Conoce los países de América Latina con más alumnos en Estados Unidos
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Bbc Mundo

Conoce los países de América Latina con más alumnos en Estados Unidos

Con más de16000 alumnos, México es el segundo país latinoamericano con mayor cantidad de estudiantes inscritos en Estados Unidos.
Bbc Mundo
Por BBC Mundo
19 de julio, 2017
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La buena calidad de sus centros de estudios superiores es una de las características que cada año impulsa a miles de alumnos procedentes de todo el mundo a viajar a ese país.

Hay razones para ello. El más reciente ranking de las mejores universidades del mundo, elaborado por el británico diario The Times, señala que la primera potencia del mundo alberga a 6 de las 10 mejores universidades del planeta, entre ellas Harvard, Stanford, Princeton o el MIT.

Entre las 50 mejores, la mitad son estadounidenses, incluyendo nombres como Yale, Columbia o UCLA.

De acuerdo con un informe elaborado por el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos (DHS, por sus siglas en inglés) en mayo de este año había en ese país 1.379.370 estudiantes extranjeros, de los cuales 194.635 pertenecen a programas de intercambio.

La cifra incluye a quienes se encuentran en el país como estudiantes activos con visas vigentes para ello o con una visa de intercambio. No todos acuden a centros de educación superior, pero sí la abrumadora mayoría: 76% están matriculados en cursos de licenciatura, maestrías o doctorados.

El informe revela que los procedentes de Asia son mayoría.

Graduación de la Universidad de Harvard.La Universidad de Harvard es considerada una de las 10 mejores del mundo.

China encabeza la lista con amplia diferencia con unos 325.000 alumnos, de los cuales unos 130.000 cursan estudios de licenciatura y más de 100.000 realizan maestrías.

El número total de estudiantes procedentes de América Latina es de 79.522, de los cuales 58.875 están matriculados en programas de educación superior.

En su reporte, el DHS destaca que entre mayo de 2016 y mayo de 2017 fueron los alumnos de América del Sur los que más aumentaron en número en Estados Unidos: 6,5%.

La región también destacó como la única que envió una cifra similar de hombres y mujeres.

Pero, ¿cuáles son los países latinoamericanos que tienen más estudiantes en Estados Unidos?

Brasil

El gigante sudamericano encabeza con amplia diferencia la lista con un total de 21.768 estudiantes, de los cuales 12.507 asisten a programas de educación superior. Una parte sustancial de los demás (6.535) acuden a cursos de idiomas.

BrasilEntre 2016 y 2017, la cifra de estudiantes procedentes de Brasil se incrementó en 2.788.

La mayor parte de los brasileños se concentran en Florida (4.919) y en California (3.684).

Entre 2016 y 2017, la cifra de estudiantes procedentes de Brasil se incrementó en 2.788, de los cuales 1.500 están matriculados en universidades.

Los alumnos brasileños encabezan la lista de asistencia a doctorados (3.035), seguidos por los mexicanos (2.608), los colombianos (1.927) y los venezolanos (1.573).

México

Con 16.207 alumnos, México es el segundo país latinoamericano con mayor cantidad de estudiantes en Estados Unidos.

De estos, 11.564 asisten a cursos de educación superior.

Los mexicanos lideran la lista de asistencia a programas de licenciatura (5.919). Luego se ubican los brasileños (5.540), los venezolanos (4.123) y los colombianos (2.684).

También están a la cabeza de los latinoamericanos que cursan doctorados en Estados Unidos con 1.424 matriculados.

Geográficamente, se concentran en centros educativos de Texas (5.824), California (1.982), Nueva York (1.071) y Massachusetts (876).

Venezuela

Venezuela es el tercer país de la lista. Tiene 12.035 estudiantes en Estados Unidos, de los cuales 8.392 acuden a centros universitarios.

La mayor parte (6.519) cursan estudios de pregrado: 4.123 están matriculados en programas de licenciatura y 2.396 de nivel técnico.

Un total de 2.764 venezolanos están matriculados en cursos de idiomas, lo que coloca a este país justo detrás de Brasil en la lista de los latinoamericanos que viajan a Estados Unidos a aprender inglés.

En términos de distribución geográfica, el grueso de los alumnos venezolanos (5.096) están matriculados en Florida, lo que les convierte en el grupo de estudiantes latinoamericanos más grande de ese estado.

Colombia

estudiantesEl número total de estudiantes procedentes de América Latina es de 79.522.

Con 10.558 alumnos, Colombia es el cuarto país de América Latina con más estudiantes en Estados Unidos.

6.975 de estos están registrados en centros de educación superior.

Colombia es el tercer país de la región con mayor número de matriculados en cursos de posgrado: 3.129, de los cuales 1.927 cursan maestrías y 1.202 hacen doctorados.

También ocupa el tercer puesto en la lista de estudiantes de idiomas con 2.732, apenas 32 menos que Venezuela.

Geográficamente, están bastante más distribuidos, al punto que hay estudiantes colombianos matriculados en cada uno de los 50 estados del país, aunque destaca su presencia en Florida (1.806) y en Nueva York (1.557).

