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Cuartoscuro

Hoy no comes: así amenazan a migrantes en México para que acepten la deportación voluntaria

La ONU denuncia como una práctica “sistémica” que agentes del INM amenazan a migrantes recluidos en centros de detención para que acepten la expulsión voluntaria de México y no soliciten asilo.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste
3 de agosto, 2017
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“Tú hoy no comes”. Con esta orden, agentes del Instituto Nacional de Migración (INM) castigan a los migrantes indocumentados que se resisten a firmar la deportación voluntaria de México.

Se trata de una modalidad de hostigamiento detectada por un grupo de activistas que integran el Comité Ciudadano del INM, durante una misión de monitoreo en la que tuvieron acceso a 17 estaciones migratorias del país.

El Comité Ciudadano documentó que, además de presionarlos con dejarlos sin comer, también hay casos en los que agentes federales del INM, custodios privados, así como personal que trabaja en las estaciones, amenazan a quienes no aceptan la expulsión voluntaria negándoles medicinas básicas y productos de higiene personal.

Además, en algunos casos, estás tácticas intimidatorias van acompañadas de agresiones físicas y verbales, así como de amenazas de muerte, según denunciaron las personas entrevistadas durante la misión de monitoreo.

“Yo tengo cinco amenazas de muerte de los guardias y también de migración. Nos maltratan, nos humillan con insultos. Y hay veces que voy a ingerir mis alimentos y el guardia me dice que no puedo pasar al comedor”, dijo un migrante detenido en la estación de Iztapalapa, en la Ciudad de México, cuyo testimonio forma parte del informe Personas en detención migratoria en México.

Los migrantes expusieron que no solo los agentes de seguridad los amenazan. También acusaron a funcionarios del área jurídica del INM de amedrentarlos a través de múltiples formas para que no accedan a su derecho de pedir refugio, tal y como México reconoce en su Ley de Migración.

El Sabueso: EPN dice que México respeta los derechos de los migrantes centroamericanos, ¿cierto?

“Mejor regrésate”, dicen a migrantes

Por ejemplo, una mujer centroamericana denunció que una funcionaria del INM la “desanimó” para que no iniciara el proceso de asilo, advirtiéndole que pasaría mucho tiempo encerrada en una estación migratoria hasta que se resolviera el trámite.

“¿Sabías que tienes que esperar tres meses (para el trámite)?. Y no cuentan días hábiles. Además, las probabilidades de que te digan que no son muchas. Así que mejor regrésate, porque a veces el proceso dura hasta seis meses”, dijo la funcionaria, según el testimonio de la mujer entrevistada.

El representante en México de la Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, Jan Jarab, criticó que esta táctica para desincentivar el refugio es “un problema sistémico” en el país.

Y recordó que tanto la ONU, a través de su oficina para refugiados, como otras organizaciones internacionales, como Human Rights Watch, han denunciado en numerosas ocasiones que agentes del INM amenazan a los migrantes con enfrentar procesos largos y tortuosos, en caso de solicitar su derecho al asilo para no retornar a los países de los que salieron huyendo.

“Si a los migrantes se les dice que no pidan asilo porque van a pasar mucho tiempo encerrados en estaciones migratorias donde las condiciones son deplorables, entonces no es regreso voluntario. Se podría llamar regreso ‘pseudo-voluntario’”, ironizó el representante de la ONU, durante la presentación del informe del Consejo Ciudadano del INM.

Violencia y maltrato: Jannete, la historia sobre la realidad de los migrantes que van a EU.

ONU critica política migratoria mexicana

La documentación de estas tácticas cobra especial relevancia ahora, cuando cada vez más personas centroamericanos ven a México como una posibilidad de refugio ante la violencia de las pandillas en Honduras y El Salvador, y sobre todo ante el endurecimiento —al menos en el discurso— de la política migratoria de Estados Unidos y su presidente, Donald Trump, quien prometió construir un muro para frenar la migración.

Y así lo muestran también las cifras oficiales: el número de personas que han solicitado asilo en México ha aumentado más de 150% desde que Donald Trump resultó ganador en las elecciones de Estados Unidos, en noviembre del año pasado.

Sin embargo, los integrantes del Comité Ciudadano del INM denunciaron en su informe que la política migratoria mexicana, lejos de buscar la protección de estos migrantes, básicamente se reduce a detener y deportar personas, bajo “una simulación” de respeto a los derechos humanos.

