Harry Potter, un fenómeno literario que cumple 20 años e inspiró a millones en todo el mundo
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Foto: Getty Images

Harry Potter, un fenómeno literario que cumple 20 años e inspiró a millones en todo el mundo

Hace 20 años se publicó Harry Potter y la piedra filosofal, escrito por JK Rowling. La historia de un joven mago que se convirtió en un fenómeno global.
Foto: Getty Images
Por Matías Zibell// BBC Mundo
26 de junio, 2017
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El 16 de mayo de 2015 hice un pacto. Era un pacto mágico, de esos en los que te juegas el alma. Era un pacto que se basaba en un libro. El libro era “Harry Potter y la piedra filosofal”. Ese libro cumple hoy 20 años.

El 26 de junio de 1997, 18 años antes de mi pacto, una pequeña editorial independiente británica llamada Bloomsbury publicó un libro que otras editoriales se habían negado a publicar, de una autora que nadie conocía: Joanne Kathleen Rowling.

Esta inglesa de 42 años, separada y con una hija, vio cómo ese día salían de imprenta 500 copias tapa dura de su otro niño, Harry Potter, un huérfano de 11 años que había imaginado por primera vez en los tiempos en que trabajaba en Amnistía Internacional.

Harry Potter y la Piedra Filosofal
Al personaje, en el libro, la vida estaba a punto de darle un vuelco

En las primeras páginas Harry se entera de que la magia era real, que él era un mago, que sus padres habían sido magos, que su padre y su madre fueron asesinados por el mago más malvado que había conocido el mundo de la magia -que no se animaba ni siquiera a nombrarlo- y que lo esperaban en el Colegio Hogwarts para jóvenes magos para comenzar su instrucción.

La vida de la autora, como la de su personaje, también estaba por sufrir un cambio trascendental. La piedra filosofal convertiría el hierro en oro.

Como por arte de magia, esta mujer que escribía en cafés para no tener que pagar la cuenta de la calefacción en su casa de Edimburgo se convertiría en 2003 -según la lista de millonarios del Sunday Times– en una mujer más rica que la misma reina Isabel II de Inglaterra.

La entrevista que la escritora de Harry Potter, JK Rowling, dio a la BBC hace 20 años

Harry hechiza al mundo

Hace dos años mi pacto fue firmado con dos muggles muy mefistofélicos: mis hijos, quienes se habían enterado de la existencia de Harry Potter en un tráiler cinematográfico y querían ver la película. Yo, en cambio, abogaba por el libro.

“El prisionero de Azkabán” y “El cáliz de fuego” me atraparon por completo, aunque me daba vergüenza comentar en voz alta que me gustaba un libro escrito para niños

Matías Zibell

Curiosamente yo también supe del mundo mágico de Potter y sus amigos gracias al séptimo arte.

En 2001 vivía en Londres cuando Warner Bros estrenó la película de Harry y la piedra filosofal con tres jovencísimos Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma Watson. La historia en la pantalla grande no me convenció pero en lugar de descartarla decidí leer los libros.

“La piedra filosofal” y “La cámara de los secretos” no me parecieron nada fuera de lo común pero “El prisionero de Azkabán” y “El cáliz de fuego” me atraparon por completo, aunque me daba vergüenza comentar en voz alta que me gustaba un libro escrito para niños.

Daniel Radcliffe, Rupert Grint y Emma WatsonPA
Daniel Radcliffe (abajo), Rupert Grint y Emma Watson saltaron a la fama con la película.
Rupert Grint, Emma Watson y Daniel RadcliffeGETTY IMAGES/AFP
Unos años después…

Por esos años, Bloomsbury, consciente de que había más adultos avergonzados como yo, publicó ediciones de los libros con portadas menos infantiles para que los grandes pudieran leer las aventuras de Harry en los autobuses colorados de dos pisos sin temor a ponerse del color de los autobuses.

Aunque muy pronto ya no serían necesarios estos trucos para cuidar las apariencias. Los siete libros de la saga y las ocho películas (el último libro llegó al cine en dos partes) se convirtieron en un fenómeno mundial del que muy pocos lograron escapar.

