Así es un viaje en Shiki-shima, el tren más lujoso de Japón en el que un viaje puede costar 10,000 dólares
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Así es un viaje en Shiki-shima, el tren más lujoso de Japón en el que un viaje puede costar 10,000 dólares

El Shiki-shima hizo su viaje inaugural el 1 de mayo. Recorre todo Japón: desde Tokio hasta la isla de Hokkaido.
4 de mayo, 2017
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“Japón no es un país muy grande. Pero es un país caro”.

Así es como East Japan Railway Company, la empresa japonesa detrás de la fabricación de Shiki-shima, el tren más lujoso de la nación asiática, presenta en su sitio web su nuevo ferrocarril de lujo, cuyos pasajes cuestan entre US$2.860 y US$10.000.

Pero su exorbitante precio no es lo único que lo hace diferente.

“Queremos que nuestros clientes sientan el placer de darse cuenta que hay cosas que aún no conocen. Desde la vitalidad de cada estación hasta nuevas experiencias y descubrimientos en el camino”, explica la compañía.

El nuevo tren japonés ha sido diseñado para proporcionar a sus pasajeros una experiencia de lujo suprema.

Su nombre en español significa “isla de las cuatro estaciones”, en referencia a los marcados cambios estacionales del archipiélago nipón.

El ferrocarril, con capacidad para 34 pasajeros (o 17 parejas) hizo su trayecto inaugural el 1 de mayo.

Y la demanda es tan alta que ya se han agotado los billetes (hasta marzo de 2018).

Interior del trenEl Shiki-shima hizo su viaje inaugural el 1 de mayo. Recorre todo Japón: desde Tokio hasta la isla de Hokkaido.
Interior del trenSu futurista aspecto es obra de Ken Kiyoyuki Okuyama, exdiseñador de Ferrari.

Su diseño es obra deKen Kiyoyuki Okuyama, un reconocido exdiseñador de Ferrari que decoró los interiores del Shiki-shima con baños de mármol, ventanales vidriados, paneles de madera y formas artísticas, usando materiales exclusivos ligados a la artesanía japonesa tradicional.

En sus futuristas “vagones de observación” puedes relajarte y tomar una copa de champaña mientras disfrutas de los maravillosos escenarios naturales que ofrece Japón.

El tren hace trayectos desde Tokio hasta la isla de Hokkaido y puedes dormir a bordo entre una y tres noches.

Cuenta con 10 vagones: dos de observación (en los extremos, con vistas más amplias), cinco dormitorios (suites) de dos pisos, una sala de estar, un comedor y una suite de lujo.

Interior del trenHay espacio para 34 pasajeros.
Interior del trenPuedes dormir a bordo del tren entre una y tres noches.

Paladares exquisitos

Más que un tren, el Shiki-shima es un hotel de lujo en movimiento.

Uno de sus mayores atractivos es su oferta gastronómica, pensada para los paladares más exquisitos.

La comida dentro del tren es preparada por chefs con estrellas Michelin y presentada por camareros uniformados.

Interior del trenEn su interior cuenta con un restaurante de lujo.

Katsuhiro Nakamura, director y gran chef honorario de Nippon Hotel (en Tokio), es quien se encarga del menú.

Fue el primer japonés en recibir una estrella Michelin y ha trabajado en restaurantes de alta categoría en Francia y en Japón.

El diseño de los uniformes del personal es obra de Naoki Takizawa, quien también trabaja para la cadena de ropa japonesa Uniqlo.

comida en el trenLos platos son preparados por chefs de alta categoría.

El tren cuenta con una amplia sala de estar cuyas paredes de diseño “evocan la imagen de un tranquilo bosque” y en las que se pueden apreciar “toques de varias técnicas artísticas que han formado parte de la cultura japonesa oriental por generaciones”.

“Estas exquisitas aportaciones de diseño japonés proporcionarán excelentes temas de conversación cuando conozcas a otros pasajeros durante el trayecto”, asegura la empresa ferroviaria.

Por supuesto, el comedor es una zona vital.

“Ninguna experiencia de viaje es completa sin comida fabulosa con los mejores ingredientes“, se lee en el sitio web de Shiki-shima.

“El apacible sonido del tren y las vistas desde la ventana proporcionan un contexto fabuloso para la elegancia del comedor. No te pierdas esta increíble experiencia”.

Interior del trenLas paredes del tren incluyen diseños artísticos japoneses.

Los viajeros pueden elegir entre compartimentos suite o superior. Cada uno de ellos tiene su propia ducha, fabricada con madera aromática de ciprés japonés. Una de las habitaciones está pensada para personas con movimiento reducido.

East Japan Railway Company anunció sus planes para la creación del tren en 2014 y lanzó un sorteo cuya participación se disparó hasta 76 veces más de lo esperado.

Y es que viajar en un tren de lujo no está al alcance de cualquiera, pero son muchos los que sueñan con subirse a bordo.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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