Hora de votar: la hegemonía del PRI se tambalea en Coahuila, Nayarit y Edomex, de cara al 2018
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Hora de votar: la hegemonía del PRI se tambalea en Coahuila, Nayarit y Edomex, de cara al 2018

Tanto en los tres estados que eligen gobernador, como en Veracruz que vota por alcaldes, el dominio del PRI es retado por la oposición; en el Edomex, considerado un bastión priista, se espera la batalla más encarnizada.
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Por Arturo Daen
4 de junio, 2017
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El año pasado sufrió una derrota histórica, y ahora la hegemonía del Partido Revolucionario Institucional (PRI), el partido del presidente Enrique Peña Nieto, está en riesgo en Coahuila, Nayarit, Veracruz y el Estado de México, donde los resultados de la batalla electoral dejarán listo el terreno político de cara a la elección presidencial de 2018.

Este domingo, la gente acude a las urnas para elegir tres gobernadores, 270 alcaldes, 55 diputados locales, y 197 regidores.

Leer: 2016, el año de la derrota histórica del PRI en elecciones estatales

El Estado de México, la entidad más poblada del país, con más de 16 millones de habitantes y que aporta 9.3% del PIB nacional, es la entidad donde se espera el duelo más encarnizado: entre el PRI que quiere mantener su dominio de más de 80 años, y la oposición que, de acuerdo con las encuestas, tiene en Delfina Gómez de Morena a su aspirante con más fuerza para obtener el triunfo, y lograr por primera vez la alternancia.

Durante las campañas, la oposición denunció las visitas constantes de funcionarios federales al Estado de México, para entregar distintos apoyos, considerando que era una forma de respaldar al candidato priista, Alfredo del Mazo, y de configurar una elección de Estado. Animal Político reportó que durante 2016 y lo que va de este año, el Estado de México fue la entidad más visitada por el presidente Peña Nieto -primo de Del Mazo-, para inaugurar obras o hacer presentaciones.

Leer: Edomex, el preferido de Peña Nieto para giras de trabajo e inauguraciones en año electoral

Antes de ser mandatario federal, Peña Nieto formó parte de la lista de priistas que han gobernado el territorio mexiquense (2005-2011).

A unos días de cerrar campaña, el candidato Del Mazo -que enarboló promesas como el salario rosa para amas de casa- dijo que no solo el futuro del priismo, sino del país, dependen de que obtenga el triunfo en el Estado de México, bastión político del Revolucionario Institucional, tan solo unos meses antes de que inicie formalmente el proceso que llevará a la elección presidencial de 2018.

“Lo que se obtenga en esta elección representará un punto de definición, de partida, para el próximo año, es muy importante”, dijo en entrevista el doctor Nicolás Loza, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, aunque también apuntó que, si bien será un punto de referencia, se ha convertido en un mito decir que el ganador en el Estado de México ganará la presidencia.

En 1999 y 2005 el PRI ganó el Estado de México, recordó Loza, y en 2000 y 2006 ganó el PAN las elecciones presidenciales.

Frente al priismo, su principal contendiente es la candidata de Morena -partido fundado apenas en 2014-, Delfina Gómez, respalda por el aspirante presidencial y dirigente de su partido, Andrés Manuel López Obrador. Durante su campaña, la maestra de 54 años de edad presentó como su principal bandera acabar con la corrupción del PRI en el Estado de México, mientras sus rivales la acusaron de carecer de experiencia, o solo ser utilizada por López Obrador para apuntalar su proyecto de 2018.

“Nadie quiere que gane el PRI, pero ni al PAN ni al PRD les conviene que gane Morena”, comentó a la agencia AFP el analista José Antonio Crespo, sobre la actuación de panistas y perredistas, que no concretaron una candidatura común ante el PRI, por lo que postularon a Josefina Vázquez Mota y Juan Zepeda, respectivamente.

“Si Morena gana, López Obrador se reafirmaría rumbo a la presidencia”, agregó. Y eso es algo que el priismo quiere evitar a toda costa, acusando que López Obrador representa un peligro para el país.

Cárcel para los Moreira

Esa es la propuesta más potente que lanzó el candidato panista a la gubernatura de Coahuila, Guillermo Anaya, acabar con el moreirato y encarcelar al exgobernador Humberto Moreira y a su hermano, el actual gobernador, Rubén Moreira, ambos acusados de presunta corrupción.

Coahuila, al igual que el Estado de México, no ha tenido alternancia. La entidad ha sido gobernada por el PRI desde 1929. De ahí que la oposición busque un triunfo histórico ante el candidato priista, Miguel Ángel Riquelme, alcalde de Torreón con licencia, quien prometió que de ganar los comicios concentrará su administración en el tema de la seguridad.

