Del campo a la maquila: Margarita cuenta cómo se convirtió en defensora de derechos laborales
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César Martínez / Cimacnoticias

Del campo a la maquila: Margarita cuenta cómo se convirtió en defensora de derechos laborales

Margarita dejó el campo y el trabajo de hogar para ser una empleada de la maquila en Tijuana. Ahora dedica su vida a ayudar a defender los derechos de otros trabajadores.
César Martínez / Cimacnoticias
Por Erendira Aquino
11 de junio, 2017
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“Estaba contenta. Por fin iba a estar en un lugar con sombrita. Me acordaba del trabajo del campo, donde iba descalza, sin suéter, obligada a vestirme de falda y sin poder usar sombrero, porque era cosa de hombres”, cuenta Margarita Ávalos, desde Tijuana.

En la ciudad fronteriza, Margarita se dedica a ayudar a que los trabajadores que han sido víctimas de maltrato o de violación de sus derechos laborales se defiendan.

Para convertirse en defensora de derechos, Margarita superó obstáculos y carencias. En Puebla, de donde es originaria, ella era jornalera agrícola y trabajadora del hogar, por lo que conoció la violencia e injusticia que se cometen contra los trabajadores y contra las mujeres.

En entrevista con Animal Político, Margarita Ávalos nos cuenta sobre el trabajo que realiza con la organización Ollin Calli, para la defensa de los derechos laborales en Tijuana y San Diego, y cómo decidió convertirse en defensora de los derechos humanos.

Injusticias en el campo y la ciudad

Margarita relató que tuvo una infancia difícil.

Hija de una pareja alcohólica, ella tuvo dificultades para asistir a la escuela, ya que, desde niña, trabajó en el campo.

“Hacíamos carbón y leña, juntábamos tierra para plantas y cultivábamos nopales. Por las tardes mis padres iban al pueblo a vender nuestros productos y en las noches regresaban, borrachos y sin dinero”, recuerda.

A los ocho años, cuando su madre murió de cáncer, Margarita se fue a vivir a otro pueblo con su hermana. En ese lugar, ambas vivieron bajo tutela de un tío.

“Me levantaba a las 4 de la mañana. Mi tío tenía un molino, donde molía nixtamal para las mujeres del pueblo. A las 8 me iba a la escuela y regresaba temprano para seguir trabajando en el campo”, recordó Margarita.

Si tú estudias, te juro que te quemo viva[/animalp-quote-highlight]

Por su trabajo en el campo, Margarita Ávalos conoció sobre las condiciones laborales de los jornaleros. “Iban por nosotros a las 4 o 5 de la mañana y de esa hora hasta que salía el sol trabajábamos las plantas verdes. Luego, por las noches nos llevaban a las empacadoras a enhielar (mezclar con hiel) y empacar los productos para exportación”, contó la activista.

En estos lugares “además de que nos pagaban muy poquito por tantas horas de trabajo, no podíamos ni ir al baño, porque no había donde”.

Cansada de esas condiciones laborales, a los 14 años, Margarita cambió de trabajo y se dedicó a trabajar aseando casas y cuidando niños en Puebla, donde descubrió que la violencia “era exactamente la misma”.

“Yo me preguntaba, ¿por qué tiene que ser de esta manera?, hasta que en el año 2000 “una prima me dijo que si quería ir a Tijuana y yo le respondí que sí, porque pensaba que quizá aquí podía encontrar otros trabajos, conocer otras personas y vivir con menos violencia”.

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La maquila y la defensa laboral

Una vez en Tijuana, Margarita consiguió trabajo en una fábrica, donde también laboraba su prima.

“Al principio pensaba que estaba dando un gran paso. Estaba maravillada con el proceso de producción, porque estaba acostumbrada al trabajo de muchas horas. De hecho, yo miraba ese trabajo como algo fácil, porque lo comparaba con el que había realizado antes”.

Sin embargo, el paso del tiempo le abrió los ojos ante las condiciones precarias de seguridad en el trabajo y ante las agresiones, que podían ser físicas, psicológicas e incluso sexuales.

“Yo no sabía qué era eso de los derechos humanos, porque en mi vida había escuchado de leyes ni de derechos, pero por instinto yo entendí que eran cosas que no debían permitirse”.

Luego de preguntarse “¿qué tengo que hacer?”, Margarita volvió a estudiar, con el objetivo de “cambiar mi vida y encontrar más herramientas para no seguir permitiendo estas formas de trabajo”.

