La PGR compró Pegasus, el software para espiar a activistas y periodistas, a un prestanombres
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La PGR compró Pegasus, el software para espiar a activistas y periodistas, a un prestanombres

El dueño legal de Grupo Tech Bull, la empresa intermediaria mexicana que vendió a la PGR el malware espía Pegasus en 32 millones de dólares, vive en un asentamiento irregular ubicado en una barranca.
Unsplash.com · Alejandro Escamilla
Por Raúl Olmos, Valeria Durán y Daniel Lizárraga // Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad
28 de julio, 2017
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El dueño legal de Grupo Tech Bull SA de CV, la empresa intermediaria mexicana que vendió a la PGR el malware espía Pegasus en 32 millones de dólares, vive en un asentamiento irregular ubicado en una barranca.

Al otro lado de esa cañada, en una habitación del pueblo de Santa Lucía, vivía el apoderado legal de la misma empresa y quien firmó el contrato con Tomás Zerón, ex director de la Agencia de Investigación Criminal de la Procuraduría General de la República (PGR).

Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) ubicó los domicilios del dueño, así como del operador de Grupo Tech Bull y constató que ambos residían en inmuebles ubicados en colonias populares de la delegación Álvaro Obregón, al poniente de la ciudad de México.

Uno de ellos, Carlos Cayetano Miguel, quien en actas apareció como dueño y administrador único de Tech Bull al momento de realizarse la venta de Pegasus a la PGR, aseguró en entrevista que no supo de esa transacción millonaria y que, además, no recibió ni un peso de ganancia.

– ¿Sabías que la empresa que fundaste vendió al Gobierno un malware por 32 millones de dólares?- se le preguntó cuando salía de su casa en la barranca de Guadalupe.

– La verdad es que casi no veo noticias, ni sabía.

Según Carlos Cayetano, no tuvieron encargado de ventas mientras él fue socio y tampoco realizaron ventas, ninguna. Aún más, dijo que ni siquiera supo que Pegasus se utilizó para espiar a periodistas y activistas.

Cayetano Miguel creó la empresa, pero ya no recuerda dónde vivió su socio y se le ha borrado de la memoria algún otro dato que sirviera para localizarlo.

“Hace como tres o cuatro años vendí mis acciones”, comentó.

– ¿A quién vendiste esas acciones?

– Creo que aparece ahí (en las actas)… la verdad no recuerdo.

– ¿En cuánto vendiste las acciones?

– Creo que mi aportación fue de tres mil pesos en aquel tiempo, en 2013. Ya después no tengo idea de qué se hizo; se vendió o no se vendió, a quién se le vendió -respondió Cayetano Miguel, mientras caminaba presuroso por las calles de la colonia Puente Colorado, uno de los asentamientos ubicados en torno a la barranca de Guadalupe, camino al paradero donde abordaría el autobús que lo llevaría a su empleo en un despacho contable.

Lee: Cómo protegerte de Pegasus, el sistema de espionaje a periodistas en México.

Operaciones misteriosas

Grupo Tech Bull se constituyó el 10 de octubre de 2013 en la ciudad de México, ante el notario Alfredo Ayala Herrera, con un capital de 50 mil pesos. Y, apenas un año después; el 29 de octubre del 2014, vendió a la PGR el malware espía Pegasus en 32 millones de dólares.

En el acta constitutiva –a la que tuvo acceso MCCI- quedó inscrito como socio y administrador único el mismo Carlos Cayetano Miguel, de 26 años de edad. Esta empresa, capaz de vender un sistema empleado para labores de seguridad nacional, nació el mismo día en que él se tituló como Contador Público en el Instituto Politécnico Nacional (IPN), con una tesis titulada “Conversión de estados financieros a moneda extranjera en el sector de los alimentos”.

El otro socio de Grupo Tech Bull ha sido Jorge de Jesús Sánchez, un joven de 29 años de edad, técnico en informática egresado del Conalep sobre quien no existen antecedentes empresariales de ningún tipo en registros públicos.

-¿Quién es el otro socio? -se le preguntó a Carlos Cayetano.

-El que aparece ahí en el acta.

¿Y dónde lo podríamos encontrar?

-La verdad desconozco, porque fue en 2013 cuando estuve en contacto y ya después no.

-¿Pero cómo lo hiciste tu socio? ¿Era tu amigo?

