La lengua larga de Javier Valdez, el periodista que optó por decirle no al silencio
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La lengua larga de Javier Valdez, el periodista que optó por decirle no al silencio

El asesinato de Javier Valdez no solo es una afrenta al periodismo; es una agravio a la sociedad sinaloense que ha perdido a uno de sus principales pilares en materia de libertad de expresión.
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Por Francisco Sandoval
15 de mayo, 2017
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Por muchos años Javier Valdez y su columna Malayerba fueron un baluarte del periodismo en Sinaloa, estado que por décadas se ha visto inmerso en una vorágine de asesinatos y desapariciones producto de la impunidad y el narcotráfico.

El asesinato de Javier no solo es una afrenta al periodismo; es un agravio a la sociedad sinaloense que ha perdido a uno de sus principales pilares en materia de libertad de expresión.

Aun cuando el propio Valdez se calificaba como una persona solitaria, contaba con cierta alegría en sus ojos y tono de voz que lo caracterizaban. Nacido en Culiacán, Sinaloa, el 14 de abril de 1967, era un periodista que siempre tenía una palabra de aliento para sus colegas, y nunca se acobardó ante la violencia y las amenazas.

Estudió sociología en la Universidad Autónoma de Sinaloa y como muchos de sus paisanos, quería que la violencia en Sinaloa -y en todo México- cesará. Le dolía, pero aun así cada semana, a través de su columna Malayerba, y sus diferentes libros, la reflejaba y era claro en señalar a los responsables.

Malayerba, Miss Narco, Huérfanos del Narco, Narcoperiodismo y Con una granada en la boca, fueron los títulos de sus libros, donde sin ningún tipo de censura narraba el drama del narcotráfico en México.

Apenas el pasado 29 de marzo, Javier y un centenar de periodistas sinaloenses protestaron frente la Catedral de Culiacán, por el homicidio de Miroslava Breach, reportera asesinada en Chihuahua.

“A Miroslava la mataron por lengua larga. Que nos maten a todos, si esa es la condena de muerte por reportear este infierno. No al silencio”, escribió Valdez desde su cuenta de Twitter, tras el crimen de la periodista.

Filosofía Río Doce

La editorial, ¿Quiénes somos? de Río Doce, refleja perfectamente la filosofía de Javier y sus compañeros (Ismael Bojórquez, Alejandro Sicairos y otros cofundadores como Francisco Sarabia y Cayetano Osuna ) en cuanto a la forma de hacer periodismo:

“Ríodoce nació (en febrero de 2003) en un contexto de fuerte control de los medios de comunicación por parte del Gobierno estatal, al que solo se salvaba, parcialmente, el diario Noroeste. Por eso nos propusimos desde un principio marcar una distancia clara respecto al poder, concentrado entonces, de manera absolutista, en Juan Millán Lizárraga, gobernador del estado…La sombra del poder nos acompañó implacable los primeros dos años. El gobernador había lanzado una consigna: ‘Vamos a matarlos de hambre’. Fueron hasta las oficinas del periódico a decirlo. Incluso se cruzaron apuestas. ‘No llegan a mayo’; ‘No pasan de agosto’; ‘Ya mero truenan’. Nosotros nos habíamos planteado otra: sobrevivir. Y acordamos que de ser necesario saldríamos con una hoja impresa por los dos lados, pero no bajaríamos las cortinas”.

En diferentes reuniones con periodistas y defensores de los derechos humanos, donde se buscaban alternativas para frenar la violencia contra la prensa, Javier siempre fue una voz crítica y constructiva, a favor del gremio periodístico.

“No podemos negociar con los principales agresores”, señaló en más de una ocasión, ante la propuesta de abrir un diálogo con las autoridades policiacas, responsables de 2 de cada 3 agresiones contra la prensa, según ha documentado la organización internacional Artículo 19.

El Malayerba

En el marco de la “guerra” contra el narcotráfico declarada durante inicio del sexenio de Felipe Calderón, Javier Váldez se convirtió en referente de Sinaloa en muchos sentidos. No sólo por su pluma sino por su valentía que a veces parecía no tener filtro y que para muchos periodistas era una especie de ejemplo a seguir. En el entendido de que si  Váldez o su Malayerba ya lo habían escrito se podría retomar, y eso pasaba con muchos medios.

Era de los periodistas que sabía traspasar fronteras no sólo por su carisma, sino por su solidaridad con el gremio de México y otras latitudes donde inspiró a nuevas generaciones.

Era de esas personas que nació para enseñar. Siempre tenía un consejo o recomendación para sus colegas. En 2009, por ejemplo, participó activamente en un taller de periodismo de narcotráfico y violencia, organizado por la Fundación García Márquez, donde sus aportaciones fueron de gran importancia para tejer redes con periodistas de otros países y entender la violencia que en ese momento azotaba al país.

Dos años más tarde, en 2011, esa valentía que lo caracterizaba  los hizo acreedor del Premio Internacional a la Libertad de Prensa del Comité de Protección de Periodistas (CPJ), por el valor mostrado en su trabajo como periodista en una zona de alto riesgo (Sinaloa).