Con la voz entrecortada, Margarita recuerda el momento en el que le anunció a su familia que estudiaría.

Su tío se enojó tanto que le dijo “si tú estudias, te juro que te quemo viva, porque no es posible que tú te atrevas siquiera a decir que vas a estudiar” y es que, de acuerdo con la activista, en su familia se creía que los únicos que podían estudiar son los hombres, “porque las mujeres nos tenemos que dedicarnos a cuidar a la familia”.

Dividida entre el trabajo y la escuela, Margarita cursó la secundaria y la preparatoria abierta hasta que conoció sobre derechos humanos y de las mujeres.

Una mujer que trabajaba en la maquila se fue como empleada de la organización Casa de la Mujer Grupo Factor X.

Hablar de derechos laborales es más que hablar de la Ley Federal del Trabajo[/animalp-quote-highlight]

“Ella regresó a vernos a la maquila y nos invitó a esas capacitaciones. Yo la verdad fui sólo en solidaridad con mi compañera, para que no la corrieran, porque no me interesaban los derechos de las mujeres, pero en ese lugar escuché que muchas de las cosas que nos hacían en el trabajo no las podíamos permitir”, recuerda la activista.

A partir de entonces comenzó a informarse sobre derechos laborales y ella “sin quererlo y sin planearlo” se convirtió en lideresa de sus compañeros hasta que la despidieron.

Margarita y Ollin Calli

El siguiente trabajo de Margarita fue con la organización Centro de Información para Trabajadoras y Trabajadores, A.C., donde aprendió a realizar estrategias jurídicas para la defensa de derechos laborales.

De manera simultánea, ella continuó sus estudios y se tituló como licenciada en informática, antes de cursar una ingeniería.

Ahora, junto con la organización Ollin Calli, Margarita trabaja en la defensa transnacional de trabajadores, con personas que se emplean temporalmente en la industria maquiladora, en el campo o que transitan todos los días entre Tijuana y San Diego para trabajar como empleadas del hogar, jardineros u obreros en Estados Unidos.

Con esta organización, Margarita defiende que la justicia laboral “no solo tiene que ver con el ámbito laboral, sino con la comunidad y el contexto en el que estamos, con el medio ambiente y con la migración”.

De acuerdo con la activista, “hablar de derechos humanos laborales es mucho más que simplemente hablar de la Ley Federal del Trabajo”, porque los trabajadores a los que defienden tienen dinámicas de movilidad y trabajo entre México y Estados Unidos, suelen ser migrantes incluso en la frontera mexicana (provenientes de otros estados del país) y en muchos casos son indígenas.

Por ello, Ollin Calli se dedica a capacitar a grupos de trabajadores sobre la defensa de sus derechos, además de mostrarles la ruta para elaborar demandas individuales y colectivas.

Además, desde hace casi 15 años, Ollin Calli organiza “tours maquileros” en los que dan visitas guiadas a personas interesadas en las condiciones de trabajo en la frontera, particularmente en la industria de la maquila, por las ciudades industriales, donde trabajadoras y trabajadores comparten sus experiencias y aprendizajes sobre la defensa de derechos.

Estos proyectos hicieron a Margarita Ávalos merecedora del Premio Hermila Galindo 2017, otorgado por la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF) a defensoras de derechos de mujeres y actualmente su trabajo recibe apoyo de Fondo Semillas y el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, con financiamiento de la Unión Europea.

Actualmente, Margarita sabe que su labor y la de Ollin Calli son “más necesarias que nunca, para que no se repitan las mismas historias de violencia. Quiero que esto sirva a otras mujeres y a otras personas”.

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Chile vota en plebiscito histórico: 4 claves para entender qué está en juego

La votación definirá el destino político institucional de Chile para los próximos años. Más allá del "apruebo" o "rechazo", varios analistas explican qué está en juego.
25 de octubre, 2020
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Por primera vez en la historia de Chile, este 25 de octubre se pregunta a la ciudadanía si aprueba o rechaza la redacción de una nueva Constitución.

El referendo chileno, aprobado en un acuerdo político en el Congreso tras un ciclo de manifestaciones que comenzó con las marchas estudiantiles el 2006 y culminó en octubre del 2019, definirá el destino político institucional de Chile en los próximos años.

De ganar el “apruebo”, será la primera vez desde 1833 que la Constitución es redactada por una convención ciudadana elegida en votación popular.

