66 asesores jurídicos atienden 23.5 millones de delitos: las carencias del nuevo sistema penal
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Foto: Archivo Cuartoscuro

66 asesores jurídicos atienden 23.5 millones de delitos: las carencias del nuevo sistema penal

Cidac presentó un análisis a ocho años de la implementación del sistema penal que muestra deficiencias en la capacidad de investigación, asesoría legal y defensoría pública de las procuradurías y fiscalías, estatales y federales.
Foto: Archivo Cuartoscuro
Por Ernesto Aroche Aguilar
15 de junio, 2017
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En México, la atención a víctimas y la defensoría pública son los eslabones más débiles en el nuevo sistema penal, revela el informe: “Hallazgos 2016, evaluación de la operación del Sistema de Justicia Penal en México” que presentó la organización Centro de Investigación para el Desarrollo AC (Cidac).

El estudio muestra que a nivel federal solo hay 66 asesores jurídicos, insuficientes para resolver la demanda de 23.5 millones de delitos registrados anualmente, según los últimos datos disponibles en INEGI en 2015.  Cidac estima que hasta el momento solo se atiende el 17% de los delitos, y que la proyección de asesores necesarios a nivel nacional es de 4006.

“Aún existe una gran brecha en cuanto a la capacidad para garantizar el derecho de las víctimas a la representación jurídica”, indica el estudio.

Además, el documento advierte que en algunos casos los asesores jurídicos no cuentan con las habilidades y capacidades necesarias que requiere el sistema acusatorio. Karen Silva, investigadora de Cidac, explica que no solo faltan asesores o recursos, también falta capacidad investigadora de la policía, lo que calificó como una de las principales faltas del procedimiento.

“Están obligados no solo a demostrar que las detenciones que realicen son legales, además deben participar en los juicios de las personas que detengan; eso, sumado a la falta de coordinación con los ministerios públicos, hace que muchas veces prefieran no realizar la detención o incluso se puede incentivar la corrupción, pues se teme que el juez determine como ilegal la detención”.

El informe revela que en promedio una de cada 10 detenciones son ilegales.

Pedro Salazar, director del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM, considera que el problema “tiene que ver con responsabilidades políticas y responsabilidades operativas por parte de aquellos funcionarios que tienen a su cargo la gestión de gobierno”.

También se señala que junto con la asesoría jurídica a víctimas, figura creada con el nuevo sistema penal acusatorio, el área de defensoría pública también presenta debilidades, “continúan siendo de los operadores que se encuentran en mayor desventaja, no solo en cuanto a la asignación de recursos, sino también en los avances en materia de organización y gestión” advirtió Pedro Salazar.

En abril pasado, Animal Político publicó un reportaje que muestra el impacto social de las deficiencias que vive la defensoría pública, específicamente en el sector indígena.

Según los datos revelados, el Instituto Federal de Defensoría Pública tiene 25 abogados y 21 oficiales administrativos para atención de indígenas, que se estima tienen una población de alrededor de 8 mil personas. La mayoría no habla español y están encarcelados, a la espera de una sentencia. Y podrían pasar años antes de que su situación se resuelva, los abogados no son suficientes, o no hay traductores, y no pueden dedicarle mucho tiempo a cada caso que atienden.

El informe Cidac asegura que se han capacitado a unas 250 mil personas entre 2013 y 2016.

“Sin embargo, las instituciones operadoras cuentan, en pocos casos, con diagnósticos integrales sobre su personal, en términos de estado de fuerza y personal capacitado. Asimismo, el servicio profesional de carrera continúa siendo un objetivo no alcanzado”, se advierte.

Infraestructura inconclusa

Cidac también señaló en el documento que en los ocho años del nuevo sistema penal, (siete de implementación y uno de operación) se han gastado 15 mil 400 millones de pesos.

De estos, 11 mil 200 millones se han destinado a 742 proyectos de infraestructura y equipamiento, y hasta la fecha el 67% aún no han sido concluidos.

“Cabe destacar que la mayoría de los proyectos pendientes fueron aprobados en 2014 y 2015, mientras que únicamente 74 proyectos de 2016 se encuentran en curso”.

Con la puesta en marcha del sistema penal, su consolidación quedó en manos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. Todavía no se ha creado la instancia tripartita que estaría a cargo de la coordinación nacional, como lo acordaron los legisladores.

En ese sentido, dice el estudio de Cidac: “El sistema acusatorio ha iniciado operaciones a nivel nacional con un marco legal que no satisface las necesidades y las pretensiones del nuevo modelo de justicia”.

Pero además, alertan que existe el riesgo de una contrarreforma: “El debate en torno a las reformas legislativas necesarias se encuentra dividido entre una tendencia que propone la eliminación de figuras contrarias a la lógica de un sistema garantista, apoyada por la academia y la sociedad civil organizada.

