Gasta el gobierno más de lo planeado en 2016; Presidencia tiene incremento presupuestal de 85%
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Gasta el gobierno más de lo planeado en 2016; Presidencia tiene incremento presupuestal de 85%

El aumento respecto a lo que asignó el Congreso se da después de que el gobierno federal insistiera en el discurso de “amarrarse el cinturón” y recortar el gasto; la Oficina de Enrique Peña Nieto superó por mil 600 millones de pesos el presupuesto que se la había asignado para 2016.
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Por Tania L. Montalvo
2 de mayo, 2017
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Ninguna secretaría de Estado se pasó más que Presidencia en su gasto anual respecto a lo que asignó la Cámara de Diputados. En la Oficina de Enrique Peña Nieto el incremento en 2016 fue de 85%, para superar lo presupuestado por mil 600 millones de pesos, según datos de la Cuenta Pública.

De entre las 19 secretarías de Estado del gobierno federal, Presidencia es la que proporcionalmente aumentó más su gasto seguido por la Secretaría de la Función Pública, la de Turismo, Relaciones Exteriores y Hacienda.

Ésta última, por ejemplo, de tener un presupuesto asignado de 28 mil 500 millones de pesos, cerró el año gastando 48 mil 360 millones, 70% más.

Los datos de la Cuenta Pública 2016 muestran que la vocería de la Presidencia superó su gastó por 31%, gastando 48.6 millones de pesos más de lo presupuestado.

La Secretaría Particular del Presidente y la Jefatura de la Oficina de Presidencia también aumentaron su presupuesto; cada una gastó 12.5 millones de pesos de más.

El aumento presupuestal comparado con lo que asignó el Congreso se da en un año en que el gobierno federal insistió en el discurso de “amarrarse el cinturón” y recortar el gasto del gobierno federal.

Y es que mientras en Presidencia hubo un aumento del gasto de 85%, otras secretarías sí recortaron en distintas áreas.

Por ejemplo, la Secretaría de Salud, la de Desarrollo Social y la de Medio Ambiente y Recursos Naturales sí cerraron el año con un gasto reducido en comparación con lo planeado por los diputados.

En la Cuenta Pública, la Secretaría de Hacienda informa que en la Administración Pública se registraron ahorros por 946 millones de pesos y que se realizaron diversos ajustes en el gasto corriente.

Pero ese ahorro no es suficiente, pues sumando todo el gasto del sector público —incluyendo secretarías, órganos autónomos, transferencias estatales y municipales, por ejemplo— no hay un recorte.

El gasto de todos los entes públicos del país ascendió a 5 billones 377 mil 849.6 millones de pesos, monto 12.9% superior a lo presupuestado y 4.6% en comparación con el gasto total del año anterior.

La Secretaría de Hacienda argumenta que ese incremento en el gasto se debió a que a lo largo del año hubo mayores ingresos; pero lo cierto es que el monto total del gasto público terminó siendo superior, tanto respecto de lo aprobado por el Congreso como en comparación con lo ejercido el año anterior, pese a la promesa de austeridad y recorte.

Parte de los compromisos de ahorro, por ejemplo, incluían limitar y racionalizar los recursos para viáticos, pero estos también aumentaron, según los datos de la Cuenta Pública.

La partida de traslados y viáticos del gobierno federal tenía un monto asignado de 7 mil 780 millones de pesos, pero al cierre del año se gastó 49% más hasta llegar a los 11 ml 567 millones de pesos.

Más a Pemex y a CFE

Parte de los montos que aumentaron y que suman más gasto en el sector público son las transferencias extraordinarias para Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad, en tema de pensiones y jubilaciones.

La Cuenta Pública señala que, como parte de la Reforma Energética, el gobierno federal entregó a Pemex 160 mil 730.6 millones de pesos; mientras que para la CFE ese monto ascendió a 161 mil 080.2 millones.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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