Ombudsman de Coahuila y policías encubren a los agentes que provocaron la muerte de un hombre
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Ombudsman de Coahuila y policías encubren a los agentes que provocaron la muerte de un hombre

Testigos aseguran que policías provocaron las lesiones que mataron a un hombre, pero para el Ombudsman en Coahuila los únicos errores de los agentes fueron el incurrir en "ejercicio indebido de la función pública" e "insuficiente protección de personas".
Cuartoscuro Archivo
Por Paris Martínez
25 de agosto, 2017
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El 29 de diciembre de 2015, Isaías Tello, un mecánico automotriz de 26 años que realizaba la revisión de un vehículo particular, dentro de un negocio de la ciudad de Saltillo, Coahuila, fue sorprendido por tres policías municipales que, al grito de “ése es”, ingresaron al local y se abalanzaron en su contra.

Isaías, asustado, sin saber lo que ocurría, intentó correr, y subió por una escalera del negocio en el que estaba trabajando, escalera desde la cual fue arrojado al vacío por los agentes, una vez que le dieron alcance.

Isaías quedó tirado en el suelo, con las piernas rotas y con los pulmones gravemente lesionados, tras ser arrojado desde una altura equivalente a un segundo piso.

Tal como señalaron testigos, ya con el mecánico lesionado y postrado en el suelo, al lugar de los hechos se aproximó el trabajador de una tienda 7 Eleven, que acababa de denunciar un asalto, y quien les aclaró a los policías que “él no es (el ladrón)”.

La respuesta de los policías fue simple: “La cagaste”, le dijeron al tendero asaltado, “ya vámonos”.

Así, aún cuando Isaías requería atención hospitalaria de emergencia, los policías (y el tendero de 7 Eleven) se alejaron del lugar, abandonando al herido.

Un vecino solidario, por sus propios medios, tuvo que trasladar a Isaías al área de urgencias de una clínica del IMSS, para que recibiera atención.

Cuando la hermana del joven mecánico se presentó ante las autoridades locales para denunciar la agresión, le informaron que “no podían prestar ninguna ayuda, debido a que mi hermano, al ser el afectado, se debía presentar (en persona) para poner la queja. Yo les manifesté que mi hermano no se podía mover y, por tanto, no podía presentarse de manera personal. No importándole esta situación, el comandante me indicó que no podía hacer nada por nosotros, y que yo no podía poner ninguna queja contra ellos”.

Seis días después del ataque, Isaías sufrió una crisis y debió ser llevado por sus familiares a un hospital. Sin embargo, falleció antes de llegar.

Los médicos concluyeron que el mecánico falleció por “tromboembolismo pulmonar”, provocado por el impacto de la caída.

Encubrimiento

Tras la muerte de Isaías, la Procuraduría del estado inició una carpeta de investigación, dentro de la cual obra un video con la reconstrucción de los hechos, realizada exclusivamente a partir de la declaración de los policías involucrados.

En este video, los policías reconocen que “un oficial le aplica un golpe en los pies (a Isaías) estando en una escalera de madera, y que es cuando cae al piso”.

Aunque los policías reconocen haber derribado a Isaías desde las escaleras, también aseguraron que luego del ataque sus heridas no eran graves e, incluso, afirmaron que salió por su propio pie del inmueble en el que ocurrieron los hechos (aún cuando tenía los dos tobillos rotos y los pulmones severamente lesionados).

En esta reconstrucción, uno de los policías afirmó que sacó a Isaías “del brazo, observando que cojeaba de un pie, para después dejarlo sentado en la banqueta”.

Luego de un año y ocho meses de investigación, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Coahuila, encabezada por el “doctor Xavier Diez de Urdanivia Fernádez”, determinó que Isaías sí fue víctima de violaciones a sus derechos humanos, por parte de las autoridades municipales de Saltillo, y estos fueron, según el ombudsman: el derecho a la legalidad, y el derecho a la seguridad jurídica, y el derecho a la salud.

Sin embargo, para el ombudsman de Coahuila, los únicos errores de los policías fueron el incurrir en “ejercicio indebido de la función pública” e “insuficiente protección de personas”.

