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De Puebla a Malasia: Alumnos del Conalep van a la final mundial de F1 in Schools en Kuala Lumpur

Con el ingenio como principal fortaleza, cinco alumnos del Conalep Puebla II competirán con escuderías de 44 países en la final mundial del reto F1 in Schools, en Malasia.
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Por Jardiel Palomec
9 de julio, 2017
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Cinco alumnos del Conalep Puebla II diseñaron un auto a escala de Fórmula 1, desarrollaron un plan de negocios y rebasaron a todas las escuderías rivales —algunas de escuelas privadas, como la del Tec de Monterrey o de la Universidad Panamericana—para conquistar la final nacional del Desafío F1 in Schools.

Tras su victoria, Emmanuel García, Myriam Huitzil, Paola García, Julio Alan Cebada y Kevin Osvaldo Parada, de la Escudería Alebrijes, viajarán en septiembre a Kuala Lumpur, en Malasia, para participar en la final mundial, donde competirán con equipos de 44 países.

Además, este grupo de cinco jóvenes participarán en una serie de actividades, como voluntarios y visitas guiadas, durante el Fórmula 1 Gran Premio de México.

“Hace un año quedamos en tercer lugar, por eso pensamos en dar lo mejor, no sólo porque somos una escuela pública, sino porque tenemos el talento y obviamente creemos en nosotros mismos. Somos campeones y se siente mucha satisfacción”, aseguró Emmanuel García.

Para la coordinadora de F1 in Schools, Marisol Tello, no fue sorpresa que una institución pública haya ganado, porque cerca de 95% de las escuelas que participan son de gobierno.

“Yo sí esperaba que ganaran, porque cuentan con asignaturas que los preparan para estos retos, como mecatrónica, máquinas, herramientas… y un proyecto como este se aterriza mucho al plan de estudios” del Conalep, explicó.

Mientras otros resuelven sus problemas con dinero, nosotros lo hacemos con creatividad[/animalp-quote-highlight]

¿Qué es F1 in Schools?

Este desafío tiene el objetivo de cambiar la idea que los jóvenes de entre 17 y 19 años tienen de la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas.

El reto consiste en que cada una las escuderías participantes debe simular todos los procesos por los que pasa un equipo de Fórmula 1 en la vida real: diseñar, analizar, fabricar, probar y correr un carrito miniatura, propulsado por un tanque de CO2, en una pista de 25 metros de largo.

Pero ser los más veloces en la pista no es la única prueba. El jurado de F1 in Schools también califica el modelo de negocios, el diseño del auto, las innovaciones y la presentación verbal de cada una de las escuderías.

Alebrijes con responsabilidad social

En el plan de negocios, los alumnos del Conalep incluyeron apartados para regalar quimioterapias a niños de escasos recursos y para ayudar a animales en peligro de extinción.

“Creamos una fundación: Por cada tres mil taparroscas que juntábamos, regalábamos una quimioterapia para un niño. En total, regalamos dos, pero esas tapitas se reciclaron y también sirvieron para crear moldes de prótesis.

“Buscamos también una fundación para ayudar a animales en peligro de extinción, hicimos un convenio y les dimos parte de nuestros recursos. Juntamos más o menos 60 mil pesos y 35% de eso se fue a los animales”, cuenta Emmanuel.

Creatividad contra el rezago tecnológico

A pesar de que saben que México no es candidato a los primeros lugares de la final mundial de F1 in Schools, los alumnos del Conalep viajarán a Malasia con la idea de regresar con un reconocimiento.

“Necesitamos más apoyo de personas que saben de estos temas. A veces los encontramos, les decimos que nos apoyen y responden que no tienen tiempo o simplemente no quieren ayudarnos”, dice Emmanuel, quien considera que las escuderías de Grecia, Alemania, Australia y Reino Unido son las favoritas para llevarse los primeros lugares.

