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Especial

La Plataforma Nacional de Transparencia es un lastre, denuncia organización

A decir de la asociación Iniciativas Humanas y Sociales, la Plataforma Nacional de Transparencia no está a la altura de los esfuerzos de muchos de los sujetos obligados en el país.
Especial
Por Redacción Animal Político
11 de mayo, 2017
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La Plataforma Nacional de Transparencia (PNT) más que una ayuda es un “lastre” en materia de transparencia gubernamental, reconoció la asociación civil Iniciativas Humanas y Sociales.

Tras la publicación el pasado martes del reporte “Revisión Ciudadana del Inicio en el Cumplimiento de la Publicación de Información de Oficio conforme a la Ley General de Transparencia”, Iniciativas Humanas y Sociales sostiene que al analizar por separado el desempeño de los sitios de transparencia de 107 dependencias y la PNT se descubrió que la Plataforma “no está todavía a la altura de los esfuerzos de muchos de los sujetos obligados”.

Derivado de este primer análisis, la asociación identificó que el desempeño de muchas de las instituciones revisadas “es significativamente más bajo si combinaba con el desempeño de la PNT”.

Entre las obligaciones revisadas por la organización, entre el 6 y 8 de mayo, se encuentran: Metas y objetivos; remuneraciones; padrón de proveedores; bienes; viáticos; currículum vitae de funcionarios; presupuesto y compras.

Con base en esa observación general, los integrantes de Iniciativas Humanas y Sociales se plantearon la pregunta de cómo se desempeñarían por separado las instituciones, por un lado, y la Plataforma Nacional, por otro.

Lo que encontraron fue que mientras la evaluación de estos sujetos obligados alcanzaba una calificación de 3.7 a través de la PNT, siendo 10 la calificación más alta, cuando se evaluaba las páginas directas de las instituciones de gobierno, su desempeño promedio se incrementaba sustancialmente de 5.5 a 6.8, haciendo que algunos sujetos obligados alcanzaran calificaciones superiores a 9, con base en su desempeño y esfuerzo individual.

Algunos de los casos que muestran esta diferencia son el partido Movimiento Ciudadano, cuya página de transparencia obtuvo un 10 de calificación por subir toda la información evaluada, mientras que la calificación obtenida vía PTN fue de cero, lo que arrojó una calificación promedio de 6 puntos.

En esta misma situación se encuentran los estados de Chiapas y Puebla, así como el municipio de Tijuana, que obtuvieron un 10 de calificación en sus páginas, en tanto por la PNT presentaron una calificación de 2.5, lo que arrojó un promedio de 7.

“Este margen de diferencia distorsiona el esfuerzo institucional de los sujetos obligados pues, en promedio, significa la diferencia entre la calificación reprobatoria y la aprobatoria”, concluyó el análisis de la asociación.

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7 emociones que sentíamos los seres humanos y que ya no existen

Cuando pensamos en las emociones, tendemos a pensar que son fijas y compartidas por todo el mundo. Sin embargo, no solo varían de país en país sino que también cambian con los tiempos. Aquí te explicamos algunas que eran muy comunes en el pasado.
21 de abril, 2019
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Ilustración antigua

Getty Images
En el pasado, las emociones se asociaban con más frecuencia a determinados momentos o lugares.

Solemos pensar que las emociones son fijas y universales.

Sin embargo, estas varían de país en país (piensa por ejemplo en la palabra schadenfreude, que solo existe en alemán y que describe el disfrute ilícito de la mala fortuna ajena) y nuevas emociones aparecen todo el tiempo.

El cambio de los emoticones, que tanto usamos hoy día para expresar nuestros sentimientos, también refleja lo dinámicas que pueden ser las emociones.

BBC Radio 3 conversó con Sarah Chaney, experta del Centro para la Historia de la Emociones, en Reino Unido, sobre las emociones del pasado que pueden ayudarnos a entender cómo nos sentimos hoy.

Estas son algunas de ellas.

1. Acedía

La acedía era una emoción muy específica experimentada por hombres muy específicos en la Edad Media: monjes que vivían en monasterios.

Esta emoción surgía, por lo general, a raíz de una crisis espiritual.

Monjes

Getty Images
Se trataba de una emoción ligada directamente a los monjes de los monasterios.

Aquellos que la experimentaban sentían desazón, desgano, apatía y, sobre todo, un poderoso deseo de abandonar la vida santa.

“Es posible que hoy día esto sea catalogado como depresión”, explica Chaney. “Pero la acedía estaba específicamente asociada con una crisis espiritual y con la vida en un monasterio”.

Seguramente esto era una fuente de preocupación para los abades, que se desesperaban por la indolencia que acompañaba a la acedía.

De hecho, con el paso del tiempo, el término “acedía” se fue volviendo intercambiable con el de pereza”, uno de los siete pecados capitales.

2. Frenesí

“Esta es otra emoción medieval”, dice Chaney.

Hombre capturado

Getty Images
El frenesí iba acompañado de una agitación física: hubiera sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

“Es como la ira, pero es más específica que la ira que entendemos hoy. Alguien que experimentaba frenesí se habría sentido muy agitado. Habría tenido ataques violentos de furia, y habría hecho pataletas y mucho ruido”.

