El tsunami plateado que amenaza millones de empleos en EU, América Latina y el resto del mundo
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El tsunami plateado que amenaza millones de empleos en EU, América Latina y el resto del mundo

El tsunami plateado es generado por el cambio generacional en los mercados laborales. Y se estima que podría impactar hasta 25 millones de empleos.
Foto: Getty Images
Por Luis Fajardo
14 de junio, 2017
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El “tsunami plateado” es una ola de cambio demográfico causada por el envejecimiento de la población. Cambiará la economía mundial, en muchos casos inundando de dificultades el mercado laboral de países en los cinco continentes.

Ya llegó a Estados Unidos, donde un estudio reciente asegura que amenaza la estabilidad de 25 millones de empleos.

También está transformando profundamente la estancada economía japonesa.

Se asoma a Cuba e inevitablemente llegará a todos nuestros países, afectando más a los que no estén preparados para ello.

El cierre del negocio familiar

En pocas partes como en Estados Unidos impactará tanto al mercado laboral el tsunami plateado del envejecimiento de la población.

El impacto laboral del retiro de los “baby boomers” en EE.UU.

25 millones de empleos generados por los negocios familiares de los “baby boomers”

  • 2,3 millones es el úmero de negocios de propiedad de los “baby boomers”
  • 6 de cada 10 piensan vender su negocio en la próxima década.

En ese país, la generación del llamado baby boom, compuesta por los nacidos entre 1945 y 1965, está jubilándose a un ritmo de 10.000 personas diarias.

Y el impacto económico se siente en muchas esquinas de barrio de cualquier ciudad estadounidense.

Esta generación ha tenido a su cargo por décadas una de las piedras angulares de la economía: las pequeñas empresas familiares. Los baby boomers son dueños de cerca de la mitad de las pequeñas empresas en el país.

Y al empezar a pasar masivamente a retiro, no encuentran en la siguiente generación, la de sus hijos, la misma disposición al sacrificio, el compromiso económico y la dedicación laboral que requiere mantener el negocio vivo por otros 30 o 40 años.

El resultado: millares de pequeñas empresas familiares están cerrando.

Un estudio de la ONG estadounidense Project Equity estima que hay 2,3 millones de empresas familiares en ese país, que venden US$5.000 millones anuales, y sobre todo emplean a 25 millones de personas: uno de cada seis trabajadores en Estados Unidos.

Seis de cada diez dueños de la generación del baby boom piensan vender sus negocios en el curso de la próxima década para retirarse.

Y una tercera parte de ellos reporta que tienen dificultades para encontrar el cliente apropiado, que valore con justicia su negocio construido por el esfuerzo de la familia.

Como resultado, cientos de miles de microempresas cerrarán, y muchos de los 25 millones de personas que emplean en Estados Unidos verán peligrar sus ingresos.

“Los hijos no están interesados”

Anciana DjGETTY IMAGES
Una DJ británica ejerce su oficio a los 70 años de edad. El mundo tendrá que ajustarse a una fuerza laboral más anciana.

Felice Dubin es un buen ejemplo de esta generación.

Pasó su niñez en Barranquilla, Colombia, donde nació hace 69 años, pero hizo su vida adulta en Miami.

Hace más de una década fundó Bookstore in the Grove, una pequeña librería independiente en esa ciudad estadounidense.

Pero al final de esta semana cerrará el negocio para siempre. “Me voy a retirar, parapasar más tiempo con mi familia y disfrutar mi vida“, le dice a BBC Mundo.

A ninguno de sus hijos le interesa seguir con la librería.

Tienen sus propios sueños, sus propias aspiraciones“, asegura.

Sus 20 empleados se quedarán sin trabajo en los próximos días.

Cosa de “millennials”

Manifestante de la tercera edad.AFP
El envejecimiento de la población trae importantes costos económicos.

Algunos podrían decir que este fenómeno se reproduce cada vez que hay un cambio generacional, pero este parece ser distinto.

“Los estudios señalan que el porcentaje de personas jóvenes entrando a negocios familiares está cayendo“, le dice a BBC Mundo Alison Lingane, cofundadora de Project Equity, la ONG que viene documentando el impacto del “tsunami plateado” en las empresas familiares.

El diario estadounidense The Wall Street Journal asegura que el porcentaje de menores de 30 años propietarios de un negocio ha caído a su punto más bajo en 25 años.

Algunos culpan de ello a las particularidades culturales de la generación millennial, la misma que parece aborrecer cualquier compromiso económico de mediano o largo plazo, desde comprar un auto hasta fundar una empresa.

