Cómo el suicidio de una mujer dejó al descubierto la industria clandestina de sexo en Londres
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Especial

Cómo el suicidio de una mujer dejó al descubierto la industria clandestina de sexo en Londres

Anna llegó a Londres gracias a un matrimonio amañado, cuenta Jenny Lu en un documental que denuncia los abusos a las que son sometidas decenas de mujeres.
Especial
Por BBC Mundo
24 de junio, 2017
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“Conocí a Anna en Chinatown (el barrio chino de Londres) durante una cena. Parecía una chica muy normal”.

Poco se imaginaba entonces Jenny Lu el funesto destino de aquella joven china que estaba por convertirse en su amiga.

Y menos aún que su suicidio dejaría al descubierto una sórdida cotidianeidad de abusos.

“Vino de una pequeña aldea de China a Londres porque quería vivir mejor. Pero terminó llevando una doble vida”, recuerda Lu, quien cuenta los hallazgos a los que le llevó la muerte de la mujer en la recién estrenada película The Receptionist(“La recepcionista”).

Anna se quitó la vida en 2009, cerca del aeropuerto londinense de Heathrow.

“Me sentí bien triste. ¿Cómo es que nadie sabía de esto?”, le cuenta a Cindy Sui, corresponsal de la BBC en Taipéi, Taiwán.

El sueño de ir a Londres

Anna llegó a Reino Unido con un matrimonio amañado. “La casaron con un británico, pero él no tenía trabajo”, cuenta la documentalista.

“La familia de Anna había pagado mucho dinero para arreglar el casamiento y ella también tuvo que trabajar duro para cubrir la deuda que aún tenían”, explica.

Trabajadora sexualGETTY IMAGES
Anna le cobraba unas 120 libras (más de US$150) por relación sexual a los clientes, pero más de la mitad del dinero se la tenía que dar al dueño del salón de masajes.

Este comienzo no dista mucho del de otras mujeres de China, Taiwán, Malasia, Filipinas o Tailandia, que también llegan a Reino Unido, algunas con pasaporte falso, muchas de ellas divorciadas, deseosas de ofrecer una mejor vida a sus hijos.

La mayoría de ellas, como le pasó también a la protagonista de esta historia, no tardan en darse cuenta que sobrevivir en la capital británica en esas condiciones es mucho más difícil de lo que pensaban.

Ante eso, no son pocas las que empiezan a trabajar en salones de masaje, cuenta Lu.

A uno de esos locales llegó Lu cuando, tras la muerte de su amiga, empezó a investigar sobre la vida que llevaba esta en Londres.

Y allí pudo hablar con las que fueron sus compañeras de trabajo y descubrir que, tras la fachada de un negocio normal, se esconde todo un mundo de abusos físicos y extorsiones.

Un despertar brutal

“Dicen que lo van a dejar a los pocos meses o al año… pero la mayoría se acostumbra al dinero rápido”, explica Lu.

“No quieren hacer otros trabajos en los que el sueldo es menor. Piensan que no podrán seguir adelante si no hacen lo que están haciendo”, cuenta.

Durante sus investigaciones para el documental, supo que las empleadas de estos locales de masaje suelen tener sexo con algunos clientes, a quienes les cobran unas 120 libras (más de US$150) por relación.

Escena de The ReceptionistMIRROR STAGE FILMS
Escena de The ReceptionistMIRROR STAGE FILMS
La película “The Receptionist”, de Jenny Lu, ha ganado varios premios internacionales.

Pero entre el 50 y 60% de ese dinero se lo deben entregar alos dueños delossalones, quienes aseguran que ofrecen “protección” a las mujeres.

Si no pagan, las golpean, les roban y las violan, asegura la cineasta.

Además, no suelen atreverse a salir de sus lugares de trabajo, por miedo a que las descubran sus vecinos. “Así que trabajan día y noche, siempre con las cortinas bajas”.

Pero a pesar de ello, asegura que les cuesta dejar el trabajo por miedo a no encontrar una alternativa.

Así “es como ellas mismas cavaran el agujero en el que se hunden”, dice Lu. “Son muchas las que no consiguen salir”.

Según Lu, se convierten “en personas sin alma”.

Jenny Lu
Jenny Lu decidió hacer una película para denunciar los abusos a los que son sometidas decenas de mujeres como su amiga Anna.

“Cuando decidieron irse al extranjeros fueron el orgullo de sus familiares, pero ahora temen contarles la verdad”.

Así que tratan de olvidar quiénes fueron, dejar atrás una vida que alguna vez fue normal.

“Prefieren no pensar demasiado”, se lamenta Lu.

Anna tenía 35 años cuando se quitó la vida.

Apenas llevaba dos años en Londres, uno de ellos trabajando en la industria del sexo.

Escena de The ReceptionistMIRROR STAGE FILMS
En “The Receptionist” se recrea el aislamiento en el que viven mujeres como su amiga Anna, que trabajan explotadas en salones de masaje donde viven.

“Algunas de sus amigas piensan que (se suicidó porque) se sintió presionada por su familia, que le exigía que le mandara dinero”, explica la documentalista.

Por si esto fuera poco, le había prestado dinero a alguien para abrir un restaurante.

“Cuando ella le pidió a esta persona que le devolviera lo prestado, ésta la amenazó con que le diría a su familia qué hacía para vivir”, recuerda.

“Entró en pánico”.

Lu igual dice: “Hay quienes también creen que nunca terminó de aceptar que trabajaba en lo que trabajaba y que cada día era una batalla nueva”.