Qué está en juego en el referéndum, más allá del “apruebo” o “rechazo” y del tipo de convención que eventualmente surja para redactarla es lo que responden a BBC Mundo aquí analistas chilenos y latinoamericanos.

1. Generar una Constitución “sin traumas”

Pese a que sufrió numerosas reformas, la Constitución vigente hasta hoy en Chile fue redactada y aprobada en 1980 bajo el régimen militar del general Augusto Pinochet y, según afirma el politólogo Gabriel Negretto, “simbólica y políticamente, nunca superó ese defecto congénito”.

Por eso, lo que está en juego en el proceso constituyente que podría comenzar con el triunfo del “apruebo” es la legitimidad de origen de una eventual nueva Constitución para Chile, le dice a BBC Mundo Negretto, quien ha sido consultor de Naciones Unidas en procesos de reforma constitucional en distintos países latinoamericanos.

Augusto Pinochet votando en el referéndum en 1980.

Getty Images
La Constitución vigente fue aprobada y redactada durante el gobierno militar del general Augusto Pinochet.

“¿Qué rodeó a la Constitución de Pinochet?: que nació de un acto de fuerza, de violencia; que se hizo en un clima de miedo, de terror”, describe el académico. “Para marcar un contraste con el origen de la vieja Constitución, la nueva debe nacer de un amplio respaldo ciudadano y en un entorno pacífico”, precisa.

“En ese sentido, hay un llamado a la atención de quienes apoyan el ‘apruebo’ de llamar a la calma… El estallido social, que incorporó gran cantidad de demandas legítimas, también estuvo asociado a actos de violencia injustificados que hasta hoy no están claros. No se puede eliminar toda la violencia, pero tiene que quedar claro que corresponde a grupos aislados”, plantea.

Para que Chile efectivamente cuente con una Constitución que no arrastre los traumas de la actual, argumenta Negretto, se requiere además que una de las dos opciones gane por una mayoría suficientemente amplia y en una votación con una participación importante, ojalá mayor a los promedios de las últimas elecciones chilenas.

“No es lo mismo un referéndum como el que se hizo por el acuerdo de paz en Colombia que uno sobre las reglas fundamentales con las que queremos vivir como sociedad, como se definirá en Chile. En este caso, si la diferencia entre la opción que gana y la que pierda es pequeña, es problemático”, advierte el académico.

“Sería un mal comienzo que el ‘apruebo’ ganara por un margen pequeño: el trauma que vive Chile respecto a los legados de la dictadura provienen del plebiscito de 1988, cuando la dictadura militar terminó cediendo la transición a la democracia con un altísimo poder político (el “Sí” a Pinochet obtuvo un 43% y el “No” un 54.7%). Aquí no debe quedar duda de la posición mayoritaria”, sostiene Negretto.

Simpatizante de la opción de "apruebo", durante una manifestación.

Getty Images
El estallido social de octubre de 2019 incorporó entre sus demandas la redacción de una nueva Constitución.

“Si el resultado fuera 51 para el ‘apruebo’ y 49 por el ‘rechazo’, estaría muy preocupado por el futuro de Chile”, agrega Negretto.

“Porque eso querría decir que el cambio constitucional no lo rechaza una minoría, sino la mitad de la población. Y eso es preocupante en un contexto polarizado, porque aquí no hay medias tintas: se cambia la Constitución o no”.

2. Recuperar legitimidad de la política

Vicky Murillo, directora del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Columbia en Nueva York, precisa que el plebiscito en Chile emergió como respuesta a la movilización social, “síntoma de la crisis de representación del sistema político” en el país.

“La toma de la calle y los gritos buscaban que los políticos escucharan a la ciudadanía, incluso cuando esta demanda de atención requiriera romper la puerta del salón donde se toman las decisiones, como dice la canción de ‘Hamilton'”.

La académica se refiere a “The room where it happened” uno de los temas del popular musical estadounidense que describe las negociaciones secretas donde la élite negocia fuera del ojo de la opinión pública, una práctica que en Chile se describe como “la cocina”.

“Es importante recordar las expectativas que conlleva el proceso constituyente y la importancia de mantener esa puerta abierta. Esto implica que no solo el resultado, sino también el proceso constitucional será clave para la recuperación de la legitimidad política”, dice Murillo.

De ganar el “apruebo”, la politóloga advierte que es importante “asegurar la entrada de nuevos actores como agentes de representación ciudadana y, al mismo tiempo, que tanto viejos como nuevos representantes garanticen su atención a la ciudadanía incluso cuando no grite o esté en las calles”, dice.