Otros analistas apuntan a los elevados niveles de deuda estudiantil, a la creciente inestabilidad económica de sus vidas y a muchas otras explicaciones que en cualquier caso llegan a un mismo punto: el negocio de los viejos va a cerrar por que los jóvenes no seguirán con él.

América Latina más vieja

Las reverberaciones de este cambio demográfico hacia el envejecimiento poblacional se sentirán, con un poco de retraso, y de distintas maneras, en todo el mundo y ciertamente en América Latina.

Anciana en NicaraguaAFP
La transición demográfica también llega a América Latina

Las poblaciones de toda la región se están envejeciendo.

Sin embargo, ningún país lo experimentará tan rápido en América Latina como Cuba. La fertilidad cae, con las parejas teniendo menos niños. Y los avances en la salud hacen que la gente viva más largo.

Una proyección de Naciones Unidas estimaba en 2015 que en 2050 la isla sería el noveno país con la población más anciana del mundo.

Si la proyección se cumple, el cubano promedio tendría entonces 51,8 años y el 40% de la población superaría los 60 años.

Con una porción sustancial de su población superando la edad en la que generalmente son activos laboralmente, la economía de la isla tendrá que adaptarse a volver más productivo el trabajo de los que quedan en el mercado laboral, o resignarse a un crecimiento económico menor.

Problemas en las pensiones

Con menos intensidad, el fenómeno se verá en otras partes del continente.

Juan Carlos Guataquí, investigador en economía laboral de la Universidad del Rosario en Bogotá, Colombia, le dice a BBC Mundo que los costos de esta transición demográfica en América Latina se verán en sectores como el sistema de pensiones de muchos de estos países.

AncianoAFP
Algunas naciones asiáticas tienen el mayor porcentaje de ancianos.

“Con el envejecimiento, habrá menos trabajadores para financiar los sistemas de pensiones de los actuales jubilados. El costo al fisco podrá aumentar sustancialmente, con un impacto negativo en el resto de la actividad económica”, sostiene.

Es un proceso por el que ya pasan naciones como Mónaco, en donde el ciudadano promedio tiene 51 años, o Japón, que tiene el mayor porcentaje de ancianos de cualquier país del mundo.

Cerca del 30% de su población supera a los 60 años, un factor que muchos ven como parte de la explicación para su escaso crecimiento económico y generación de empleo en las últimas dos décadas.

Tsunami plateado: Adaptarse o empobrecer

Ahora bien, el envejecimiento de la población no es una condena irremediable al empobrecimiento.

Pero es un llamado a la adaptación. En Estados Unidos, le asegura a BBC Mundo Alison Lingane, de Project Equity, se pueden hacer muchas cosas para evitar que las microempresas familiares, con su enorme potencial de generación de empleo, desaparezcan por la jubilación de los baby boomers.

“Una solución es promover la venta de las empresas familiares a sus empleados”, asegura.

AncianaAFP
La única alternativa es prepararse para el envejecimiento de la fuerza laboral.

En otros países, en donde la transición demográfica tendrá un impacto particularmente fuerte en los sistemas de pensiones, se habla de aplazar la edad de retiro.

Y en casi todas las naciones, se piden ajustes en las empresas y en toda la sociedad, para asegurar que el trabajo de las personas de la Tercera Edad sea mejor aprovechado, tanto para la satisfacción personal del anciano, como para el bienestar económico de toda la comunidad.

La única opción no disponible, aseguran todos los expertos, es pretender que el cambio demográfico no llegará.

El tsunami plateado viene en camino. Es cuestión de estar preparado para su llegada.

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Qué revelan las máquinas tragamonedas sobre el poderoso negocio de la adicción

Son una de las herramientas más rentables del sector del juego, pero muchos jugadores dicen que ganar no es el objetivo. Entonces, ¿por qué no pueden parar de jugar?
6 de septiembre, 2020
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máquina tragamonedas

Getty Images
La idea es ganar… ¿no?

El primer trabajo de Mollie, cuando era una joven adolescente, fue distribuir cambio para máquinas tragamonedas en una base militar. Para cuando llegó a la madurez, Mollie ya no ganaba su salario con las máquinas tragamonedas, sino que se gastaba todo su cheque de pago en atracones de dos días en ellas.

“Incluso cambié mi seguro de vida por dinero para jugar”, le dijo a Natasha Dow Schüll en una habitación de hotel en lo alto del Strip de Las Vegas. Schüll es una antropóloga que ha estado estudiando el mundo de las máquinas tragamonedas durante dos décadas.

