Talacheros F.C., el agridulce destino de los jugadores de fútbol extranjeros varados en México
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Cortesía Talacheros FC

Talacheros F.C., el agridulce destino de los jugadores de fútbol extranjeros varados en México

Estos extranjeros llegan al país con la esperanza de triunfar en el futbol profesional, pero sus sueños se ven truncados y se convierten en talacheros.
Cortesía Talacheros FC
Por Alberto Nájar // BBC Mundo
29 de julio, 2017
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Salomón Konde tenía un futuro brillante: antes de los 20 años fue campeón de fútbol en Camerún, y luego con la selección de su país participó en la Copa Africana de Naciones, el torneo de fútbol más importante del continente. Hoy es de los talacheros.

Con su talento, Salomón llegó a México con la esperanza de unirse a un equipo profesional de primera división.

Pero el promotor que le sacó de África lo abandonó, y el camerunés se quedó solo en un país desconocido, sin entender una palabra de español.

Para sobrevivir, el joven hizo lo único que conoce bien: jugar fútbol.

Cambió entonces las canchas de césped y los estadios abarrotados de fanáticos por campos de tierra, a veces enlodados, en barrios populares de Ciudad de México.

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Salomón, como cientos de futbolistas extranjeros que no pudieron incorporarse a las ligas profesionales, es un “talachero”.

La palabra en la capital mexicana se usa para definir a quien repara autos o llantas averiadas.

Pero en los círculos amateur de fútbol, en los pueblos o colonias del país, talacheros es la forma como se conoce a jugadores talentosos que cobran por jugar un partido.

Muchos son mexicanos, pero también abundan quienes llegaron de Argentina, Chile, Colombia, Brasil, Paraguay o África, entre otros.

La historia de algunos de ellos se cuenta en el documental Talacheros F.C. estrenado el 23 de julio en Canal 11, una de las televisoras públicas de México.

Talacheros varados

Antes del documental se conocía muy poco de este circuito deportivo de México.

Pero es un refugio, y también una fuente de empleo, para muchos jugadores talentosos.

La mayoría por engaños, corruptelas o malas negociaciones no son aceptados en equipos profesionales, le dice a BBC Mundo el periodista de deportes Enrique Ballesteros.

Es uno de los pocos que ha publicado sobre el fenómeno de los talacheros, al que documenta desde 2003.

Los jugadores extranjeros “quedan varados aquí, tienen contratos que no se cumplen o el promotor les quita más de lo que les había dicho”, explica.

También se enfrentan a un gremio muy competido. De cada 1.000 jugadores que realizan pruebas para unirse a las ligas profesionales sólo uno lo consigue, afirma el periodista.

El resto busca una alternativa de empleo, pero entre ellos hay algunos “notables” que se acercan a ligas amateur.

Y en los campos de los barrios, conocidos como “llaneros”, encuentran una forma de subsistir.

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Orgullo barrial

Algunos ganan lo suficiente para mantener una casa o comprar auto. A otros les alcanza para completar el sueldo que obtienen en otro empleo.

Hay talacheros, por ejemplo, que cobran 2.000 pesos por partido, unos US$110.

Otros talacheros, generalmente exjugadores de primera división profesional, piden 15.000 pesos, US$830.

Pero muchos reciben poco dinero, a veces 500 o 1.000 pesos, entre US$27 y US$55. Para reunir más efectivo suelen jugar varios encuentros al día.

Todo depende de su talento, y de los equipos que los contratan.

“Si son goleadores o resuelven partidos, meten dos tres goles, a lo mejor en una de esas pueden conseguir un buen pago”, le dice a BBC Mundo Gabriel Villegas, director del documental.

En México existen miles de equipos CORTESÍA TALACHEROS F.C.
En México existen miles de equipos “llaneros”.

“El premio no es representativo de lo que gasta el dueño del equipo, gastan más en contratar la talacha”.

De hecho, existen algunas ligas donde los equipos pertenecen a empresarios o comerciantes, como la que organizó la Central de Abastos de Ciudad de México.

