Tecnología vs la pobreza: Paneles solares, solución energética para familias de pocos recursos
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Foto: Nallely Sánchez

Tecnología vs la pobreza: Paneles solares, solución energética para familias de pocos recursos

Los paneles solares de la empresa Vitaluz llevan a familias de escasos recursos energía eléctrica a bajo costo; el sistema funciona con el esquema de tarjetas de prepago.
Foto: Nallely Sánchez
Por Nallely Sánchez
11 de julio, 2017
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Nayeli Palacios es maestra de primaria y por las tardes tiene que preparar la clase del día siguiente. Hasta hace poco lo hacía con velas, o apurada para no gastar demasiada luz, que generaba con una planta de gasolina, con la que tenía que pagar más de 2 mil 500 pesos mensuales. Cambió la planta por paneles solares que resolvieron sus problemas de luz y economía. 

Ahora paga 250 pesos por el sistema Vitaluz, y se da tiempo para ver un rato la televisión con sus hijos. Sabe de primera mano cómo la tecnología incentiva y hace productivos a los habitantes de Ampliación Chalma, zona ubicada en Xochimilco, en la periferia de la Ciudad de México.

Cuando se encontraba realizando una tarea en cuarto semestre de ingeniería física, Yusef Jacobs se dio cuenta que hogares como los de Nayeli pagaban por energía tres veces más de lo que él pagaba en su casa con todos los aparatos electrodomésticos de una vivienda urbana.

los pobladores compran energía a la empresa Vitaluz como si se tratara de una recarga de teléfono

Los pobladores compran energía a la empresa Vitaluz como si se tratara de una recarga de teléfono

A Yusef le pareció inconcebible y comenzó a desarrollar un proyecto, a base de celdas fotovoltaicas que llevaran luz a familias de escasos recursos a costos accesibles.

Así nació Vitaluz, una pequeña empresa creada por jóvenes emprendedores con un modelo sólido, desde 2013 se ha consolidado y actualmente proveen de energía eléctrica a decenas de familias con un sistema de celdas fotovoltaicas.

Si bien iniciar una startup en el país no es fácil, el equipo de Vitaluz, conformado por jóvenes menores de 30 años, ha crecido gracias a la obtención de recursos económicos que han ganado a través de concursos; como el certamen de emprendedores de la Ciudad de México 2014, una competencia de emprendimiento de la Universidad Iberoamericana 2014, convocada por New Ventures Startups.  

“Los primeros prototipos los hicimos con autofinanciamiento, pero cuando pasamos por una incubación de NewVentures nos cambió el chip a no sólo verlo como un proyecto universitario temporal, sino del que puedes vivir e impactar a mucha gente”, explicó Yusef, fundador de Vitaluz.

Su sistema no solo está bien diseñado tecnológicamente también económicamente, ya que se adapta a cualquier bolsillo.

Actualmente cuentan con dos sistemas: el “I” que alimenta aproximadamente tres focos al día por 5 pesos y el “E” al que se le pueden sumar más electrodomésticos y cuesta 12 pesos diarios. Próximamente tendrán listo el “H” para una mayor capacidad. El sistema está adaptado para que puedan pagar por día, semana o mes.

Para cada comunidad hay un técnico local que soluciona el mantenimiento. La electricidad se compra como si fuese una recarga de teléfono; y el encargado utiliza un sistema de venta diseñado por la empresa que funciona sin internet: Vitasol.

Los usuarios compran su recarga en un comercio cercano, obtienen un código similar a una tarjeta de prepago, y lo ingresan en el medidor ubicado en cada hogar.

Su sistema está basado en resolver problemáticas energéticas donde no existe la red de CFE. No buscan ser competencia, por lo que no pueden dotar de este sistema a cualquiera que lo solicite.

Eduardo Calderón, director de gestión comunitaria de Vitaluz, detalló que determinan áreas vulnerables gracias a los informes de organizaciones sociales y estudian la viabilidad operativa “buscamos que las comunidades sean parte del proyecto, que exista un mínimo de hogares que requieran el servicio, y se priorizan si detectamos que tienen problemas familiares o si hay alguna discapacidad”.

Actualmente tienen en funcionamiento sus sistemas en Hidalgo (en la sierra de Actopan), Ciudad de México (Xochimilco) y Estado de México (Zinacantepec, Ixtapaluca, Villa Victoria y San José del Rincón), próximamente se expandirán en Puebla, Querétaro y Guanajuato.

