El niño que se financió sus estudios al descubrir un sapo que se pensaba extinto
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Foto: LUIS A. COLOMA

El niño que se financió sus estudios al descubrir un sapo que se pensaba extinto

Un centro de conservación en Ecuador ofreció en 2016 una recompensa de mil dólares en efectivo para quien encontrase al sapo perdido.
Foto: LUIS A. COLOMA
Por BBC Mundo Ciencia
14 de julio, 2017
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Tan abundantes era el sapo jambato negro en los Andes del norte de Ecuador, que cuando uno caminaba por allí había que tener cuidado de no pisarlos. Así lo relata en sus crónicas un célebre científico español que exploró la región a finales del siglo XIX.

Para los niños, estos sapos de vientre anaranjado brillante y dorso negro azabache, eran compañeros de juego. Para sus padres, un antídoto eficaz contra un cúmulo de enfermedades: servían para curarles el “espanto” a los pequeños, para tratar verrugas y erupciones cutáneas e incluso para aliviar el dolor de cabeza.

Pero hace tres décadas comenzaron a desaparecer. La población de Atelopus ignescens mermó a tal punto que los científicos lo dieron por extintohasta que David Jailaca, un niño campesino de 10 años lo encontró.

Atelopus ignescensLUIS A. COLOMA
En el campo usaban a la rana para tratar varias enfermedades.

El niño lo encontró en un pueblo remoto cinco horas al suroccidente de Quito.

Gracias a su hallazgo, los investigadores volvieron a la zona y rescataron a una colonia fundadora genéticamente viable de 45 individuos. Y, ahora, por primera vez, lograron reproducir a esta especie en cautiverio.

Este hito constituye un paso crítico para garantizar la supervivencia de esta especie, amenazada por el cambio climático, la pérdida de hábitat, la introducción de especies foráneas, y la enfermedad provocada por el hongo quítrido que está aniquilando a los anfibios en todo el mundo.

La insistencia de David

El Centro Jambatu de Investigación y Conservación de Anfibios en Ecuador ofreció en 2016 una recompensa de US$1.000 en efectivo para quien encontrase al sapo perdido.

Familia JailacaLUIS A. COLOMA
El hermano mayor de David también ayudó a encontrar a la rana.

Más para crear conciencia sobre la desaparición de los anfibios que para encontrar al sapo, que cada vez creían menos posible.

“Justo cuando habíamos perdido nuestras esperanzas, una familia campesina de un sitio remoto no avisó que su niño había visto a la ranita”, le dice a BBC Mundo Luis A. Coloma, investigador y director del centro.

“La primera vez que él y el cura del pueblo -que había pasado el mensaje del centro a la comunidad- nos mandaron una foto vimos que no era. Pero el niño insistió en que la había visto. Y la segunda vez que nos mandaron una foto, vimos que sí era la especie (que buscábamos)”.

David, de unos 10 años, la encontró junto a su hermano mayor en un campo de alfalfa al lado de su casa. El premio le permitió a su familia mejorar las condiciones de su vivienda y financiar los estudios de los niños.

Rescate y conservación

Coloma aún no sale de su asombro de que se haya encontrado a la rana.

Jambato negroWIKICOMMONS
Había tantos jambatos negros que había que tener cuidado de no pisarlos, cuenta un científico español que visitó la región en el siglo XIX.

Cuando visitaron la zona del hallazgo, lo que los investigadores hicieron fue un verdadero rescate.

“En ese sitio están construyendo una carretera y se estaban muriendo todos los animales”, dice.

“Había muchas amenazas en ese sitio. Al analizar muchos de los ejemplares, descubrimos que muchos estaban contaminados con el hongo quítrido”.

Tras obtener renacuajos en cautiverio, el próximo paso será reintroducirlos en su hábitat.

Y, según señala el investigador, la idea es incluir a la comunidad en los planes de conservación.

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Ciela Ávila

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Ciela Ávila
Por Ciela Ávila
16 de octubre, 2021
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En Ciudad Juárez, Chihuahua, las mujeres que deciden subirse al ring, sin importar si son rudas o técnicas, enfrentan juntas el machismo. A pesar de que en la lucha libre predominan los hombres, ellas también practican este deporte en el cuadrilátero.

“Estar dentro del ambiente de la lucha, como mujer es difícil porque arriba todas somos iguales […] ha sido complicado, he sufrido buenos golpes”, dice Lady Candy, presentada con cariño como “La Chaparrita de Oro” desde hace más de tres años.

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En la década de 1950, las mujeres tenían prohibido pisar los recintos de lucha libre. Pero hoy, desde la Arena Anáhuac, Leslie Martínez asegura que ha pasado la mitad de su vida en el cuadrilátero, a pesar de que en la infancia no le gustaba disfrutar del espectáculo cuando su mamá la llevaba con sus hermanos.

“Comencé a crecer y como que le empecé a agarrar gusto, veía a las luchadoras y se me hacían padres sus trajes, la lucha y todo”, expresa quien tiene aproximadamente una década de dedicarse a esto.

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