-Ajá, pero ya después ya no sé; ya no lo he visto. Ya no sé ni qué onda con él.

Según los documentos notariales inscritos en el Registro Público de Comercio de la Ciudad de México, cada uno de los socios aportó 25 mil pesos, y no tres mil como afirmó Carlos Cayetano en la entrevista con MCCI.

El objeto social de Grupo Tech Bull es la compra-venta de todo tipo de instrumentos y servicios de seguridad, incluido equipo táctico y de inteligencia, radares, torres de vigilancia, unidades móviles de videovigilancia y grabación, aviones no tripulados a control remoto (drones), vigilancia en aeronaves, sistemas para detección de armamento y explosivos; traslado y custodia de valores, e instalación de blindajes.

Te recomendamos: ¿Qué gobiernos tienen software espía? ¿De qué empresas? Esto es lo que sabemos hasta ahora.

¿Cómo es que a Carlos Cayetano se le ocurrió emprender un negocio tan sofisticado en materia de seguridad, si carecía de experiencia en el tema? Él mismo responde: “Fue así de vamos a hacer una empresa”.

Según el dueño legal de Tech Bull, desde que crearon la empresa en octubre de 2013 y hasta que se retiró de la administración del negocio en noviembre de 2014, “no hizo ninguna venta”.

Esto significa -según su declaración- que la PGR le compró el más sofisticado equipo de espionaje, de origen israelí, a una empresa recién creada, sin experiencia en el tema de seguridad nacional y que antes de ese contrato por 32 millones de dólares no tuvo otras ventas.

El apoderado fantasma

El 29 de octubre de 2014, un año después de la creación de Grupo Tech Bull, la PGR firmó un contrato a favor de dicha empresa para el servicio de 500 infecciones de equipos celulares con el malware Pegasus, desarrollado por la empresa israelí NSO Group.

Por la PGR firmó el entonces director de la Agencia de Investigación Criminal, Tomás Zerón, mientras que por Tech Bull lo hizo Luis Armando Pérez Herrero, un ingeniero en sistemas originario de Hidalgo que acababa de incorporarse a la empresa como apoderado general.

El acta en la que Carlos Cayetano Miguel -dueño de Tech Bull- designó a Armando Pérez como el encargado de las cobranzas y su representante ante futuros litigios ingresó al Registro Público de Comercio de la Ciudad de México el 16 de octubre del 2014,  solo trece días antes de que firmaran el contrato con la PGR.

Al momento de recibir el poder legal, Luis Armando Pérez Herrero aseguró ante el notario Javier Eduardo del Valle que su domicilio estaba en la avenida Tamaulipas 2016, en el pueblo Santa Lucía, en la delegación Álvaro Obregón. Esa dirección corresponde a cinco comercios y cuatro viviendas que pertenecen a una misma familia.

MCCI preguntó a los inquilinos  y los locatarios si conocían a Armando Pérez Herrero, pero nadie pudo identificarlo.

Junto a las viviendas y los comercios marcados con el número 2016 de la avenida Tamaulipas hay un edificio de habitaciones individuales para estudiantes y personas que trabajan, los cuales son alquilados en 4 mil pesos.

“A la mejor el Armando Pérez que busca vive ahí”, dijo una de las vecinas consultadas.

El supuesto domicilio del apoderado de Tech Bull también está ubicado cerca de una zona de barrancas, que se extiende hasta la presa Mixcoac, contaminada por basura y aguas negras.

En el acta en la que se le otorgaron poderes generales en la empresa, aparece que Armando Pérez Herrero es originario de Pachuca, Hidalgo, donde nació el 21 de marzo de 1983 (tiene 34 años). En el Registro de Profesiones consta que obtuvo en 2017 su cédula profesional como Licenciado en Ingeniería en Sistemas Computacionales, por el Instituto de Estudios Superiores del Valle de Orizaba, en Veracruz.

Tech Bull se constituyó el 10 de octubre de 2013 en la CDMX, con un capital de 50 mil pesos. Y, apenas un año después vendió a la PGR el malware espía Pegasus en 32 millones de dólares.

Vecino de Duarte

El primer domicilio de Grupo Tech Bull estaba en Homero 538, interior 303, en Polanco, que corresponde a un edificio de oficinas virtuales en el que también estaban inscritas dos empresas fantasmas de Veracruz, ligadas a la red utilizada por el exgobernador Javier Duarte, según constató MCCI.