Y de nuevo, las cifras oficiales de la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados (COMAR) corroboran que conseguir protección en México es casi una tarea imposible: en cuatro años, de 2011 a 2015, México recibió 8 mil 419 solicitudes de asilo, de las cuales solo 2 mil 175 fueron aceptadas. O en otras palabras: las autoridades migratorias rechazaron 8 de cada 10 peticiones de refugio y ordenaron la deportación de miles de personas extranjeras, a pesar de los riesgos que enfrentan en países como Honduras o El Salvador, donde la guerra de las pandillas ha colocado a estas naciones como las más violentas del mundo.

En este sentido, el representante de la ONU, Jan Jarab, volvió a ser muy crítico con la política migratoria mexicana: “Difícilmente México puede mantener la credibilidad criticando la política migratoria de otros países, mientras a nivel interno se aplica una política similar”, subrayó.

Persisten los “calabozos”

El Comité Ciudadano del INM también documentó que en los centros de detención de migrantes persisten viejas prácticas violatorias de derechos humanos, como la existencia de “celdas de castigo” o “cuartos de aislamiento”.

Estas celdas son cuartos extremadamente pequeños, oscuros, y presentan peores condiciones de higiene —si cabe— que el resto de instalaciones de los centros de detención. En Tapachula, por ejemplo, la misión de monitoreo registró que los migrantes llaman a este cuarto “el pozo” o “el calabozo”, y aseguraron que las autoridades confinan ahí a los presos con fines de sanción y castigo.

“Lo que a mí me pasa yo no se lo digo a nadie, porque nadie aquí adentro me puede ayudar. Si uno levanta la mano para reclamar, lo que hacen es llevarlo al pozo. He visto cómo han agredido a los que se llevan a ese lugar, porque se pelean o dicen algo, o porque se quieren defender de las agresiones de los mismos guardias”, acusó otro migrante.

Las celdas de castigo en estaciones del INM han sido denunciadas desde, al menos, abril de 2013, cuando las organizaciones Sin Fronteras y el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova, en Tapachula, presentaron un informe acerca de estos “calabozos”.

Lee aquí los principales hallazgos de la misión de monitoreo en estaciones migratorias.

No hay quejas por violación a derechos humanos: INM

Luego de darse a conocer el informe del Consejo Ciudadano, el Instituto Nacional de Migración emitió un comunicado en el que aseguró que no ha recibido ninguna queja por violación grave a los derechos humanos en sus estaciones migratorias.

“El INM no ha recibido hasta el momento, ninguna queja o recomendación por alguna violación grave a los derechos humanos de los extranjeros alojados, como tortura o aislamiento, sin embargo se han tomado las medidas necesarias para evitar cualquier acción,  que interprete la aplicación de algunas de estas figuras”, refirió el Instituto.

Asimismo, el INM subrayó que, además de la misión de monitoreo del Consejo Ciudadano, otros organismos nacionales e internacionales de derechos humanos, como ACNUR y la Cruz Roja Internacional, además del personas de los consulados de Honduras, Guatemala y El Salvador, “ingresan sin restricción” a las estaciones migratorias “para verificar el trato que se les brinda a todos los migrantes”.

“El INM brinda a todos los migrantes en las estaciones migratorias, respeto absoluto a sus derechos humanos privilegiando su estabilidad y un retorno digno y seguro”, recalcó el Instituto en el comunicado.

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#YoSoyAnimal

¿Son las avellanas que utiliza Nutella producto del trabajo infantil?

Ferrero, el fabricante de Nutella, adquiere un tercio de las avellanas producidas por Turquía. Pero parte de las mismas son recolectadas por niños que cargan sacos pesados a sus espaldas y cobran menos del salario mínimo de ese país.
19 de septiembre, 2019
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Alrededor del 75% de la avellanas del mundo se recogen en Turquía y el principal comprador es Ferrero, el fabricante de la popular marca de chocolate para untar Nutella.

Pero detrás de este monopolio de producción y compra-venta se esconde otra realidad: la mayoría de estos frutos se recogen por inmigrantes, incluyendo niños, que trabajan durante largas horas al día y reciben una paga muy baja.

“Cuando hablamos de avellanas, para mí significa miseria y trabajo duro”, dice Mehmet Kelekci mientras carga a su espalda 35 kilogramos de avellanas recién recogidas.