Al explicar qué hace falta para que los equipos mexicanos aspiren a ganar la final mundial, Emmanuel señala: “Aquí somos muy creativos, pero en esos países la tecnología es más avanzada. Parece que son 5 años más avanzados que nosotros. En México no tenemos la maquinaria que necesitamos y por eso estamos en desventaja”.

—¿Su creatividad les ayuda para reponerse de la desventaja tecnológica?

—Sí, porque nos ayuda a investigar más. Investigamos temas como el material de la pista, buscamos materiales que sean más rápidos y diseñamos diferentes soluciones. Nosotros con poco dinero hicimos mucho. Mientras otros resuelven sus problemas con dinero, nosotros lo hacemos con creatividad.

Te recomendamos: Todos los alumnos tienen talento: qué aprende América Latina de la educación en Finlandia.

La carrera contra el tiempo

Además de pulir todos los aspectos de su escudería, los alumnos del Conalep Puebla II tienen que reunir alrededor de 500 mil pesos antes del 23 de septiembre, para viajar a la final del Desafío F1 in Schools.

“Lo que se busca es que ellos sean autosustentables y, través de patrocinios, puedan solventar todos los gastos, desde cómo comprar comida, o cómo vamos a pagar los boletos de avión, el hotel en Malasia, pensar en cómo mejorar el auto y la logística para transportar todo su material”, explica Tello.

Por esa razón, los alumnos se han acercado a empresas como Audi, Volkswagen o Chevrolet para buscar patrocinios más grandes que les permitan continuar con sus sueños.

“A nivel nacional, el Conalep nos está apoyando para el financiamiento que necesitamos”, dice Emmanuel, quien precisa que aún no saben cuánto dinero les falta por juntar porque “estamos en proceso de definir los patrocinios que nos van a dar”.

El Gran Premio de Malasia de la Fórmula 1 se disputará del 29 de septiembre al 1 de octubre, en el Circuito Internacional de Sepang, donde otro mexicano, Sergio Checo Pérez, competirá por la victoria, solo que él lo hará con un auto real de la Escudería Force India.

El Fórmula 1 Gran Premio de México se disputará del 27 al 29 de octubre en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

Si quieres seguir y apoyar a la Escudería Alebrijes, te puedes poner en contacto con ellos a través de su perfil en Twitter o en Facebook.

 

 

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G. D. Olmo

Cómo es la vida en la Colonia Tovar, el enclave alemán de Venezuela que resiste a la escasez y la inseguridad

Los habitantes de la Colonia Tovar, un hermoso pueblo fundado en el siglo XIX por colonos alemanes en lo alto de una montaña junto al mar Caribe, viven lejos de la escasez y la inseguridad frecuentes en otros lugares del país.
G. D. Olmo
28 de junio, 2019
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“Vivir aquí es una bendición”, proclama con la más ancha de sus sonrisas José Rivera.

En esta fresca mañana de sábado ha montado en la plaza central del pueblo su bien surtido puesto de frutas.

Frambuesas, duraznos, aguacates, moras… José tiene de todo.

Su puesto despliega más colores que la paleta de un pintor expresionista. Por eso atrae cada fin de semana a los turistas que visitan la Colonia Tovar, a pocos kilómetros de Caracas, en lo alto de un montaña.

Este agricultor de 50 años se dice un privilegiado en la Venezuela de la crisis. Heredó una finca que explota junto al resto de su familia: “Toda la vida nos ha ido bien”, dice.

Relatos como este no abundan en la Venezuela actual.

Pero este lugar no es solo venezolano; es también alemán.

Sí, han leído bien; la Colonia Tovar es alemana.

Paseando por sus calles, repletas de cervecerías de estilo bávaro y restaurantes que sirven una amplia variedad de salchichas con repollo agrio, o contemplando su iglesia principal, dedicada a un santo católico que murió mucho antes de que los europeos tuvieran noticia de la existencia de América, cuesta imaginar que el Caribe queda a poco más de 30 kilómetros.