Carlos Cayetano, fundador de Tech Bull, aceptó que el edificio de Homero fue donde inició la empresa.

En el mismo despacho de Tech Bull tenía su domicilio fiscal Zamtria SA de CV, fundada en Orizaba el 22 de junio de 2012, y que tiene como socia a Patricia Ríos Triana, accionista de otras 12 empresas veracruzanas, entre ellas Desarrolladores Mercalim, integrante de la red fantasma de Duarte que fue revelada en mayo de 2016 por el sitio Animal Político.

El mismo día que Zamtria fue creada, también en Orizaba, Grisuver SA de CV, ocupaba otro despacho de oficinas virtuales en Homero 538. Esa empresa participaba como comparsa en licitaciones convocadas por la Secretaría de Veracruz en el sexenio de Duarte.

Vìnculos con Balam Seguridad

De acuerdo con una red de correos electrónicos filtrados por la organización Wikileaks, Tech Bull es una filial de la compañía Balam Seguridad Privada, la cual fue creada el 15 de mayo de 2012 por Asaf  Zanzuri, de origen israelí.

Rodrigo Ruiz de Teresa Treviño, sobrino del coordinador de Puertos y Marina Mercante de la SCT y ex dirigente del sector popular del PRI, Guillermo Ruiz de Teresa, se incorporó como socio de Balam el 23 de enero de 2013, cuando transcurrían los primeros días del gobierno de Enrique Peña Nieto, de acuerdo con documentos a los que tuvo acceso  MCCI.

El pasado 25 de junio la revista Proceso y MCCI publicaron un reportaje sobre Balam y su posible influencia en círculos políticos. Guillermo Ruiz de Teresa ha hecho su carrera política de la mano del senador del PRI, Emilio Gamboa, uno de los legisladores más cercanos al Presidente Peña Nieto.

Balam, junto con Tech Bull, acapararon contratos en prácticamente todas las dependencias de seguridad del Gobierno federal, según detalla la red de correos filtrado por Wikileaks.

En esos correos aparece Rodrigo Ruiz como director de Balam, como consta en un mensaje enviado por el representante legal de Grupo Tech Bull, Armado Pérez Herrero, a la compañía italiana Hacking Team, también dedicada al espionaje y con la que mantenían negociaciones para la compra de otros equipos.

“Hola, el director de mi empresa Rodrigo Ruiz justo habló con Simoneta (empleada de Hacking Team) en el teléfono. Voy a explicar quiénes somos y qué hacemos en breve. Nosotros somos una empresa que vende inteligencia y seguridad al Gobierno mexicano. Somos una filial de la empresa principal que es Balam Seguridad, que es una de las empresas más importantes de inteligencia en el país”.

El remitente del correo es la misma persona que firmó el contrato de venta de Pegasus a la PGR en octubre de 2014.

En el mismo correo, fechado el 28 de noviembre de 2014 –un mes después de haber vendido el programa espía-, Armando Pérez Herrero describió a Balam y a su filial Grupo Tech Bull como la “número uno en la PGR y en la Marina”, pero además con presencia en todos los organismos de seguridad del país.

“Nuestros mejores clientes son la Marina mexicana, la PGR, el CISEN, la Policía Federal y una gran cantidad de Procuradurías, incluyendo el Estado de México”, detalla el mensaje.

Luego, el correo detalla sobre la variedad de productos de espionaje que han vendido a dependencias de Gobierno, principalmente de origen israelí: “Nosotros representamos una gran cantidad de empresas israelíes porque uno de los propietarios, Asaf Zanzuri, es de Israel. Hemos vendido de todo, desde sistemas de intercepción (GITA, NETLINE, PICSIX, etc.) hasta drones (aeronáutica) y control y centros de comando de Elbit (una de las principales compañías de Defensa de Israel)”.

Pero la parte más importante del mensaje, es cuando asegura: “Acabamos de vender a la PGR (contrato ya firmado y ellos ya enviaron el dinero) el sistema NSO Pegasus”.