Extrañamente, la Comisión Estatal de los Derechos Humanos de Coahuila no consideró que se hubiesen violado otros derechos de Isaías, tales como el derecho a la vida, el derecho a la integridad y seguridad personales, el derecho a no ser víctima de tortura o tratos crueles por parte de la autoridad, el derecho a la presunción de inocencia, el derecho a la justicia, o el derecho a la verdad, entre otros.

Peor aún: el ombudsman estatal concluyó que los policías agresores “no velaron por la integridad” y por la “salud” de Isaías, aunque no por haberlo arrojado intencionalmente desde un segundo nivel, sino porque omitieron solicitar una ambulancia por las lesiones que presentaba el agraviado, con motivo de una caída que había tenido”.

Es decir: para la Comisión de Derechos Humanos de Coahuila, a Isaías no lo arrojaron (como afirman los testigos), sino que se cayó (como sostienen las autoridades y los perpetradores).

Tal como establece la recomendación de 36/2017 de la Comisión estatal (emitida el pasado 14 de agosto), los únicos castigos contra los responsables fueron: suspensión de 45 días para los tres policías que arrojaron a Isaías por las escaleras; suspensión de 60 días para otro elemento, que los acompañaba; y la “remoción del servicio” del policía que venía liderando al grupo de uniformados, quien también estuvo presente en los hechos, pero se quedó dentro de una patrulla.

Por su parte, la Policía Municipal de Saltillo concluyó que sus elementos sí incurrieron en irregularidades, aunque menores: primero, “ingresaron ilegalmente” al inmueble en el que Isaías se encontraba trabajando; en segundo lugar, no llamaron a una ambulancia; y, por último, no realizaron un reporte escrito de los hechos.

Lo cierto es que sí hicieron un reporte escrito, pero con información falsa. Según la bitácora de las patrullas que conducían, en el momento de los hechos estos policías se encontraban atendiendo una “riña”, en un lugar lejano.

Esos son, para las autoridades municipales, los únicos errores de los elementos involucrados.

De hecho, la Comisión de Honor de la Policía Municipal nunca analizó si los policías atacaron a Isaías, y mucho menos si lo arrojaron al vacío.

A los ojos de la Policía y del ombudsman de Coahuila, ese es un hecho sin la importancia suficiente para siquiera mencionarlo.

Aún así, el ombudsman estatal asegura en su recomendación que “la Comisión de los Derechos Humanos del Estado de Coahuila de Zaragoza es el organismo constitucional encargado de tutelar que sean reales y efectivos los derechos fundamentales de toda persona que se encuentre en el territorio coahuilense”.

Policía con historial delictivo

Los agentes que atacaron a Isaías pertenecen a un cuerpo policiaco específico, el Grupo Centauro de la Policía Municipal de Saltillo, encabezado en ese momento por el militar en retiro Weimar Jiménez.

En 2014, los policías municipales de Saltillo le quebraron las piernas a otro joven (menor de edad), al que abordaron en una avenida, tras oponerse a una “revisión de rutina”. El joven fue golpeado con toletes hasta provocarle una fractura expuesta de tibia e, igual que a Isaías, lo abandonaron en la vía pública.

Luego, en junio de 2016, dos elementos del Grupo Centauro fueron procesados por la violación sexual de dos menores edad, a las que abordaron con pretexto de una revisión a una tienda de abarrotes, y luego les robaron su auto.

Un mes después, en julio de 2016, las autoridades estatales informaron a la prensa local que en total eran siete los casos de violación investigados, en los que los perpetradores son elementos del Grupo Centauro.

En julio de 2017, elementos de este agrupamiento policial dispersaron por la fuerza, e incluso abrieron fuego, contra activistas de la comunidad LGBTTI, quienes realizaban una protesta contra el paso de un autobús que promueve mensajes xenofóbicos, por distintas ciudades del país.

Luego de operativo para reprimir a los manifestantes, el mismo alcalde de Saltillo, Isidro López, negó que se hubiera disparado a los ciudadanos que se manifestaban, y aseguró que “(los policías del Grupo Centauro) venían corriendo y a uno de los elementos se le cayó la pistola, la recogió y, cuando intentaba ponerla en la fornitura, salió un disparo”.

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Cómo es vivir con crometofobia, el inusual miedo extremo a gastar dinero

No es tan visible como otras fobias. Puede ser difícil de detectar porque las personas suelen ocultarlo y como no tiene una "definición clínica", no se le presta mucha atención.
28 de octubre, 2021
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Gastar dinero, en teoría, debería ser una fuente de satisfacción. Básicamente porque si lo gastas, es porque tienes dinero para gastar, ¿no?

