De robos a bloqueos y narcotráfico: así ha evolucionado el crimen en Tláhuac
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De robos a bloqueos y narcotráfico: así ha evolucionado el crimen en Tláhuac

Los delitos en la delegación, con vocación semirural, han aumentado no solo en número sino también en violencia. En el último año se han intensificado las acciones contra el narcomenudeo.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
21 de julio, 2017
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Hace una década en Tláhuac el mayor problema de seguridad eran los robos, sobre todo el de vehículos. Hoy la presencia de redes de narcotráfico provocó bloqueos y enfrentamientos nunca vistos en la Ciudad de México.

Tláhuac es una delegación semirural y principal productora de hortalizas en la Ciudad de México. Destaca a nivel mundial por su celebración del Día de Muertos en el poblado de San Andrés Míxquic.

En cuestiones de seguridad el capítulo más conocido de la demarcación y que la puso en 2004 en el centro de las miradas fue el linchamiento de tres policías en San Juan Ixtayopan.

Tres elementos de la Policía Federal Preventiva que investigaban redes de narcomenudeo en ese poblado fueron retenidos y linchados por una turba que los acusaba de ser secuestradores.

Tras ese episodio de violencia, también nunca antes visto en la capital del país, Tláhuac se colocaba como una de las delegaciones con los índices delictivos más bajos de la ciudad.

En 2006, se cometieron 3,451 delitos en la demarcación, la mitad de ellos (1,571) fueron robos. De esos destaca el de auto, pues en promedio se cometían 0.71 robos diarios, según cifras de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina.

El 2011, fue un buen año en materia de seguridad para los habitantes de Tláhuac. La demarcación tenía una de las tasas delictivas (que es el número de averiguaciones previas por cada 10,000 habitantes) más bajas de la capital.

Tláhuac registró una tasa de 10.7, solo por arriba de Magdalena Contreras que tuvo 9.1; en contraste con las de Cuauhtémoc (41.5) y Miguel Hidalgo (29.2).

Ese año el promedio de la ciudad fue de 17.1.

Para el año siguiente, la demarcación seguía sin mostrar aumentos en la inseguridad, de acuerdo con los indicadores de la PGJDF.

En junio de 2012, la Procuraduría capitalina señaló que nueve delegaciones – entre ellas Tláhuac – registraron un decremento en la tendencia delictiva.

La demarcación cerró el primer semestre de ese año con 387 averiguaciones lo que significaba un decremento de 2.93%.

En 2013, la Procuraduría documentó la operación en la delegación del grupo delictivo Los Felipes, liderado por Felipe de Jesús Ramos Pérez “El Ojos” quien fue abatido este jueves 20 de julio durante el enfrentamiento con elementos federales.

Los Felipes estaban ligados con al menos 20 homicidios de narcomenudistas y tenían nexos con grupos delincuenciales del estado de Morelos, de acuerdo a información de la PGJDF citada por el diario Reforma en agosto de 2013.

En los siguientes años los delitos del fuero común pero de alto impacto aumentaron en la demarcación. Pasaron de 21.2% en 2014 a 24.2% un año después.

Los operativos contra el crimen se hacen visibles

Entonces comenzaron los operativos, en los que participaban fuerzas federales, para combatir el crimen en la demarcación.

En mayo de 2015, fuerzas federales en coordinación con las autoridades capitalinas y del Estado de México pusieron en marcha el operativo Tláhuac-Chalco con el fin de evitar delitos como narcomenudeo, robo en todas sus modalidades, secuestro y extorsión.

Aunque en esa ocasión las fuerzas federales no ingresaron a la capital, pues estaban situadas solo en los accesos carreteros que daban a la ciudad.

Para 2016 los delitos de alto impacto bajaron, según la PGJ, registrando un 18.9%, sin embargo los delitos de bajo impacto tuvieron su mayor aumento en tres años situándose en 81.1%.

Ese año las autoridades realizaron una operativo en cuatro colonias de Tláhuac: Miguel Hidalgo, La Nopalera, Agrícola Metropolitana y San Miguel Zapotitlán, en donde detuvieron a 11 personas y aseguraron ocho inmuebles, además de armas, drogas y vehículos.

El operativo se realizó tras las denuncias de vecinos por asesinatos y desapariciones ocurridas en la demarcación.

Lo ocurrido este jueves en Tláhuac no es el único hecho violento de este año. El 2017 se ha caracterizado por un aumento en los asesinatos dentro de la demarcación.