El negociador de Tech Bull, sobrino de funcionario

La empresa Balam tenía un acuerdo con NSO Group sobre el precio que pagarían por 500 infecciones de aparatos de telefonía de personajes que serían espiados. Sin embargo, la compañía israelí intentó elevarles 50% el precio cuando se enteraron que el contrato con la PGR ya se había firmado.

Fue entonces que, a través de un intermediario israelí de nombre Eric Banoun, la empresa Balam buscó negociar con Hacking Team la compra de un malware similar al de NSO, de acuerdo con este otro correo fechado el 29 de noviembre de 2014, y dirigido a un ejecutivo de la compañía italiana de equipo de espionaje:

“Un amigo mío, Rodrigo de Balam Seguridad, uno de los mayores jugadores hoy en el campo de las soluciones de inteligencia en México, se pondrá en contacto con usted a principios de la próxima semana con una urgente solicitud de propuesta. Su compañía recibió un contrato de PGR México por un sistema basado en infecciones para móviles basado en 500 agentes reutilizables.

“Originalmente, la oferta se adaptó a otra empresa, llamada NSO Pegasus. El tema principal es que Rodrigo está buscando una alternativa viable a la luz del precio exorbitante establecido por NSO”.

El correo detalla que Rodrigo Ruiz –el sobrino del coordinador de Puertos de la SCT – era el negociador directo con la PGR.

“Rodrigo se pondrá en contacto con usted para discutir el plan de juego con el fin de convencer al usuario final (la PGR) para aceptar soluciones Hacking Team, tal vez mediante la adición de soluciones basadas en computadora, más agentes, para tomar decisiones claras hacia adelante”.

Pese a que ya había cobrado por el malware Pegasus desde octubre de 2014, el representante legal de Tech Bull todavía estaba en negociaciones en diciembre del mismo año, para sustituir el programa desarrollado por NSO Group de Israel por uno similar de la compañía Hacking Team de Italia, según consta en otros correos consultados para esta investigación.

Y también negocia con los Estados

Rodrigo Ruiz también intervenía en la negociación para abastecer equipos de seguridad a por lo menos cinco estados de la República.

En la cadena de mensajes filtrados por wikileaks, aparece el correo del sobrino del funcionario de la SCT ([email protected]) en la supuesta negociación de contratos para el Estado de México, Chiapas, Baja California, Puebla y Michoacán.

MCCI, envió un mensaje a esa misma dirección para comprobar que ésta existiera y el correo no rebotó.

Alon Dayan, también colaborador de Balam Seguridad Privada, escribió el 19 de marzo de 2014 el siguiente mensaje a Alejandro Velasco, gerente de cuentas de Hacking Team:

“Querido Alex: Nuestro cliente para esta solicitud específica es la PGJ del Estado de México. Pero tenemos algunos otros clientes del gobierno que tenemos un acceso muy bueno y creemos que podemos ofrecer sus sistemas allí también. Sugiero que fijemos una reunión en México y le daremos más detalles y fondo. Copio este correo electrónico a mis socios Rodrigo y Asaf”.

En otro mensaje, también compartido a Rodrigo Ruiz, se mencionan a Chiapas, Baja California, Puebla y Michoacán, como los estados en los que Balam Seguridad buscaba vender los equipos de seguridad o espionaje de Hacking Team.

Se contradicen

En una charla con MMCI, Rodrigo Ruiz de Teresa Treviño aseguró que la empresa Tech Bull –cuyo nombre apareció en el contrato con la PGR firmado en 2014- nunca ha pertenecido a Balam Seguridad Privada y dijo que sus datos personales así como sus catálogos de productos fueron usados sin su consentimiento.

MCCI le pidió a este empresario una entrevista grabada sobre el hecho de que Tech Bull robó sus datos y se presentó ante firmas internacionales de seguridad ilegalmente como una filial de Balam. No obstante, horas antes de la cita, él mismo la canceló argumentando razones de seguridad.

Sin embargo, en la charla previa, Ruiz reconoció que conocía a la gente de Tech Bull y que alguna vez había hecho negocios con ellos para la compra de unas cámaras de seguridad, aunque no especificó de qué tipo ni para que las utilizarían.

Sin embargo, Carlos Cayetano, el supuesto dueño de Tech Bull contradijo esa versión: Dijo que no conoce a Balam y tampoco a Rodríguez Ruiz.

Carlos Cayetano aseguró que cedió o vendió sus acciones en Tech Bull “hace tres o cuatro años”, pero no supo precisar la fecha.

