Defensores y académicos documentan 1,075 fosas clandestinas en México
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Foto: Archivo Cuartoscuro

Defensores y académicos documentan 1,075 fosas clandestinas en México

El informe “Violencia y Terror, hallazgos sobre fosas clandestinas en México”, revela que estados como Guerrero, Jalisco, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas concentraron una de cada tres fosas clandestinas reportadas en el país.
Foto: Archivo Cuartoscuro
Por Ernesto Aroche Aguilar
23 de junio, 2017
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Entre 2007 y 2016 se han localizado un total mil 75 fosas clandestinas con 2 mil 14 cuerpos, en 19 entidades de México, reveló un informe de la Universidad Iberoamericana (UIA) de la Ciudad de México y la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de Derechos Humanos (CMDPDH).

El informe de la UIA y la CMDPDH  incluye cifras proporcionadas de manera oficial por 12 entidades del país, autoridades federales, así como informes de instancias de los derechos humanos y diferentes notas periodísticas.

Leer también: Desde 2007 se han localizado oficialmente 855 fosas en México

El nuevo reporte sobre fosas clandestinas, titulado “Violencia y Terror, hallazgos sobre fosas clandestinas en México”, revela que estados como Guerrero, Jalisco, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas concentraron una de cada tres fosas clandestinas reportadas en el país.

Mientras que Baja California Sur, Hidalgo, San Luis Potosí y Tabasco son estados en los que se registró el menor número de fosas clandestinas, en los años investigados, con un caso por entidad.

En el periodo analizado, no se hallaron fosas clandestinas en los estados de: Aguascalientes, Campeche, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Querétaro, Quintana Roo, Tlaxcala y Yucatán.

Durante la presentación de los resultados del estudio, el rector de la Universidad Iberoamericana, David Fernández Dávalos, dijo que esto no significa “que no haya fosas clandestinas en esos estados, sino que –de existir‒ no fueron registradas por los medios de comunicación, o no tuvieron las menciones suficientes para integrarse en el conteo final”.

Y agregó: “Las fosas están ahí para ser descubiertas, no para ocultar. No son para guardar un secreto, sino para proclamar que la impunidad se ha enseñorado de nuestro país”.

La cifra de fosas clandestinas podría ser mayor, advierten

En las conclusiones del informe, los investigadores reconocen que las cifra de podría ser mayor, pues al sumar un número indeterminado de fosas clandestinas que aún no han sido reportadas por los medios, y del que sólo tienen conocimiento las comunidades aledañas, quizá temerosas de denunciar, “entonces éste podría seguir siendo inferior al real”.

Los resultados de la investigación muestran que existen entidades que mostraron un grado de violencia en particular alto en ciertos momentos, como ocurrió en Durango, Jalisco, Michoacán y Nuevo León.

“Para estos y otros estados, se observan dos patrones de comportamiento: por un lado, la presencia constante de fosas en ciertos municipios y, además, con picos en determinados años; por el otro, la presencia de un alto número de fosas, cuerpos y/o restos exhumados en estados donde hubo violencia significativa en un año específico y la posible combinación de estas variables”.

Según el estudio, esto apunta a que la inhumación clandestina de personas en contextos de violencia “por posibles actores estatales y no estatales es una práctica que, a casi tres décadas de la llamada guerra sucia, vuelve a ser recurrente en nuestro país aunque con una nueva correlación de actores y contextos distintos”.

“Argumentamos que dicha práctica tiene hoy en día el objetivo de “eliminar” los cuerpos de personas previamente desaparecidas pero, al mismo tiempo y de forma paradójica, dejar visibles las huellas de la violencia ejercida sobre ellas. Lo anterior con dos objetivos de carácter pedagógico: (1) generar terror y, con ello, lograr control, y (2) hacer alarde de la impunidad con la que se puede actuar en México”, advierte el documento.

No son números, son historias

Más allá de los números fríos, detrás de cada dígito hay historias de familias, muchas de las cuales han tenido que buscar a sus hijos, hermanos y padres “con sus propias manos ante la incapacidad del estado”, dijo Denise González, coordinadora del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana.

En Durango se cuentan 321 historias de personas que acabaron asesinadas y enterradas en la clandestinidad, el mayor número para una entidad federativa.

Detrás quedó Guerrero, con 258 cuerpos hallados en tumbas colectivas e ilegales;  y en tercer lugar se ubicó Tamaulipas con 173 cuerpos, todos ellos hallados en un municipio de que destapó el horror de las fosas clandestinas en 2011: San Fernando.

Fernández Dávalos dijo que analizar el problema de las fosas clandestinas es hablar de crímenes de lesa humanidad, pero también de ejecuciones extrajudiciales, en muchas ocasiones de tortura y puede indicar crímenes de guerra.