Disturbios durante una manifestación en el aniversario del inicio de las protestas antigubernamentales.

Getty Images
El pasado 18 de octubre se cumplió un año del inicio del estallido social en Chile.

¿Cómo lograr ese objetivo? Estableciendo una conexión humana, basada en la empatía y la experiencia compartida, propone.

“Que la ciudadanía se reconozca en sus representantes y pueda confiar en ellos. El proceso no podrá ser participativo hasta las últimas instancias, requerirá de esperas, y puede involucrar errores. Por ello, la confianza en quienes están en el salón donde se tomen las decisiones depende tanto de una puerta abierta como de la empatía entre estos y quienes han estado ya por demasiados años pidiendo ser oídos”, describe la politóloga.

3. Redistribuir poder y bienes públicos

“Las constituciones definen las reglas del juego”, describe Miriam Henríquez, decana de la Facultad de Derecho de la Universidad Alberto Hurtado.

“La etiqueta mayor que yo pondría al proceso chileno sería la opción de cambiar las reglas del juego sobre la distribución del poder y los bienes públicos valiosos para la existencia de toda la sociedad. No sólo los derechos civiles, las libertades, también los sociales, como agua, vivienda, educación”.

Henríquez plantea que, si se lleva adelante el proceso constituyente, una de las opciones es que se remuevan los obstáculos que hoy impiden cambiar algunas políticas públicas en Chile a través del Congreso. Bajo la Constitución actual, incluso si una ley es aprobada por una súper mayoría parlamentaria, puede ser impugnada ante el Tribunal Constitucional (TC).

“Si uno establece en la Constitución que los asuntos se regularán por ley simple, por ejemplo, y se modifica el TC, el efecto será que los cambios de políticas públicas serán más sencillos”, dice la académica.

Partidarios de la opción del "rechazo".

Getty Images
En la opción del “rechazo” también hay personas que creen que se necesitan cambios profundos.

“El ‘rechazo’ supondría que la ciudadanía no tiene voluntad de cambiar la Constitución, porque las cosas como están, están bien. Pero eso no obsta que se pueden hacer reformas. Hay personas del ‘rechazo’ que creen que se necesitan cambios profundos y se han comprometido a emprenderlos”, dice Henríquez.

“La diferencia es que en el apruebo hay un itinerario, un camino claro, un órgano específico. Las reformas que se hicieran en el caso del ‘rechazo’, se harían a través del actual Parlamento, y los cambios no tendrían tanta legitimidad como los que tendría un órgano especialmente elegido para ello”, agrega.

“Es posible que una nueva Constitución se parezca bastante a la actual, y las expectativas pueden quedar frustradas, pero insisto en la importancia del hecho de sentarse a conversar. Esa diferencia ya debería satisfacer muchas expectativas: tener un pacto social que sintamos propio”, concluye.

4. Generar un proceso constituyente único en Latinoamérica

Tanto la realización del plebiscito como el proceso constituyente que derive de sus resultados se normarán por la Constitución vigente, que fue especialmente reformada por el Congreso con este fin. Eso marca una de las diferencias del referéndum constitucional chileno con otras experiencias latinoamericanas.

“No es tan habitual que una Constitución vigente se modifique para su reemplazo. Es excepcional que Chile siga este cauce, este proceso, con procedimientos y plazos establecidos. Y es un desafío máximo que los cumplamos”, precisa Henríquez.

Trabajadora del Servicio Electoral chileno, durante un ensayo para el referendo.

Getty Images
El referendo tendrá lugar siguiendo las restricciones impuestas por la pandemia de coronavirus.

Además, en este caso no es el gobierno el que definirá el cambio constitucional ni el órgano que podría redactar la nueva Constitución, sino la ciudadanía.

“En Chile, además, no hay una fuerza hegemónica que se imponga en el debate. Varios de los procesos latinoamericanos han sido marcados por la existencia de fuerzas políticas muy preponderantes, donde se impone una mayoría. Eso no ocurre en Chile porque las fuerzas están fragmentadas. Y eso, que podría ser complejo y lo es, nos obliga a hacer pactos” dice la politóloga.

“Cada proceso en Latinoamérica tiene algo que lo hace único. En el caso chileno que todas, o gran parte de las fuerzas políticas hayan acordado un cauce institucional a la crisis es algo que lo hace único”, remata Henríquez.


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