Habría sido imposible sentir frenesí y quedarse quieto.

Esta emoción pone de relieve nuestra tendencia actual a pensar en las emociones como algo esencialmente interno, algo que podemos esconder si lo intentamos.

Esto sencillamente no podía aplicarse a la gente que experimentaba frenesí en el Medioevo.

Muchas emociones históricas están tan ligadas a un tiempo y a un lugar que es imposible sentirlas ahora.

3. Melancolía

Melancolía es una palabra que usamos para describir una especie de tristeza calma o un estado contemplativo.

“Pero en el pasado, la melancolía era diferente”, señala Chaney. “A comienzos del período moderno, se pensaba que la melancolía era una aflicción física que se caracterizaba por el temor“.

Melancolia

Getty Images
Antes, se pensaba que la melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

Hasta el siglo XVI, se creía que la salud se veía afectada por el equilibrio de cuatro fluidos corporales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra.

La melancolía aparecía cuando la persona tenía mucha bilis negra.

“Uno de los síntomas de la melancolía en ese entonces era el miedo. En algunos casos, la gente tenía terror de moverse porque pensaba que estaba hecha de cristal y se rompería”, cuenta Chaney.

El rey Carlos VI de Francia sufría de melancolía y por ello había hecho coser varas de hierro en su ropa para evitar hacerse añicos de forma accidental.

4. Nostalgia

Esta es otra emoción que quizás creas que ya conoces. “Usamos la palabra ‘nostalgia’ de manera muy frecuente en las conversaciones hoy día, pero cuando empezó a usarse, se refería a algo que se pensaba que era una enfermedad física“, afirma Chaney.

Marineros

Getty Images
La melancolía estaba asociada a los marineros que extrañaban su hogar en tierra firme.

“Era una enfermedad del siglo XVIII de los marineros: algo que les pasaba cuando estaban muy lejos de su casa, y estaba vinculada al anhelo de regresar”.

Un caso severo de nostalgia podía incluso llevar a la muerte.

No se compara realmente con nuestra definición actual de nostalgia, que describe la añoranza por los buenos tiempos.

5. Neurosis de guerra

Muchos habrán escuchado hablar de la neurosis de guerra, una condición que afectaba a los soldados en las trincheras durante la I Guerra Mundial.

Sodado

Getty Images
Los soldados que sufrían neurosis de guerra a veces perdían la facultad de ver o escuchar pese a que no tenían un problema físico que se lo impidiera.

Al igual que la melancolía, la nostalgia y muchas otras experiencias emocionales a lo largo de la historia, la neurosis de guerra fue considerada a veces una emoción y otras una enfermedad, por la forma en la que se hablaba de ella y por cómo se trataba.

“La gente que sufría neurosis de guerra tenía extraños espasmos y con frecuencia perdía la capacidad de ver y escuchar, pese a que no tenían ningún problema físico que se lo impidiera”, explica Chaney.

“Al principio de la guerra, se pensaba que estos síntomas se debían a que las explosiones les habían sacudido el cerebro. Pero más tarde, pensaron que todos los síntomas eran provocados por las experiencias que había vivido el paciente y su estado emocional”.

6. Hipocondría

La hipocondría era otra condición médica que para el siglo XIX había adquirido asociaciones puramente emocionales.

Mujer desmayada

Getty Images
Algunas emociones eran tratadas como si fuesen enfermedades.

“Era básicamente la versión masculina de lo que los médicos victorianos llamaban histeria“, dice Chaney.

“Se creía que causaba cansancio, dolor y problemas digestivos. En los siglos XVII y XVIII, se pensaba que la hipocondría estaba ligada al bazo, pero más tarde se la asoció a los nervios”.

Los victorianos creían que los síntomas eran causados por la hipocondría, o por la preocupación obsesiva por el cuerpo (a pesar de que se notaban los síntomas físicos, era la mente y las emociones las que se creía que estaban enfermas).

7. Demencia moral

El término “demencia moral” fue acuñado por el doctor James Cowles Prichard en 1835.

“Efectivamente, significa ‘locura moral'”, explica Chaney, “porque por mucho tiempo la palabra ‘moral’ significaba ‘psicológica’, ‘emocional’ y también ‘moral’ en el sentido en el que usamos la palabra ahora”.

Demencia moral

Getty Images
El término que servía para describir muchas emociones extremas

Los pacientes que Prichard consideraba “dementes moralmente” eran aquellos que actuaban de forma errática o poco usual sin mostrar síntomas de un desorden mental”.

“Él sentía que había un gran número de pacientes que podían funcionar como cualquier otra persona, pero que no podía controlar sus emociones, o cometían crímenes de forma inesperada”.

La cleptomanía, por ejemplo, en mujeres educadas de alta sociedad, podía ser visto como un signo de demencia moral porque eran mujeres que no tenían motivos para robar.

Era un término que servía para describir muchas emociones extremas y se aplicaba con frecuencia a niños difíciles.


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