“Se pretende endurecer las normas procesales del sistema acusatorio para lograr una mayor eficiencia en la persecución delictiva”, señalan.

Deficiencias en datos

El reporte también pone foco a los problemas generados por la falta de homologación de formatos e información, además de las carencias en el uso y aplicación de sistemas informáticos que permitan la generación automatizada de datos.

“En esta nueva etapa, no es suficiente reportar datos de operación si éstos no son útiles para evaluar la política pública, desde un enfoque cuantitativo y cualitativo”, dice.

María Novoa, la directora del Área de Justicia de Cidac y coordinadora del estudio, advirtió que a un año de vigencia del Sistema de Justicia Penal las policías estatales, federales, las procuradurías y fiscalías siguen siendo “cajas negras de la información”, lo que contrasta con el principio de transparencia del nuevo sistema.

Para la investigación de Cidac, “muchas dependencias estatales” reservaron la información solicitada, argumentando asuntos de seguridad pública.

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Coronavirus: ¿qué son los autoanticuerpos y qué tienen que ver con la COVID-19 grave?

Hay una creciente evidencia de que muchas reacciones extremas al coronavirus podrían estar relacionadas con la presencia de anticuerpos "rebeldes" que atacan tejidos y órganos sanos.
27 de septiembre, 2021
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Desde que comenzó la pandemia de COVID-19, los científicos han estado tratando de entender qué hace que unos y otros reaccionemos de manera tan diferente a la enfermedad.

¿Por qué algunas personas se enferman mucho más que otras? ¿Y por qué afecta a diferentes órganos del cuerpo, potencialmente durante períodos prolongados, cuando es COVID-19 prolongado?

Ahora existe una creciente evidencia de que algunos de estos procesos podrían estar relacionados con la producción de unos anticuerpos “rebeldes” conocidos como autoanticuerpos.

Los anticuerpos normalmente luchan contra las infecciones, pero los autoanticuerpos se dirigen por error a las células, tejidos u órganos del propio cuerpo.

Pero, ¿cuál es su rol en la COVID y cómo podrían impulsar la gravedad de la enfermedad?

Cuando el cuerpo se ataca a sí mismo

Incluso las personas sanas producen autoanticuerpos, pero generalmente no en cantidades lo suficientemente grandes como para causar un daño significativo al sistema inmunológico.

Sin embargo, en pacientes con COVID-19 se ha descubierto que no solo dañan el sistema inmunológico, sino también el tejido sano del cerebro, los vasos sanguíneos, las plaquetas, el hígado y el tracto gastrointestinal, según investigadores de la Universidad de Yale, en Connecticut (Estados Unidos).

Anticuerpos atacando el virus SARS-Covid-2

Getty Images
Se descubrió que los autoanticuerpos atacan múltiples vías del sistema inmunológico, según investigadores de Yale.

En las infecciones por COVID-19, los autoanticuerpos pueden apuntar a “docenas de vías inmunes”, le dijo a la BBC Aaron Ring, profesor adjunto de inmunobiología en la Facultad de Medicina de Yale.

En un estudio reciente publicado en la revista Nature, su equipo examinó la sangre de 194 pacientes que contrajeron el virus con diversos grados de gravedad, y encontró “aumentos marcados” en la actividad de los autoanticuerpos, en comparación con los individuos no infectados.

Cuantos más autoanticuerpos se detecten, más grave será la enfermedad experimentada por los pacientes.

Es un arma de doble filo. Los anticuerpos son cruciales para defendernos de las infecciones, pero algunos pacientes con COVID-19 también desarrollan anticuerpos que dañan sus propias células y tejidos”, dijo el científico.

Bloqueo de la respuesta inmune ante la COVID-19

El estudio del doctor Ring se basó en trabajos anteriores dirigidos por el doctor Jean-Laurent Casanova en la Universidad Rockefeller de Nueva York (Estados Unidos).

El laboratorio de Casanova lleva más de 20 años estudiando variaciones genéticas que afectan la capacidad de una persona para combatir infecciones.

Su investigación destaca el papel de los autoanticuerpos que atacan algunas de las proteínas encargadas de combatir las infecciones virales y bloquear la replicación del virus (los llamados interferones tipo 1).

En octubre de 2020, el equipo del doctor Casanova informó en la revista Science que había encontrado esos autoanticuerpos en aproximadamente el 10% de casi 1.000 pacientes con COVID-19 grave.

Un detalle crucial: cerca del 95% de ellos eran hombres, lo cual podría explicar por qué son ellos los que desarrollan mayoritariamente la COVID-19 grave.

Pacientes que sufren de covid-19 grave recibiendo oxígeno en una unidad de cuidados intensivos (UCI) de un hospital en Nueva Delhi, India, mayo de 2021.