También el blanco caserío con gruesas vigas de madera que salpica su verde y montañoso paisaje recuerda más a la Selva Negra alemana o a los Alpes italianos que a nada que uno pudiera asociar a la tropical Venezuela.

¿Cómo surgió y sobrevivió esta “Alemania del Caribe”?

Colonia Tovar.
G. D. Olmo

En el mercadillo de los fines de semana los turistas pueden adquirir la fruta que se cultiva en los alrededores, conocida por su gran calidad.

El viejo Ciro Enrique Breidenbach es su cronista y conoce la historia mejor que nadie.

“Hacia 1840, durante el gobierno de José Antonio Páez, había una gran emigración del campo a la ciudad y la producción agrícola de Venezuela estaba cayendo, así que se encargó al militar y geógrafo italiano Agostino Codazzi un plan para atraer colonos alemanes que trabajaran los campos”, cuenta, mientras muestra con delicadeza de entomólogo el original del primer contrato de asentamiento suscrito con uno de estos colonos.

Martín Tovar Ponte, uno de los próceres de la independencia, aportó las tierras a unos 2.000 metros de altura sobre el nivel del mar en las que hoy se asienta la colonia, agraciada por un clima benigno y un suelo fértil que son una de las razones por las que aquí no se da la escasez de alimentos que aqueja a otros lugares del país.

Dos años después, un grupo de 60 familias de la aldea de Endingen, en el actual estado alemán de Baden-Wurtemberg, en apuros tras una época de malas cosechas, aceptaban la oferta de Codazzi e iniciaban una travesía por el Atlántico que les llevaría a las tierras de Tovar.

Nacía así este sitio tan peculiar.

“Codazzi quería mantener a los alemanes aislados de la población local porque temía que el contacto con los venezolanos arruinaría su carácter trabajador”, relata el cronista.

Él mismo, descendiente de alemanes, es un ejemplo vivo de que no lo logró.

Con el tiempo, colonos y autóctonos fueron emparejándose, dando lugar a un excepcional mestizaje germano-venezolano que perdura en la actualidad.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
El cronista de la ciudad muestra un documento con los nombres de los primeros colonos del lugar.

Alemanes en Venezuela

Mariel Rivero, camarera en uno de los mesones típicos de la localidad, está casada con un ciudadano alemán y sus dos hijas tienen el pasaporte de ese país europeo.

“Es muy agradable vivir aquí; la colonia me lo ha dado todo”, cuenta.

Cabellos rubios y ojos azules como los suyos, poco frecuentes en el Caribe, abundan aquí.

Son parte de un legado que los más concienciados de los colonieros, como se conoce a los habitantes de la colonia, tratan de conservar.

Es el caso de Carlos y Tulio Misle, padre e hijo involucrados ambos en proyectos vinculados al origen alemán de la comunidad.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Mariel Rivero se siente agradecida y sus hijas tienen la nacionalidad alemana.

Tulio viajó a Alemania para formarse y regresó para montar una empresa de producción de vinos y cerveza artesanal que ahora intenta expandir pese al contexto económico adverso en el país.

“Producir aquí una bebida tradicional de la Colonia es un orgullo”, afirma, mientras atiende a los clientes de su negocio.

Carlos, su padre, está empeñado en salvar el alemán coloniero, el habla local resultado de la fusión del español con el alemánico, un raro dialecto del alemán que trajeron consigo los primeros colonos.

“Un grupo de personas comprometidas con el rescate de nuestro acervo cultural llevamos dos años dedicadas a escribir la gramática del alemán coloniero”, cuenta.

Alarmados por un estudio en el que comprobaron que cada vez quedan menos hablantes, se decidieron a “unificar el dialecto para que no se pierda” y han producido un manual para que el curso que viene los más pequeños comiencen a estudiarlo en algunas escuelas del municipio.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Muchos de los muertos que descansan en este cementerio son de orígenes alemanes.

Uno de los factores que lo han ido arrinconando ha sido el turismo

Pero es también una de las fuentes de riqueza de la Colonia.