Pero la mayoría son conjuntos pequeños, donde los uniformes, el pago del arbitraje, la renta de los campos y la suscripción a las ligas se financia entre los jugadores y el entrenador.

Estos equipos, cuando enfrentan algún partido importante o quieren ganar el campeonato del barrio, reúnen dinero para contratar “talacheros”.

A veces el premio resulta menor a lo gastado. Pero no hay problema, recuerda el cineasta Villegas.

Lo más importante, a final de cuentas, es el orgullo de ser campeones… O derrotar al barrio rival.

Pasión futbolera

Esta pasión por el fútbol sostiene también a muchos “talacheros”.

Jugar en los campos “llaneros” es una forma de sobrevivir y permanecer en México, aunque siempre estén sujetos al riesgo de sufrir alguna lesión que termine con su carrera.

El mundo de la “talacha” futbolera está completamente inmerso en la economía informal, donde no existen contratos ni mucho menos seguridad social o atención médica.

Así, algunos quedan atrapados en las ligas barriales, en busca de los torneos donde puedan ganar algunos pesos de más.

Los encuentros donde juegan los Derechos de autor de la imagenCORTESÍA TALACHEROS F.C.
Image captionLos encuentros donde juegan los “talacheros” son muy populares.

Pero la mayoría conserva el gusto por el fútbol. “No se les ve frustración hasta que dejan de jugar”, explica el periodista Ballesteros.

“Lo que quieren es seguir jugando. Es puro fútbol, un sistema muy recreativo, su plan de vida pero al día. Si se lastiman a lo mejor acaba su carrera para siempre”.

Al final todo depende de la actitud de los jugadores, completa Gabriel Villegas.

“En el documental mostramos una cierta desolación como es el caso de Salomón que llegó con falsas promesas, lo abandonaron y quedó encerrado en los llanos”, cuenta.

Pero también existen otros casos donde los jugadores alcanzan un buen nivel de éxito.

“Depende como tomes el aparente fracaso, el no llegar al profesionalismo. Unos sí se quedan frustrados e inmersos en la talacha, pero otros aprovechan su condición de extranjero y lo explotan al 100%”.

 

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La pesadilla de la montaña de basura tan alta como un edificio de 18 pisos en India

El primer ministro Narendra Modi anunció a principios de mes un plan para cerrar los enormes vertederos a cielo abierto en los que se acumula basura desde hace años.
19 de octubre, 2021
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Las “montañas de basura” de India pronto serán reemplazadas por plantas de tratamiento de desechos, prometió el primer ministro Narendra Modi a principios de este mes. Saumya Roy* escribe para la BBC sobre la más antigua de todas, tan alta como un edificio de 18 plantas, ubicada en la ciudad costera occidental de Bombay.

Todas las mañanas Farha Shaikh se para en la cima de una montaña de desechos de más de un siglo de antigüedad en Bombay, esperando que los camiones de basura suban.

Esta joven de 19 años ha estado hurgando en este vertedero del suburbio de Deonar desde que tiene memoria.

Normalmente recupera de entre los desechos viscosos botellas de plástico, vidrio y alambre que luego vende en los prósperos mercados de residuos de la ciudad.

Pero, sobre todo, busca teléfonos móviles rotos.

Cada pocas semanas Farha encuentra un celular “muerto” en la basura y con sus escasos ahorros lo repara.

Una vez que cobra vida, pasa las tardes viendo películas, jugando a los videojuegos, enviando mensajes de texto y llamando a sus amigos.

Cuando días o semanas después el aparato vuelve a dejar de funcionar, la conexión de Farha con el mundo exterior se desvanece.

Entonces regresa a las largas jornadas de rebuscar entre la basura, para conseguir botellas que vender y celulares que restaurar.

Deonar

Saumya Roy

Más de 16 millones de toneladas de desechos forman la montaña de basura de Deonar, ocho de ellas repartidas en una extensión de 121 hectáreas.

Los desechos se apilan hasta alcanzar una altura de 36,5 metros.

Se puede ver el mar desde la cima y sobre los sólidos montones de basura se han construido villas miseria.

Gases nocivos y contaminantes

Los desechos en descomposición liberan gases nocivos como metano, sulfuro de hidrógeno y monóxido de carbono.

