Encontré mi vocación en la cárcel: exreos narran cómo recuperaron su vida al ser liberados
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Montserrat Sánchez

Encontré mi vocación en la cárcel: exreos narran cómo recuperaron su vida al ser liberados

Al salir de prisión, las personas se enfrentan con los prejuicios de la sociedad y del mundo empresarial. Tres personas nos cuentan cómo lograron encontrar nuevas oportunidades, cambiar completamente su vida a través de los estudios y descubrir una verdadera vocación dentro de la cárcel.
Montserrat Sánchez
Por Victoria Coutts
24 de agosto, 2017
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“Cuando uno está adentro piensa que el salir es la solución a todo y dices ‘yo lo que quiero es recuperar mi libertad’ y es un error muy grande, porque (afuera) la cosa se complica más, mucho más”, cuenta Gabriel Contreras (49), quien fue condenado por homicidio calificado en grado de tentativa. Estuvo ocho años y cuatro meses en el Reclusorio Preventivo Varonil Sur, por una riña en la vía pública.

Al salir de la cárcel las personas se encuentran con una vida muy distinta la que tenían antes. La familia, los amigos, el trabajo, ya nada es igual, explica Contreras. De a poco, deben comenzar a recuperar  lo que perdieron mientras estuvieron en prisión y uno de los aspectos fundamentales, es el trabajo.

“Considera que al salir del Centro penitenciario ¿usted podrá encontrar un trabajo?”, era una de las preguntas de la Primera Encuesta Nacional de Población Privada de la Libertad (ENPOL) realizada por el INEGI en 2016. El 90.8% de la población privada de libertad en México respondió que podría tener reinserción laboral una vez cumplida la condena. Sus expectativas son altas.

Existen barreras que impiden que la reinserción laboral sea un objetivo fácil. A esto hay que sumarle que algunos al momento de salir, no tienen dónde dormir o qué comer y tampoco cuentan con recursos para movilizarse. “Muchos de ellos han perdido sus vínculos, sus redes, entonces no hay necesariamente alguien que los espere afuera o que los reciba”, explica la directora del Instituto de Reinserción Social de la CDMX, Paola Zavala.

Según Zavala, la falta de oportunidades y volver a un entorno de violencia, son las principales causas de reincidencia.

Hoy hay 29 mil personas en la cárcel en la CDMX, según las cifras publicadas diariamente por la Subsecretaría de Gobierno. Según la ENPOL, en 2016, de las  personas en prisión en la ciudad, el 44.9% había sido juzgada por un delito anterior.

A nivel nacional el 25.9% había sido juzgado anteriormente y de ellos, el 95.4% había estado recluido antes. En el país, uno de cada cuatro reos es reincidente, según los datos de la encuesta.

Las barreras para encontrar un trabajo

La coordinadora del programa de sistema penitenciario y reinserción social  de la organización Documenta, Maissa Hubert, explica que en ocasiones, cuando las personas salen en busca de empleo, les piden la carta de no antecedentes penales y eso dificulta la búsqueda de un trabajo formal.

La tardanza en la obtención de la credencial para votar (INE) también es un problema. “Si no tienen INE, no los podemos inscribir a programas sociales, no les es nada fácil conseguir un trabajo, no pueden rentar una casa, es la credencial más básica que necesitan al salir”, dice Zavala y agrega que están tratando de agilizar este proceso, porque el tiempo que tarda este trámite es mucho para una persona que acaba de salir. “Puede ser un mes y medio decisivo en el resto de su destino en libertad”, dice Zavala.

Por otra parte, las personas que se encuentran en libertad condicionada, además de tener que firmar semanal o mensualmente, en algunos casos, deben cumplir con otras actividades que les ordena el juez: desde reuniones de alcohólicos anónimos hasta hacer deporte, por ejemplo. “Es muy complicado cumplir con las actividades, ir a firmar y tener un ingreso formal”, sostiene Hubert.

Gabriel Contreras salió preliberado en noviembre de 2012. Los ocho de cada mes tiene que ir a firmar y entregar una carta “a la que ellos le llaman modo honesto de vida”, dice. La carta la firma su aval moral, que en este caso es su madre. Ella tiene que dar fe que su hijo se sigue “portando bien”. Contreras tendrá que hacer este trámite hasta mediados del próximo año.

Mitos, prejuicios y retos 

Que no van a poder cumplir con un horario, que no van a estar lo suficientemente comprometidos o que seguramente se drogan, son algunos de los mitos que circulan sobre las personas con antecedentes penales. En general, se trata de problemas que puede tener cualquier persona, explica Hubert y agrega que, a veces, aquellos que estuvieron en la cárcel, están más comprometidos con su trabajo, porque justamente intentan salir adelante.

En el restaurante de comida mexicana Á de Acento, no piden carta de no antecedentes a sus empleados y han contratado a tres personas que estuvieron en prisión.

