Seis mexicanos participarán en una misión de simulación de la ONU para llegar a Marte
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Foto: NASA

Seis mexicanos participarán en una misión de simulación de la ONU para llegar a Marte

Con un robot dotado de inteligencia artificial y un chaleco capaz de monitorear los signos vitales; un equipo de 6 mexicanos son parte de una misión espacial, que busca llegar a Marte.
Foto: NASA
Por Daniel Francisco y Myriam Núñez (UNAM Global)
29 de julio, 2017
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Seis universitarios mexicanos participarán en una misión de simulación espacial, que buscará analizar las condiciones de los astronautas, con el propósito de cumplir uno de los sueños de la humanidad: llegar a Marte.

La Poland Mars Analogue Simulation 2017 (PMAS), en la que participarán los mexicanos, es una misión de la Agencia Espacial Europea (ESA) Moon Village y la Space Generation Advisory Council (SGAC), que da soporte al Programa de Aplicaciones Espaciales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

La delegación mexicana está conformada por Carlos Salicrup (UNAM), Danton Bazaldua (UNAM), Walter Calles (IPN), Carmen Félix (ITESM), Juan Carlos Mariscal (UNAM) y Yair Piña (UNAM). La misión se llevará a cabo del 28 de julio al 13 de agosto en dos estaciones científicas localizadas en la región Báltica de Europa.

¿Cómo se comporta el ser humano en estas simulaciones espaciales?, ¿Cómo se trabaja en equipo con personas de diferentes culturas, razas y religiones? Las respuestas contribuirán a que se pueda realizar el viaje a Marte, en un futuro.

Leer también: El plan de la NASA para hacer otro planeta habitable para los humanos

El equipo mexicano

El piloto y médico egresado de la Facultad de Medicina de la UNAM, Carlos Salicrup, será líder del equipo PMAS, junto a otros doctores de diversas nacionalidades estarán pendientes de los astronautas análogos, las 24 horas, durante los 15 días de la misión.

Carmen Félix, astronauta análoga y maestra en Ciencias Espaciales por la International Space University (ISU) en Francia, egresada del Tec de Monterrey, será la supervisora de la misión.

Yair Piña, estudiante de la Facultad de Ciencias de la UNAM, participará  como comunicador de cápsula, en el centro de soporte de misión, donde se les brinda el apoyo necesario a los astronautas análogos.

Dos creaciones mexicanas para Marte

Desde hace dos años, el Consejo Consultivo de Generación Espacial (SGAC) invita a estudiantes e investigadores, de todo el mundo, a proponer proyectos que se puedan probar con los astronautas, en misiones de simulación. Este año fueron aprobados 18 experimentos, dos de ellos son de México, ambos desarrollados en la UNAM.

Primero fue Rover, un prototipo de robot para explorar Marte, dotado de inteligencia artificial y con la capacidad de ser autónomo. Fue diseñado por UNAM Space para tomar muestras de la superficie; primero las ubica, luego, traza la ruta por medio de algoritmos para recogerlas. Por último las deposita en un contenedor.

El equipo creador de Rover, liderado por Juan Carlos Mariscal, de la Facultad de Ingeniería de la UNAM, busca la innovación tecnológica en cuanto a robótica espacial de exploración.

“Monitoreo remoto de signos vitales”, es el segundo proyecto, desarrollado por los estudiantes Danton Bazaldua, de la UNAM, y Walter Calles, del Instituto Politécnico Nacional.

Es un chaleco que medirá la temperatura del cuerpo, el pulso y la frecuencia respiratoria de los astronautas. Cuenta con un sensor de electrocardiograma que transmite la información a una red, la cual se puede consultar en tiempo real desde cualquier parte del mundo. Si la misión tiene éxito, será consultado desde Marte.

El equipo médico tiene un acelerómetro o sensor de posición que indicará el estado del astronauta, si tiene actividad física. Además tiene un sensor de temperatura y otro de oxígeno, que ayuda a medir la frecuencia cardíaca en el astronauta, y si su respiración es adecuada.

