La NASA descubre 10 planetas que podrían ser habitables
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Foto: Archivo AP

La NASA descubre 10 planetas que podrían ser habitables

El telescopio espacial Kepler de la NASA, detectó 219 nuevos candidatos planetarios, 10 de los cuales comparten características con la Tierra.
Foto: Archivo AP
Por Redacción Animal Político
23 de junio, 2017
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La NASA presentó el catálogo más completo y detallado del número de planetas fuera de nuestro sistema solar (expoplanetas), que incluye un total de cuatro mil 34 objetos, con el 90 por ciento de posibilidades de que sean planetas, 10 de ellos con características semejantes a la Tierra.

El catálogo, elaborado por las observaciones del equipo de telescopio espacial Kepler de la NASA, incluye 219 nuevos candidatos planetarios nunca antes enlistados, 10 de los cuales son de tamaño aproximado al de la Tierra y están en órbita alrededor de la zona habitable de su estrella.

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Las zonas habitables se definen como la distancia adecuada que existe entre el planeta y su estrella para mantener una temperatura moderada que podrían sostener agua líquida.

El telescopio espacial Kepler fue lanzado en marzo de 2009, en la primera misión de la NASA para encontrar planetas similares a la Tierra que se encuentran en o cerca de las zonas habitables.

El catálogo, presentado este lunes 23 de junio,  en una conferencia de astrónomos sobre exoplanetas en el Centro de Investigación Ames, en Mountain View, California, abarca las observaciones de los primeros cuatro años del telescopio especial Kepler, centradas en una zona de la Vía Láctea en la Constelación del Cisne.

El Archivo Exoplanetario de la NASA, abarca ahora cuatro mil 34 candidatos planetarios identificados, de los cuales, dos mil 335 han sido verificados como exoplanetas.

De ellos, cerca de 50 candidatos planetarios se ubican en una zona habitable y son de un tamaño cercano a la Tierra, mas de 30 de los cuales ya han sido confirmados.

“El conjunto de datos de Kepler es único, ya que es el único que contiene una población de estos planetas análogos casi terrestres, con aproximadamente el mismo tamaño y órbita que la Tierra”, dijo Mario Pérez, científico del programa Kepler en la División de Astrofísica de la Dirección de Ciencia de la NASA.

“El entender su frecuencia en la galaxia ayudará a informar el diseño de las futuras misiones de la NASA para dirigirse directamente a la imagen de otra Tierra”, indicó Pérez, al hacer el anuncio del catálogo en una rueda de prensa este lunes.

Los datos ayudarán a la NASA a diseñar un telescopio espacial para la década de 2030, lo suficientemente grande y poderoso como para discernir las imágenes de planetas alrededor de otras estrellas.

Los datos del Kepler permitirán también determinar qué poblaciones planetarias -desde cuerpos rocosos del tamaño de la Tierra, hasta gigantes gaseosos del tamaño de Júpiter, constituyen la demografía planetaria de la galaxia.

El telescopio espacial Kepler busca planetas detectando la minúscula caída en el brillo de una estrella que ocurre cuando un planeta cruza delante de ella, en lo que es conocido como “tránsito”.

“Este catálogo cuidadosamente medido es la base para responder directamente a una de las preguntas más convincentes de la astronomía: ¿cuántos planetas como nuestra Tierra están en la galaxia?”, dijo en la rueda de prensa, Susan Thompson, investigadora del Instituto SETI en Mountain View, California.

La investigación de los datos del Kepler, revelan dos grupos distintos de planetas pequeños. El equipo encontró una clara división en los tamaños de planetas rocosos, de tamaño de la Tierra y planetas gaseosos más pequeños que Neptuno. Pocos planetas se encontraron entre esos grupos.

“Nos gusta pensar en este estudio como la clasificación de los planetas de la misma manera que los biólogos identifican nuevas especies de animales”, dijo Benjamín Fulton, candidato doctoral en la Universidad de Hawái en Manoa.

“Encontrar dos grupos distintos de exoplanetas es como descubrir que mamíferos y lagartijas componen distintas ramas de un árbol genealógico”.

Parece que la naturaleza hace comúnmente planetas rocosos hasta un 75 por ciento más grandes que la Tierra.

Por razones que aún no se entienden, aproximadamente la mitad de esos planetas toman una pequeña cantidad de hidrógeno y helio que aumenta drásticamente su tamaño, permitiéndoles “saltar la brecha” y unirse a la población más cercana al tamaño de Neptuno.

La nave espacial Kepler continúa haciendo observaciones en nuevos áreas del cielo en su misión extendida, buscando planetas y estudiando una variedad de objetos astronómicos interesantes, desde conglomerados estelares lejanos hasta objetos como el sistema TRAPPIST-1 de siete planetas del tamaño de la Tierra, los más cercanos a nuestro planeta ubicados hasta ahora.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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