La idea de contratar a personas que estuvieron en prisión fue de Ariadna Camacho, quien lleva dos años a cargo del restaurante, pero también tiene un empleo como consultora de la Unión Europea para el Laboratorio de Cohesión Social con el que se ha involucrado en el tema de la reinserción.

“Estamos convencidos de que pedir la carta es un acto de discriminación”, y añade que, además de ser una práctica común por parte de los empresarios, también es un desincentivo tremendo para aquellas personas que tienen la voluntad de reintegrarse.

Para Camacho hay cuatro retos importantes para lograr la reinserción laboral. El primero es crear una metodología de selección de candidatos para que los empresarios tengan un poco más de seguridad y conocimiento de a quién están contratando.

En segundo lugar, dice que el involucramiento del sector privado es necesario y que se deberían comenzar a realizar capacitaciones dentro de la cárcel para que cuando salgan, les aseguren algunas plazas. “No existe una conexión sólida entre los programas de capacitación que se ofrecen en los Centros Penitenciarios y las opciones reales que existen para ellos en el mercado laboral”, explica.

Ahora están trabajando en un programa piloto junto con el Instituto de Reinserción Social, Documenta y el restaurante Contramar, para poder capacitar a personas dentro de la cárcel y que posteriormente tengan la posibilidad de trabajar en el restaurante.

La capacitación al interior de la cárcel 

En las cárceles existen programas para capacitar a las personas en algunas actividades laborales como: elaboración de artesanías, carpintería, cocina, limpieza, entre otros. Durante 2016, a nivel nacional, el 71.1% de las personas que estaban en prisión, realizó alguna actividad laboral, según los datos de la ENPOL.

Sin embargo, en ocasiones, estas actividades están enfocadas en oficios que no les dan la estabilidad necesaria cuando salen en libertad, explica Hubert. “Entonces, por ejemplo, para personas que se ganaban la vida con actividades ilícitas a quienes les iba muy bien, les propones saliendo de la cárcel, ganar tres veces menos, pero que tienen que ser muy felices de hacer pulseras y venderlas en el metro”, dice.

Gabriel Contreras recalca que su caso es privilegiado, porque antes de entrar a la cárcel, él tenía un buen trabajo, había estudiado en la universidad y su familia lo pudo apoyar.

Dentro de la cárcel tuvo la oportunidad de  ingresar al Programa de Educación Superior para Centros de Readaptación Social del Distrito Federal (PESCER) de la Universidad Autónoma de Ciudad de México (UACM), donde pudo estudiar Derecho, su segunda carrera.

Hoy Contreras es miembro del Colectivo Forjando Caminos, donde es defensor de derechos humanos y además, participa en el Programa de Iniciación Temprana a la Investigación del Centro Nacional de Derechos Humanos.

De la cárcel al Teatro de la Ciudad 

La Compañía de Teatro Penitenciario comenzó en 2009 en el Centro Varonil de Reinserción Social Santa Martha Acatitla, como un proyecto del área social del Foro Shakespeare. Actualmente hay cinco exreclusos que dedican su vida al teatro, ahí encontraron un lugar donde han podido o desempeñarse laboralmente desde antes de que salieran en libertad y aún permanecen ahí.

Javier Cruz (43) es uno de ellos, ingresó a la cárcel a fines de 1996, estuvo dentro durante 16 años por compra y venta de autos robados. Cruz dice que él no tenía la necesidad de robar, que tenía un trabajo estable. “Por querer obtener las cosas más rápido, me metí a ese negocio”, explica.

reinserción

Foto: Montserrat Sánchez

Cuatro años antes de salir, ingresó a la compañía de teatro, donde descubrió su vocación y gracias a eso dejó de consumir cocaína. Lleva nueve años en la compañía y es quien está a cargo de la producción, porque además de actuar, Cruz también coordina la venta de boletos para las presentaciones que se realizan en la cárcel, hace charlas, manda y responde mails, entre otros.

Al salir, este fue el primer lugar donde tocó la puerta. “Yo ya tenía claro qué quería, yo quería continuar, quería seguir compartiendo adentro lo que aprendí y seguir presentando”. Cruz continúa trabajando en la penitenciaría y compartiendo lo que aprendió dentro de la cárcel. Disciplina, puntualidad, compañerismo, esfuerzo y responsabilidad, son algunas de las cosas que dice que ha aprendido con el teatro.

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Foto: Montserrat Sánchez

Dice que la cárcel le cambió la vida, cuenta que su actual esposa le ha preguntó qué estaría haciendo él ahora si no hubiese pasado por la cárcel, él le respondió que probablemente estaría muerto. “Yo creo y estoy seguro que estaría muerto, por una o por otra”, afirma.