“Vendí, cedí mis acciones y qué se hizo con ellas; no sé”.

No obstante, en los movimientos de la empresa inscritos en el Registro Público no aparece ninguna cesión o enajenación de sus acciones.

El único movimiento relevante fue una asamblea ordinaria efectuada el 7 de noviembre de 2014 -un mes después del contrato con la PGR- cuando Carlos Cayetano Miguel renunció como administrador único de la empresa y nombró en su lugar al que era el apoderado legal, Luis Armando Pérez Herrero. Nada más.

El contrato (con la PGR) fue en octubre de 2014 y luego en noviembre de ese mismo tú te retiras de administrador único. Entonces, cuando se hizo la venta sí estabas como dueño -se le hizo ver a Carlos Cayetano.

A la mejor eso que interpretan ustedes es para decir bueno, este… -titubeó el supuesto dueño, sin saber qué responder.

 “A mí no me preocupa porque yo no tengo nada qué ver”, añadió de imediato.

-Pero en los papeles sí apareces como dueño -se le insistió y respondió con más titubeos:

-Sí, pero a final de cuentas si a la mejor aparece que se vendió (el malware Pegasus), yo no le veo problemas.

Quienes firmaron el contrato con el Grupo Tech Bull por parte de la PGR no eran unos novatos ni tampoco han tenido puestos de escasa responsabilidad dentro del Gobierno Federal como para desconocer cómo se compran servicios relacionados con la seguridad nacional.

Tomás Zerón de Lucio quien estuvo al frente de las negociaciones del malware Pegasus y entonces jefe de la Agencia de Investigación Criminal ha sido uno de los promotores del uso de tecnología para perseguir los delitos de alto impacto. De hecho, eso le ha permitido ocupar puestos de alta responsabilidad en la Procuraduría General de Justicia del Estado de México y en la desaparecida Policía Federal Preventiva, además de la propia PGR a lo largo de 10 años (2007-2016)

¿Cómo es que a Carlos Cayetano se le ocurrió emprender un negocio tan sofisticado en materia de seguridad, si carecía de experiencia en el tema? Él mismo responde: “Fue así de vamos a hacer una empresa”.

Actualmente, él se desempeña como secretario técnico del Consejo de Seguridad Nacional cuyas oficinas se encuentran en la residencia oficial de Los Pinos.

En los referidos cables de Wikileaks, Tomás Zerón desempeñó un papel protagónico: Luis Armando Pérez Herrero, el representante de Grupo Tech Bull y de Balam Seguridad Privada –así se presentó en los correos-escribió que Tomás Zerón sólo confiaba en Pegasus para cumplir su tarea y desconfiaba de otros sistemas de espionaje como el italiano llamado Galileo.

En el contrato firmado entre la PGR y el Grupo Tech Bull –dado a conocer el pasado 29 de junio por el noticiero En Punto de Televisa- se especificó que la compra se haría bajo los criterios de “riesgo y urgencia”.

Esto implicaría que la PGR hizo una adjudicación directa o, en su caso, una invitación a cuando menos tres compañías para hacerse de Pegasus, incluido el Grupo Tech Bull una firma creada apenas un año atrás, sin experiencia en seguridad nacional, con oficinas virtuales y cuyos socios viven en barrios populares de la ciudad de México.

Aún bajo estas circunstancias, Tanto Balam Seguridad Privada como Grupo Tech Bull han comercializado otras marcas de equipos de inteligencia y espionaje.

Ambas han importado de Israel productos de Picsix Ltd., una de las compañías líderes en equipos de intercepción de celulares vía aérea que venden a fuerzas de seguridad y a agencias gubernamentales de inteligencia.

Balam y Tech Bull le compraron a Picsix en 2015 y 2016 sistemas de amplificación de frecuencia, para interceptar señales de telefonía, según consta en documentos consultados para esta investigación.

Además, Balam comercializa otros productos de inteligencia de las compañías israelíes Aeronautics Ltd., Aerosentinel Ltd. (ambos fabricante de drones espías), Elbit Systems (una de las principales fabricantes de equipos electrónicos de Defensa), Koren Ron (sistemas de comunicación militar), Vision Map (geolocalización) y GITA Technologies (intercepción de telecomunicaciones).

