Tras cinco años con distintos diagnósticos y dolor intenso, IMSS niega síntomas en su paciente
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Tras cinco años con distintos diagnósticos y dolor intenso, IMSS niega síntomas en su paciente

Diferentes estudios del IMSS advierten sobre los padecimientos de Rebeca, una paciente que lleva más de cinco años sin recibir una adecuada atención por parte de la institución.
Cuartoscuro
Por París Martínez
23 de junio, 2017
Comparte

El pasado 13 de junio, Animal Político publicó la historia de Rebeca Jiménez López, una mujer de 47 años, derechohabiente del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), quien lleva cinco años sufriendo un padecimiento en la columna vertebral, que la mantiene postrada bajo dolor permanente, y sin sensibilidad en una pierna.

En todo este tiempo, Rebeca no ha obtenido un diagnóstico claro por parte del IMSS ni tampoco un tratamiento adecuado. Peor aún: últimamente, ha sido acusada de inventar sus dolencias.

Aunque inicialmente, el IMSS rechazó fijar una postura por la denuncia de negligencia médica hecha por Rebeca,  luego de que su historia fue publicada, la institución respondió a Animal Político a través de Twitter, con un escueto mensaje, que dice: “Estudios no detectan patología en columna que justifique sintomatología. En todas las ocasiones se ha brindado atención oportuna y adecuada”.

El mensaje contradice distintos estudios realizados por el mismo IMSS a Rebeca, en los cuales se detallan las distintas patologías y los síntomas producidos, que a pesar de haberse identificado no se atendieron.

El 7 de marzo de 2014, el Servicio de Cirugía de Columna del Hospital de Ortopedía “Doctor Victorino de la Fuente Narváez”, determinó que Rebeca sufría “déficit motor (en las vértebras de la cintura) L4, L5 y S1 bilateral, con hioreflexia y neurotensión”, así como “dolor en 12 de los 18 puntos considerados gatillo para fibromialiga”, por lo cual, se le diagnosticó “Lumbocitalgia (dolor por compresión del nervio ciático)” y “paresia (parálisis parcial muscular) a la altura de la vértebra L5”.

El mismo documento del IMSS señala que la paciente previamente “fue valorada por (el área de) Reumatología, con diagnóstico de fibromialgia (dolor muscular crónico)”.

Asimismo, el IMSS practicó a Rebeca un estudio de “potenciales” en piernas y brazos. En los resultados la paciente presentó “reflejo H del nervio tibial ausente” (insensibilidad en una de sus piernas), así como “inestabilidad en la membrana muscular y patrón de reclutamiento incompleto de tipo neuropático”, a la altura de la vértebra S1.

Otros estudios realizados a Rebeca por el IMSS, (cuyos resultados fueron emitidos en papel membretado de la institución) advierten que existe daño en las articulaciones que unen a las  vértebras.

Este estudio también concluyó que Rebeca presenta “alineación anormal” y “retrolistesis” (desplazamiento) de la vértebra L5 sobre la vértebra S1.

Luego de que Rebeca denunciara al personal del IMSS ante la Procuraduría General de la República (PGR), al considerar que la mala atención recibida estaba agravando sus padecimientos, la procuraduría solicitó valorar la condición médica de la paciente a una institución independiente, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición, de la Secretaría de Salud.

En abril de 2016, este Instituto determinó que, efectivamente, Rebeca padece “enfermedad discal (a la altura de las vértebras) L5-S1” y desplazamiento de vértebras, además de “hemangioma” en L5 (tumor no cancerígeno).

Por último, el 24 de mayo de 2017, el IMSS realizó una tomografía a Rebeca, cuyas imágenes fueron descargadas en un disco compacto, para que un médico especialista las revisara e interpretara. Ese día, sin embargo, el doctor Santiago Ramírez Hernández, del área de Cirugía de Columna del Hospital General Regional 2 del IMSS notificó que las “imágenes (de la tomografía) están en formato JPEG, mal grabadas, sin posibilidad de modificarlas para valorar de forma adecuada (la) intensidad de hueso y tejidos blandos, para realizar una descripción adecuada del estudio de imagen”.

Por esta razón, el médico concluyó que no era posible “emitir un diagnóstico y tratamiento adecuado”.

Tras cinco años de sufrir dolor, el IMSS accedió a realizar un estudio tomográfico para determinar definitivamente qué padece Rebeca, dicho objetivo se vio truncado por una falla técnica del mismo personal del instituto.

Sin embargo, tres semanas después de informar  a Rebeca la imposibilidad de darle un diagnóstico definitivo, a través de un documento oficial, el IMSS insistió en Twitter que esta paciente presenta síntomas no justificados y que siempre le han ofrecido “una atención oportuna y adecuada”.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
Getty Images

Por qué es normal tener algún efecto secundario leve tras la vacunación contra la COVID

Es posible experimentar dolor de cabeza, fiebre o malestar. Los expertos dicen que esto es un proceso normal del sistema inmune.
Getty Images
15 de marzo, 2021
Comparte

Experimentar algún efecto secundario leve tras vacunarse contra el coronavirus es normal y hasta puede ser un signo de que la vacuna está funcionando.

Tras la inmunización, es posible que aparezca algo de fiebre, malestar, dolor o cansancio. Cada individuo puede experimentar uno de estos síntomas, una combinación de los mismos o ninguno.