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'El núcleo del demonio': cómo era la tercera bomba atómica que EU alistaba para lanzar sobre Japón

Si Little Boy y Fat Man no lograban la rendición de Japón, EU ya tenía prácticamente listo a Rufus, un núcleo de plutonio que nunca explotó, pero sí causó muertes.
6 de agosto, 2021
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El 6 y 9 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki las dos únicas bombas nucleares que se hayan utilizado en una guerra.

Juntas fueron los ataques más letales que jamás hayan ocurrido, en los que se estima que murieron alrededor de 200.000 personas.

Desde la perspectiva de EE.UU., tenían el objetivo de presionar la rendición de Japón y poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y en caso de que no fueran suficientes, Washington tenía prácticamente lista una tercera bomba atómica.

Su apodo era Rufus, y consistía en un núcleo de plutonio, similar al que se utilizó en la bomba Fat Man, que detonó sobre Nagasaki.

Rufus nunca llegó a convertirse en una bomba funcional, pero sí causó dos accidentes letales, por lo que quedó grabado en la historia como “el núcleo del demonio”.

Hiroshima

Getty
La bomba Little Boy causó devastación en Hiroshima.

“Era esencialmente igual al núcleo de Fat Man”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares y autor del blog Nuclear Secrecy.

Eso quiere decir que podría haberse convertido en una bomba con capacidad de generar una explosión de unos 20 kilotones, como ocurrió en Nagasaki.

Según comunicaciones oficiales de EE.UU. citadas en un artículo de Wellerstein, una bomba fabricada a partir de Rufus tendría que haber estado lista para ser lanzada a partir del 17 o 18 de agosto de 1945.

En los primeros días de agosto de 1945, no estaba claro si dos bombas atómicas bastarían para doblegar a Japón, explica Wellerstein.

Solo después de su rendición el 15 de agosto “quedó claro que dos bombas habían sido ‘suficientes’, sino demasiado“, dice el experto.

Así que finalmente no fue necesario utilizar a Rufus.

“¿Qué ocurrió entre el 15 y el 21 de agosto? No lo sé”, escribe Wellerstein, pero lo que sí está documentado es que a partir del 21 de agosto, los investigadores del Laboratorio Los Álamos en Nuevo México, donde se diseñaron las bombas atómicas, comenzaron a utilizar este núcleo de plutonio para experimentos extremadamente peligrosos.

víctima de radiación.

Getty
Los efectos de la radiación pueden resultar letales para los humanos.

Cosquillas a un dragón

En 1945, los únicos núcleos de plutonio que se habían fabricado eran Rufus, Fat Man y el que se colocó en la bomba Gadget, que se utilizó en la prueba Trinity, el primer ensayo de una explosión nuclear que realizó EE.UU.

En Los Álamos, los investigadores querían averiguar cuál era el límite en que el plutonio se volvía supercrítico, es decir, querían saber cuál era el punto en que una reacción en cadena del plutonio desataría una explosión de radiación mortal.

Los Álamos

Getty
Los experimentos con Rufus se realizaron en el Laboratorio Los Álamos.

La idea era encontrar maneras más eficaces de lograr que un núcleo llegara al estado supercrítico y optimizar la carga de la bomba.

Manipular un núcleo de plutonio es una maniobra extremadamente delicada. Por eso los investigadores se referían a esos ejercicios como “hacerle cosquillas a la cola de un dragón”.

“Sabían que si tenían la desgracia de despertar a la bestia furiosa, terminarían quemados”, escribió el periodista Peter Dockrill en un artículo del portal Science Alert.

Según explica Wellerstein, quienes participaban en estos experimentos eran conscientes del riesgo, pero lo hacían porque era una forma de obtener datos valiosos.

Instantes letales

La primera víctima de Rufus fue el físico estadounidense Harry Daghlian, que para entonces tenía 24 años.

Fat Boy

Getty
Rufus serviría para usarse en una bomba de implosión como Fat Man.

Daghlian había trabajado en el Proyecto Manhattan, con el que EE.UU. fabricó sus primeras bombas nucleares.

El 21 de agosto de 1945 Daghlian se dio a la tarea de construir una pila de bloques de carburo de tungsteno alrededor de Rufus.

Su idea era ver si lograba crear un “reflector de neutrones” en los que rebotaran los neutrones lanzados por el núcleo y de esa manera llevarlo de manera más eficiente al punto crítico.

Era de noche y Daghlian estaba trabajando solo, violando los protocolos de seguridad, según lo documenta el portal Atomic Heritage Foundation.