Durante estos nueve años Cruz ha participado en distintos montajes como Cabaret Pánico (una adaptación de Ópera Pánica de Jodorowsky), Ricardo III (basada en la obra de Shakespeare), El Mago Dioz y Esperando a Godot.

El viernes 28 de julio la Compañía de Teatro Penitenciario se presentó en el Teatro de la Ciudad con la obra La Mordida. Javier dice que el teatro estaba lleno y que la sensación con la que quedó cuando terminó es como un vicio. “Quieres más, dices ‘bueno ya llegamos a esto, de aquí qué sigue’”.

Liberarse en la cárcel

Ethel Flores (41) salió de prisión en 2011 del Centro Femenil de Reinserción Social de Santa Martha Acatitla. Perdió su libertad el 16 de octubre de 2006, por homicidio calificado en grado de tentativa cometido por ventaja y despojo. Cuando esto sucedió, ella había enviudado y sus dos hijos, se tuvieron que ir a vivir con los abuelos.

Antes de entrar a prisión, Ethel vendía pulseras, collares y aretes, que hacía y también compraba. Además, leía las cartas, un don que según ella, la hizo famosa en la cárcel.

Aunque asegura que no le gustaría volver, Flores cuenta que la cárcel le cambió la vida, que logró empoderarse. Entró con la preparatoria y salió siendo universitaria. “Hoy soy licenciada en ciencia política, no soy la exreclusa”, afirma. Ella, al igual que Gabriel Contreras, ingresó al programa de la UACM.

“Hay gente que podría decir que esto parece cosa de locura, pero para mí fue algo hermoso (la cárcel), tan hermoso que hasta el día de hoy lucho por los derechos políticos y ciudadanos de las mujeres con antecedentes penales, por la inclusión social”, dice.

Decidió tomar el camino correcto y aprovechar las oportunidades que se le presentaron dentro, pues dice que tuvo el tiempo para aprender a jugar ajedrez, bailar, actuar, etc. “En la cárcel o tomas lo bueno y eliges el camino correcto y el que te va a servir o te echas a la perdición”, dice Flores, quien en 2007 recibió un reconocimiento por su buen comportamiento.

Después de seis años de estudio, Ethel Flores egresó de ciencia política con un promedio de 9.57. Actualmente está realizando su servicio social en el Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE). No tiene una fuente de trabajo formal, pero por ahora está enfocada en titularse. Dice que le gustaría ser profesora dentro de la cárcel.

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Getty Images

Las imágenes de agentes fronterizos deteniendo a migrantes a caballo en Estados Unidos que generaron polémica

La controversia sobre la situación llegó hasta la Casa Blanca, que la consideró "horrible".
Getty Images
21 de septiembre, 2021
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La Casa Blanca consideró las escenas como “terribles”.

Los videos e imágenes de varios agentes fronterizos de Estados Unidos a caballo persiguiendo y cargando contra migrantes con un aparente cordón cerca del río Grande, en una zona aledaña al pequeño municipio de Del Río, en Texas, desataron una nueva polémica en el país.

Las escenas se produjeron en medio de una nueva crisis de inmigración en la frontera, que llevó a que hasta 12.000 migrantes —en su mayoría haitianos— fueran retenidos en un campamento improvisado bajo un puente que conecta Del Río con Ciudad Acuña, en México, la pasada semana.

“Para prevenir lesiones por enfermedades relacionadas con el calor, el área con sombra debajo del Puente Internacional Del Río está sirviendo como un sitio de parada temporal mientras los migrantes esperan ser a llevados bajo la custodia de la USBP (Patrulla Fronteriza de Estados Unidos)”, explicó la semana pasada ese organismo en un comunicado ante las críticas sobre la precaria situación de los migrantes.

El gobierno estadounidense comenzó el domingo a deportar a cientos de ellos y cerró el paso fronterizo de Del Río, lo que llevó a que otros cientos de haitianos regresaran al lado mexicano en medio de la incertidumbre.

¿Qué pasó?

Desde que se instalaron debajo del puente, algunos migrantes cruzan a México para comprar comida y agua para ellos y sus familias, que escaseaban en el lado estadounidense, y volver al campamento improvisado.

El fotógrafo Paul Ratje, de la Agencia AFP, tomó la imagen cerca de un embarcadero de botes en el río, en un área por la que los migrantes trataban de entrar o volver a EU.

“Llegué al lugar y todo el mundo estaba cruzando allí”, dijo el fotógrafo al diario The Washington Post. “De repente aparecieron algunos policías y comenzaron a tratar de que la gente se fuera. Luego, llegaron agentes fronterizos a caballo y empezaron a intentar que la gente se fuera”.

Según las imágenes, los agentes llevaban en la mano unos instrumentos que algunos presentes describieron como “látigos”, si bien las autoridades aseguran que son “riendas” que la guardia utiliza para “asegurar el control del caballo”.