El 6 de enero luego de realizar un cateo en el poblado de Tetelco, policías de investigación de la Procuraduría General de Justicia fueron atacados a balazos por hombres armados que viajaban en una camioneta.
Cuatro presuntos delincuentes y un elemento de la PDI resultaron lesionados en el ataque ocurrido en la colonia Jaime Torres Bodet.

En el cateo se aseguraron droga, armas y se detuvo a cinco personas.

Ese mismo día, pero en San Juan Ixtayopan, se registró una balacera luego de un operativo de la PGJ. Cinco presuntos narcomenudistas y un policía de investigación resultaron heridos.

En abril, cuatro hombres fueron asesinados afuera de una cervecería en la colonia San José, mientras bebían en la vía pública.

El último capítulo violento ocurrido en Tláhuac fue el de este jueves, en el que murieron en un enfrentamiento con fuerzas federales ocho presuntos narcomenudistas, entre ellos Felipe de Jesús “N” líder de un grupo delictivo operaba en las delegaciones Tláhuac, Iztapalapa, Xochimilco y Álvaro Obregón, de acuerdo con autoridades capitalina.

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Qué es la 'coronafobia', el miedo 'desadaptativo' que no nos protege del COVID

Los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.
10 de enero, 2022
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Para el año 2030, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los problemas de salud mental serán la principal causa de discapacidad en el mundo.

Según un informe del Ministerio de Sanidad español, el trastorno de ansiedad es el más frecuente: afecta al 6,7 % de población (8,8 % en mujeres, 4,5 % en hombres). Esta cifra alcanza el 10,4 % si se incluyen signos o síntomas de ansiedad.

Dentro de este espectro de problemas mentales, uno de los diagnósticos más frecuentes es el trastorno de ansiedad fóbica o fobia específica.

La última edición de Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM V) define estos trastornos como la aparición de miedo o ansiedad intensa, inmediata (casi siempre) y desproporcionada ante objetos o situaciones específicas que, de forma general, no serían consideradas peligrosas y que, además, el paciente intenta evitar o resistir activamente.

El miedo “desadaptativo”, el que no nos protege

Las fobias tienen como punto de partida la emoción básica de miedo.

Normalmente, esta tiene una función eminentemente adaptativa para la supervivencia. Permite detectar amenazas inminentes reales y generar una respuesta apropiada frente a las mismas.

Sin embargo, cuando dicho miedo interfiere de forma negativa en el funcionamiento cotidiano de la persona en alguno de los ámbitos de su vida por ser persistente, desproporcionado, irracional e infundado, pierde su carácter adaptativo.

De hecho, la quinta edición del Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (DSM V), de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría, contempla el siguiente criterio diagnóstico para la fobia: el miedo, la ansiedad o la evitación causa malestar clínicamente significativo o deterioro en lo social, laboral u otras áreas importantes del funcionamiento.

Y esta es precisamente la característica fundamental que convierte a la fobia en un problema de salud mental.

La pandemia, un caldo de cultivo para las fobias

La pandemia de covid-19 ha erosionado la salud mental de una gran parte de la sociedad.

Del mismo modo, en personas vulnerables o con predisposición ha supuesto un aumento alarmante de los trastornos mentales. Los más prevalentes son la depresión y la ansiedad.

De forma más concreta, cualquier situación alarmante o catastrófica (como una pandemia) supone el caldo de cultivo perfecto para la aparición de trastornos relacionados con el miedo excesivo.

niños en la escuela

Malte Mueller/Getty Images
Las medidas de contención y el aislamiento social han perjudicado la salud mental de muchas personas.

Así, diversos estudios que han evaluado brotes previos de enfermedades infecciosas como la gripe española de 1918 o el brote de ébola en África Occidental en 2014 han asociado estos a respuestas cognitivas, afectivas o conductuales desproporcionadas frente a cualquier aspecto asociado a las mismas.

Son destacables aspectos como el riesgo de infección a través del contacto físico o los espacios cerrados, la muerte o infección de seres queridos, las medidas de contención, el aislamiento social y la soledad, la pérdida masiva de empleo o la inestabilidad financiera, entre otros.

En este contexto, sabemos que no todo el mundo tiene la misma posibilidad de desarrollar una fobiaante un determinado evento desencadenante. Dependerá de la presencia de factores genéticos y ambientales, además de otros factores específicos de cada tipo de fobia.

Por ejemplo, en el caso de las fobias asociadas a las pandemias (como la de covid-19), se ha visto que las variables de diferencia individual como la falta de tolerancia a la incertidumbre, la vulnerabilidad percibida a la enfermedad o la propensión a la ansiedad parecen desempeñar un papel fundamental.