En este proceso electoral, también logró pintar el candidato de Morena, Armando Guadiana, empresario minero y ganadero, y expriista. Sin embargo, las encuestas mostraron que los principales contendientes serían Anaya y Riquelme.

Coahuila tiene una lista nominal de más de dos millones de electores. Además de elegir gobernador, los ciudadanos votarán para elegir 38 alcaldes y 25 diputados. Actualmente, el PRI domina el Congreso estatal, con 16 de 25 legisladores.

PAN y PRD buscan recuperar Nayarit

En 2016, las alianzas entre el PAN y el PRD rindieron frutos en su objetivo de arrebatar al PRI estados como Veracruz y Quintana Roo, que nunca habían tenido alternancia. Este año, ambos partidos hicieron alianza en Nayarit, para postular como candidato a Antonio Echeverría García, quien hará frente al candidato priista, el senador con licencia Manuel Cota Jiménez.

Antonio Echeverría García es hijo de Antonio Echeverría Domínguez, quien en 1999, también postulado por una alianza PAN-PRD, logró por primera vez quitarle el poder al PRI en la entidad, a nivel gubernatura, aunque seis años después, en 2005, los priistas aprovecharon los errores de sus rivales y volvieron a imponerse.

Un factor que entró en juego en esta elección, es el caso de quien era fiscal del actual gobernador priista, Roberto Sandoval: Edgar Veytia fue acusado y detenido en Estados Unidos, en marzo pasado, por presunto narcotráfico.

El candidato priista, Manuel Cota, tuvo que deslindarse de Sandoval y de Veytia, buscando que no tuviera impacto en su candidatura. Sin embargo, tanto PAN y PRD acusaron al PRI por el caso del ahora exfiscal, y denunciaron que el gobernador Sandoval presuntamente incurrió en desvío de recursos de programas sociales, para favorecer al candidato Cota Jiménez.

Con esos antecedentes, de acusaciones y forcejeo político, más de 815 mil electores están convocados a votar, tanto para elegir gobernador, además de 20 alcaldes, 18 diputados de mayoría relativa y 12 de representación proporcional. Actualmente el PRI tiene mayoría en el Congreso estatal, con 15 legisladores.

Veracruz renueva sus alcaldías

Tras la derrota del PRI el año pasado y la primera alternancia en la gubernatura de la entidad, con una victoria de una alianza PAN-PRD, los ciudadanos de Veracruz votarán para elegir a los 212 alcaldes de sus municipios.

En 2013, los priistas se impusieron en 93 de ellos. Sin embargo, ahora el Revolucionario Institucional encara los comicios con el descalabro de 2016 a cuestas, y el antecedente del exgobernador Javier Duarte, emanado de sus filas y encarcelado por corrupción, factores que podría aprovechar la oposición, para ganar terreno. En esta ocasión, PAN y PRD de nuevo irán como aliados.

Veracruz es una entidad con peso político, con 5.5 millones de electores en su listado nominal. Es la tercera más poblada del país. Estas elecciones de presidentes municipales precederán a las de 2018, cuando de nuevo será renovada la gubernatura. Para acoplar los calendarios electorales, la actual administración, encabezada por Miguel Angel Yunes, solo durará un par de años.

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"El COVID no es una pandemia": científicos creen que es una sindemia (y qué significa)

El hecho de que la enfermedad se exacerba cuando interactúa con otras condiciones de salud que prevalecen en grupos desfavorecidos social y económicamente ha llevado a algunos científicos a pensar que estamos frente a una sindemia.
10 de octubre, 2020
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Con el correr de los meses, las medidas para evitar la propagación del covid-19 se han ido endureciendo o flexibilizando en distintas partes del mundo según el aumento o disminución de los casos.

Mientras que muchos países en Europa están volviendo a restringir actividades sociales y ordenando cuarentenas después de registrar un número récord de casos, Nueva Zelanda, por ejemplo, pasó a su nivel de alerta más bajo.

Sin embargo, esta estrategia para lidiar con el coronavirus es, en opinión de numerosos científicos, demasiado limitada para detener su avance.

“Todas nuestras intervenciones se han centrado en cortar las vías de transmisión viral, para controlar la propagación del patógeno”, escribió recientemente en un editorial Richard Horton, editor jefe de la prestigiosa revista científica The Lancet.

Pero la historia del covid-19 no es tan sencilla.

Por un lado, dice Horton, está el SARS-CoV-2 (el virus que provoca el covid-19) y por otro, una serie de enfermedades no transmisibles. Y estos dos elementos interactúan en un contexto social y ambiental caracterizado por una profunda inequidad social.

Bangladesh

Getty Images
El contagio es mucho mayor en comunidades empobrecidas que no pueden cumplir con las normas de higiene y distancia social.

Estas condiciones, argumenta Horton, exacerban el impacto de estas enfermedades y por ello debemos considerar al covid-19 no como una pandemia, sino como una sindemia.