Alta calidad

Brasil también encabezó la lista de los países latinoamericanos que incrementaron el número de estudiantes en Estados Unidos entre 2016 y 2017, con la adición de 1.500 nuevos alumnos a las aulas universitarias.

Le siguen Perú, con 235 estudiantes más; Ecuador, con 219; y Colombia, con 217.

Esas cifras ayudan a entender el aumento de 6,5% experimentado en el número de sudamericanos matriculados en centros educativos estadounidenses.

Consultados por BBC Mundo, portavoces de Laspau, una entidad sin fines de lucro afiliada a la Universidad de Harvard que se dedica a forjar redes mediante becas y alianzas institucionales para conectar a personas y organizaciones de las Américas con instituciones de educación superior en Estados Unidos, apuntaron a la calidad de la educación estadounidense como el factor clave.

“No nos sorprende que el número de estudiantes sudamericanos se haya incrementado en el último año, ya que muchas de las universidades dentro de los rankings internacionales continúan estando en este país”, dijeron en una declaración escrita.

educaciónLa calidad de las universidades de EE.UU. es su principal atractivo.

El estudiar en Estados Unidos permite a los latinoamericanos cursar programas educativos de alta calidad y ser formados como líderes que, a su regreso, tendrán un impacto en sus países de origen”, señalaron.

Agregaron además que existe una demanda de programas de becas a gran escala que sirve para dar acceso a educación de calidad para minorías y grupos vulnerables dentro de las sociedades de Latinoamérica y el Caribe.

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Especial

La COVID dejó a José sin levantarse: médico de farmacia enfrenta meses de recuperación

José, de 43 años, es médico de farmacia, se contagió de COVID en febrero y pasó mes y medio intubado.
Especial
8 de mayo, 2021
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José Ramírez hacía entre 25 y 30 pruebas de COVID al día en el consultorio de la cadena de farmacias donde trabajaba. En febrero, se contagió de la enfermedad, lo que le provocó falla multiorgánica, está vivo solo por los aparatos que le daban soporte. 

Desde hace dos semanas volvió a casa, pero pasarán muchos meses para que pueda regresar realmente a la vida. Le cuesta hablar, tiene oxígeno suplementario, no puede levantarse de la cama por su pie, tiene convulsiones, crisis de ansiedad y hay mañanas en las que le pregunta a su esposa, Sofía Álvaro Pérez, si de verdad está vivo y está con ella, o solo está soñando, como lo hacía cuando estaba sedado e intubado.

Leer más: Perder la movilidad y la fuerza en extremidades, otra secuela de la COVID

José tiene 43 años y es médico general. Presta sus servicios en un consultorio de la cadena Farmacias del Ahorro. Es decir, es médico de farmacia, un empleo que ha saltado a las noticias por las protestas de estos profesionales, a quienes hasta ahora las autoridades sanitarias del país han dejado sin vacuna. 

La omisión ha vuelto a echar luz sobre las condiciones en las que laboran –la mayoría por honorarios y sin prestaciones– y sobre el papel que han tenido en esta pandemia. La Asociación Nacional de Farmacias (Anafarmex) calcula que hay unos 36 mil médicos trabajando en consultorios anexos a estos establecimientos. 

Contra el argumento de las autoridades de salud de que no los han vacunado porque no son primera línea, se han alzado los testimonios de médicos relatando en medios sus jornadas en las que atienden hasta a 14 pacientes confirmados o sospechosos de COVID. 

Pero eso es solo cuando se trata de dar consulta. Si se le suma hacer pruebas rápidas, entonces la exposición al virus es mucho mayor. 

A José le tocaba eso. La cadena Farmacias del Ahorro, donde labora desde hace tres años, empezó a ofertarlas y la gente respondió haciendo largas filas afuera de los establecimientos. En los días más demandantes, José dice que debió haber hecho hasta 40 en una sola jornada. 

No recuerda con exactitud cuándo tuvo que empezar a tomar las muestras de la garganta de los clientes y meterlas en esos dispositivos pequeños, como de prueba de embarazo, que se usan para las pruebas rápidas de COVID, pero cree que empezó por julio. En febrero fue cuando se enfermó. Aguantó mucho con la alta exposición al riesgo porque se cuidaba todo lo que podía, dice. 

La cadena de farmacias le daba una bata quirúrgica desechable por día. También le daban cubrebocas, googles, careta y guantes. Él se compraba cada semana, como protección adicional, un traje tyvek (de los que parecen los de astronauta), y se lo ponía debajo de la bata desechable. 

También se compró una máscara especial, que usaba en lugar de la careta que le daban, y con la que parecería más bien un agente antimotines. 

José y Sofía creen que el virus aprovechó un intento de ahorrar material de un supervisor nuevo, que en lugar de darle los guantes suficientes para desechar en cada toma de muestra, le pidió que en lugar de usar un par cada vez, usara solo uno en la mano derecha. La izquierda del médico quedaba desnuda y expuesta por esa instrucción. 