Será el único proyecto de telemedicina de la misión y ayudará a medir en tiempo real las reacciones físicas de los astronautas, “permitirá un control serio y restringido de los signos vitales, así como un monitoreo certero de la salud del astronauta y de que sus actividades las realiza favorablemente”, explica la supervisora.

Carmen Félix piensa que la  misión será una oportunidad para mostrar el auge que en los últimos años ha tenido el tema espacial en México, pues cada vez hay más estudiantes proactivos e interesados en el área, ante esto, “es importante dar este tipo de oportunidades porque de los estudiantes han salido ideas que se han aplicado en el sector espacial a nivel internacional”, dice la especialista.

En los siguientes días la UNAM informará puntualmente, a través de diversas plataformas, sobre el desarrollo de la misión.

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¿Cómo contarán la pandemia de COVID los libros de historia?

Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.
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6 de septiembre, 2021
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Después de casi dos años -y de un extraordinario parón mundial cuyo impacto aún no está claro- es inevitable que muchos escriban sobre la COVID-19 durante las próximas décadas.

Ahora que entramos en un largo período de reflexión, los estudiosos de las artes y las humanidades tienen mucho que ofrecer, especialmente una vez que la intensidad de la cobertura científica y médica ha empezado a disminuir.

Al principio, cuando muchos de nosotros nos confinábamos y nos preocupábamos por cómo íbamos a salir de la pandemia, el único capítulo de cualquier libro sobre la COVID que cualquiera de nosotros quería leer era el de la vacuna.

¿Habría una y funcionaría? Pero la descripción técnica de esta preciosa intervención médica en las próximas publicaciones será concisa y breve. La historia más completa está en otra parte.

Lo que verdaderamente importa

La historia médica de las plagas es fascinante, pero rara vez es la cuestión crítica. No sabemos con certeza qué fue la epidemia ateniense del siglo V a. e. c., ni la devastadora del siglo II y III e. c.

La peste de los siglos VI a VIII e. c. en el imperio romano es objeto de discusión, pero probablemente se trataba de varias infecciones diferentes. Sabemos cómo se propagó la peste negra, pero eso no es lo más interesante.

Lo más interesante es cómo reacciona la gente ante las epidemias y cómo los escritores describen sus reacciones.

Vacuna contra la covid-19

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Hoy estamos centrados sobre todo en el aspecto científico de la pandemia, pero seguramente esto perderá importancia en el futuro.

El relato del historiador y general griego Tucídides (460-400 a. e. c.) sobre cómo respondieron los atenienses a la virulenta plaga del siglo V influyó directa o indirectamente en la forma en que muchos historiadores posteriores las describieron.

Estableció la pauta para una narración de los síntomas junto con el impacto social.

Atenas y la peste

Atenas estaba en el segundo año de lo que se convertiría en más de 20 años de conflicto con su rival Esparta.

La peste se extendió rápidamente y mató con rapidez: los síntomas comenzaban con fiebre y se extendían por todo el cuerpo.

Pericles

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Tucídides dijo que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo.

Algunos atenienses fueron diligentes en el cuidado de los demás, lo que normalmente les llevó a la muerte, pero muchos simplemente se rindieron, o ignoraron a la familia y a los muertos, o persiguieron los placeres en el tiempo que les quedaba.

Es discutible hasta qué punto la peste cambió a Atenas: no detuvo la guerra ni afectó a su prosperidad.

Lo que sí dice Tucídides es que la pérdida de su gran estadista Pericles (495-429 a. e. c.) a causa de la peste alteró la naturaleza de su liderazgo y eliminó algunos de sus rasgos moderadores.

Queda implícito que los atenienses pueden haber abandonado su tradicional piedad y respeto por las normas sociales.

Esta fue la generación que produciría el cuestionamiento más radical del papel y la naturaleza de los dioses, de lo que sabemos del mundo y de cómo debemos vivir.

Pero también condujo a un renovado sentido del militarismo y a una eventual catástrofe: la derrota de Atenas ante Esparta y la pérdida de su imperio.

Las pandemias y su impacto

La tentación es decir que las pandemias lo cambian todo.

El historiador bizantino Procopio (500-570 e. c.), que sobrevivió a la aparición de la peste en el siglo VI, estaba al tanto de esto.