Quizás fue apropiado que la conversación haya tenido lugar entre dos mujeres. Los sociólogos a menudo han descrito el juego como una prueba de hombría, desde un James Bond con esmoquin que demuestra sus nervios de acero en la ruleta de alto riesgo y su habilidad en el póquer, hasta los jugadores de peleas de gallos de Bali analizados por el antropólogo Clifford Geertz en la década de 1970.

Las máquinas tragamonedas, sin embargo, no parecen encajar en absoluto. No requieren habilidad ni nervios de acero. Geertz argumentó que eran una distracción para “mujeres, niños, adolescentes… los extremadamente pobres, los socialmente despreciados y los personalmente idiosincrásicos”.

Pero las máquinas tragamonedas no son un juguete. Son fantásticamente rentables y han crecido como una especie invasora.

Protagonistas

Las encontré en masa en 2005, cuando viajé a Las Vegas para escribir sobre teoría del juego en la Serie Mundial de póquer.

Detalle de carnet del mundial de póker 2005

Getty Images
El póker resultó no ser la principal atracción.

Decenas de periodistas se apresuraron a entrevistar a jugadores estrella. Las máquinas tragamonedas parecían un telón de fondo decorativo deprimente pero colorido, que acogían a jugadores obesos y ancianos que las montaban como sillas de ruedas motorizadas.

Fue solo más tarde que me di cuenta de que realmente el Mundial de Póquer era el telón de fondo decorativo. En lo que respecta a los casinos, las máquinas tragamonedas se habían convertido en el evento principal.

No solo en los casinos: la industria del juego de Reino Unido, una vez dominada por las apuestas en las carreras de caballos, se ha vuelto dependiente de una especie de máquina tragamonedas llamada Terminal de apuestas de probabilidades fijas. Cuando el gobierno anunció en 2018 que se reducirían los tamaños máximos de las apuestas, una casa de apuestas respondió diciendo que tendría que cerrar casi 1.000 sedes.

Ganar no importa

Mollie gasta tanto en las máquinas tragamonedas que un hotel de Las Vegas la ha invitado a quedarse allí de forma gratuita. ¿Espera una gran victoria?, pregunta Natasha Dow Schüll. No. Ella sabe que no hay posibilidad de eso.

“Lo que la gente nunca entiende es que no estoy jugando para ganar”.

¿Un jugador al que no le importa ganar? Eso no parece correcto.

máquina tragamonedas

Getty Images
El botín, para jugadores como Mollie, es irrelevante…

Pero durante mucho tiempo hemos intentado entender qué son realmente las máquinas tragamonedas y la lección que tienen que enseñarnos sobre la economía moderna.

La historia

Generalmente se cuenta que las máquinas tragamonedas comenzaron en Estados Unidos alrededor de 1890.

La Compañía de Juguetes Ideal de Chicago fabricó una con cinco tambores giratorios, cada uno con diez naipes. Si, tras insertar una moneda cinco cartas se alineaban en una mano de póker decente, un asistente te daba un premio. Una firma de Brooklyn, Sittman and Pitt, hizo una versión en 1893 que fue popular en Estados Unidos.

Fue entonces que a Charles Fey, un inmigrante de San Francisco desde Baviera, se le ocurrió la idea de simplificar el dispositivo. Con solo tres carretes, el mecanismo se volvió lo suficientemente sencillo como para que la máquina pagara sin la necesidad de un asistente humano.

La máquina fue un éxito en San Francisco, hasta que el taller de Fey fue destruido en un incendio a raíz del terremoto de 1906.

Pareja feliz con jackpot

Getty Images
…aunque para otros jugadores, ganar -a juzgar por esta foto- es emocionante.

Las máquinas tragamonedas modernas son simplemente computadoras en caparazones, con sus gruesas palancas diseñadas para evocar las viejas máquinas mecánicas.

Es este cambio digital lo que ha hecho que las máquinas tragamonedas sean tan rentables. No hay necesidad de preocuparse por alimentarlas con monedas -el trabajo que solía tener la adolescente Mollie- porque los jugadores llevan tarjetas digitales en cordones que los conectan umbilicalmente a las máquinas.

La zona

Los jugadores nunca necesitan moverse; entran en lo que Mollie llama “la zona”, un estado de absorción similar a un trance donde el resto del mundo se disuelve.

Ganar simplemente significa más crédito, y más crédito significa más “T.O.D”, el acrónimo de time on device o tiempo en el dispositivo.

De eso estaba hablando Mollie cuando dijo que no estaba jugando para ganar.

Tres mujeres jugando en máquinas tragamonedas en la piscina

Getty Images
En la zona… de la piscina.