Alrededor de él, en una zona montañosa de Turquía, una familia de inmigrantes kurdos que trabaja en la recogida se acerca a los árboles de avellanas.

El padre usa un bastón de madera para sacudir las ramas sobre su cabeza y su esposa e hijos se sitúan en cuclillas para recoger los racimos y frutos desde el suelo.

Mehmet Kelekci

BBC
Mehmet Kelekci carga un saco de 35 kilogramos a su espalda.

Es un trabajo agobiante, durante 10 horas al día, en pendientes tan inclinadas que se pierde el equilibrio con facilidad.

Dos recolectores, Mustafa y Mohammed, trabajan de forma ilegal. Tienen 12 y 10 años cada uno, cuando la edad mínima para trabajar en Turquía son 13 años para tiempo parcial y 15 para tiempo completo.

Esta es una escena típica del mes de agosto, el momento en que se trae la cosecha en la costa turca del Mar Negro, donde se originan tres cuartas partes del suministro mundial de avellanas.

Niños.

BBC
Algunos niños recogen cargas pesadas de avellanas.

La mayoría de recolectores son inmigrantes estacionales que vienen de las zonas pobres del sur y el este de Turquía. La mayor parte de ellos son kurdos.

El salario oficial ajustado por las autoridades locales para realizar este trabajo es de 95 liras (US$16) al día. Calculando este salario por número de horas trabajadas, es menos que la remuneración mínima en Turquía de 2.020 liras (US$353) al mes trabajando entre 40 y 45 horas por semana.

Pero esta familia recibe incluso menos.

Cómo máximo, 65 liras (US$11) al día, de los cuales seguramente se queden con solo 50 (US$8) después de pagar un 10% de comisión al contratista que les trae y aún después deben pagar la tarifa de desplazamiento y los gastos de manutención mientras están fuera de casa.

“Hacen que los niños trabajen como máquinas. Piensan: ¿cuántos niños, cuántos beneficios?“, explica Kazim Yaman, dueño de una de las huertas de la zona, en contra de la explotación infantil.

Pero la mayoría de granjeros lo aceptan, y a Yaman no le queda más opción que pagar a los niños por trabajar debido a que los propios padres insisten que así sea.

“Intento no hacerles trabajar, pero entonces dicen que se van. Los padres quieren que sus hijos trabajen y se les pague. Es una cadena que debe romperse“, afirma Yaman.

Kazim Yaman, hazelnut farmer

BBC
Kazim Yaman opina que “la cadena debe romperse”.

¿Pero cómo romper la cadena?

Los eslabones

Turquía posee alrededor de 400.00 huertas de avellanas cuyos dueños son familias. La mayoría, como la de Yaman, comprenden unas pocas hectáreas. Muchos granjeros, como él, desconocen el destino final de la cosecha.

Al final de la compleja cadena de suministros se encuentra la firma italiana Ferrero, quien fabrica otras marcas mundialmente conocidas como los bombones Ferrero Rocher, la pasta de cacao para untar Nutella y los chocolates Kinder.

Solo Ferrero adquiere un tercio de toda la cosecha turca. Y lo necesita: la producción anual de Nutella pesa tanto como el Empire State de Nueva York, cerca de 365.000 toneladas.

En su sitio web, Ferrero publicita que conocer de dónde vienen sus productos es “esencial para asegurar estándares de calidad tanto en la producción como en sus productos”.

La compañía se ha puesto como objetivo conocer al 100% la procedencia de sus avellanas para el año 2020. Sin embargo, de acuerdo a su último informe, el objetivo apenas llega al 39%.

Enginay Akcay es uno de los miles de comerciantes independientes de avellanas que en Turquía se conocen como manavs.

Los granjeros le traen lo producido en sacos, y él les paga de acuerdo a la calidad antes de venderlo a intermediarios o directamente a exportadores como Ferrero.

Enginay Akcay

BBC
Enginay Akcay valora la calidad y de acuerdo a la misma paga a los granjeros.

Pero Akcay asegura que Ferrero no le pregunta de qué granjeros viene la cosecha o en qué condiciones trabajan los recolectores.

“El trabajo infantil no tiene nada que ver con nosotros. El control y la supervisión pertenecen al Estado y las fuerzas de seguridad“, dice.