Agentes fronterizos a caballo

Reuters

“Había un flujo continuo y decían: ‘No, no puedes entrar. Vuelve a México’. Pero la gente decía ‘pero mi familia está allá'”, contó Ratje a The Washington Post.

En este contexto, uno de los agentes a caballo atrapó momentáneamente a un hombre que parecía llevar bolsas de comida.

Pero al final, pese a la intervención de la patrulla, los migrantes lograron cruzar el río y llegar al campamento, según medios estadounidenses.

El patrullaje de agentes fronterizos a caballo no es inusual, debido a la geografía del terreno, entre otras causas, y generalmente la guardia exhorta a los migrantes a volver a México, según explicó Nick Miroff, reportero de The Washington Post, especializado en inmigración.

“En este caso, esa petición no resultó particularmente exitosa, en parte porque los migrantes estaban tratando de volver con comida”, señaló.

Polémica

El lunes, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Jen Psaki, dijo: “No creo que nadie que vea esas imágenes piense que es aceptable o apropiado”.

“No tengo el contexto completo. No puedo imaginar qué contexto lo haría apropiado”, agregó. “(Los agentes) no deberían ser capaces de hacerlo de nuevo”.

Según Psaki, se trata de una grabación “obviamente horrible”.

Agentes fronterizos a caballo rodeados de migrantes

Reuters

La congresista demócrata Ilhan Omar, por su parte, calificó las acciones de los agentes fronterizos como “abusos de los derechos humanos” y como “crueles, inhumanos y una violación de las leyes nacionales e internacionales”.

El secretario de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Alejandro Mayorkas, aseguró que se investigarían los hechos, calificando la situación de los migrantes como “desafiante y desgarradora”.

No obstante, lanzó una advertencia: “Si vienes a Estados Unidos ilegalmente, serás devuelto. Tu viaje no tendrá éxito y estarás poniendo en peligro tu vida y la vida de su familia”.

Agente fronterizo a caballo

Reuters
No es tan inusual que los agentes fronterizos patrullen a caballo (foto de inicios de septiembre).

La tarde del lunes, el Departamento de Seguridad Interna (DHS, por sus siglas en inglés) de EE.UU. emitió un comunicado y dijo que la entidad “no tolera el abuso de migrantes”.

“Las grabaciones son extremadamente preocupantes y los hechos que se conozcan de la investigación completa, que se llevará a cabo rápidamente, definirán las acciones disciplinarias apropiadas que se tomarán”, dijo el DHS.

El jefe de la Patrulla Fronteriza estadounidense, Raúl Ortiz, dijo que el incidente estaba siendo investigado para asegurarse de que no hubiera una respuesta “inaceptable” por parte de la policía, informa Reuters.

Agente fronterizo a caballo

Getty Images

Además, añadió que los agentes estaban operando en un entorno difícil, tratando de garantizar la seguridad de los migrantes mientras buscaban a potenciales contrabandistas.

Una nueva crisis fronteriza

La situación presenta un nuevo desafío político y humanitario para el gobierno del presidente Joe Biden, que prometió ser más “humano” hacia los migrantes y aquellos en busca de asilo que predecesor republicano, Donald Trump.

Pese a las últimas crisis que han azotado Hatí -el asesinato del presidente Jovenel Moise y el terremoto que devastó el suroeste del país-, la gran mayoría de haitianos en la frontera estadounidense dejaron su nación hacia años, desde el sismo de 2010 que dejó unos 200.000 muertos, informa BBC Monitoring.

patrulla fronteriza en Texas.

Getty Images

Éstos llevan un tiempo viviendo y trabajando en Sudamérica, en países como Brasil o Chile.

En estos dos últimos días, ya son 560 los migrantes que han llegado a Haití como parte de los miles que aún permanecen en el campamento de Texas, informó la Agencia EFE.

Este lunes arribaron 233 haitianos deportados, 45 de ellos niños y 45, mujeres. Casi todas las mujeres deportadas tenían un niño o un bebé en brazos, según la misma fuente.

MAPA

BBC

Además de los ya deportados, más de 6.000 haitianos han sido trasladados a otros centros de procesamiento migratorio, según autoridades estadounidenses, también para su deportación.

Bajo el puente de la frontera en Del Río, Texas, los haitianos aseguraron a su llegada a Haití que fueron maltratados por los agentes fronterizos estadounidenses.

patrulla fronteriza en Texas.

Getty Images

“Trataron a los haitianos como ladrones. Los haitianos no son ladrones, sino personas que buscan una vida mejor. No trataron así a personas de otras naciones. Es racismo”, dijo a EFE una mujer de unos 30 años que aseguró que vivía en Cabo Haitiano.

Miroff, de The Washington Post, dijo que el área bajo el puente parecía “una ciudad pequeña, con su propia economía emergente, centrada frecuentemente en la comida”.


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