MCCI solicitó a la dirección de Comunicación Social de la PGR una entrevista sobre las condiciones en que se contrató a Grupo Tech Bull pero no hubo respuesta.

También se pidieron entrevistas con ex funcionarios de la misma PGR, involucrados en la compra de malware, sin embargo, hasta el cierre de este reportaje no hubo una postura al respecto.

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Cubrebocas: desde la peste negra hasta la pandemia, su evolución en 500 años de historia

Usar mascarilla se ha convertido en la “nueva normalidad”. Pero aunque el uso del cubrebocas ahora puede ser normal, no es nuevo.
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17 de mayo, 2021
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Una vez estuvieron limitadas a ladrones de bancos, excéntricas estrellas del pop y turistas japoneses conscientes de la salud. Pero ahora el uso de mascarillas faciales en público es tan común que se le ha apodado “la nueva normalidad”.

Puede que sea normal, pero no es nuevo.

Desde la peste negra hasta el esmog sofocante, la contaminación del tráfico y la amenaza de ataques con gas, los londinenses han usado tapabocas durante los últimos 500 años.

Aunque las mascarillas más antiguas se utilizaron para disfrazarse, ponerse una mascarilla protectora se remonta al menos al siglo VI a.C.

En las puertas de las tumbas persas se encontraron imágenes de personas con telas sobre la boca.

Según Marco Polo, los sirvientes de la China del siglo XIII se cubrían la cara con bufandas tejidas. La idea era que el emperador no quería que su aliento afectara el olor y sabor de su comida.

Esmog

esmog en Londres en 1952

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Parece un crucero en el océano pero estas son chimeneas de fábricas lanzando una densa niebla de esmog en Londres en 1952.

La Revolución Industrial del siglo XVIII ayudó a crear el famoso esmog de Londres, que se intensificó a medida que más y más fábricas arrojaban humo y los hogares mantenían encendidos sus fuegos de carbón.

Muchos inviernos vieron gruesos mantos de esmog amarillo grisáceo cubriendo la capital.

El peor episodio fue en 1952, cuando entre el 5 y el 9 de diciembre al menos 4.000 personas murieron inmediatamente después, y se estima que otras 8.000 murieron en las siguientes semanas y meses.

Otras 1.000 personas murieron a causa del esmog en diciembre de 1957, y otro episodio en 1962 provocó 750 muertes.

El esmog era tan denso que los trenes no podían circular,e incluso hubo informes de ganado que murió asfixiado mientras permanecían en los campos.

mujer en 1953

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Una mujer con tapabocas y perlas en los 1950.

En la década de 1930, las mascarillas “anti-esmog” se volvieron tan de rigor en la cara como los sombreros de fieltro en la cabeza.

Las Leyes de Aire Limpio de 1956 y 1968 prohibieron la emisión de humo oscuro de una chimenea, establecieron límites para las emisiones de grava y polvo de los hornos y proporcionaron un marco para el control de la altura y la posición de las chimeneas.

La contaminación del aire, aunque ya no forma una niebla densa y peligrosa, sigue siendo un problema.

La plaga

peste negra

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Médicos durante la peste negra antes de que fueran introducidas las máscaras de “picos de aves”.

Fue la Peste Negra, la plaga que azotó Europa por primera vez en el siglo XIV, matando al menos a 25 millones de personas entre 1347 y 1351, lo que presagió el advenimiento de la mascarilla médica.

Algunos creían que la enfermedad se propagaba a través del aire envenenado o “miasma”, creando un desequilibrio en los fluidos corporales de una persona.

Intentaban evitar que el aire fétido les llegara cubriéndose la cara o llevando ramilletes de olor dulce.

El símbolo de la plaga, esa siniestra imagen de individuo con máscara de pájaro que parecía la Sombra de la Muerte surgió en los últimos estertores del brote final, a mediados del siglo XVII.

médico con máscara en la peste negra

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La máscara que se usó durante la peste negra se llenaba con hierbas aromáticas para contrarrestar los miasmas.

Los perfumes y las especias todavía se usaban: el “pico” se originó como un lugar para colocar hierbas y aromáticos con el fin de contrarrestar el llamado miasma.

La ropa protectora que usaban los médicos que trataban a los pacientes durante la Gran Plaga de 1665, incluía una pesada túnica de cuero, espesos protectores de vidrio para los ojos, guantes y sombreros.

Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

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Los horribles trajes que usaban los médicos durante la plaga.

Tráfico

Cuando llegó el Londres victoriano, las damas bien educadas, expertas en cubrirse la piel y siempre dispuestas a abrazar cualquier cosa que pudiera ser un adorno intrincado que venía en negro, comenzaron a colocar velos en sus sombreros.

Aunque se usaba durante el duelo, el papel del velo no era exclusivamente fúnebre.

También ayudaba a proteger el rostro de una mujer del sol, la lluvia y los contaminantes, así como la suciedad y el polvo en el aire.

Según el organismo de Transporte de Londres y el King´s College de Londres, la principal causa de contaminación hoy en día es el tráfico.

Las emisiones de escapes, que incluyen óxidos de nitrógeno y pequeñas partículas de caucho y metal, se bombean al aire.

contaminación

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Un conductor lleva una máscara de gas anticontaminación en 1971.

Los delgados velos, como los usaban las conductoras a principios del siglo XX, ya no protegen de estos contaminantes.

Ver a ciclistas con mascarillas anticontaminantes era común mucho antes de que el coronavirus nos llevara a todos a cubrirnos la cara.

Gas

bailarinas

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Hasta las bailarinas de cabaret en Londres llevaban máscaras de gas.

La amenaza de una segunda guerra mundial, 20 años después de que en la Gran Guerra se había visto el uso de gas cloro y gas mostaza, provocó que el gobierno emitiera máscaras de gas tanto para la gente común como para los militares.

Para 1938 se habían distribuido 35 millones de respiradores para todos los civiles y eran una vista familiar en la vida diaria, incluidos los adornos de las bailarinas en el Cabaret de Murray en Beak Street, Londres; y policías ciclistas que los usaban como parte de su equipo de protección personal.

camello

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Se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles máscaras a la medida.

Incluso los animales tenían sus propias mascarillas: se midió a los camellos en el zoológico de Chessington para hacerles estos accesorios a la medida, mientras que a los caballos se les colocó un tipo de cubierta facial que parecía una bolsa en la nariz.

Gripe española

Un brote de influenza al final de la Primera Guerra Mundial se convirtió en una pandemia mundial devastadora.

Fue apodada la gripe española, porque España fue el primer país en informar sobre el brote, y en ella murieron alrededor de 50 millones de personas.

Se cree que la propagación del virus fue intensificada por los soldados que regresaban de las trincheras en el norte de Francia.

espray antigripal en un autobús

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Muchas empresas intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses

Las tropas apiñadas en vagones de tren y camiones se aseguraron de que la infección, altamente contagiosa, pasara de un hombre a otro.

Luego se extendió desde las estaciones de tren hasta el centro de las ciudades, y de allí a los suburbios y al campo.

Las empresas, incluida la London General Omnibus Co, intentaron frenar la propagación de la infección rociando una solución antigripal sobre trenes y autobuses y haciendo que sus empleados usaran tapabocas.

Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

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Un hombre rocía espray antigripal en las calles de Londres.

La revista Nursing Times en 1918 incluyó consejos para contener la enfermedad, con una descripción de cómo las hermanas del hospital St Marylebone Infirmary en North Kensington erigieron particiones desinfectadas entre cada cama y “cada enfermera, médico, ayudante de sala” que entraba en el ala epidémica tenía que usar una máscara y un traje de cuerpo completo.

Se instó a la gente común a “usar una máscara y salvar su vida“; muchos se hicieron la suya con gasa o añadían gotas de desinfectante a artilugios que se ponían debajo de la nariz.

Fama

Boy George

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Boy George llega al aeropuerto de Heathrow en 1985 cubriéndose la cara con una bufanda.

Otro tipo de mascarilla ha surgido en los últimos tiempos, una que satisface la necesidad de proteger la cara de la mirada fulminante de los fanáticos ávidos (y presumiblemente, los enemigos).

Estas son perfectas para las celebridades que quieren llamar la atención sobre sí mismos mientras conservan la negación plausible de “no quiero ser reconocido, por eso estoy usando una mascarilla notable”.

Aún no se sabe que opinan de las personas normales y no famosas que cubren sus caras normales y no famosas, ahora que ocultar la cara no logra atraer ni la más breve de las miradas curiosas.


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