Esta historia no es tan sencilla como parece. Están, por ejemplo, las personas que gastan compulsivamente y lo pasan muy mal cuando no pueden pagar las cuentas.

O los que han tenido una vida de carencias y cuando tienen la posibilidad de gastar, se restringen hasta en las cosas más básicas por miedo -consciente o inconsciente- a caer en la pobreza otra vez.

Otros son devorados por su propia codicia y prefieren llevarse el dinero a la tumba.

La lista de razones asociadas al temor a gastar dinero es muy larga.

Pero cuando esta conducta comienza a interferir en el desarrollo normal de la vida, es probable que se trate de una poco común condición llamada crometofobia.

La crometofobia es el miedo extremo a gastar dinero.

El concepto tiene un uso más bien informal, dado que no es un desorden mental reconocido médicamente por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE).

Sin embargo, la publicación contempla algunas categorías donde la crometofobia podría eventualmente encontrar un espacio (pese a no estar incluida como tal).

Una ansiedad excesiva

Se trata de las “fobias específicas”, definidas por la publicación como “el miedo o ansiedad marcados y excesivos que ocurren constantemente al exponerse o anticiparse a la exposición a uno o más objetos o situaciones específicas (por ejemplo, proximidad a ciertos animales, vuelo, alturas, espacios cerrados, visión de sangre o lesiones) que está fuera de proporción con el peligro real”.

Mujer mira por una ventana

Getty Images
La crometofobia podría ser considerada dentro de las “fobias específicas” que define la OMS. Sin embargo, la comunidad científica no la ha incorporado.

Los síntomas, agrega el texto, deben persistir por varios meses y ser lo suficientemente graves como para causar “un deterioro significativo en las relaciones personales, familiares, sociales, educativas, laborales o en otras áreas importantes del funcionamiento”.

Terapeutas especializados en tratar pacientes que tienen serios problemas con el manejo del dinero, afirman que, independientemente de la definición clínica, es un hecho que algunas personas desarrollan un miedo desproporcionado a gastar dinero.

Se puede discutir si es clínicamente una fobia o no, pero la angustia que experimentan estas personas afecta varias dimensiones de su vida.

“Aferrarse al dinero”

“Hay muchos temas emocionales que están ligados a gastar dinero”, le dice a BBC Mundo Khara Croswaite, terapeuta financiera estadounidense y autora de libros sobre psicología y emprendimiento.

“En mi consulta veo personas que quieren aferrarse a su dinero”, apunta.

“El miedo a gastar dinero es algo que perturba tu vida diaria”, advierte. Puede llevar a las personas a desarrollar conductas como no pagar las cuentas o no querer usar la tarjeta de crédito”.

Persona con dinero en el bolsillo

Getty Images

Una persona con miedo a gastar dinero no solo puede experimentar ansiedad, depresión, o pensamientos suicidas, agrega, sino que también desarrolla problemas en sus relaciones sociales.

Algunos se sienten avergonzados por sus deudas y prefieren aislarse, o descartan cualquier gasto, incluso los más elementales, lo que los lleva a evitar reuniones sociales y a no hacer actividades que disfruta.

Suele afectar el sueño, la salud y el estado de ánimo. Y dependiendo de la gravedad, puede provocar diferentes trastornos de ansiedad.

Es una espiral de pensamientos negativos“, dice Croswaite.

Vivir con una fobia específica grave puede derivar en el abuso de drogas o alcohol y, en los casos más extremos, al suicidio.

“Estaba aterrorizada por el dinero”

“Estaba aterrorizada por el dinero”, cuenta Kelly Reeves en un blog dedicado a temas de emprendimiento y desarrollo personal.

Constantemente revisaba su cuenta bancaria por miedo a lo que podría encontrar.

Y si tenía dinero en efectivo en su cartera, también se obsesionaba con comprobar constantemente que estaba ahí.

Al mismo tiempo, no soportaba hablar de dinero o escuchar a otras personas hablar de dinero.

Las cosas se pusieron aún más complicadas cuando pagar por cualquier cosa le provocaba ansiedad, incluso si era algo realmente necesario, como ponerle gasolina al auto.