Las máquinas tragamonedas modernas no son como las loterías o la ruleta, en las que los jugadores viven con la esperanza de ganar el premio mayor.

En cambio, tragan apuestas bajas -tal vez 100 apuestas de un centavo, distribuidas en una cuadrícula vertiginosa de posibles combinaciones ganadoras- y constantemente escupen pequeñas ganancias también (si es que se pueden describir como ganancias).

Si has hecho 100 apuestas de un centavo y recuperas veinte centavos, ¿es realmente una victoria? Con luces intermitentes y jingles de celebración, la máquina te dirá que sí.

El 18%

En una máquina estudiada por investigadores, 100 giros producían 14 ganancias reales -la máquina devolvía más de lo que el apostador había puesto- y 18 falsas ganancias -en las que el jugador recibía algo con gran fanfarria, pero menos de lo que había apostado-.

El mismo equipo de investigación pasó a demostrar en experimentos de laboratorio que una máquina con esa tasa del 18% de falsas victorias era más adictiva que las máquinas con muchas más o muchas menos falsas victorias.

Los diseñadores de máquinas tragamonedas no investigan por gusto: la industria es ferozmente competitiva.

máquina tragamonedas

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El ganador, como siempre, es el casino.

Una máquina de US$10.000 puede pagarse sola en un mes, si atrae a los jugadores. De lo contrario, será reemplazada por una con una olla de palomitas de maíz de la que burbujean bolas de lotería, o una que lance aroma a chocolate en la cara del jugador, o una que, en la voz de Donald Trump, anuncie: “¡estás despedido!”… cualquier cosa para deleitar y sorprender.

Siempre están buscando construir una mejor ratonera, y nosotros somos los ratones.

La fuerza de la adicción

B.F. Skinner, uno de los psicólogos más famosos del siglo XX, no se habría sorprendido.

En la Universidad de Harvard, Skinner solía investigar el comportamiento dándole a ratones que apretaban una palanca la recompensa de una bolita de comida.

En una ocasión, les dio la recompensa de forma intermitente: a veces la bolita salía, otras, no. No había forma de que el ratón lo supiera. Sorprendentemente, la recompensa impredecible fue más motivadora que una recompensa generosa y confiable.

B.F. Skinner

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B.F. Skinner no se habría sorprendido.

Los adictos a las tragamonedas como Mollie están igualmente enganchados, absortos en “la zona”.

La antropóloga Natasha Dow Schüll una vez vio imágenes, capturadas con la cámara de seguridad de un casino, de alguien que sufría un ataque cardíaco en una máquina tragamonedas:

“Él… colapsa repentinamente sobre la persona a su lado, que no reacciona en absoluto… dos transeúntes lo estiran, uno de ellos es una enfermera de emergencias fuera de servicio. Pocos jugadores en las inmediaciones se mueven de sus asientos… en menos de un minuto, un oficial de seguridad aparece en la escena con un desfibrilador, le da dos descargas eléctricas al hombre… A pesar del hombre inconsciente que yace literalmente a sus pies, los otros apostadores sigue jugando”.

¿Estás seguro de que a ti no te pasa?

Las investigaciones sugieren que las máquinas tragamonedas pueden crear adictos mucho más rápidamente que otras formas de juego, como loterías, juegos de casino o apuestas deportivas.

Pero igualmente desconcertante es la sensación de que en los últimos años, la psicología de la máquina tragamonedas se ha escapado del casino y ha migrado a nuestros bolsillos.

Los adictos en recuperación evitan ir a lugares donde podrían ver máquinas tragamonedas, pero no hay ningún lugar al que podamos escapar de nuestros teléfonos, y hay muchas buenas razones para estar mirándolos.

Todos hemos visto gente “en la zona”, ajena a sus compañeros o al tráfico porque el teléfono es lo único que importa.

Es ese refuerzo intermitente de nuevo: ¿hay más correo electrónico? ¿Algún “me gusta” en Facebook?

Muchos juegos de computadora son más descarados en el uso de refuerzo intermitente, ofreciendo “cajas de botín” con esos destellos familiares y recompensas impredecibles.

Se parece mucho a un juego de azar, y a menudo son juegos de azar para menores de edad.

~Tim Harford escribe la columna “Economista clandestino” en el diario británico Financial Times. El Servicio Mundial de la BBC transmite la serie 50 Things That Made the Modern Economy. Puedes encontrar más información sobre las fuentes del programa y escuchar todos los episodios o suscribirte al podcast de la serie.


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https://www.youtube.com/watch?v=Yd02AZz63Sw

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