Y en 2016 fue escenario de un incendio que ardió durante meses y llenó de humo gran parte de Bombay.

De acuerdo a un estudio que el regulador de polución de la India llevó a cabo en 2011, otros incendios similares contribuyeron con el 11% del material particulado que inunda el aire de Bombay, una de sus principales causas de contaminación.

Los vecinos de los alrededores llevan luchando en los tribunales desde hace 26 años, exigiendo el cierre del vertedero de Deonar.

Pero esa montaña de basura no es una excepción en el país. Una investigación realizada en 2020 por el Centro para la Ciencia y el Medio Ambiente (CSE), un think tank independiente con sede en Nueva Delhi, identificó en toda India 3.159 montañas de este tipo que contienen 800 millones de toneladas de desechos.

Estas han sido durante años un dolor de cabeza para funcionarios y políticos.

El 1 de octubre, Modi anunció un “programa nacional de limpieza” de casi US$13.000 millones que incluirá la instalación de una serie de plantas de tratamiento de aguas residuales para reemplazar gradualmente los vertederos de basura al aire libre como el de Deonar.

Pero los expertos se muestran escépticos.

“Si bien se ha logrado en ciudades más pequeñas, es difícil proporcionar una solución para las montañas de desechos a esta escala”, dice Siddharth Ghanshyam Singh, subdirector de programas de CSE.

“Se reconoce que es un problema, pero hemos aceptado que si vamos a vivir en grandes ciudades como Bombay o Nueva Delhi estas montañas de basura van a estar allí”, señala Dharmesh Shah, coordinador en el país de la Alianza Global para Alternativas de Incineradores, una coalición de grupos que abogan por la reducción de residuos.

Deonar

Reuters
La montaña de basura se incendi[o en marzo de 2016;.

Desde el año 2000, India ha aprobado regulaciones que obligan a los municipios a que procesen los desechos.

Pero la mayoría de los estados informan de un cumplimiento solo parcial y no hay suficientes plantas de tratamiento de desechos.

Bombay, la capital comercial y del entretenimiento de la India y hogar de unos 20 millones de personas, tiene una sola planta de este tipo.

Ahora hay planes para instalar una planta que convierta los residuos en energía en Deonar.

Modi dijo que espera que el plan cree nuevos empleos ecológicos. Pero esto preocupa a los recolectores como Farha que llevan toda la vida dedicados a ello.

Aunque desde el incendio de 2016 acceder a la montaña de basura de Deonar se ha vuelto más difícil.

El municipio incrementó la seguridad para evitar que los recolectores entren y provoquen incendios: las llamas derriten la basura más liviana, quedando con ello expuesto el metal que se vende a precios altos.

Los recolectores que logran colarse a menudo son golpeados, detenidos y expulsados, aunque algunos sobornan a los guardias o acceden al vertedero antes del amanecer, cuando comienzan las patrullas de seguridad.

Pero ese no es el único motivo por el que los recolectores de basura de Deonar han visto su modo de vida. Y es que ahora gran parte de la separación de residuos se hace en la ciudad.

Como consecuencia, Farha no tiene teléfono desde hace meses. Y se ve obligada a sobornar a los guardias con al menos 50 rupias (US$0,67) todos los días para entrar y trabajar en los terrenos de Deonar.

Para recuperar esto, incluso pensó en buscar entre la basura que comenzó a llegar desde las salas del hospital en las que se atendía a los pacientes de covid-19 el año pasado.

Pero su familia le pidió que no recogiera esos desechos “dañinos”.

Así que ahora se queda cerca, observando a los recolectores que usan equipo de protección para seguir recogiendo plástico bajo la lluvia para revender.

La ciudad estaba enviando basura nueva y, como lo habían hecho durante años, las montañas tenían que acomodarla y los recolectores tenían que recolectarla y revenderla.

“El hambre nos matará si no nos mata la enfermedad”, dice Farha.

*Saumya Roy es una periodista con sede en Bombay y autora del libro Mountain Tales: Love and Loss in the Municipality of Castaway Belonging (Profile Books / Hachette India).


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