El 1 de febrero, José tenía dolor de cabeza, fiebre y tos. En el consultorio que tiene en su casa, donde también recibía pacientes COVID después de volver del trabajo, se hizo él solo la prueba. Salió positiva. También se la aplicó a su familia: a su esposa, suegra, abuela política y cuñada, con quienes vivía. Todos estaban contagiados.

Solo José pisó el hospital. Ingresó el 2 de febrero. Su cuadro se agravó por la obesidad: pesaba 120 kilos. Todavía con la segunda ola de COVID sin controlarse y con los sanatorios llenos, lo tuvieron que mandar a un hospital para niños, el Infantil de México, donde la atención de José costó 10 millones de pesos. 

“Ni vendiendo la casa hubiéramos podido pagar eso. Pero José tiene seguro de gastos médicos mayores y de Star Médica lo mandaron al infantil”, dice Sofia. 

Él es de los afortunados en este sector de los médicos generales que trabajan en consultorios anexos a farmacias: está por honorarios, pero tiene vacaciones, y seguro de vida, así como de gastos médicos mayores. “Me lo dieron al año y medio de estar trabajando en Farmacias del Ahorro”, dice. 

Hasta el 26 de abril, de acuerdo a información de la Secretaría de Salud, se habían contagiado de COVID-19 en México, 235 mil 243 integrantes del personal de salud y 3 mil 829 habían fallecido. 

El roce con la muerte 

En el hospital, los médicos primero intentaron ponerle solo puntas nasales. Pero José no lograba llevar oxígeno suficiente a sus pulmones y el aire frío que le llegaba a la nariz, a través de los pequeños tubos, le daba una mayor sensación de asfixia. Le preguntó a su médico qué probabilidades tenía de sobrevivir si lo intubaban. La respuesta fue que tenía 75% de oportunidad. Pidió el soporte ventilatorio. Era 7 de febrero.

“Me llamó para decirme que lo iban a intubar y yo temblaba. Solo le decía: ‘No, no, no puede ser’. Pero él me dijo que todo iba a estar bien. Y antes de colgar solo le dije que lo esperaba acá en la casa”, cuenta Sofía. 

José tuvo varias complicaciones. Incluso sufrió un proceso inflamatorio que hizo que su tamaño se triplicara. “Rompió cinco camas en el hospital. Lo pasaban de una a otra porque no lo aguantaban”, dice Sofia. 

Esa inflamación comprometió el funcionamiento de sus órganos vitales. Tuvieron que darle soporte con máquinas, medicamentos y transfusiones, de las que le hicieron una decena. 

“Rocé la muerte. No es verdad que ves un túnel de luz. En ese limbo yo soñaba que estaba en mi pueblo, en casa con mis dos gatos y Sofía, o en un programa de televisión: en un reality show”, cuenta José, con el ritmo lento para hablar, como el de un acetato girando a otra revolución, que le ha dejado por ahora como secuela la COVID-19 y los días con el tubo en la garganta.

El 22 de febrero, el médico le dijo a Sofía que se preparara para lo peor. La puso en videollamada para que pudiera despedirse de José. Pero ella no lo entendió así, o no quiso entenderlo, y solo soltó ante la pantalla al ver a su esposo un: “Qué guapo estás!”.

Desde ese momento se las arregló para enviarle cartas a su marido. Usó como correo humano a las enfermeras. Las convenció para recibirlas y que se las leyeran. También logró que, a escondidas, le llamaran a ella desde sus celulares para poder hablar con él. José estaba sedado, pero aún con la sedación los pacientes escuchan y ella lo sabía. 

“Cada vez que llegaba una llamada del médico o un mensaje, yo temblaba -dice Sofía. Muchos días todo fue: su esposo está grave, prepárese para lo peor. Pero desde que yo me comunicaba con él, empezó a estabilizarse y un día –el día que falleció mi abuelita por COVID– me llamaron para decirme que ya no lo tenían pronado (boca abajo) y que iba mejor”. 

Apenas hace una semana que José volvió a su hogar. Sofía tuvo que conseguir un concentrador de oxígeno y una cama especial para que no se les hagan llagas. Lo que antes era el consultorio de José para recibir pacientes en casa, se volvió sala de recuperación. “Llevamos, en todo lo que se ha necesitado después de su salida del hospital, unos 100 mil pesos y esto ya corre por nuestra cuenta”. 

José y Sofía en lo que era el consultorio en casa del médico y ahora es sala de recuperación.

José y Sofía en lo que era el consultorio en casa del médico y ahora es sala de recuperación.

También deberán correr por cuenta de Sofia y José, las fisioterapias, consultas, estudios y medicamentos que se requieran como parte de la recuperación del médico. 

Al menos en los próximos ocho meses, José no podrá volver a trabajar, pero la empresa lo indemnizó, le pagará el 70% de lo que ganaba al mes y han prometido que conservará su empleo. 

En ese tiempo, José también espera volver a la maestría en medicina estética y rejuvenecimiento, que estaba cursando en línea cuando se contagió de COVID. A eso quiere dedicarse en cuando acabe de estudiar. 

Animal Político consultó a Farmacias del Ahorro sobre el caso de José pero dijeron que no tenían comentarios.

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