El siguiente eslabón de la cadena son intermediarios como Osman Cakmak. quien compra el producto a comerciantes para luego revenderlo a Ferrero, otros exportadores y fabricantes.

Cakmak también afirma que Ferrero no le pregunta por la procedencia y las condiciones de la recolección.

“Yo compro y vendo. En ese momento, es imposible monitorizar tantas toneladas de avellanas”, dice Cakmak, y añade: “si Ferrero no tiene sus propios proyectos en la granja, no se puede sabe de qué productor vienen“.

Avellanas.

BBC
Tres cuartas partes del suministro mundial de avellanas se producen en Turquía.

El Programa de Valores Agrícolas lanzado por Ferrero en Turquía en 2012 ofrece entrenamiento gratuito para que cultivadores de avellanas realicen su trabajo en la forma más eficiente posible y así aumenten sus ingresos. Luego, tienen libertad absoluta para vender sus frutos a quien quieran.

En una de las granjas modelo desarrolladas por Ferrero, el agrónomo Gokhan Arikoglu muestra cómo, con la correcta irrigación y control de plagas, un árbol de avellanas puede producir racimos de hasta 21 frutos.

En las granjas tradicionales, lo típico son racimos de unas cuatro avellanas.

Gokhan Arikoglu

BBC
Gokhan Arikoglu con un racimo de 10 avellanas, tras aplicar las técnicas modelo de Ferrero.

En colaboración con organizaciones sin ánimo de lucro y otras agencias, Ferrero también capacita a productores, trabajadores agrícolas, contratistas laborales, comerciantes, intermediarios y otros miembros de la comunidad, como los jefes de las aldeas, para que sean conscientes de cómo el sector puede ser más sostenible.

Esto incluye la capacitación sobre los derechos de los trabajadores, en particular sobre cómo evitar el trabajo infantil. La compañía se esfuerza por involucrar a las mujeres, incluidas las agricultoras, en sus programas de enseñanza.

Ferrero dice que el programa hasta ahora ha llegado a más de 42.000 agricultores, aproximadamente la décima parte de los cerca de 400.000 que hay en Turquía.

Entonces, ¿cómo se asegura Ferrero de que sus avellanas no son recogidas por niños?

Nutella contents list

Getty Images
Nutella is 13% hazelnuts – it also includes sugar, palm oil and cocoa

Bamsi Akin, gerente general de Ferrero en Turquía, afirmó en una entrevista que si “determinaban que uno de sus productos es obtenido con prácticas poco éticas, no lo tocarían”.

Sin embargo, sobre si estaba seguro que el sistema era completamente limpio, dijo que “nadie puede asegurarlo”.

También se le preguntó acerca de que su compañía no preguntaba a los negociantes por la procedencia de las avellanas.

No preguntamos, pero tenemos las herramientas para supervisar desde una perspectiva distinta. Antes de que la temporada comience, hemos hablado con los comerciantes y demostrado nuestros requerimientos de prácticas sociales”.

A la pregunta sobre si los estándares de procedencia de los que Ferrero presumen en su sitio web son sinceros, Akin respondió: “Ferrero siempre es honesto en el lado del consumidor”.

Mehmet Kelekci

BBC
“Esta cadena no se rompe con el esfuerzo de una o dos personas”.

En la vereda de su huerta del Mar Negro, el granjero Kazim Yamam observa como Mustafa, de 12 años, vacía otro pesado saco de avellanas.

“El otro día, vi cómo su padre ponía un saco pesado sobre los hombros del chico. Le pregunté: ¿qué haces?, y me respondió: deja que lo haga”, lamenta Yamam.

Choza

BBC
Una familia de kurdos pasará el próximo mes en una choza de madera sin electricidad.

Ferrero invitó a Yaman para que participase en su Proyecto de Valores Agrícolas, pero declinó la invitación. Como muchos otros granjeros, pertenece a otra generación-tiene 60 años-y desconfía del cambio.

“Esta cadena no se rompe con el esfuerzo de una o dos personas, pero quizás dentro de un tiempo sí que se pueda”.

Mientras tanto, otra familia de kurdos se desplaza a una minúscula choza de madera sin electricidad que será la casa de seis personas durante el próximo mes.

A la pregunta sobre si come chocolate con avellanas, la madre de la familia responde: “personalmente no me gusta”, sonríe, “el sufrimiento y la miseria que tengo con este producto... no quiero ni verlo”.


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