En Veracruz se entregó por decreto recursos a empresas fantasma: Exjefe de Policía de Duarte
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En Veracruz se entregó por decreto recursos a empresas fantasma: Exjefe de Policía de Duarte

Según declaró Arturo Bermúdez estos pagos hechos a empresas fantasmas supuestamente eran por conceptos de comunicación social, pero no había ni licitaciones; el monto del presunto desvío con esta mecánica superaría los 500 millones de pesos.
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Por Arturo Angel @arturoangel20
25 de julio, 2017
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El exsecretario de Seguridad Pública de Veracruz, Arturo Bermúdez, confesó a la Procuraduría General de la República (PGR) que en la administración de Javier Duarte se hicieron pagos a empresas fantasma con recursos públicos, por órdenes de un decreto firmado por el propio exgobernador.

El monto del presunto desvío con esta mecánica superaría los 500 millones de pesos, como arrojan 348 facturas de las que Animal Político tiene copia.

En el resumen que la PGR dio de la declaración de Bermúdez, durante la audiencia de vinculación a proceso contra Javier Duarte, el exSecretario de Seguridad Pública reconoció que hubo malos manejos de recursos públicos; y aseguró que el exgobernador de Veracruz  firmó un decreto para que el presupuesto de comunicación social, que correspondía a distintas dependencias del estado, fuera manejado y aprobado directamente por la Secretaría de Finanzas estatal.

“El dinero terminó en proveedores que se dedicaban a emitir facturas pero que no tenía la capacidad de hacer ningún trabajo. Eran empresas de estas de papel”, dijo el funcionario según el relato hecho por la fiscal.

Como la audiencia del pasado sábado 22 de julio solo era para que la PGR presentara indicios, no se profundizó en mayores detalles sobre la declaración de Arturo Bermúdez, quien también está preso por cargos de enriquecimiento ilícito,  sin embargo, la Procuraduría anunció que obtendrán una ampliación de la declaración ministerial.

Este pago a empresas fantasma, confirmado por Bermúdez Zurita, involucra por lo menos a 19 empresas y 12 dependencias, de acuerdo con una investigación que Animal Político publicó el pasado 8 de diciembre.

No hubo licitaciones

A lo largo del año 2014, la Secretaría de Finanzas avaló 348 facturas de pago a distintos proveedores que, supuestamente, habían realizado el servicio de “difusión de actividades del gobierno de Veracruz”. Es decir, era gasto de comunicación social.

Pero no hubo licitaciones para autorizar alguno de estos pagos, porque las 12 dependencias a nombre de las cuales estaban las facturas, no tenían facultades legales para llevar procesos de adquisición por estos rubros. Pese a ello de sus arcas salieron los recursos facturados.

En total, fueron 502 millones 571 mil pesos los recursos que tan solo en 2014 se entregaron por conceptos de “difusión de actividades” a las empresas fantasma.

La dependencia de donde salió la mayor cantidad de dinero fue, justamente, la Secretaría de Seguridad Pública de la entidad, que dirigía Arturo Bermúdez, con un total de 54 millones 423 mil 728 pesos facturados a las compañías fachada.

Luego se encuentra la Secretaría de Turismo con 51 millones 238 mil 966 pesos; la Secretaría de Desarrollo Social con 50 millones 78 mil 969 pesos; la Secretaría de Desarrollo Económico y Portuario con 48 millones 474 mil 661 pesos; la Secretaría de Educación con 47 millones 679 mil 322 pesos; la Secretaría de Salud con 46 millones 976 mil 222 pesos.

También salieron recursos, por este concepto, de la Secretaría de Protección Civil con 46 millones 625 mil 400 pesos; Secretaría de Gobierno con 41 millones 78 mil 690 pesos; Secretaría de Medio Ambiente con 39 millones 612 mil 422 pesos; Secretaría de Desarrollo Agropecuario, Rural y Pesca con 39 millones 305 mil 604 pesos.

De la entonces Procuraduría de Justicia de Veracruz (hoy Fiscalía) se pagaron a esta red de compañías fantasma 36 millones 401 mil pesos, mientras que a nombre de la Secretaría de Comunicaciones del estado se facturaron 676 mil 700 pesos.

Las empresas involucradas

De las 19 empresas que recibieron recursos por 500 millones de pesos, hay 10 que pertenecen a la red de compañías fantasma que Animal Político reveló en una investigación. Estas compañías participaron en 2012 y en 2013 en licitaciones simuladas y adjudicaciones directas en las secretarías de Desarrollo Social, Protección Civil y Educación.

Pero, en 2014 se les utilizó para facturarles el 83% de los 502 millones de pesos por los supuestos gastos en comunicación social.

Se trata de las empresas presas Carrirey, Ravsan Servicios Múltiples, Anzara, Mogarver, Merca Carrey, Marvercarr, Publicidad Akkira, Saervizios Oktagonales, Centro de Recursos de Negocios CERENE, y Desarrolladores Mercalim.

Todas estas compañías solo existen en papel. El Servicio de Administración Tributaria realizó auditorías que confirmaron que eran empresas falsas, que facturaban operaciones simuladas.

Las otras nueve empresas que también facturaron gastos de comunicación social son: Comercial Patrol, Principal Enajena, Promoción y Comunicación, Comercializadora Jisar de México y Compañía Sanagora de Servicios, cuyas actas de constitución se encuentran inscritas en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Además están  Gman Smart Business, Servicios Integrales de Mercadotecnia y Producción de Eventos SIMPE y Servicios Generales M, constituidas en Veracruz y Boca del Río.

Animal Político publicó en diciembre pasado que este segundo grupo de compañías tampoco existe. Algunas comparten domicilios con otras empresas ya verificadas como inexistentes. Hay una de las compañías, Servicios Generales M, cuyo domicilio corresponde en realidad a una estética de belleza.

Desvíos por decreto

La administración de Javier Duarte logró a través de decretos, que recursos públicos que estaban etiquetados para ciertos objetivos fueran desviados para otros fines, con el argumento de que había necesidades urgentes que deberían atenderse.

Además del caso confesado por Bermúdez, el 19 de diciembre del 2011 el entonces gobernador de Veracruz publicó el decreto 289 en la Gaceta Oficial del Estado, con el que facultó a la Secretaría de Finanzas a tomar recursos de partidas estatales y federales etiquetadas y dirigirlo a rubros distintos.

Tanto la auditoría federal como la veracruzana han documentado presuntos desvíos que superan los 40 mil millones de pesos en Veracruz. 

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

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Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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