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'El núcleo del demonio': cómo era la tercera bomba atómica que EU alistaba para lanzar sobre Japón

Si Little Boy y Fat Man no lograban la rendición de Japón, EU ya tenía prácticamente listo a Rufus, un núcleo de plutonio que nunca explotó, pero sí causó muertes.
6 de agosto, 2021
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El 6 y 9 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó sobre Hiroshima y Nagasaki las dos únicas bombas nucleares que se hayan utilizado en una guerra.

Juntas fueron los ataques más letales que jamás hayan ocurrido, en los que se estima que murieron alrededor de 200.000 personas.

Desde la perspectiva de EE.UU., tenían el objetivo de presionar la rendición de Japón y poner fin a la Segunda Guerra Mundial.

Y en caso de que no fueran suficientes, Washington tenía prácticamente lista una tercera bomba atómica.

Su apodo era Rufus, y consistía en un núcleo de plutonio, similar al que se utilizó en la bomba Fat Man, que detonó sobre Nagasaki.

Rufus nunca llegó a convertirse en una bomba funcional, pero sí causó dos accidentes letales, por lo que quedó grabado en la historia como “el núcleo del demonio”.

Hiroshima

Getty
La bomba Little Boy causó devastación en Hiroshima.

“Era esencialmente igual al núcleo de Fat Man”, le dice a BBC Mundo Alex Wellerstein, historiador especialista en armas nucleares y autor del blog Nuclear Secrecy.

Eso quiere decir que podría haberse convertido en una bomba con capacidad de generar una explosión de unos 20 kilotones, como ocurrió en Nagasaki.

Según comunicaciones oficiales de EE.UU. citadas en un artículo de Wellerstein, una bomba fabricada a partir de Rufus tendría que haber estado lista para ser lanzada a partir del 17 o 18 de agosto de 1945.

En los primeros días de agosto de 1945, no estaba claro si dos bombas atómicas bastarían para doblegar a Japón, explica Wellerstein.

Solo después de su rendición el 15 de agosto “quedó claro que dos bombas habían sido ‘suficientes’, sino demasiado“, dice el experto.

Así que finalmente no fue necesario utilizar a Rufus.

“¿Qué ocurrió entre el 15 y el 21 de agosto? No lo sé”, escribe Wellerstein, pero lo que sí está documentado es que a partir del 21 de agosto, los investigadores del Laboratorio Los Álamos en Nuevo México, donde se diseñaron las bombas atómicas, comenzaron a utilizar este núcleo de plutonio para experimentos extremadamente peligrosos.

víctima de radiación.

Getty
Los efectos de la radiación pueden resultar letales para los humanos.

Cosquillas a un dragón

En 1945, los únicos núcleos de plutonio que se habían fabricado eran Rufus, Fat Man y el que se colocó en la bomba Gadget, que se utilizó en la prueba Trinity, el primer ensayo de una explosión nuclear que realizó EE.UU.

En Los Álamos, los investigadores querían averiguar cuál era el límite en que el plutonio se volvía supercrítico, es decir, querían saber cuál era el punto en que una reacción en cadena del plutonio desataría una explosión de radiación mortal.

Los Álamos

Getty
Los experimentos con Rufus se realizaron en el Laboratorio Los Álamos.

La idea era encontrar maneras más eficaces de lograr que un núcleo llegara al estado supercrítico y optimizar la carga de la bomba.

Manipular un núcleo de plutonio es una maniobra extremadamente delicada. Por eso los investigadores se referían a esos ejercicios como “hacerle cosquillas a la cola de un dragón”.

“Sabían que si tenían la desgracia de despertar a la bestia furiosa, terminarían quemados”, escribió el periodista Peter Dockrill en un artículo del portal Science Alert.

Según explica Wellerstein, quienes participaban en estos experimentos eran conscientes del riesgo, pero lo hacían porque era una forma de obtener datos valiosos.

Instantes letales

La primera víctima de Rufus fue el físico estadounidense Harry Daghlian, que para entonces tenía 24 años.

Fat Boy

Getty
Rufus serviría para usarse en una bomba de implosión como Fat Man.

Daghlian había trabajado en el Proyecto Manhattan, con el que EE.UU. fabricó sus primeras bombas nucleares.

El 21 de agosto de 1945 Daghlian se dio a la tarea de construir una pila de bloques de carburo de tungsteno alrededor de Rufus.

Su idea era ver si lograba crear un “reflector de neutrones” en los que rebotaran los neutrones lanzados por el núcleo y de esa manera llevarlo de manera más eficiente al punto crítico.

Era de noche y Daghlian estaba trabajando solo, violando los protocolos de seguridad, según lo documenta el portal Atomic Heritage Foundation.

El joven científico ya había apilado varios bloques, pero cuando estaba terminando de colocar el último, su dispositivo de monitoreo le indicó que si lo hacía, el núcleo podría volverse supercrítico.