Según la Enciclopedia Británica, los filmes recaudaron más de US$7.000 millones en las salas de todo el planeta e inspiraron hasta un parque temático en Estados Unidos.

Los libros, por su parte, vendieron 450 millones de copias; como indica Bloomsbury, la población combinada del Reino Unido, Estados Unidos y Australia.

La historia llega a su fin

Aunque no estuve en Londres 20 años atrás cuando se publicó el primer libro de Harry Potter, si me encontraba en la capital británica hace 10 años cuando en el primer minuto del sábado 21 de julio de 2007 salió a la venta la última entrega de la saga: “Harry Potter y las reliquias de la muerte”.

Guste o no guste Harry Potter, es difícil no disfrutar tanta ansiedad y tamaña movilización urbana inspirada por un libro Matías Zibell

Esto fue lo que escribí en el blog de BBC Mundo aquella madrugada:

“Más allá de la calidad literaria de JK Rowling, lo masivo del fenómeno, el negocio millonario, las películas de Hollywood, los debates sobre el incentivo a la lectura infantil, el regreso a la niñez de los adultos y el circo mediático, es imposible no asombrarse de lo que ha generado este adolescente con una cicatriz en la frente.

Niñas corriendoPA
El libro fue un éxito absoluto no sólo en el mundo anglosajón.

Las librerías se convirtieron por algunas horas en el centro de atención de la ciudad. Tenían guardias en la puerta como las discotecas. Colas que daban vuelta las esquinas como en los conciertos de rock & roll. Niños disfrazados como si fuera Halloween. Y más cámaras de televisión que una conferencia de prensa en Medio Oriente.

Guste o no guste Harry Potter, es difícil no disfrutar tanta ansiedad y tamaña movilización urbana inspirada por un libro, por ese viejo y querido amasijo de páginas y tapas duras”.

Y eso que, en aquel julio de 2007, mi primer hijo con sus nueve meses de edad estaba muy lejos de leer y mucho más lejos aún de firmar pactos.

Hogwarts, el campo de batalla

El pacto con mis hijos en 2015 fue sencillo: ninguno vería la primera película de Harry Potter hasta que los tres hayamos terminado de leer el primer libro, y así sucesivamente con la segunda historia de la saga, la tercera, la cuarta, la quinta, la sexta y la séptima.

Ejemplares de Harry PotterPA
Un “muggle”, un humano que no sabe nada de magia.

Yo, hijo de dos licenciados en Literatura y Letras, me jugaba el alma en ese acuerdo que intentaba privilegiar la palabra escrita sobre la imagen.

Era una lucha despareja. Ninguno de los dos niños se había enfrentado nunca a una historia tan extensa. Lo más largo que habían leído eran los cuentos del argentino Pablo Bernasconi y les fascinaban las imágenes de los textos ilustrados del australiano Shaun Tan.

Pero el cine, con su conjuro de efectos especiales, peleaba por aquel entonces por convertirse en el único narrador de historias de su infancia.

La lucha porque los hijos lean ha sido librada por los padres durante décadas con la ayuda de héroes fraternos como los hermanos Grimm y llaneros solitarios como Roal Dhal. El cine, la televisión y luego la internet hicieron de esta Ilíada una odisea pero -en el siglo XXI- Harry Potter llegó al rescate, varita en mano.

Ejemplares de Harry Potter

En el caso de mis hijos, el campo de batalla entre el texto y el video sería, como en los libros de Harry Potter, el Colegio Hogwarts.

Hoy vamos por el quinto libro, para mí, el peor de los siete, y el pacto se mantiene. Pero como ocurre cuando uno se juega el alma con los hijos, el éxito no está jamás garantizado ni las victorias son nunca absolutas.

Cuando faltaba poco para terminar “La piedra filosofal”, mi hijo mayor me dijo que quería terminar pronto el texto para ya ver la película y saber “cómo era Harry Potter en realidad” (aún uso esa frase de ejemplo cuando tengo que explicar en la universidad qué quiso decir Giovanni Sartori en Hommo Videns cuando habló de la pérdida de la capacidad de abstracción que provocó la televisión).

Pero la lucha continúa. Si el pacto se mantiene hasta el último libro de JK Rowling, pienso renovarlo con JRR Tolkien.