Fobias asociadas al confinamiento

La medida del confinamiento impuesta en prácticamente todos los países al inicio de la pandemia llevaron a un aislamiento.

Esto se ha traducido en una reducción drástica del contacto físico y social y una afectación de la salud mental. En este proceso también participaron las restricciones en el ocio y tiempo libre.

Las consecuencias de ello han sido diversas en relación a la salud mental de las personas.

Por un lado, asociado directamente al aislamiento social destaca la agorafobia, un trastorno de ansiedad fóbica en el que la persona experimenta un miedo intenso ante lugares o situaciones de los cuales sería difícil huir o pedir ayuda en caso de urgencia.

Por otro lado, el aislamiento también puede llevar asociada una afectación negativa de las habilidades sociales, con una mayor propensión a la fobia social.

ilustración: confinamiento

Malte Mueller/Getty Images
El confinamiento puede dejar una huella psicológica.

El grupo poblacional que más se ha visto afectado son los adolescentes. En este caso, el miedo se da ante situaciones sociales en las que el individuo está expuesto al posible examen por parte de otras personas.

“Coronafobia” y otras fobias asociadas al contagio

A un lado, una de las fobias que la actual pandemia ha generado de forma específica es la conocida como ‘coronafobia’, una ansiedad excesiva a contraer el covid-19.

Así, los individuos con este miedo extremo tienden a experimentar un conjunto de síntomas fisiológicos desagradables desencadenados por pensamientos o información relacionada con esta enfermedad.

Esta fobia es realmente incapacitante en la medida en que está fuertemente relacionada con el deterioro funcional y la angustia psicológica y, por tanto, tiene importantes implicaciones para el bienestar mental.

Asimismo, relacionado con el miedo excesivo al contagio, es destacable el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), otra alteración relacionada con la ansiedad cuyos síntomas pueden verse exacerbados en el contexto del covid-19.

El DSM V define el TOC como la presencia de obsesiones, compulsiones o ambas.

ilustración: mujer con mascarilla

Malte Mueller/Getty Images
El miedo al contagio es más dañino para algunas personas que el contagio en sí mismo.

En primer lugar, las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes recurrentes y persistentes no deseadas. Por ejemplo, en el contexto de la pandemia, la idea de contagiarse o de contagiar a los seres queridos.

En segundo lugar, las compulsiones pueden aparecer para hacer frente al malestar generado por las obsesiones en forma de comportamientos repetitivos que la persona aplica de manera rígida.

Por ejemplo, lavarse las manos con frecuencia se ha planteado como una medida de prevención más frente a la infección.

Sin embargo, esta conducta suele ser una compulsión frecuente del TOC asociado a la contaminación.

Así, esta acción que es adecuada y saludable (no solo en época de pandemia si no de forma general) puede convertirse en la base del aumento de la prevalencia del TOC asociado al covid-19 en este caso.

Evaluación de la coronafobia

La coronafobia es un problema relativamente nuevo dado que se trata de una fobia específicamente asociada al covid-19.

No obstante, existen estudios sobre fobias relacionadas con otras enfermedades infecciosas como se ha comentado anteriormente.

ilustración: terapia covid

Malte Mueller/Getty Images
Los psiquiatras están desarrollando herramientas para evaluar la coronafobia.

Debido a ello, y siguiendo las recomendaciones de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría (APA), se están desarrollando herramientas con propiedades psicométricas válidas para un correcto diagnóstico de este trastorno en auge.

Un ejemplo de este tipo de instrumentos de evaluación es la Escala de Fobia COVID-19.

Esta ha demostrado validez convergente y discriminante así como consistencia interna. Además, ha sido validada en poblaciones de diferentes partes del mundo como Estados Unidos, Corea e Irán.

Dada la situación tan alarmante asociada a la pandemia que se mantiene a largo plazo de manera más o menos latente, este tipo de instrumentos son fundamentales.

No solo son importantes para diagnosticar nuevos casos específicos de coronafobia, sino también por la posible exacerbación de la sintomatología de pacientes en tratamiento.

O, incluso, por las recaídas que puedan presentar antiguos pacientes que ya habían sido dados de alta.


*Aránzazu Duque Moreno es doctora en Neurociencias, directora del Grado en Psicología y Secretaria de la Cátedra de Humanización de la Asistencia Sanitaria y miembro del grupo de investigación Psicología y Calidad de Vida en la Universidad Internacional de Valencia (España).

*Basilio Blanco Núñez es personal docente investigador de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Internacional de Valencia (España).

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation y se publica en BBC Mundo bajo licencia Creative Commons. Puedes leer la versión original aquí.


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