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Getty Images

Por qué dar positivo a COVID no siempre significa estar infectado

La mayoría de personas solo están infectados durante una semana, pero pueden seguir dando positivo semanas después.
Getty Images
7 de septiembre, 2020
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El test más común para diagnosticar el COVID-19 es tan sensible que podría estar detectando fragmentos del virus que ya están muertos, según algunos científicos.

Y es que la mayoría de personas solo permanecen infectadas alrededor de una semana. Sin embargo, el diagnóstico podría seguir dando positivo semanas después.

De acuerdo a un estudio de la Universidad de Oxford, este hecho podría estar sobreestimando la escala real y actual de la pandemia.

Pero por otro lado advierten que otro tipo de test, con menos sensibilidad, corre el riesgo de no detectar todos los casos.

El profesor Carl Heneghan, uno de los autores del estudio, afirma que en vez de arrojar un resultado positivo o negativo, las pruebas diagnósticas deberían tener un límite en el que pequeñas cantidades de virus no provoquen un positivo.

Según Heneghan, esta detección de virus muerto o viejo podría explicar cómo en varios de los países que se enfrentan a una segunda ola de infecciones las hospitalizaciones se mantienen estables.

El Centro de Medicina Basada en Evidencia de la Universidad de Oxford analizó 25 estudios en que se colocaron muestras de pruebas positivas sobre una placa de petri para ver si el virus crecía.

Investigador trabajando con placas de petri.

Getty Images
Los científicos de la Universidad de Oxford pusieron varias muestras positivas sobre una placa de petri para analizar si el virus crecía.

Este método, conocido como “cultivo viral”, indica si el virus hallado en un diagnóstico positivo puede reproducirse y propagarse en un laboratorio o persona.

Según Nick Triggle, corresponsal de salud de la BBC, la sensibilidad de las pruebas diagnóstico es un problema que se conoce desde el comienzo y que ilustra por qué las estadísticas de la COVID-19 están lejos de ser perfectas.

¿Cómo se diagnostica el coronavirus?

La prueba más común de diagnóstico, la llamada PCR, utiliza químicos que amplifican el material genético del virus para que pueda estudiarse.

Una vez se toma la muestra, esta pasa por varios ciclos de laboratorio para recuperar la mayor cantidad de virus posible.

El número de ciclos necesarios puede indicar qué tanto virus queda, si son pequeños fragmentos o varias cantidades del virus completo.

Realización de prueba PCR a un paciente en Barcelona.

Getty Images
El test PCR es la prueba más común para detectar el coronavirus.

Esta práctica parece revelar la probabilidad de infección del virus. Es decir, mientras más ciclos de amplificación sean necesarios, menos probabilidades de que el virus sea reproducible en el laboratorio.

El riesgo de falso positivo

Cuando uno se hace la prueba de coronavirus, se obtiene un “sí” o un “no”. Pero no hay un indicador de cuánto virus se detectó en la muestra y si se trata de una infección activa.

Una persona con mucha cantidad de virus activo y otra que solo tenga pequeños fragmentos restantes de una infección pasada dan el mismo resultado: positivo.

Sin embargo, Heneghan apunta que la “infectividad del coronavirus parece disminuir tras alrededor de una semana”.

Es decir, su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Añadió que, si bien no sería posible verificar todas las pruebas para detectar si el virus estaba activo o no, el número de falsos positivos podría reducirse si los científicos establecieran un punto de corte.

Mujeres con mascarilla en Italia.

Getty Images
La infectividad del virus es su capacidad para invadir un organismo y provocar una infección.

Esto podría prevenir que una persona dé positivo cuando en realidad solo se le ha detectado los restos de una infección ya pasada.

Para Heneghan, esto ahorraría cuarentenas individuales innecesarias y ofrecería una escala más adecuada de la pandemia.

La sanidad pública de Inglaterra coincidió en que los cultivos virales eran útiles a la hora de evaluar las pruebas de coronavirus y que estaban trabajando con laboratorios para reducir el número de falsos positivos.

Sin embargo, explican que establecer un punto de corte no es fácil porque se usan muchas pruebas con diferentes sensibilidad y formas de detección.

Pero el profesor Ben Neuman, de la Universidad de Reading, dijo que cultivar el virus de una muestra de un paciente “no es trivial”.

“Esta revisión corre el riesgo de correlacionar falsamente la dificultad de cultivar Sars-CoV-2 a partir de una muestra de un paciente con la probabilidad de que se propague”, dijo.

Toma de temperatura en Wuhan, China.

Getty Images
Varios estudios coinciden en que alrededor de un 10% de contagiados retiene virus vivo después de 8 días de infección.

El profesor Francesco Venturelli, epidemiólogo italiano, destaca que no existe “certeza suficiente” sobre cuánto tiempo el virus permanece infeccioso mientras se recupera el paciente.

Algunos estudios basados en cultivos virales indican que alrededor del 10% de infectados permanece con virus vivo después de ocho días de infección.

“En Italia sobreestimamos el número de casos por varias semanas” a causa de pacientes positivos que se habían infectado varias semanas antes, dice Venturelli.

El test PCR es un método muy sensible a la hora de “detectar material genético residual del virus”, explica el profesor Peter Openshaw, del Colegio Imperial de Londres.

“No hay evidencia de la infectividad del virus, pero existe un consenso clínico de que es bastante improbable que un paciente sea infeccioso más allá del décimo día de la enfermedad“, agrega Openshaw.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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