El joven científico ya había apilado varios bloques, pero cuando estaba terminando de colocar el último, su dispositivo de monitoreo le indicó que si lo hacía, el núcleo podría volverse supercrítico.

Era como jugarse la vida en un jenga extremo.

Maniobró para retirar el bloque, pero infortunadamente lo dejó caer sobre el núcleo, que entró en estado supercrítico y generó una ráfaga de neutrones.

Núcleo de plutonio

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción del experimento en el que Daghlian apilaba bloques alrededor del núcleo de plutonio.

Además, su reacción fue desbaratar la torre de bloques, así que quedó expuesto a una dosis adicional de radiación gamma.

Esos instantes resultaron letales.

Durante 25 días Daghlian soportó la dolorosa intoxicación radioactiva hasta que finalmente murió en el hospital. Se calcula que recibió una dosis de 510 rem de radiación iónica.

El rem es la unidad de medida de la radiación absorbida por una persona. En promedio, 500 rem resultan mortales para un humano.

“Eso es todo”

Tan solo nueve meses después el dragón volvió a atacar.

El 21 de mayo de 1946 el físico estadounidense Louis Stolin estaba practicando un experimento que había hecho varias veces.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción de la sala en la que Stolin realizaba su experimento.

Para entonces, Stolin era el mayor experto del mundo en el manejo de cantidades peligrosas de plutonio, según indica Wellerstein.

Junto a un grupo de colegas, estaba mostrando cómo llevar un núcleo de plutonio -Rufus en este caso- al punto supercrítico.

El ejercicio consistía en unir dos mitades de una esfera de berilio, formando un domo en el que los neutrones rebotaran hacia el núcleo.

La clave para no causar un desastre era evitar que las dos medias esferas cubrieran totalmente el núcleo.

Para ello, Stolin utilizaba como separador un destornillador que servía de válvula de escape para los neutrones. De esa manera podía registrar cómo aumentaba la fisión, sin que la reacción en cadena llegara al punto crítico.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
En medio del domo de berilio estaba el “núcleo del demonio”.

Todo iba bien, pero ocurrió lo único que no debía ocurrir.

A Stolin se le resbaló el destornillador y el domo se cerró por completo.

Fue solo un instante, pero bastó para que el núcleo llegara al punto crítico y liberara una corriente de neutrones que produjeron un intenso brillo azul.

“El flash azul fue claramente visible en toda la sala, a pesar de que estaba bien iluminada”, escribió en un reporte Raemer Schreiber, uno de los físicos que estaba viendo el experimento.

“El flash no duró más de unas décimas de segundo”.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una recreación del experimento en el que Stolin usaba un destornillador para impedir que el núcleo quedara totalmente cubierto.

Stolin reaccionó rápido y destapó el domo, pero ya era tarde: había recibido una dosis letal de radiación.

Nueve meses antes, él mismo había acompañado a su colega Daghlian durante sus últimos días de vida, y tenía claro que un destino similar le esperaba.

“Bueno, eso es todo”, fueron las primeras palabras que dijo, en todo resignado, después de que se le resbalara el destornillador, según lo recuerda Schreiber en su reporte, citado por Dockrill en Science Alert.

Las estimaciones indican que Stolin recibió en su cuerpo 2.100 rem de neutrones, rayos gamma y rayos x.

Su agonía duró nueve días.

En ese periodo sufrió náuseas, dolor abdominal, pérdida de peso y “confusión mental”, según lo describe Wellerstein en un reportaje de la revista The New Yorker.

Finalmente murió a los 35 años en el mismo cuarto del hospital en el que había muerto su colega Daghlian.

Irónicamente, apunta Wellerstein, Stolin estaba haciendo el procedimiento para que sus colegas aprendieran la técnica en caso de que él no estuviera presente.

bomba nuclear

Los Álamos National Laboratory
Las bombas nucleares son las armas más destructivas y mortales que se hayan creado.

El fin de la maldición

Los accidentes de Daghlian y Stolin sirvieron para que se fortalecieran las medidas de seguridad en los procedimientos con material radioactivo.

A partir de entonces, este tipo de ejercicios comenzaron a maniobrarse de manera remota, a una distancia de unos 200 metros entre el personal y el material radioactivo.

“Sus muertes ayudaron a incitar una nueva era de medidas de salud y seguridad”, dice el portal de Atomic Heritage Foundation.

Según los archivos de Los Álamos, el “núcleo del demonio” fue derretido en el verano de 1946 y se utilizó para fabricar una nueva arma.

“En realidad el núcleo del demonio no era demoníaco“, dice Dockrill.

“Si hay una presencia maligna aquí, no es el núcleo, sino el hecho de que los humanos se apresuraron a fabricar estas terribles armas”, sentencia el periodista.


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