Lo sabe bien Ankeith Bracamonte, que hace unos años decidió dejar su puesto de empleado público para fundar una agencia de viajes junto a dos socios.

“El principal atractivo es la gastronomía, que cada fin de semana trae a visitantes, sobre todo de Caracas, pero también de Maracay y Valencia”, indica, refiriéndose a las principales ciudades de Venezuela.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
La gastronomía alemana es uno de los reclamos turísticos de la Colonia Tovar.

La estampa habitual cualquier fin de semana aquí es muy distinta de las colas, protestas o mercados desabastecidos que suelen proyectar los informativos internacionales cuando hablan de Venezuela..

Entre los que se divierten este fin de semana están Armando Nazerdine y sus dos primos. Hijo de inmigrantes libaneses que se instalaron en Venezuela en la década de 1980 huyendo de la guerra en su país, ahora vive en la Isla Margarita, se siente un venezolano más y da gracias por lugares como este.

“Venezuela es tierra de paz y armonía” cuenta, mientras se balancea en el remolque del vehículo rústico que los pasea a él y a otros visitantes por los alrededores de la Colonia.

A bordo va también Dugleilis Sibad, empleada del Estado que ha venido con una amiga desde Valencia a disfrutar del día.

Acaba de degustar una muestra del chocolate elaborado con el cacao criollo, la variedad local, y está de mejor humor incluso que cuando llegó.

“Todo esto es muy bonito. El clima es muy agradable y hay una gran variedad de frutas, verduras y artesanía”, comenta.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
La Iglesia que preside la localidad está dedicada a San Martín de Tours, un santo católico europeo.

Una zona “segura” en Venezuela

El turismo es también una de las claves que explican que, según sus habitantes, la Colonia siga siendo un lugar relativamente seguro pese a ubicarse en el estado Aragua, considerado uno de los más violentos y peligrosos de Venezuela.

Reinaldo, el conductor que pasea a Dugleilis y a Armando, explica por qué: “El asunto de la inseguridad está controlado aquí; quienes trabajamos en el turismo hacemos de patrullas civiles y reaccionamos en cuanto hay algo sospechoso porque no nos interesa que la Colonia Tovar pierda su buena fama”.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Reinaldo se gana la vida paseando turistas por los alrededores. “Quienes vivimos del turismo velamos por la seguridad”, afirma.

¿Y qué hay de los apagones, la otra lacra que ha hecho insoportable el día a día de muchos venezolanos?

La Colonia también tiene suerte en esto. Al ubicarse en la misma línea que da servicio a Caracas, cuyo suministro prioriza el gobierno, los cortes de electricidad son muy raros aquí.

Y sin embargo, los colonieros no son totalmente inmunes a la crisis.

Inge Hubrig regenta una charcutería que presume de que su fundador, su difunto esposo, elaboró en 1993 la salchicha más grande del mundo.

Vive “tranquilamente” aquí desde hace 39 años, pero ahora ha empezado a ver algo nuevo para ella. “A veces llega gente pobre pidiendo salchichas; yo se las regalo, claro”.

Colonia Tovar.

G. D. Olmo
Inge cuenta que ahora hay gente que se acerca a su negocio a pedir que les regalen comida.

Sentado en el comedor de un coqueto hotel que antes tenía menos habitaciones libres, Esteban Bocaranda, alcalde del municipio Tovar, el que engloba a la colonia, confirma los nubarrones en el horizonte.

“La Colonia permanece viva porque es un centro turístico nacional y, aunque no tenemos manera de medirlo científicamente, hemos notado que llegan menos turistas y algunos negocios han cerrado”, dice.

“También se han ido muchos muchachos y ahora los tenemos regados por toda América”.

El alcalde mira el cielo plomizo a través del amplio ventanal antes de responder a mi última pregunta: “Mire, aquí intentamos permanecer ajenos a lo que pasa en el resto del país”.


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