No se trata de un simple cambio de terminología: entender la crisis de salud que estamos atravesando desde un marco conceptual más amplio abre el camino para buscar soluciones más adecuadas.

Uno más uno es más que dos

El término sindemia (un neologismo que combina sinergia y pandemia) no es nuevo.

Fue acuñado por el antropólogo médico estadounidense Merrill Singer en los años 90 para explicar una situación en la que “dos o más enfermedades interactúan de forma tal que causan un daño mayor que la mera suma de estas dos enfermedades”.

“El impacto de esta interacción está además facilitado por condiciones sociales y ambientales que juntan de alguna manera a estas dos enfermedades o hacen que la población sea más vulnerable a su impacto”, le explica Singer a BBC Mundo.

La interacción con el aspecto social es lo que hace que no se trate sencillamente de una comorbilidad.

Merrill Singer

Merrill Singer
Singer acuñó el término “sindemia” en los años 90.

El concepto surgió cuando el científico y sus colegas investigaban el uso de drogas en comunidades de bajos ingresos en EE.UU., hace más de dos décadas.

Descubrieron que muchos de quienes se inyectaban drogas sufrían de una cantidad de otras enfermedades (tuberculosis, enfermedades de transmisión sexual, entre otras), y los investigadores se empezaron a preguntar cómo éstas coexistían en el cuerpo, y concluyeron que, en algunos casos, la combinación amplificaba el daño.

En el caso del covid-19, “vemos cómo interactúa con una variedad de condiciones preexistentes (diabetes, cáncer, problemas cardíacos y muchos otros factores), y vemos un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas“, explica Singer.

Y enfermedades como la diabetes o la obesidad —que son factores de riesgo para el covid-19— son más comunes en individuos de bajos recursos, añade en conversación con BBC Mundo Tiff-Annie Kenny, investigadora de la Universidad Laval, en Canadá, y quien trabaja en el Ártico con poblaciones afectadas por la inseguridad alimentaria, el cambio climático y condiciones de vivienda que dificultan cumplir con las recomendaciones sanitarias como lavarse las manos o mantener la distancia social.

¿Pero no es el este el caso de la mayoría de enfermedades? ¿No tienen la mayoría de las veces un impacto mayor en los grupos con menos acceso a salud, alimentación, educación e higiene? ¿No se potencian casi siempre cuando se combinan con otra o con una condición médica de base?

En cuanto a la interacción biológica, no es necesariamente siempre así, destaca el científico.

Cementerio en La Paz, Bolivia

Getty Images
La pandemia de covid-19 no se resuelve únicamente por la vía médica, creen los científicos que analizan la situación actual desde el marco conceptual de la sindemia.

“Hay evidencia creciente de que la influenza y el resfriado común son contrasindémicos. Es decir: la situación no empeora. Si una persona está infectada con los dos (virus), una (de las enfermedades) no se desarrolla”.

Y en cuanto al aspecto social, el elemento clave en el caso de una sindemia es que añade la interacción de las enfermedades.

Cambio de estrategia

Analizar la situación a través de la lente de la sindemia, dice Kenny, nos permite pasar de la aproximación de la epidemiología clásica sobre el riesgo de transmisión, a una visión de la persona en su contexto social.

Es una postura compartida por muchos científicos que creen que para frenar el avance y el impacto del coronavirus es crucial poner atención a las condiciones sociales que hacen que ciertos grupos sean más vulnerables a la enfermedad.

“Si realmente queremos acabar con esta pandemia cuyos efectos han sido devastadores en la gente, en la salud, en la economía, o con futuras pandemias de enfermedades infecciosas (hemos visto venir una detrás detrás de otra con cada vez mayor frecuencia: sida, ébola, SARS, zika y ahora covid-19), la lección es que tenemos que abordar las condiciones subyacentes que hacen posible una sindemia”, opina Singer.

“Tenemos que abordar los factores estructurales que hacen que a los pobres les resulte más difícil acceder a la salud o a una dieta adecuada”, agrega.

“El riesgo de no hacerlo es enfrentarnos con otra pandemia como la de covid-19 en el tiempo que tome que una enfermedad existente se escape del mundo animal y pase a los humanos, como ha sido el caso del ébola y el zika, y que continuará ocurriendo a medida que sigamos invadiendo el espacio de las especies salvajes, o a raíz del cambio climático y la deforestación”.

El editor de The Lancet Richard Horton es concluyente: “No importa cuán efectivo sea un tratamiento o cuán protectora una vacuna, la búsqueda de una solución para el covid-19 puramente biomédica fracasará”.

Y concluye: “A menos que los gobiernos diseñen políticas y programas para revertir disparidades profundas, nuestras sociedades nunca estarán verdaderamente seguras frente al covid-19”.


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