Como tampoco pagaba sus deudas porque le provocaba miedo gastar dinero, fue cayendo en un foso cada vez más profundo.

Reeves cuenta que llegó a un punto en que tuvo que reconocer que lo que le estaba ocurriendo no era normal.

Entonces decidió acudir a una terapia que, según su testimonio, le ayudó a enfrentar sus temores.

Y aunque aún tiene deudas, está en una posición mucho mejor que en el pasado.

“Estoy pagando mis cuentas con gratitud”, escribe.

“Bastante raro”

Una fobia específica a gastar dinero “es algo bastante raro”, dice Elizabeth Sterbenz, terapeuta financiera en Los Ángeles, California.

Ojo con signo de dinero

lucapierro
Puede ser que la aversión a gastar dinero no se trate de una fobia.

Probablemente se puede presentar asociada a otros desórdenes de ansiedad, explica, o en conjunto con otras fobias.

“Por eso es importante descubrir si realmente estamos frente a un caso de fobia al dinero o si hay otra cosa detrás, algo más profundo”, señala Sterbenz en diálogo con BBC Mundo.

“Podría desarrollarse cuando ha existido un incidente traumático que la persona puede o no puede recordar”, agrega.

Síntomas

A nivel fisiológico, la persona que padece aversión a gastar dinero puede experimentar síntomas como dificultad para respirar, taquicardia, incremento de la presión arterial, sudoración, náuseas, dolor muscular o diarrea, cuando se enfrenta a la situación.

Desde la perspectiva cognitiva, suele desarrollar creencias negativas o ideas irracionales respecto al dinero y se siente impotente de controlarlos.

Mujer asustada con dinero

Getty Images

Y desde el punto de vista conductual, la persona tiende a evitar el estímulo fóbico (en este caso el dinero) de todas las maneras posibles.

Este tipo de síntomas se repiten en los distintos tipos de fobia con mayor o menor intensidad.

Causas

Si se considera la crometofobia como un desorden dentro de las denominadas fobias específicas, las causas pueden ser muy variadas.

Según lo describe la Clínica Mayo, un centro médico y académico estadounidense sin fines de lucro, en su página web, las causas de fobias específicas pueden incluir:

  • Experiencias negativas. Muchas fobias aparecen como consecuencia de una experiencia negativa o un ataque de pánico relacionado con un objeto o una situación específicos.
  • Genética y medio ambiente. Puede haber una vinculación entre la fobia específica y la fobia o la ansiedad de los padres de la persona, lo que podría deberse a factores genéticos o a una conducta aprendida.
  • Función cerebral. Los cambios en la actividad cerebral también pueden desempeñar un rol en el desarrollo de fobias específicas.

Tratamiento

Aunque hay varias alternativas para tratar las fobias, es bastante común el uso de la terapia cognitivo-conductual.

Algunas de las herramientas que se usan para enfrentar el problema son la “terapia de exposición” (donde el paciente es expuesto al estímulo), asociada con técnicas de relajación y técnicas cognitivas para abordar las creencias e ideas irracionales.

“En la terapia de exposición es necesario desarrollar tolerancia a la angustia que provoca gastar dinero”, dice Khara Croswaite.

Terapia

Getty Images
La fobia al dinero requiere terapia cuando afecta el desarrollo normal de la vida.

Eso se puede lograr, explica, poniéndose inicialmente metas pequeñas como, por ejemplo, gastar US$1 en el supermercado. Luego, por ejemplo, gastar US$50 en un regalo para alguien especial.

Y así, paso a paso, avanzar al primer pago de la tarjeta de crédito.

“Se trata de una repetición para confrontar el miedo con el apoyo de un profesional del área de salud mental”, señala la especialista.

Por otro lado, muchas fobias están relacionadas con las narrativas que construimos en torno al objeto o la situación que nos afecta, explica Elizabeth Sterbenz.

Influyen mucho “las historias que nos contamos a nosotros mismos” y que ni siquiera nos damos cuenta.

Podemos convencernos de que somos ineptos para manejar el dinero, aunque eso no sea así.

Cada terapeuta tiene su manera de abordar el tema. El punto es que si el miedo excesivo a gastar dinero afecta la vida normal de una persona, es conveniente que busque un especialista.


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