Pero estos efectos secundarios desaparecen generalmente a las pocas horas o días.

La enfermedad es muchísimo peor que la inmensa mayoría de efectos secundarios de la vacuna. Las vacunas salvan vidas con un alto grado de protección”, le dice a BBC Mundo el virólogo Julian Tang, de la Universidad de Leicester, en Reino Unido.

Los expertos recomiendan estar alerta tras recibir la vacuna ya que, en caso de producirse una una reacción alérgica grave, esta ocurre a los pocos minutos y horas de la inoculación.

Esto último, sin embargo, está demostrando ser bastante poco probable.

De acuerdo a un estudio liderado por especialistas del Hospital General de Massachusetts, en Boston, Estados Unidos, la prevalencia de una reacción anafiláctica es de entre 2,5 y 11,1 casos por millón de dosis de la vacuna de Pfizer, por ejemplo.

Y la mayoría de esos casos se da en pacientes con historial de alergias.

Dicha estadística puede variar ligeramente según el tipo de población o de vacuna, pero da una medida de lo poco probable que es desarrollar una reacción alérgica.

¿Qué tan común es desarrollar efectos secundarios y por qué los expertos lo consideran algo normal que no debe preocupar?

Reacción natural del organismo

Vacunación en Uganda.

Getty Images
Experimentar efectos secundarios es común y muchas veces es una señal de que el sistema inmune está respondiendo bien.

“Es difícil dar números concretos sobre qué tan probable será desarrollar un efecto secundario leve porque cada población o individuo responde de manera distinta”, aclara Julian Tang.

En Reino Unido, uno de los países más avanzados en la campaña de vacunación, una de cada 10 personas experimenta algún efecto adverso leve.

Pero esto, insisten los expertos, es algo “completamente normal”.

“La vacuna, al igual que un virus, no deja de ser un agente extraño que provoca que el organismo reaccione y produzca anticuerpos“, explica a BBC Mundo la doctora Josefina López, quien participa en la campaña de vacunación en Madrid, España.

“Para protegerse, el cuerpo genera una respuesta inflamatoria. Y eso puede hacer subir la temperatura y que aparezcan dolores y malestares. Es un proceso normal que puede ocurrir con cualquier vacuna, no solo con las del coronavirus”, agrega la especialista.

Para hacerse una idea, una respuesta inflamatoria también puede aparecer ante algo tan común como un golpe o herida.

“La inflamación es algo que el cuerpo también experimenta durante un impacto severo en la rodilla tras caerse. Entonces sientes dolor, enrojecimiento e hinchazón en la zona”, le explica a BBC Mundo el profesor Wilbur Chen, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Maryland, en Estados Unidos.

Persona vacunándose.

Getty Images
Uno de los efectos secundarios posibles es sentir incomodidad en el brazo vacunado.

En ese sentido, es normal “esperar que haya posibles efectos adversos no solo a una vacuna, sino también a un medicamento o incluso alimento. Hay que pensar en que estas reacciones como el indicio común de que la vacuna funciona. Cualquier síntoma se resolverá generalmente a los 2 o 3 días”, señala Chen.

¿Cuándo pueden desarrollarse los efectos secundarios?

Llevamos pocos meses de vacunación y eso implica que los estudios se actualizan constantemente.

Los efectos adversos en personas jóvenes pueden ser más notorios, lo cual no implica gravedad”, dice López.

Esto es porque “habitualmente las personas mayores experimentan un deterioro de la respuesta inmune que es normal al envejecer”, apunta Wilbur Chen.

En las vacunas que requieren dos dosis, como la de Pfizer, Moderna o Sputnik V, parece haber cierta inclinación a experimentar algún efecto secundario tras recibir la segunda dosis.

“La primera dosis genera una respuesta inmune media y la segunda la refuerza. Es por ello que la segunda genera una respuesta más robusta y se asocia más a experimentar algún efecto secundario”, explica a BBC Mundo el doctor Andrew Badley, de la Clínica Mayo, en Estados Unidos.

Jualian Tang también alerta que el tipo de síntomas puede ser magnificado por la percepción de los pacientes.

“Muchos pacientes, nerviosos o ansiosos por vacunarse, pueden experimentar algún dolor leve y luego reportarlo mayor de lo que es. La psique también influye”, dice el experto.

Centro de vacunación contra la covid-19 en Chile.

Getty Images
Los ancianos suelen experimentar menos efectos secundarios que personas más jóvenes.

¿Qué hacer entonces si se experimenta algún síntoma?

“En mi caso, cuando me vacuné con el compuesto AstraZeneca/Oxford, me dio un poco de fiebre y malestar y simplemente tomé paracetamol”, revela Julian Tang.

Antiinflamatorios como el paracetamol o el ibuprofeno pueden ayudar a aliviar los efectos secundarios de las vacunas, aunque se recomienda consultar con un médico antes de tomarlos.

No es recomendable tomar estos medicamentos antes de vacunarse a modo preventivo.

Los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés) en EE.UU. aconsejan aplicar una toalla limpia y húmeda y mover y ejercitar el brazo vacunado para aliviar cualquier posible incomodad.

En el caso de tener algo de fiebre, ayuda beber mucho líquido y vestir ligero.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=PdtPAfO8A2o

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.