El Hobbit, allá vamos…

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Consecuencias del covid-19: 'Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes'

La fatiga crónica es uno de los síntomas que experimentan miles de pacientes recuperados de covid-19, incluso aquellos que no estuvieron tan enfermos como para estar hospitalizados. Jade cuenta cómo fue su caso.
22 de septiembre, 2020
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Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Jade Gray-Christie nunca fue hospitalizada, pero meses después de haberse recuperado sufre fatiga crónica.

Si has leído noticias de personas con coronavirus que experimentaron síntomas “permanentes”, puede que la historia de Jade Gray-Christie te resulte familiar. Ella tenía síntomas “leves” y no fue hospitalizada, pero su vida dio un vuelco desde que se enfermó en marzo.

Antes de la pandemia, Jade tenía una vida muy ocupada.

Esta londinense, de 32 años de edad, compaginaba un gratificante trabajo dando apoyo a jóvenes de entornos desfavorecidos con una vida social activa, e iba al gimnasio tres veces por semana.

Pero en las primeras horas de la mañana del 15 de marzo, Jade llegó a casa tras un largo día de trabajo y supo que algo no iba bien.

“Me sentía fatal. Tenía mucho calor y mucho frío, y no paraba de toser, toser y toser”, me contó en voz baja, con dificultad para respirar.

A medida que pasaron los días, Jade, que es asmática y vive sola, comenzó a sentirse peor y más asustada.

Llamó al 111 (el número de emergencias). Le enviaron una ambulancia, pero los paramédicos se negaron a entrar. “Me hablaron a través de la ventana y me preguntaron qué me pasaba”, dice ella.

Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Los paramédicos no quisieron entrar a casa de Jade.

Tumbada en la cama y sin apenas poder pronunciar las palabras, Jade explicó que tenía problemas para respirar y que le dolía mucho el pecho.

Le dijeron que tenía la típica “tos covid”, pero por su edad no podían llevarla al hospital. Eres joven y tu cuerpo es lo suficientemente fuerte como para recuperarse, le dijeron.

Jade se sorprendió. “¿Qué hago con mi respiración? Soy asmática. Vivo sola, así que si pasa algo no tengo a nadie que me ayude“, les comentó.

Pero ellos le respondieron que no se llevaban a nadie menor de 70 años por si pudiera contagiar a alguien más en el hospital.

“Comprendí lo que decían, pero al mismo tiempo estaba muy mal y no sabía qué iba pasar. Por las noches sentía miedo al acostarme”, dice Jade.

Con el tiempo, parecía mejorar poco a poco. Pero cada vez que pensaba que estaba recuperándose, sus síntomas volvían.

En mayo, se sintió lo suficientemente bien como para comenzar a trabajar desde casa a tiempo parcial. Tenía dolor en el pecho y a veces se sentía cansada, pero pensó que se las podría arreglar.

Hasta que a finales de mes, algo cambió.

Durmiendo 16 horas al día

“Mi pecho volvió a empeorar. Me costaba respirar y no podía salir de la cama”, dice ella. “Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes”.

Los inhaladores de Jade

Zoë Savitz/BBC News
Jade tiene un inhalador para el asma y recibió dos más para tratar la covid.

Los meses pasaron con pocas mejoras. A veces dormía más de 16 horas al día y le costaba hacer las actividades diarias para cuidar de sí misma.

Cuando hablé con Jade a fines de julio, me contó que su médico le había dicho que tenía fatiga posviral, pero no le dieron ningún consejo sobre cómo manejar sus síntomas, más allá de que estableciera una rutina para dormir y despertar.

La idea era aprender estrategias de recuperación para ayudar a mejorar su calidad de vida y estabilizar su salud.

Pero a Jade le costó entender cómo aplicarlo a su vida. Mantener una rutina le resultaba casi imposible, ya que a menudo se despertaba agotada y se volvía a dormir.

“Cuando hablé con el médico sobre mis mareos, el hecho de que me hubiera desmayado y también sobre mi fatiga, me dijo abiertamente que no sabía cómo ayudarme y que el virus todavía es muy nuevo. Esto, por supuesto, me hizo sentirme aún peor “, comenta.