Getty Images
El doctor Casanova ha encontrado evidencia que podría ayudar a explicar por qué el covid parece ser más grave entre los pacientes varones mayores.

El mes pasado informaron en la revista Science Immunology los hallazgos de un estudio más amplio, con análisis de 3.600 pacientes ingresados en el hospital con COVID-19 grave.

Encontraron autoanticuerpos contra los interferones tipo 1 en la sangre del 18% de las personas que habían muerto a causa de la enfermedad.

Más del 20% de los pacientes mayores de 80 años con COVID grave tenían esos autoanticuerpos, en comparación con el 9.6% entre los menores de 40 años.

El doctor Casanova dijo que los hallazgos proporcionaron “pruebas convincentes” de que la “interrupción” causada por los anticuerpos rebeldes “es a menudo la causa del covid-19 potencialmente mortal”.

Autoanticuerpos, enfermedad autoinmune y COVID prolongado

Otros estudios están encontrando vínculos entre los autoanticuerpos y las condiciones médicas relacionadas con la COVID-19 que continúan incluso después de que el virus ha sido eliminado del organismo.

En un estudio publicado este mes en Nature Communications, investigadores de la Universidad de Stanford, en California (Estados Unidos), encontraron que al menos una de cada cinco personas ingresadas en el hospital con COVID-19 desarrolló autoanticuerpos en la primera semana de ingreso.

En el caso de unos 50 pacientes, dispusieron de muestras de sangre extraídas en diferentes días, incluido el día en que ingresaron por primera vez.

“En una semana después de registrarse en el hospital, aproximadamente el 20% de estos pacientes había desarrollado nuevos anticuerpos contra sus propios tejidos que no estaban allí el día en que fueron admitidos”, dijo el investigador principal PJ Utz, profesor de inmunología y reumatología en Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford.

Un trabajador médico administra una dosis de la vacuna contra el covid en Nantes, Francia, el 14 de septiembre de 2021.

Reuters
Los expertos dicen que los hallazgos refuerzan la causa de aumentar la inmunidad a través de la vacunación.

El profesor Utz dijo que esto también podría explicar por qué algunos síntomas persisten meses incluso después de que la enfermedad haya desaparecido, en la condición conocida como COVID de larga duración.

“Si te enfermas lo suficiente por la COVID-19 como para terminar en el hospital, es posible que no estés fuera de peligro incluso después de recuperarte”.

En Reino Unido, investigadores del Imperial College de Londres encontraron autoanticuerpos en pacientes con COVID-19 de larga duración, que estaban ausentes en personas que se recuperaron rápidamente del virus o que no dieron positivo.

El profesor Danny Altmann, que dirige el grupo de investigación, le dijo a la BBC que el equipo está trabajando para averiguar si se puede diagnosticar COVID de larga duración identificando autoanticuerpos creadosrecientemente.

La investigación aún se encuentra en una etapa inicial, pero podría dar como resultado una prueba lo suficientemente simple como para ser utilizada en la consulta médica.

“Esperamos no solo avanzar hacia un diagnóstico, sino también en conocimientos terapéuticos: que esto ilumine mecanismos y tratamientos específicos”, dijo Altmann.

Para los expertos, estos hallazgos también justifican la vacunación.

En una infección viral mal controlada, el virus permanece durante mucho tiempo, mientras que una respuesta inmune que se intensifica continúa rompiendo las partículas virales en pedazos, lo cual confunde al sistema inmunológico, dijo el profesor Utz.

Sin embargo, las vacunas contienen solo una proteína de pico o instrucciones genéticas para producirla, por lo que el sistema inmunológico no está expuesto a la misma actividad frenética que podría conducir a la producción de autoanticuerpos.

Eso no es todo

Un médico atiende a un paciente infectado por covid-19 en la unidad de cuidados intensivos del hospital Lyon-Sud en Pierre-Benite, el 8 de septiembre de 2021

Getty Images
Los expertos advierten que la respuesta inmune al covid es compleja y los autoanticuerpos son solo una parte de la historia.

Pero aunque los avances en este campo son emocionantes, los científicos advierten que la respuesta inmune a la COVID es compleja y los autoanticuerpos no lo son todo.

Otro mecanismo que se está investigando es la respuesta inmune hiperactiva que ocurre en algunos casos.

La producción de proteínas llamadas citocinas (también denominadas citoquinas) puede alcanzar niveles peligrosos y causar daño a las propias células del cuerpo, las llamadas tormentas de citocinas.

Todavía no comprendemos exactamente qué sucede en nuestras células cuando el virus ingresa a nuestros cuerpos; es el resultado de esa batalla lo que determina la gravedad y, en última instancia, la mortalidad de la enfermedad.


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