Niña en una clase virtual

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Es tentador decir que todo ha cambiado a causa de la pandemia, ¿pero es realmente así?

Todo el mundo se volvió muy religioso durante un tiempo, pero luego, en cuanto se sintió libre, volvió a su antiguo comportamiento.

La peste fue un símbolo evidente de la decadencia del sistema, pero la gente se adapta.

¿Estaba el mundo bizantino tan fatalmente debilitado por la peste y su resurgimiento que fue incapaz de resistir la embestida de los árabes en el siglo VII?

Esto puede ser cierto en parte, pero la peste precedió significativamente a la conquista árabe, hubo tanta continuidad como alteración visible en su cultura y en la vida de las ciudades. Además, el mundo árabe tuvo sus propias pestes. La historia no es tan sencilla.

¿Y qué hay de nuestra pandemia? Por muy tentador que sea predecir un vuelco total del comportamiento social, las lecciones del pasado sugieren que es poco probable.

Los fuertes lazos de la sociedad han sobrevivido bien.

Quizá la peor consecuencia sea el retroceso en el progreso de los países en desarrollo.

Eso y las repercusiones a largo plazo sobre la salud mental y la educación en todo el mundo son excepcionalmente difíciles de calibrar, aunque esta será la pandemia más estudiada de nuestra historia. Y serán los estudiosos de las artes y las humanidades y los científicos sociales quienes realicen gran parte de este incisivo trabajo, y ya lo están haciendo.

La ciencia de la pandemia

Entonces, ¿qué nos dice la historia que sería lo útil? Que hay que investigar más y profundizar en el conocimiento.

Niña con mascarilla

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La historia de la COVID no será solo la descripción del virus. Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder ante ello.

Por eso la historia de la COVID no será solo la descripción del virus y la vacuna, o el misterio de si vino de un murciélago o de un laboratorio.

Será la complejísima historia de cómo esta enfermedad se cruzó con nuestro comportamiento social y cómo decidimos responder como individuos y familias, comunidades y políticos, naciones y organismos mundiales.

Lo que los mejores historiadores desde Tucídides nos han dicho es que la biología de la enfermedad es inseparable de la construcción social de la enfermedad y la salud.

Y también vemos que los humanos somos muy malos a la hora de pensar en las consecuencias.

Una de las consecuencias potenciales más interesantes de esta pandemia es la relación entre la política y la ciencia.

Investigadores en el laboratorio

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La ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

La peste ateniense puede haber impulsado a los pensadores a ser más radicales al cuestionar las visiones tradicionales de la vida, la muerte y el papel de los dioses.

Y la Peste Negra se considera a menudo como un cambio de juego en términos de religión y filosofía, y que fomentó cambios en la ética médica y mejoras en la atención social.

Incluso cambió la balanza sobre el valor del trabajo, pero todavía tenemos que ver si nuestra pandemia ha hecho incursiones duraderas en los patrones de trabajo en las oficinas o virtualmente.

Esta última pandemia ha mostrado lo mejor y más esencial de la ciencia, pero también la ha colocado incómodamente en el centro de la toma de decisiones políticas.

Junto con la crisis climática, mucho más peligrosa, la pandemia ha animado a los políticos a afirmar que “siguen la ciencia”.

Pero la ciencia no habla con una sola voz, rara vez ofrece respuestas fáciles o inequívocas y se resiste al corto plazo.

Cómo se desarrolle la conversación entre la política y la ciencia, y cuáles sean sus consecuencias, podría ser una de las sorpresas de este momento tan extraño.

A largo plazo, la comprensión de las repercusiones de este virus -y de los retos culturales, sociales y económicos más amplios en los que se inserta- requerirá que despleguemos una visión más generosa y holística de la ciencia.

Sólo así podremos escribir el relato de esta pandemia que su fuerza disruptiva exige.

*Christopher Smith es director ejecutivo del Consejo de Investigación de Artes y Humanidades, Escuela de Clásicos, Universidad de St. Andrews, Reino Unido.

*Este artículo fue publicado en The Conversation y reproducido aquí bajo la licencia Creative Commons. Haz clic aquí para leer la versión original.


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