: el contingente de personas trans, no binaries, lesbianas y aliadxs recorrió las calles ondeando banderas azul, blanco y rosa, con la consigna #JuntesLoPodemosTodo.

Algunas militantes del partido Morena regalaron flores a policías que resguardaban el camino de los contingentes rumbo al Zócalo.

Separatistas, transincluyentes y diversos, los contingentes partieron desde distintos puntos de la zona centro: en el Ángel de la Independencia, algunos se reunieron y, mientras esperaban la salida de los contingentes, pintaron huellas alrededor de la glorieta, para recordar a víctimas de feminicidio y desaparición.

En el Monumento a la Revolución y en la Antimonumenta, mujeres pegaron carteles con rostros de agresores y pintaron consignas. Después, se incorporaron al contingente principal que recorrió la ruta Reforma-Juárez-5 de Mayo entonando lemas como “Amiga, hermana, aquí está tu manada” y “Mujer, escucha, esta es tu lucha”.

Vallas, policías y enfrentamientos

Desde la mañana del lunes, un día antes de la protesta, el presidente Andrés Manuel López Obrador, la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum y el secretario de Gobierno de la Ciudad de México, Martí Batres, aseguraron que la movilización sería “violenta”, e incluso afirmaron —sin pruebas— que grupos acudirían a agredir con objetos peligrosos.

Por ello, se anunció un operativo conformado por 3 mil mujeres policía que resguardó a los contingentes de principio a fin. A ellas, además, se sumaron elementos de la Marina, quienes resguardaron el Zócalo.

Aunque acompañaban a toda la marcha, las policías concentraban su atención en los grupos de mujeres encapuchadas, algunas de las cuales portaban pintura en aerosol, martillos y palos, quienes se mezclaban entre contingentes para pintar consignas feministas en vallas, paredes y avenidas. 

A pesar de la tensión que se vivía cuando el cerco policiaco se acercaba a ellas, otras mujeres cerraban filas a su alrededor gritando “fuimos todas” e, incluso, algunas manifestantes les gritaban “son mis heroínas”.

Al llegar al Zócalo, algunas integrantes de estos grupos golpearon las vallas metálicas e intentaron derribarlas. En respuesta, del otro lado del cerco, policías accionaron extintores que provocaron ardor en los ojos, estornudos y tos entre las presentes.

De acuerdo con las autoridades, las policías únicamente acudieron equipadas con cascos, escudos, rodilleras, coderas y extintores. Sin embargo, la Brigada Marabunta —que acompaña movilizaciones en la Ciudad de México desde 2012— documentó que también se usó gas pimienta para dispersar a las manifestantes.

En diferentes momentos, los integrantes de la brigada auxiliaron a algunas de las jóvenes que fueron afectadas por el gas, rociándoles una mezcla de Pepto-Bismol con agua en el rostro, para disminuir el ardor. 

Con el objetivo de replegar a las manifestantes desde detrás de las vallas de Palacio Nacional y la Catedral Metropolitana, se observó que —desde el lado de las policías— se lanzaron varios cohetones que hicieron retumbar en más de una decena de veces el suelo.

Los golpes en las vallas y la acción policiaca duró hasta alrededor de las 20:00 horas, mientras otros contingentes de mujeres realizaron diferentes tipos de performance en el Zócalo: algunas intervinieron con fotos de agresores el asta bandera, hicieron fogatas con las cartulinas que utilizaron con consignas durante la marcha, otras cantaron y abrieron micrófonos para que víctimas contaran sus casos.

Al término de la marcha, y pese a sus propias previsiones, autoridades capitalinas reconocieron que esta fue “en su mayoría pacífica”. Según sus estimaciones, contó con la participación de un aproximado de 75 mil mujeres y tuvo un saldo de por lo menos 25 personas lesionadas, de las cuales ocho requirieron ser hospitalizadas, seis policías y dos manifestantes. 

En el operativo policiaco desplegado para la protesta, las autoridades aseguraron 140 bengalas, 53 martillos, 40 latas de pintura en aerosol, 22 palos de madera, 12 cinceles, 12 herramientas diversas, nueve tubos metálicos, dos pistolas para rociar pintura, una cadena, un litro de gasolina y un bastón policial.

Con información de Ana Estrada y Tania Casasola.

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