“Si los médicos no podían ayudarme, ¿entonces quién?”, se preguntó.

Jade Gray-Christie usando su laptop

Zoë Savitz/BBC News
Jade se sintió desesperada; no sabía a quién pedir ayuda.

Covid “de largo plazo”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que no comprende por completo la covid-19.

Dice que los plazos de recuperación típicos son de dos semanas para pacientes leves, y hasta ocho para los que están graves, pero reconoce que hay personas como Jade que continúan teniendo síntomas durante más tiempo.

En tales casos, dice la OMS, los síntomas pueden incluir fatiga extrema, tos persistente o intolerancia al ejercicio. El virus puede causar inflamación en los pulmones, los sistemas cardiovascular y neurológico, y el cuerpo puede tardar mucho en recuperarse.

La experiencia de Jade le ha ocurrido a otras decenas de miles de personas,y se conoce como “covid de largo plazo”.

Barbara Melville, administradora de un grupo de apoyo en Facebook para este tipo de pacientes, explica que muchos de ellos dicen que no tienen acceso al cuidado y apoyo que necesitan, que no les toman en serio o que les dicen que sus síntomas son causados por ansiedad.

Short presentational grey line

BBC

Cómo conservar la energía si tienes fatiga

  • Para lidiar con la fatiga, los terapeutas ocupacionales usan “las tres pes”: planificación, pacing (ritmo) y priorización
  • Esto implica identificar estrategias para facilitar las cosas y gestionar la energía de forma más eficaz
  • Por ejemplo, si la ducha es agotadora, inténtalo en otro momento del día o siéntate en lugar de quedarte de pie
  • Divide las actividades en tareas más pequeñas y distribúyelas a lo largo del día
  • Planifica de 30 a 40 minutos de descansos entre actividades

Lauren Walker, Royal College of Occupational Therapists, Reino Unido

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BBC

¿Dónde deja esto a los pacientes? Para muchos es una cuestión de paciencia.

En el caso de Jade, su salud sigue con altibajos, pero ahora recibe sesiones de fisioterapia y de terapia ocupacional en la clínica covid del centro hospitalario University College Hospital de Londres.

Sus jefes han sido un gran apoyo, lo cual ha marcado la diferencia. Le dijeron que habían visto muchos casos similares.

“Fue un gran alivio,”, dice ella, tras haber pasado muchos meses sintiendo que tenía que demostrar que lo que le estaba ocurriendo no estaba “todo en su cabeza”.

Al final, recibió una carta confirmando su diagnóstico de covid-19 esta semana.

Jade planea ahora trabajar desde casa por el resto del año, con horas y responsabilidades reducidas, y le han aconsejado que divida su día, trabajando en períodos de dos horas con pequeños descansos en el medio.

Está contenta de poder volver al trabajo y de tener su mente activa.

jade en la puerta de su casa

Zoë Savitz/BBC News
A la joven inglesa le gusta haber vuelto a trabajar.

Barbara Melville advierte que no todos los empleadores son tan comprensivos y afirma que ha leído muchas historias en su grupo de apoyo de personas obligadas a regresar al trabajo demasiado pronto.

“Tienen miedo de no poder alimentar a sus familias. El descanso y la regulación del ritmo de vida son un privilegio“, comenta a la BBC.

Otros le han dicho que sufren discriminación en el trabajo porque no pueden proporcionar pruebas de que tenían la enfermedad, a pesar de que no hubo tests disponibles durante meses, y no se les dieron los ajustes que necesitaban para trabajar de manera segura.

Sin embargo, tiene la esperanza de que esta crisis lleve a un cambio cultural en cómo se trata a las personas que viven con problemas de salud a largo plazo.

“La covid ha puesto de relieve las desigualdades y esta es una oportunidad para empezar a hacer algo“, señala.

Jade dice que tras haberse enfermado sintió realmente que su vida se acababa. Solo cuando comenzó a recibir apoyo, atención y comprensión las cosas comenzaron a cambiar para ella.

Ahora siente que puede encontrar una manera de hacer frente a su nueva normalidad.

Fotografía de Zoë Savitz

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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