Por qué vivir en algunas zonas de la CDMX favorece el estrés y las enfermedades no transmisibles
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Archivo / Cuartoscuro

Por qué vivir en algunas zonas de la CDMX favorece el estrés y las enfermedades no transmisibles

Habitantes de zonas vulnerables son más propensos a enfermedades, como hipertensión o diabetes, debido al estrés provocado por entornos adversos.
Archivo / Cuartoscuro
Por Omar Páramo y Francisco Medina // UNAM Global
7 de mayo, 2017
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Somos un reflejo de nuestro ambiente y si vivimos en uno deteriorado o amenazante seremos más propensos a padecer enfermedades no transmisibles (ENT), como diabetes, obesidad o hipertensión.

Esto se debe a que lidiar con entornos adversos genera estrés crónico y éste, a su vez, favorece dichas enfermedades. No obstante, la medicina convencional suele obviar esto y, por lo mismo, soslaya la repercusión del medio en los organismos, señaló Edgar Gaytán Ramírez, académico de la chilena Universidad de Concepción y doctor por la UNAM.

Al ser cuestionado sobre su interés en el tema, el antropólogo indicó que todo se remonta a febrero de 2010, cuando un sismo de 8.8 grados Richter sacudió a Chile y provocó un tsunami, que dejó dos millones de damnificados, muchos de los cuales se concentraron en barrios formados por casas de madera, mejor conocidas como “de doble agua”.

“Al trabajar con estos grupos, integrados por personas resignadas a no poder reinstalarse en espacios más dignos, comencé a notar un deterioro en su salud y un aumento en los casos de enfermedades, como hipertensión, diabetes y trombosis, es decir, males ligados al estrés, la incertidumbre e indefensión que sentían a diario”, expuso.

A un lustro de aquella tragedia, Edgar Gaytán viajó a México a fin de estudiar este fenómeno y, para sacar adelante su indagatoria, eligió una zona periférica de la Ciudad de México, que fuera vulnerable tanto social como ambientalmente, con asentamientos golpeados por las inclemencias naturales: el municipio Valle de Chalco Solidaridad.

“Los colonos viven en una tensión diaria, la cual se dispara cada que llueve, pues saben que basta con un chubasco para que el canal Río La Compañía se desborde y que su afluente arrase con hogares e incluso provoque pérdidas humanas”, añadió.

A esta amenaza permanente se suma la indolencia de la autoridad, como denunció uno de los habitantes del lugar al ser entrevistado por Gaytán: “Los gobernadores nos echan la culpa por vivir aquí, o sea, somos culpables de inundarnos. Ellos no se responsabilizan”.

Al respecto, el investigador apuntó, “si esto es lo que viven a diario, ¿cómo no van a estar sometidos a una incertidumbre y ansiedad constantes y derivadas del ambiente? A la larga, esto se refleja en un incremento de casos de enfermedades que afectan a los humanos después de los 40 años, edad en la que suelen manifestarse las enfermedades no transmisibles”.

Los riesgos del estrés crónico

De visita en el Centro de Ciencias de la Complejidad (C3) de la UNAM, el académico refirió que el estrés es una respuesta del cuerpo ante las amenazas, aunque advirtió que lo que ya no es natural es cómo ciertas condiciones socioambientales hacen que las personas lo padezcan por periodos prolongados.

“Ante estímulos estresantes nuestro cuerpo nos capacita para luchar o huir. En estos casos, el organismo genera hormonas que permiten activar los músculos a fin de escapar o dar pelea. A los animales esto les ayuda a salir rápido de una situación de emergencia, pero con los humanos la situación es distinta”, explicó.

Justo tres semanas antes del terremoto de Chile, el 4 de febrero de 2010, el canal Río La Compañía se desbordó, sumergiendo en aguas negras a diversas colonias del Valle de Chalco. Algo similar había acontecido en el año 2000 y lo mismo se repitió en 2011, en la misma zona y por las mismas razones.

¿Cómo reaccionan los habitantes de la zona a este déjà vu? Debido a que esto se asocia a la lluvia, la gente del lugar se ha condicionado y ante un evento pluvial comienza a experimentar ansiedad y a temer la aparición de aluviones que pongan en peligro su vida y patrimonio. Así, lo que inició como un estrés agudo, a fuerza de repetirse termina por ser inducido psicológicamente y volverse crónico, acotó Gaytán.

“Tras la inundación me dio colitis nerviosa; me proporcionaron medicinas, pero el doctor nunca me dijo de qué se trataba”, comentó una colona del Valle de Chalco al ser entrevistada por el académico.

Lee: La CDMX tiene un problema de caries, pero a la gente no le gusta ir al dentista.

Los rostros de las enfermedades

Para Gaytán es indudable que, por sus efectos en la calidad de vida, el estrés psicosocial debe ser visto como un factor de vulnerabilidad y para sustentar su argumento comparó los niveles de tensión de los habitantes de dos colonias de Valle de Chalco (El Triunfo y Unión de Guadalupe) con los experimentados por los residentes de otros dos asentamientos, aunque estos enclavados al sur la Ciudad de México (Ejido Viejo de Santa Úrsula Coapa y Vergel del Sur).

“Debido a las diferencias en cuanto a percepciones económicas, nivel de estudios o susceptibilidad ante eventos climáticos, el segundo grupo fungió como población de control”, subrayó el docente, quien recién obtuvo el grado de doctor por la Facultad de Filosofía y Letras y el Instituto de Investigaciones Antropológicas de la UNAM.

Como parte de su indagatoria, el académico aplicó una prueba psicométrica para valorar el estrés en 164 individuos de las cuatro colonias. En dicho estudio, invariablemente, los habitantes de Chalco registraron los índices más altos.

A fin de establecer como esta condición favorece el deterioro de la salud, Gaytán cruzó datos y, mediante diversas fórmulas, calculó los porcentajes de riesgo cardiovascular entre los habitantes de ambos grupos.

Una vez más las cifras volvieron a ser consistentes, pues el riesgo derivado de la presencia de ENT como diabetes, hipertensión u obesidad mórbida resultó de 63.7% para los chalquenses, contra 36% de los colonos del sur.

Sobre los resultados obtenidos y su implicación en el entendimiento de temas tan complejos, Gaytán explicó que estos trabajos revelan los alcances de la antropología física y cómo, al adoptar nuevas herramientas, ésta arroja luz sobre problemáticas actuales.

“El fin de esta disciplina, que es trazar puentes entre la naturaleza biológica y cultural del humano, es fundamental para comprender fenómenos tan imbricados como el efecto del ambiente sobre la salud y la aparición de enfermedades en distintas poblaciones”, concluyó.

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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