Era como jugarse la vida en un jenga extremo.

Maniobró para retirar el bloque, pero infortunadamente lo dejó caer sobre el núcleo, que entró en estado supercrítico y generó una ráfaga de neutrones.

Núcleo de plutonio

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción del experimento en el que Daghlian apilaba bloques alrededor del núcleo de plutonio.

Además, su reacción fue desbaratar la torre de bloques, así que quedó expuesto a una dosis adicional de radiación gamma.

Esos instantes resultaron letales.

Durante 25 días Daghlian soportó la dolorosa intoxicación radioactiva hasta que finalmente murió en el hospital. Se calcula que recibió una dosis de 510 rem de radiación iónica.

El rem es la unidad de medida de la radiación absorbida por una persona. En promedio, 500 rem resultan mortales para un humano.

“Eso es todo”

Tan solo nueve meses después el dragón volvió a atacar.

El 21 de mayo de 1946 el físico estadounidense Louis Stolin estaba practicando un experimento que había hecho varias veces.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una reproducción de la sala en la que Stolin realizaba su experimento.

Para entonces, Stolin era el mayor experto del mundo en el manejo de cantidades peligrosas de plutonio, según indica Wellerstein.

Junto a un grupo de colegas, estaba mostrando cómo llevar un núcleo de plutonio -Rufus en este caso- al punto supercrítico.

El ejercicio consistía en unir dos mitades de una esfera de berilio, formando un domo en el que los neutrones rebotaran hacia el núcleo.

La clave para no causar un desastre era evitar que las dos medias esferas cubrieran totalmente el núcleo.

Para ello, Stolin utilizaba como separador un destornillador que servía de válvula de escape para los neutrones. De esa manera podía registrar cómo aumentaba la fisión, sin que la reacción en cadena llegara al punto crítico.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
En medio del domo de berilio estaba el “núcleo del demonio”.

Todo iba bien, pero ocurrió lo único que no debía ocurrir.

A Stolin se le resbaló el destornillador y el domo se cerró por completo.

Fue solo un instante, pero bastó para que el núcleo llegara al punto crítico y liberara una corriente de neutrones que produjeron un intenso brillo azul.

“El flash azul fue claramente visible en toda la sala, a pesar de que estaba bien iluminada”, escribió en un reporte Raemer Schreiber, uno de los físicos que estaba viendo el experimento.

“El flash no duró más de unas décimas de segundo”.

Los Álamos

Los Álamos National Laboratory
Esta es una recreación del experimento en el que Stolin usaba un destornillador para impedir que el núcleo quedara totalmente cubierto.

Stolin reaccionó rápido y destapó el domo, pero ya era tarde: había recibido una dosis letal de radiación.

Nueve meses antes, él mismo había acompañado a su colega Daghlian durante sus últimos días de vida, y tenía claro que un destino similar le esperaba.

“Bueno, eso es todo”, fueron las primeras palabras que dijo, en todo resignado, después de que se le resbalara el destornillador, según lo recuerda Schreiber en su reporte, citado por Dockrill en Science Alert.

Las estimaciones indican que Stolin recibió en su cuerpo 2.100 rem de neutrones, rayos gamma y rayos x.

Su agonía duró nueve días.

En ese periodo sufrió náuseas, dolor abdominal, pérdida de peso y “confusión mental”, según lo describe Wellerstein en un reportaje de la revista The New Yorker.

Finalmente murió a los 35 años en el mismo cuarto del hospital en el que había muerto su colega Daghlian.

Irónicamente, apunta Wellerstein, Stolin estaba haciendo el procedimiento para que sus colegas aprendieran la técnica en caso de que él no estuviera presente.

bomba nuclear

Los Álamos National Laboratory
Las bombas nucleares son las armas más destructivas y mortales que se hayan creado.

El fin de la maldición

Los accidentes de Daghlian y Stolin sirvieron para que se fortalecieran las medidas de seguridad en los procedimientos con material radioactivo.

A partir de entonces, este tipo de ejercicios comenzaron a maniobrarse de manera remota, a una distancia de unos 200 metros entre el personal y el material radioactivo.

“Sus muertes ayudaron a incitar una nueva era de medidas de salud y seguridad”, dice el portal de Atomic Heritage Foundation.

Según los archivos de Los Álamos, el “núcleo del demonio” fue derretido en el verano de 1946 y se utilizó para fabricar una nueva arma.

“En realidad el núcleo del demonio no era demoníaco“, dice Dockrill.

“Si hay una presencia maligna aquí, no es el núcleo, sino el hecho de que los humanos se apresuraron a fabricar estas terribles armas”, sentencia el periodista.


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