Durante la entrega de la premio, Valdez habló de los riesgos de ser periodista en México y dedicó el premio a sus colegas y a las víctimas de la violencia.

“He sido periodista estos 21 años y nunca antes lo he sufrido y gozado con esta intensidad, ni con tantos peligros. Donde vivo, Culiacán, Sinaloa, es un peligro estar vivo y hacer periodismo es caminar sobre una invisible línea marcada por los malos, que están en el narcotráfico y en el gobierno, un piso filoso y lleno de explosivos. Esto se vive en casi todo el país. Uno debe cuidarse de todo y de todos, y no parece haber opciones ni salvación, y muchas veces no hay a quién acudir”.

El asesinato de Javier ha cimbrado a los periodistas y a la sociedad sinaloense en su conjunto.

Si Javier cayó que era una de las cabezas y baluartes del periodismo honesto en Sinaloa qué no le pueden hacer a cualquier ciudadano o periodista sin su trayectoria.  Ese es el mensaje implícito además del terror, el miedo y la zozobra que nos deja su asesinato. Es la malayerba de la que escribía Javier Valdez, el periodista sinaloense que con su “lengua larga” optó por decirle “no al silencio”.

 

 

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Odebrecht en Panamá: condenan en EU a dos hijos del expresidente Ricardo Martinelli por ayudar con los sobornos de la constructora

Ricardo Alberto y Luis Enrique Martinelli Linares fueron sentenciados a tres años de prisión tras haber abierto cuentas y creado empresas ficticias para recibir sobornos de la constructora Odebrecht que, según dijeron, tenían como destino a su padre.
21 de mayo, 2022
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Dos hijos del expresidente de Panamá Ricardo Martinelli fueron condenados este viernes en un tribunal de Estados Unidos por conspirar para recibir sobornos, supuestamente para su padre, por parte de la constructora brasileña Odebrecht.

Ricardo Alberto y Luis Enrique Martinelli Linares ya se habían declarado culpables del lavado de 28 millones de dólares que, según el abogado de Luis Enrique Martinelli, James Mac Govern, cometieron “por órdenes del padre”.

El juez Raymond Dearie emitió una condena de tres años de cárcel y dos más de libertad vigilada, una pena inferior a la que buscaba la fiscalía de entre nueve y 11 años.

Ya que habían estado detenidos en Guatemala y Estados Unidos desde hace casi dos años, los hermanos Martinelli solo tendrán que pasar 13 meses más en prisión.

El caso inició en 2016, cuando la compañía Odebrecht reconoció haber sobornado con más de 700 millones de dólares a funcionarios de varios países de América Latina para ganar contratos.

El expresidente Ricardo Martinelli no ha sido condenado por ningún delito, pero sigue bajo investigación en Panamá en un caso separado por presunta corrupción relacionada con Odebrecht.

El exmandatario ha rechazado las acusaciones en su contra.

“Para complacerlo”

Tras ser detenidos y acusados, los hermanos Martinelli Linares reconocieron haber creado cuentas bancarias y compañías ficticias para recibir los sobornos durante el mandato de su padre en Panamá (2009-2014).

En 2021, se declararon culpables de un cargo de conspiración de lavado de dinero.

Los hermanos Martinelli Linares en un tribunal de Nueva York

Reuters

“Realmente quería complacerlo, mantenerlo feliz, mantenerlo orgulloso (…) Eso no quiere decir que no soy responsable de mis acciones”, declaró en alusión a su padre Luis Martinelli, en la audiencia de sentencia en el tribunal de Nueva York.

Ricardo Alberto Martinelli también dijo que lamentaba sus acciones y esperaba que su declaración de culpabilidad ayudara a “establecer la rendición de cuentas” en Panamá.

Para los acusados fue “un resultado favorable, muy alejado de las excesivas pretensiones de los fiscales”, dijo el vocero del expresidente Martinelli, Luis Camacho.

La defensa había argumentado que los hermanos Martinelli no deberían pasar más tiempo detenidos porque habían actuado “por órdenes de su padre”, y ya habían pasado casi dos años detenidos en Guatemala y seis meses en Brooklyn.

Ricardo Martinelli

Reuters
El expresidente estuvo un tiempo prófugo, hasta que fue detenido en Miami y extraditado a Panamá.

El juez Dearie dijo que los dos hijos del expresidente habían mostrado durante el tiempo en que delinquieron una actitud “arrogante”.

No obstante, desestimó la petición de hasta 11 años de cárcel que había solicitado la fiscalía, la cual espera que haya un pago de 19 millones de dólares de los 28 millones implicados en el juicio por sobornos de los Martinelli.

Los casos por corrupción protagonizados por la firma Odebrecht han supuesto grandes escándalos y la apertura de procesos judiciales en Brasil, Perú, Panamá, Ecuador, Argentina, República Dominicana, Colombia y México.


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